el precio de la ilusión   Leave a comment

(publicado el 6 de agosto de 2009)

Anda el madridismo baloncestero en estos días con la mosca detrás de la oreja; queriendo pensar una cosa pero pensando a ratos otra cosa muy distinta, que sabe que no debe pensarla, pero que algunas veces se le viene a la cabeza sin poderlo remediar.

El madridismo baloncestero, en estos días, aún está oficialmente encantado por el advenimiento de Ettore Messina, el soñado, el deseado, el tantas veces aclamado casi unánimemente como mejor entrenador de Europa. El madridismo baloncestero sabe que Messina es la llave que les abrirá de nuevo la puerta de los títulos, la puerta grande de la Euroliga, la de la grandeza que siempre debe corresponder a tan magna institución. El madridismo baloncestero ve a Messina, ve a Maceiras (que algunos hasta saben quién es, incluso) y piensa que esta vez sí que merece la pena ilusionarse; quiere ilusionarse, a veces hasta lo consigue…

Pero el madridismo baloncestero es muy suyo, de natural, y cuando la mosca se le planta detrás de la oreja no le resulta fácil sacársela de encima. El madridismo baloncestero se muestra ilusionado de puertas afuera, pero de puertas adentro, cuando nadie le ve, no se priva de mostrarte entre dientes su desencanto. El madridismo baloncestero sabe, o quiere saber, que se está construyendo un equipo GANADOR, con mayúsculas, no un equipo para ganar en dos o tres años sino un equipo para ganar YA, que esto es el Real Madrid y aquí no valen plazos, no existen temporadas de transición, aquí quedar segundo ya es fracasar. El madridismo baloncestero sabe que no debe pensar en términos de futuro sino de presente, pero al mismo tiempo, desconfiado como es por naturaleza, le ha dado por mirar el deneí (o similar) de aquellos que van llegando, y así ha podido averiguar que Prigioni, Kaukenas y Garbajosa (si finalmente llegara) están ya en los 32, que Hansen anda ya en los 31, que Darius Lavrinovic ya está cumpliendo los 30. El madridismo baloncestero se consuela pensando que Velickovic (ése que apenas conocen, ése que algunos les decimos que es tan bueno) aún anda en los 23, y que si finalmente llegara Ricky (cosa cada vez menos probable) aún rebajaría más la media. Pero hoy por hoy el madridismo baloncestero, siempre exagerado para estas cosas, ve a los anteriores, los junta con Bullock, Van den Spiegel y algún otro (Felipe incluso) y el resultado le da como una especie de IMSERSO, un conglomerado de veteranos que traerán pan para hoy, pero no sin dejar un poquito de hambre para mañana.

El madridismo baloncestero, en cualquier caso, no alberga dudas con Prigioni, le ha sufrido demasiadas veces en sus propias carnes como para tenerlas. Sabe que el equipo estará en muy buenas manos, pero a veces le da por mirar atrás y no consigue olvidarse de Raül López, no debería pero aún así no puede evitar echarle de menos, ni puede dejar de preguntarse si a un jugador así, tan deseado, tan querido, era necesario largarle de este modo, con esas cajas destempladas, enseñarle la puerta de manera tan brusca. El madridismo baloncestero tampoco tiene dudas con Garbajosa, lleva demasiados años queriéndole como para dudar ahora; pero sabe que el precio a pagar es la marcha de Hervelle, y a muchos se les abren las carnes sólo de pensarlo. El madridismo baloncestero, como cualquier otra afición, quizá más que cualquier otra afición, tiende a identificarse más con los fajadores que con los estilistas, tiende a valorar menos lainspiración que la transpiración. Al madridismo baloncestero, aunque apenas se atreva a confesarlo, le duele en el alma que a Hervelle, tras tantas batallas, tantas luchas sin cuartel, tantas cicatrices (propias y ajenas) en las cejas, se le haya dicho ahora que ni por un segundo volverá ya a vestir esta camiseta, que aquí no tiene usted sitio así que casi mejor que vaya usted buscándose la vida.

Además hay por ahí maledicentes que al madridismo baloncestero le van diciendo que este Travis Hansen ya no es aquel otro Travis Hansen que un día vistió de baskonista, que la muñeca no envejece pero sus piernas (parte fundamental de su juego) ya no son las mismas de antaño. Hay también maledicentes (acaso los mismos) que les van diciendo que se han equivocado de Lavrinovic, que el bueno era el otro, el llamado Krystof que aún juega en Siena (y al que pretendía el Barça, para más inri), que este Darius es igual en el físico pero una mala fotocopia en el juego. Y esos mismos maledicentes, ya puestos, también les van diciendo que Kaukenas es un gran jugador, un extraordinario penetrador, acaso de los mejores de Europa en esa faceta, pero que tiro exterior más bien poquito, mire usted… Y para colmo, les dicen también que van a echar de menos a Oleson (joder, echarlo de menos, si aún ni siquiera nos había dado tiempo a ilusionarnos, te dirán), que aunque lo parezca no es sólo un tirador sino mucho más que eso, que es un pedazo de jugador de los pies a la cabeza, ya se acordarán de él cada vez que les cruja vestido de baskonista. Claro, pero es que para eso ya teníamos a Bullock, contestan los pobres sintiéndose acorralados, pero la maledicencia, que nunca descansa, añade ya, ¿pero entonces, Kaukenas…? Y el madridismo baloncestero, tras tanta (presunta) maledicencia, ya no sabe a qué carta quedarse, no sabe ya si reír o si llorar…

El madridismo baloncestero vive hoy en un sinvivir, en un extraño lugar a mitad de camino entre lo que quiere pensar, lo que debe pensar y lo que a veces la da por pensar. El madridismo baloncestero confía en Messina, quiere confiar también en Maceiras, pero en ocasiones le sobrevienen momentos de debilidad, mira todos estos movimientos, descubre que hay muchos que no entiende, hasta se pregunta qué clase de barbaridades estarían ahora diciendo si éstos fuesen obra de Martín, Herreros o Plaza. Pero no, no puede ser, detrás está Messina, el soñado, el deseado, el anhelado incluso desde el otro lado del Atlántico. Todo puede salir bien, tiene que salir bien, va a salir bien, muy pronto llegarán las victorias, quién sabe si los títulos que acabarán disipando por fin toda esta desazón… El madridismo baloncestero, Messina mediante, tiene puesta más ilusión en esta próxima temporada que en cualquiera de las (pongamos) quince temporadas anteriores. Pero el madridismo baloncestero nunca imaginó que tuviera que pagar todo este precio, sólo a cambio de tanta ilusión.

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Publicado octubre 25, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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