Archivo para octubre 26, 2012

año Xacobeo   Leave a comment

(publicado el 14 de diciembre de 2009)

 

Hay muchos lugares comunes en nuestro periodismo deportivo, y uno de ellos, uno de los que a mí particularmente más me molestan, es el tratamiento que se le suele dar a las sorpresas. Cae aparatosamente un grande contra un pequeño e inmediatamente se tiende a despellejar unilateralmente al grande como si el único factor de su derrota fuesen sus propios errores, como si perdiera solo, como si no hubiera un contrario enfrente, como si el rival pequeño no tuviese nada que ver, no pusiera nada de su parte, simplemente pasara por allí. Cualquiera que escuche la radio cada fin de semana sabe o debería saber perfectamente a lo que me refiero, y como yo también lo sé no me gustaría caer en ese mismo error: vale que el Madrid ha perdido fuelle en estos últimos días, vale que ya no parece la máquina perfectamente engrasada que nos epató en las primeras semanas de competición (y que previsiblemente volverá a epatarnos en las próximas), vale que en Polonia ya intuimos que se le estaba empezando a gripar el motor, nada grave en cualquier caso, sólo unas gotas de aceite de Messina y en unos días volverá a estar otra vez como nuevo, no les quepa la menor duda… Pero, aún valiendo todo ello, nada de lo ocurrido ayer por la mañana en Santiago de Compostela se explicaría si no hubiese habido enfrente otro equipo, no uno cualquiera sino un pedazo de equipo, ese extraño ente salido de la nada que aún sigue llamándose Obradoiro aunque sus compromisos comerciales nos obliguen a llamarlo Xacobeo 2010 Blu:sens.

Aún hoy, algún afamado columnista se refiere a él como el equipo que no existe. Y existe, vaya que si existe, pregúntenselo al Madrid si les queda alguna duda. Pero sí es bien cierto que hace apenas cuatro meses apenas existía, que allá a primeros de agosto quien más quien menos tenía ya su plantilla cerrada y ellos ni tan siquiera la habían abierto, que los chistes y las chanzas se sucedían por aquel entonces en los forosultramontanos de Internet, a ver cómo van a jugar si no tienen jugadores, si ni siquiera tienen entrenador, a ver si van a salir con el equipo que tenían en Regional (Autonómica), a ver si al final no tendrán que alinear al Apóstol, qué sé yo. Nadie dábamos (me incluyo) un euro por ellos, pero estas pobres criaturas qué van a fichar, pero si a estas alturas ya no debe quedar nada decente en el mercado, pero si es que no se van a comer ni media rosca en ACB…

Más vale tarde que nunca. Fieles a aquella vieja máxima, las cosas difíciles las hacemos al momento, las imposibles tardamos un poco más, se pusieron a la tarea y ya puestos fueron a empezar precisamente por su jugador franquicia, aunque cuando le ficharon ni siquiera imaginaran que lo fuera. Si nos paramos a pensarlo, hoy nos parece un milagro (ya lo pareció entonces) que todo un ex PAOK, Olympiacos, Unicaja y otros grandes de Europa aceptara fichar por un equipo sin apenas pasado, sin ningún presente y con muy poco futuro, pero así sucedió. No dudo que Kostas Vasileiadis debió firmar un suculento contrato en términos económicos, pero en términos deportivos firmó un cheque en blanco. Y hoy, convertido por fin en cabeza de ratón tras tanto ejercer de cola de león, está haciendo un temporadón (todo acaba en on) que a poco que se lo miren desde Grecia le podría abrir las puertas de Turquía 2010. Y en Grecia no sé, pero en Málaga a más de uno se le seguirán llevando los demonios, sólo de pensar en lo que pudo haber sido y no fue.

