otra oportunidad perdida   Leave a comment

(publicado el 16 de agosto de 2009)

El pasado lunes 10 de agosto se cumplieron veinticinco años desde la plata olímpica de Los Ángeles, qué les voy a contar que ustedes no sepan, veinticinco años desde que nuestro baloncesto (digámoslo así) alcanzó su mayoría de edad. Y habré de reconocer que esta vez el aniversario me pilló por sorpresa, se me pasó por completo, sólo me acordé cuando se me aparecieron los medios recordándomelo… Gracias a lo cual, por otra parte, no hay mal que por bien no venga, se habrán librado ustedes de otro de mis terribles tochos autobiográficos por entregas, al más puro estilo del que ya les solté con ocasión del décimo aniversario de los Júniors de Oro.

Así pues, no se me asusten que no es por ello por lo que retomo ahora el tema sino más bien por otra de mis obsesiones, la de la repercusión mediática como si dijéramos. Algo ya comenté (o al menos lo pensé) precisamente con la cosa ésa de los júniors, algo como que sencillamente me parecía una auténtica barbaridad que TVE, o al menos Teledeporte, no aprovechara la efeméride para redifundir (sí, una vez más) aquel partido: vale, sí, diez años no es nada como decía el tango (en el tango eran veinte) pero no me negarán que hay toda una generación que ha crecido y hasta se ha enamorado de este juego gracias precisamente a los éxitos actuales de nuestra selección, chavales en la pubertad que aún andarían dejando el chupete o echando los dientes de leche cuando lo de Lisboa, jóvenes a los que tal vez podría haberles hecho ilusión descubrir de primera mano cómo empezó todo. Y ya sé que me van a decir que estos chavales están (¿estáis?) ahora al cabo de la calle, que pasan de tele, que si quieren ver algo se lo bajan de Internet y santas pascuas. Vale, tal vez, no lo niego, pero eso no quita para que hubiese merecido la pena el intento.

Pues si pensaba yo esto con lo de Lisboa 99, acaso ya imaginarán que lo mismo, pero corregido y aumentado, pienso respecto a Los Ángeles 84. Eso sí, donde antes hablábamos de púberes en la flor de la vida, añadan también ahora a tíos/as hechos y derechos y con pelos en el pecho (en el supuesto masculino), seres humanos hoy en pos de la treintena (y de ahí p’abajo, claro) que aún no tendrían uso de razón (sea eso lo que fuere) hace un cuarto de siglo. Y ya sé que me volverán a decir lo de Internet, que me añadirán que el partido se ha repuesto ya unas cuantas veces en todos estos años, las suficientes para que quien más quien menos lo tenga ya grabado en VHS, DVD y/o demás avanzados formatos. Todo eso está muy bien, pero aún mejor hubiese estado que TVE, tdp o quien demonios fuera se hubiese tomado al menos la molestia de hacer ese pequeño esfuerzo. Que no es para tanto, dirán ustedes; pues vale, tal vez tengan razón, acaso no sea para tanto, acaso una legendaria medalla olímpica no sea razón suficiente como para alterar programaciones, ni las de los canales monográficos deportivos siquiera; pero si estamos hartos de ver cómo por aniversarios (incluso) menos importantes se mueve a veces Roma con Santiago, digo yo que en este caso, un lunes cualquiera de un agosto cualquiera, sin más competencia posible que la primera jornada (aún sin Nadal) del Torneo de Tenis de Montreal, tampoco se habría hundido el mundo por dedicar un par de horas a una conmemoración así.