Pero un solo jugador no hace un equipo, tanto menos si es exactamente eso, sólo uno, en sentido literal. Había que buscar debajo de las piedras, o lo que viene siendo lo mismo, rebuscar en el fondo de armario de los grandes, a ver qué les podían prestar: y hete aquí que un día se hicieron con ese genuino representante del Club Cristal de Bohemia (siempre Montes) llamado Alfonso Sánchez, y que otro día les cayó la joya de la corona blaugrana, ese Djedovic de quien un día se jactarán los aficionados compostelanos, se lo contarán a sus hijos y puede que hasta a sus nietos, créeme rapaz, durante un año entero vimos jugar aquí a este tío. Y siguieron buscando en otras piedras hasta que se les apareció un base argentino muchísimo mejor de lo que a primera vista parece, y un ruidoso alero yanqui de alcohólico apellido y monárquico apodo, y hasta un sub43 con el que de nuevo volvieron las chanzas, dónde van con el abuelo, a ver si le dejarán jugar con garrota, qué se creerán estos que es la ACB. Y Aguilar, y el achacoso Pasalic, y Manzano, y el Tuki, y…

Y tenían otro jugador franquicia, pedazo de referente en el juego interior curtido en mil batallas americanas y europeas, pero se les fue a caer del cartel sin apenas haber empezado a disfrutarlo, éramos pocos y parió la abuela, teníamos pocos agujeros y ahora nos crece otro enorme en el centro de la zona, qué hacer… Pues cambiemos un reconocido y consagrado pívot de primer nivel por un prometedor pívot cuyo verdadero nivel es una incógnita, quitemos Jackson y pongamos otro apellido, sólo pronunciarlo ya es un reto, no les digo ya escribirlo, Hettsheimeir, creo que no me he dejado ninguna consonante. Y otra vez las risas, no vale para LEB y le fichan para ACB, ya ves tú, de qué van… ¿de qué van? De qué va el CAI, cabría preguntar, que ahí sigue peleando en pos de la categoría perdida mientras una de sus sobras, caritativamente prestada a los del piso de arriba, logra enajenar el juego interior madridista y captar de un plumazo el interés de media Europa.

Mézclese con otro damnificado de Zaragoza como es Curro Segura, añádasele para acabar de trabar la salsa a un asistente como Chus Lázaro, que ya era más entrenador que jugador cuando jugaba, y el resultado de todo ello es que con ingredientes aparentemente (sólo aparentemente) normalitos, condimentados con amplias dosis de trabajo y ese toque del chef de lucidez táctica (ese persistir en la zona, ese saber que al final acabará desquiciándoles, sólo es cuestión de esperar), acabaremos obteniendo un guiso sencillamente espectacular. Para chuparse los dedos.

Pero allí nadie se chupa el dedo. Han ganado al Madrid, apalizaron en su día al Unicaja, hasta pusieron en leves aprietos al todopoderoso Barça en aquella primera jornada; a otros con menos méritos ya les habrían colgado el cartel de matagigantes, pero ellos bien que harán en seguir teniendo los pies sobre la tierra: si hace cinco meses no eran nadie, sabradiós qué demonios serán dentro de otros cinco; hoy es legítimo soñar con la Copa (quién lo hubiera siquiera imaginado), saber que la gloria la tienen a un paso, pero sin perder de vista que ese mismo paso es el que les separa del abismo. Luego pasará lo que tenga que pasar, pero lo que no tiene vuelta de hoja es que hoy son ya algo más, muchísimo más que un simple equipo revelación. Que les quiten lo bailao.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

el quinto elemento   Leave a comment

(publicado el 11 de diciembre de 2009)

 

Están, cómo no, nuestros cuatro elementos esenciales, los habituales año tras año en cada Euroliga, Madrid, Barça, Baskonia, Unicaja, las cuatro patas sobre las que suele asentarse nuestro baloncesto cuando sale a pasear por Europa. Pero resulta que este año tenemos además una especie de quinta pata, un quinto elemento que no es de los nuestros pero como si lo fuera, y ello aún viviendo a miles de kilómetros, aún no sabiendo jamás dónde colocarle esa maldita hache, aún saliéndonos Quinqui en vez de Khimki, aún escribiéndolo en esos caracteres tan raros que nos lo escriben, aunque McCarthy salga del cirílico convertido en Mak Karti, tanto da. Por allí anduvo Garbajosa, allí aún continúa Scariolo, para allá que se fueron Raül y Cabezas y entre unas cosas y otras, hete aquí que este Quinqui, digo Khimki, ya parece casi como de la familia. Como si le hubiéramos parido, vamos.

Así que anteayer Teledeporte (que últimamente parece un poco más implicado en la cosa ésta de la Euroliga, loado sea el Señor, no sé qué señor pero loado sea) tuvo a bien regalarnos un estupendo Khimki-Panathinaikos, ahí es nada, el egregio campeón de Europa rindiendo visita a los alrededores de Moscú, otra magnífica oportunidad (más allá de sus duelos contra el Madrid) para comprobar el estado de nuestros emigrados a la estepa (sin polvorones) rusa. Y yo, que por lo general suelo ser más de Raül que de Carlos, no pude evitar tener la sensación de que anda bastante peor el de Vic que el de Marbella, qué le vamos a hacer. López anduvo bien en sus puntos fuertes, el picanrol es que lo borda, el Javtokas poniéndose las botas a su costa pero en el resto de lances como que se le vio muy inseguro, como si aún no hubiera acabado de recuperarse de los achaques que le han aquejado en estos últimos tiempos. Todo lo contrario de un Cabezas imperial, no necesariamente moviendo al equipo (nada nuevo) pero si haciendo que éste se moviera alrededor de él; durante muchos minutos pareció la única fuente fiable de anotación de los rusos, una vía de agua que los de Obradovic por más que lo intentaran eran incapaces de cerrar. Y ese Khimki, echado sorprendentemente a sus espaldas, que hasta se permitía el lujo de soñar…

Los sueños sueños son: a falta de algunos segundos aún ganaban de siete, con menos de diez segundos aún ganaban de cinco, ahí es nada, y fue justo entonces cuando pudimos apreciar la enorme diferencia entre un equipo grande, curtido en mil batallas y que más bien parece una selección europea, y un equipo (digamos) normal, que casi nunca ha tenido por costumbre verse en otra semejante. Mientras el PAO manejó aquellos últimos segundos razonablemente bien, el Khimki en pleno ejerció de pardillo, PARDILLO con mayúsculas, genuino pardillo de manual. Si hasta el propio Galilea lo vio venir, si desde su plató de TVE, a miles de kilómetros de distancia, ya nos avisó de que Fotsis iría a por aquel rebote, de que lo atacaría desde más allá de la línea de tres en cuanto Spanoulis tirara a fallar el tiro libre… Visto para sentencia, la suerte estaba echada, para los griegos la prórroga ya sólo sería coser y cantar.

Pero mereció la pena, tanto más en una semana bastante pálida en lo que a calidad baloncestera se refiere; si ustedes lo vieron me darán la razón, si se lo perdieron mal remedio tiene, qué le vamos a hacer. Pero claro, hay gente pa tó, y no me cabe la menor duda de que a algún furibundo madridista se le llevarían los demonios al ver que aquella prórroga le robaba el primer cuarto de Polonia. Cabreo legítimo, por supuesto, pero tan legítimo como lo fue nuestro disfrute, el de todos esos adictos que aún acostumbramos a poner el puro juego por encima de sus colores, bichos raros capaces incluso de pasárnoslo pipa con dos equiposajenos (si bien en este caso, uno mucho menos ajeno que el otro). En otro tiempo TVE habría cedido a las presiones, a la primera llamada de teléfono se habría cargado el final de Rusia para ofrecer el comienzo de Polonia, faltaría más, hasta ahí podíamos llegar; hoy ya no, no al menos este pasado miércoles. Y aún respetando todas las opiniones, qué quieren que les diga: ojalá sirva de precedente.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

sin conocimiento de causa   Leave a comment

(publicado el 9 de diciembre de 2009)

 

He estado de puente largo durante cinco días, cinco hermosos días con sus correspondientes noches alejado del mundanal ruido, sin más contacto con el exterior que el estrictamente imprescindible, sin más contacto con el baloncesto que el mero seguimiento de sus resultados, sin haber podido tener acceso ni tan siquiera a una sola imagen de nuestro deporte durante todo este tiempo, por ahí andarán grabadas para lo que sea menester. Escribo pues sin conocimiento de causa, sin haber tenido ocasión de presenciar la aparatosa derrota del Fuenla ante la Penya, pero todavía alucinado ante las consecuencias que dicha derrota (más todas las anteriores) ha desatado en la populosa población del Sur de Madrid.