Pero que tampoco quiero yo que la crítica se extienda exclusivamente a TVE/tdp. Hablo de ellos porque los Juegos Olímpicos son de ellos, siempre lo fueron, por lo que tiendo a pensar, desde mi absoluta ignorancia, que aún conservarán los derechos en exclusiva… o no. Si el Plus, en 2003, pudo ofrecer la repetición íntegra de aquel España 12 – Malta 1 en su vigésimo aniversario, si ha podido ofrecer partidos de Mundiales de fútbol o históricos de NBA que en su día ofreció TVE, acaso tampoco haya nada que le impida acceder a estas imágenes, conmemorar como es debido estas bodas de plata (nunca mejor dicho). Y quien dice el Plus dice LaSexta, tan unida a la FEB y a nuestra selección, y que (si la memoria no me traiciona) ya intentó hacer algo así en las horas previas a la final del Mundial de Japón, experiencia fallida, que no cuajó quizá porque aquella mañana estábamos todos en otra cosa. Quien fuera, me da igual… pero insisto, la ocasión bien habría merecido el esfuerzo.

Que además, ya puestos, estas cosas hay dos maneras de afrontarlas, o limitándose a cubrir el expediente o echándole imaginación; es decir, tú puedes optar por bajar al almacén, coger la cinta, pincharla, darle al playy lavarte las manos, ahí lo tienen otra vez, de nuevo Quiroga y Barthe en versión original, aquí paz y después gloria, o puedes en cambio intentar algo más. El ejemplo perfecto podría ser esa misma conmemoración del España-Malta a la que aludí en el párrafo anterior, y para la que el Plus invitó a lo más florido y granado de aquella goleada. Pues aquí tres cuartos de lo mismo, cójase un plató e invítese a, qué sé yo, Romay, Itu, Epi, Corbalán, Solozábal, De la Cruz, por citar sólo los seis primeros que se me han venido a la cabeza, tipos todos ellos que tienen o han tenido relación con los medios de comunicación, tipos que dan juego, que resultan perfectos (unos más que otros) ante la cámara y el micrófono, tanto más si de lo que se trata es de comentar un partido en el que ellos mismos participaron. Y no me vengan a decir que estamos en agosto, que andarán de vacaciones, que resultará difícil pillarlos: que estas cosas (en mi ingenuidad, en mi imaginación) no se improvisan de un día para otro, se planifican con tiempo, se consultan agendas y finalmente se graba cuando sea menester, acaso dos o tres meses antes, tratándose de un partido que se jugó hace veinticinco años a ver qué necesidad hay de que el programa vaya en directo.

Y añádase (a modo de contrapunto) a Loquillo, cuya reciente Memoria de jóvenes airados conmemora precisamente aquella gesta; y modérese el chou, qué sé yo, por Arsenio Cañada en el caso de TVE/tdp (y acaso hasta podría invitarse a Barthe para la ocasión, si ello no contraviniera las estrictas normas del ERE), o por Carnicero/Daimiel/Rodríguez (cualquiera de ellos, o aún mejor todos ellos) en el caso del Plus, o por Cristina Villanueva y hasta Montes (mal que me pese) en el supuesto de LaSexta. Y ofrézcase de manera simultánea la final… o no necesariamente la final: ¿por qué no la semifinal (mucho menos redifundida) ante Yugoslavia? ¿por qué no incluso aquel otro USA-España de la primera fase, ése que hoy ya casi nadie recuerda, pero en el que nuestra selección aguantó a la norteamericana de igual a igual hasta el descanso? Lo que fuera, quizás algo tan sencillo y tan hermoso como eso que llaman hacer televisión, simplemente. Dar a esta conmemoración la importancia que (creo que) merece, poner la justa y necesaria ilusión en el empeño, nada más que eso. Y que quien lo vea pueda emocionarse otra vez, como entonces, como si lo viera por primera vez, o tal vez porque lo vea por primera vez. Aprovechar el tirón, vender el producto, atraer a la audiencia, ya saben, todos esos conceptos tan sencillos de enunciar como difíciles de realizar, por lo visto. Y que los del baloncesto pudiéramos sentirnos (una vez más) orgullosos de nuestro deporte, que no tuviéramos que lamentarnos (otra vez más) de una nueva oportunidad echada a perder.

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Publicado octubre 25, 2012 por zaid en medios, preHistoria, selecciones

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