Y qué quieren que les diga, yo desde ese mismo desconocimiento no puedo evitar tener la sensación de que el Fuenlabrada la cagó ganando aquellos cuatro primeros partidos, de hecho fue tal vez lo peor que les pudo pasar. Si hoy estuvieran con cuatro victorias y siete derrotas (es decir, exactamente como están) pero unas y otras hubieran llegado salteadas, alternas, hoy a nadie se le ocurriría rasgarse las vestiduras por ahí abajo. Pero no, las cuatro victorias llegaron de un tirón y de repente se vieron casi líderes, recibiendo elogios de aquí y de allá, acaparando reportajes hasta en los más sesudos medios de información general, y ante tanta dicha se creyeron los reyes del mambo, se les hicieron los dedos huéspedes, Copa, playoffs, títulos, Euroliga, lo nunca visto, esto va a ser la de dios. Más dura será la caída, suele decirse, y cuando aterrizó la cruda realidad a poner las cosas en su sitio ya no había más recuerdo que esas cuatro victorias, ya nadie parecía acordarse de todo lo anterior.

Y lo anterior fue que a Guil este pasado verano le volvieron el equipo del revés, nueve caras nuevas, el equipo en pleno como si dijéramos, ahí lo llevas, olvídate de todo tu trabajo con los anteriores y apáñatelas como puedas con éstos, búscate la vida, tú sabrás. Y bien que se la buscó, y otra vez trabajó como un ———— (añádase el término políticamente incorrecto que cada uno prefiera) hasta conseguir engrasar un equipo decente, y llegaron los resultados, el éxito sorprendió a la propia empresa, el acabose que era más bienempezose y que vendría con un continuose plagado de rivales difíciles, de infinidad de lesiones, de bajones por doquier, sabido es que no se puede ser sublime sin interrupción, si hoy es tiempo de vacas flacas algún día volverán las gordas, sólo es cuestión de tener paciencia…

¿Paciencia, dije? ¿y qué demonios es eso? La paciencia es un bien cada vez más escaso en el deporte profesional, tanto da que se trate de un tipo como Guil que se ha dejado los huevos en el empeño durante año y pico, total para conseguir que un equipo que viene siendo el paradigma de la modestia y que acostumbra a manejar un presupuesto de miseria (en términos ACB, me refiero) logre codearse con la flor y nata del baloncesto nacional. Y fíjense, gracias al trabajo de tipos como Guil habíamos llegado a creernos que el Fuenlabrada era una rara avis en nuestro baloncesto, una institución que tenía la extraña costumbre de hacer extraordinariamente bien las cosas. Pues no, tonto estoy, se ve que estábamos equivocados, hoy ya sé (o creo saber, desde mi desconocimiento) que el Fuenlabrada en el fondo es un club como todos los demás, uno de tantos, un equipo como otro cualquiera.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

AQUEL 3 DE DICIEMBRE   1 comment

(publicado el 3 de diciembre de 2009)

 

Aquel 3 de diciembre de 1989 habíamos quedado. Para ser más exactos, la que entonces aún era mi novia había quedado con su prima, lo que no tendría nada de particular si no fuera porque ambas acudirían a la cita en compañía de sus respectivas parejas. O dicho de otra manera, otro domingo por la tarde más que me quedaba sin ver el baloncesto, ese duelo en la cumbre entre el Real Madrid y el CAI Zaragoza que habría de ofrecer (creo recordar) nuestro recién nacido canal autonómico, Telemadrid. Nada nuevo por otra parte, en aquellos tiempos lo de quedarme sin ver baloncestos vespertinos era el pan nuestro de cada día: pocas tardes solía estar yo en casa, casa que aún no era la propia sino la de mis padres, ocho meses me faltaban para salir de ella, algún mes más para tener mi primer vídeo y poderme grabar éstas y otras cosas… En tiempo de playoffs y demás partidos decisivos yo podía buscarme la vida, llevarme a mi chica al Tragaluz (no piensen mal, era un pub) y clavar mis ojos en el televisor mientras ella se aburría inexorablemente a mi lado durante un par de horas; pero en partidos, digamos, normales (si es que a ti todos los partidos te parecen importantes, solía decirme) no había vuelta de hoja, tanto menos si además había otro compromiso de por medio: tocaba resignarse, quedar con ellos, asumir que tal vez acabaríamos en algún bar, pensar que allí tal vez tendrían puesto el partido (recuerden, aún estábamos en los ochenta, aún las televisiones no daban fútbol y más fútbol a todas horas, aún el baloncesto era lo suficientemente importante como para que los bares lo pusieran), conformarse con echarle un vistazo de vez en cuando…

Dicho y hecho, hola qué hay, cómo estáis, muac, muac (onomatopeya de besos en las mejillas) y al bar, que la tarde (ya casi noche) está fresca y lluviosa. Y fue entrar y ver a todos los parroquianos en total y absoluto silencio, todos y cada uno de ellos con la vista clavada en el televisor, un televisor sintonizado en el canal del baloncesto pero en el que sorprendentemente no había baloncesto, había otras cosas, gestos serios, entrevistas apresuradas, qué sé yo. Nos bastó un segundo para entender que había pasado algo, nos bastó apenas un segundo más para saber qué era exactamente lo que había pasado. Ya no hubo vuelta atrás. Pasamos tal vez un par de horas en aquel bar, pasado el shock inicial mi chica y su prima se pusieron raudas a hablar de sus cosas, y a mí me tocó el duro papel de dar la réplica al marido de la susodicha prima, unsimple que no parecía tener otro tema de conversación más que las motos, modelos de motos, cilindradas de motos, mundial de motos, su sobrino que corría en moto, cualquier cosa que tuviera algo que ver con una moto; claro, si hubiera tenido oportunidad tal vez él habría pensado lo mismo de mí con relación al baloncesto pero no fue el caso, yo asentí a todo y apenas dije nada, me limité a poner mi mejor cara de escuchar (de hacer como que escuchaba, más bien), todo ello mientras mis ojos y mis oídos permanecían discretamente más pendientes del televisor que del primo motero, mientras mi mente andaba ya en otro lugar, ya difícilmente podría volver a estar en ningún otro sitio.

De la misma manera que todos y cada uno de nosotros (si ya estábamos en este mundo, si ya teníamos edad para ello) recordamos dónde estábamos el 23-F, no digamos ya el 11-S ó el 11-M, también todos y cada uno de los aficionados al baloncesto (aquellos que ya tuviéramos una edad por aquel entonces, claro está) recordamos dónde nos pilló aquel 3-D. Sí, parece que exagero, ya lo sé, pero es que difícilmente las nuevas generaciones podrían hoy entender, por más que se lo expliquemos, por más medios de comunicación que en estos días dediquen reportajes al respecto (magnífico el de anoche en Teledeporte, por cierto), todo lo que significó Fernando Martín en aquellos años ochenta. Lo que significó para nuestro deporte, para aquellos jóvenes airados que un buen día se atrevieron a poner patas arriba el régimen establecido, dar un puñetazo encima de la mesa y decir hola buenas, aquí estamos nosotros, somos el baloncesto, quién dijo fútbol. Lo que significó aquel viaje que una buena mañana de finales de verano de 1986 emprendió hacia Portland, Oregon, a perseguir el sueño imposible de que un pívot de apenas 204 centímetros, nacido y criado en Europa y que jamás había pisado la NCAA, pudiera triunfar en la NBA. Él lo intentó, jamás se habría perdonado no intentarlo, y acaso entonces pensáramos que aquel intento no sirvió para nada pero hoy sabemos que fue exactamente todo lo contrario, que nada de lo que vino después habría sido igual sin aquel pionero que un buen día eligió dejar de lado los caminos trillados para aventurarse por sendas inexploradas: durante un año aguantó al coach Schuler, compartió vestuario con Clyde Drexler, Jim Paxson o Kiki Vandeweghe, peleó inútilmente por el puesto con otro rookie que hoy ya tampoco está entre nosotros, aquel Pato llamado Kevin Duckworth; y no, no rascó bola, efectivamente, pero de algún modo dejó abierto el camino por el que transitaron tantos y tantos jugadores internacionales como llegaron después. Esa Asociación NBA Sin Fronteras (como dice despectivamente Rasheed Wallace), aunque apenas sea consciente de ello, siempre tendrá muchísimo que agradecer a pioneros como Fernando.

Pero con ser inmensa su importancia para nuestro deporte, no fue menor (más bien al contrario) su trascendencia en otros muchos ámbitos. En otro magnífico reportaje que pudimos ver hace algunas semanas en el Informe Robinson del Plus, Manolo Lama recordaba cómo a su vuelta de USA firmó un contrato que le convertía en el jugador mejor pagado del Real Madrid; es decir, no del equipo de baloncesto del Real Madrid sino de todo el Real Madrid; o dicho de otra manera, en aquel entonces Fernando Martín ganaba más que cualquier jugador de fútbol del equipo blanco, por inconcebible que hoy nos pueda parecer. Su dimensión iba mucho más allá no ya del baloncesto sino del deporte mismo, alcanzando una repercusión social inimaginable a día de hoy: aquella expresión, icono mediático, que hoy solemos usar cada dos por tres y que entonces jamás se nos habría ocurrido utilizar, era probablemente la que mejor le cuadraba: le seguían las fans cual si de un ídolo del pop se tratara, su azarosa vida sentimental era pasto cada lunes y cada martes de las más prestigiosas (¿?) revistas cardiovasculares, hasta unos cuantos años después de su muerte ciertos medios de comunicación (sección telebasura) aún seguían refocilándose de vez en cuando en remover y remover su presunto affaire con cierta siliconizada señora cuyo nombre no diré por no darle aún más publicidad de la que ella ya suele darse a sí misma… Hoy se me podrían ocurrir sin demasiado esfuerzo dos o tres jugadores de fútbol (¡¡¡de fútbol!!!) con esa misma dimensión mediática; pero en aquellos ochenta jamás habíamos conocido otro caso semejante, y fuimos a conocerlo, mira tú por dónde, no con un futbolista sino con un extraordinario jugador de baloncesto.

De algún modo su muerte fue casi una metáfora de su vida: Fernando Martín se bebió la vida, vivió demasiado deprisa y fue a morir también demasiado deprisa, demasiado deprisa salió de su casa aquella tarde, seguramente hacia el Palacio de los Deportes, hacia el partido aquél que ni siquiera iba a jugar por encontrarse lesionado, demasiado deprisa irrumpió en la M-30, demasiado deprisa derrapó y se estampó dejándose la vida y arruinando de paso otra vida en el empeño. Aquel 3 de diciembre fuimos perfectamente conscientes de que se nos iba quizá lo más grande que hasta entonces había conocido nuestro deporte, pero sólo muchos años después supimos que aquel 3 de diciembre habíamos perdido algo más, algo así como la edad de oro de este juego, el tramo aquel de la M-30 convertido de repente en punto de inflexión entre los luminosos ochenta y los que habrían de ser oscuros, muy oscuros noventa. No, tras aquel 3 de diciembre de 1989 ya nada volvió a ser igual; tendrían que pasar muchos, demasiados años para que volviéramos a vivir siquiera algo parecido.

 

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en preHistoria, varios

Alzueta & Ronrás   Leave a comment

(publicado el 1 de diciembre de 2009)

 

Qué duda cabe, podrían ponérsele muchas pegas a la cobertura de la Euroliga que semana tras semana nos ofrece Teledeporte. No me quejaré ya de que el partido en directo sea siempre el del Madrid, eso hasta puedo entenderlo, al fin y al cabo (audiencias al margen) el equipo blanco resulta ser el único de los cuatro que no tiene el respaldo de su televisión autonómica, los otros tres al menos pueden seguirse en directo al lado de su casa, el Madrid ni eso si por Teledeporte no fuera. Tampoco me quejaré necesariamente de que Teledeporte dé esos otros tres partidos en diferido, si los cuatro son el mismo día y a la misma hora pues a ver qué van a hacer las criaturas, tanto más si parece que La2 ya no cuenta para estas cosas. Sí me quejaré amargamente de que esos tres diferidos casi siempre vayan al día siguiente, como si no hubiera horas después de las 22:30, como si no hubiera madrugada, como si Teledeporte fuera en un noventa por cientoTeletenis, vaya por dios. Te los meten con calzador a la mañana o la tarde siguiente en cualquier mínimo hueco entre tenis y tenis, que hace falta tener mucha fuerza de voluntad (o mucho despiste) para llegar a cada evento sin saber ya quién ha ganado, cómo han jugado, quién ha sido el máximo anotador etc etc.

Y me podría seguir quejando de muchas cosas, no crean, por ejemplo del hecho incomprensible (al menos para mi limitado nivel de comprensión) de que Cañada, incluso Romay, no digamos ya Comas, no hagan jamás Euroliga (si acaso el primero en ocasiones sumamente aisladas, y sólo para duelos extraterritorialescomo si dijéramos), como si tuvieran firmado un contrato de exclusividad con la ACB que les incapacitara para cualquier otra competición. Sí, podría seguir así hasta el infinito pero hoy no toca, hoy he empezado este post para hacer un elogio (aunque no lo parezca) y pienso hacerlo cueste lo que cueste: un merecido elogio hacia otra pareja de comentaristas que, al menos este año sí, nos están mejorando bastante las sufridas transmisiones euroligueras: los señores Lalo Alzueta y (espero escribir bien el apellido) Sergio García-Ronrás.

Lalo Alzueta, narrador de raza, ya se curró el año pasado en solitario toda la Euroliga del Unicaja, y ya entonces pudimos descubrir que sus conocimientos y su ritmo narrativo estaban muy por encima de la media: nada que ver, afortunadamente, con el monótono mono-tono de Esteban Gómez, con el minimalismo de Pere Ferreres, con el estrépito hueco e insustancial de Diego Martínez. La Euroliga (ausente Arsenio) parecía haber encontrado también su narrador, sólo faltaba que (ausente Comas) encontrara también su analista, problema resuelto este año gracias al hallazgo de García-Ronrás: hallazgo relativo, ciertamente, porque a este tipo ya le vimos alguna vez al lado de Lourdes García-Campos en alguna Tarde Premier-ACB del pasado año, porque ya le escuchamos unas cuantas veces este pasado verano diseccionándonos el Mundial Júnior de Nueva Zelanda; controla el terreno que pisa, sabe muy bien de lo que habla (aunque alguna vez aislada se le vaya la olla y te diga que Mancinelli jugó varios años al lado de Bellinelli, el que ahora está en Golden State Warriors, justo cuando éste lleva ya unos meses en Toronto) y tiene además la cualidad detransmitirlo, de hacer que le resulte interesante al espectador; me recuerda lejanamente a Antonio Rodríguez aunque sin alcanzar el nivel de conocimientos ni la pasión que éste pone en cada partido (o ponía, cabría decir, ya que sus sesudos jefes del Plus cada vez le dan menos bola). En cualquier caso no me negarán que no deja de ser todo un lujo, al menos para lo que veníamos estando acostumbrados: si el tío hasta se ha currado una ventanita en Facebook para vender la cosa de la Euroliga en Teledeporte, instalando así de paso al Ente Público en la modernidad, concepto por lo general desconocido en aquella casa… Esporádicamente intentaron otros lujos sumamente prometedores, que si José Luis Galilea, que si Johnny Rogers (que no acaba de llevarse bien con el castellano, razón por la cual sus numerosas aportaciones se nos quedaron un poco a medias), pero no parece que vayan a perseverar en el empeño, creerán que con un analista por jornada tenemos ya más que suficiente…

En cualquier caso démonos con un canto en los dientes (con cuidado, no vayamos a hacernos daño) por el hecho de tener, en medio del yermo páramo que suele ser la Euroliga en TVE, al menos el pequeño oasis que representan los comentarios de Alzueta y Ronrás. Ya sólo faltaría que a esos partidos del Madrid en casa mandaran también al realizador bueno en vez de al becario, pero en fin, está claro que no se puede tener todo en esta vida…

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en Euroliga, medios, preHistoria

la Resistencia   Leave a comment

(publicado el 30 de noviembre de 2009)

 

Ayer, domingo 29 de noviembre de 2009, a las 19:00 se paralizaba el país, se detenía el tiempo, se acababa el mundo. Ayer, a las siete de la tarde, finalmente sucumbí a mis más bajos instintos, me dejé llevar por la marea humana y me senté ante el televisor como tantos otros millones de ciudadanos para disponerme a contemplar el partido no ya del siglo sino del milenio, el acontecimiento deportivo que tenía en vilo al país entero y que sin lugar a dudas habría de marcar un punto de inflexión, un antes y un después en nuestras vidas: por supuesto, me estoy refiriendo (como sagazmente ya habrán adivinado) al choque que ayer disputaron los Phoenix Suns y los Toronto Raptors en esa misma ciudad canadiense, a ver de qué otra cosa podría estar yo hablando…

La frase con la que nos recibió David Carnicero ya no dejaba lugar a dudas, bienvenidos al canal de la resistencia, todo un guiño de complicidad hacia aquellos que no podíamos evitar tener la sensación de estar casi delinquiendo, pisando terreno prohibido, un noventa y nueve coma noventa y nueve por ciento (y me quedaré corto) de los aficionados al deporte de este país ya estaban todos arracimados alrededor del televisor en sus casas, en los bares, mirando todos ellos en la misma dirección, y mientras por ahí andábamos merodeando el otro cero coma cero uno por ciento (me quedaré largo), seres antisociales directamente instalados en la clandestinidad (no necesariamente en ésta, hay otras clandestinidades), de algún modo empeñados en demostrarnos a nosotros mismos que es verdad, que hay otros mundos y además están en éste, pequeñas realidades ocultas tras la gran realidad única y absoluta que se empeñan en imponernos cada día.

Aquello podía ser una fiesta, el enfrentamiento entre los dos equipos que acaso a día de hoy practiquen un baloncesto más alegre en aquella Liga, pero nos bastaron unos pocos minutos para comprender que los Suns juegan así porque pueden mientras que los Raptors lo hacen porque quieren, porque sí, sin ninguna razón lógica que lo respalde. Los Suns vuelan en ataque pero entienden que ello no tiene que significar necesariamente tocarse los huevos en defensa; los Raptors en cambio aprovechan la defensa para descansar, con lo que corremos para el otro lado no nos matemos en éste, disfrutemos sin más del ataque de nuestros rivales a ver si aprendemos algo; defensa contemplativa, tan evidente ayer en su casa como el pasado viernes en casa de los Celtics. Un chollo, ya nos lo temíamos, pero que esta vez ni siquiera encontrará respuesta al otro lado: si tiras de tres veinte veces y sólo metes una, digamos que aún haciendo bien todo lo demás (que no es el caso) te va a resultar francamente difícil llevarte el partido.

En cambio los Suns, insospechados líderes de la Liga, juegan que da gloria verlos, juegan casi como en los tiempos de D’Antoni, ya sin shaquilles ni demás armarios roperos que les ralenticen, con un nuevo culpableen los banquillos llamado Alvin Gentry (añádase a su primer asistente Dan Majerle, toda una institución en aquella casa) y con otro culpable sobre la cancha que no es nuevo sino el mismo de siempre, don Steve Nash, pongámonos de pie al mencionar su nombre. Nash tiene la sana costumbre de visitar su país una sola vez al año, y esta cosa de encontrarse entre los suyos se ve que le inspira, aún más si cabe: mira que nos gusta Calderón, aún oxidado como dicen que se encuentra en estos días (que eso también tiene delito: al acabar la temporada clamaron para que Calde no jugara el Eurobasket y ahora que no lo ha jugado se quejan de que está oxidado por haberse pasado cinco meses sin jugar, vaya por dios), pero en partidos como el de ayer las comparaciones resultan todavía más odiosas: por mucho que nos duela (que nos duele) el extremeño fue ayer un mero pelele en manos de un Nash que gobernó el partido a su antojo: otros a esas horas andarían con sus messis, sus xavis o sus cristianos (ronaldos), en cambio a mí casi se me caían las lágrimas sólo por el mero placer de ver jugar a este tío.

Y hasta parecía que estos dos últimos años nos hubiéramos olvidado de él, que si Paul, que si Deron, que si Rose, que si quien fuera, Nash tiene ya treinta y cinco, ya nada queda de aquello que fue… ¿Nada? En su caso no debía tratarse de una cuestión física sino mental: le ha bastado volver a tener un entrenador que le comprenda, que otra vez le dejen jugar como a él le gusta para que aquí le tengamos de nuevo, convenientemente resucitado, practicando (una vez más) el mejor baloncesto de su carrera. Pero es que además no es él solo, que si miramos el carnet de identidad (o similar) estos Suns más bien parecen el Geriátrico de Arizona, con un Jason Richardson que (a la vejez viruelas) parece haber encontrado por fin el poso y la sensatez que casi nunca tuvo sobre la cancha (más vale tarde que nunca), y hasta con un Grant Hill que parece haberse bebido el elixir de la eterna juventud tomándose así cumplida venganza de todos aquellos años de postración, de tobillos hechos pedazos por tierras de Florida; él ni siquiera habrá necesitado hacer un pacto con el diablo, porque en su caso el diablo (o la vida, simplemente) estaba en deuda con él. Y en medio de todo Nash, alimentándolos en todos los sentidos, así pasándoles los balones sobre la cancha como el régimen (hipocalórico, of course) fuera de ella, liderando y disfrutando, tanto como siempre, quizá más que nunca.

A eso de las nueve menos cinco Carnicero tuvo a bien dar la bienvenida a todos aquellos que aterrizaban desde el clásico, comienzos del último cuarto con todo por decidir, les anunció. Así lo parecía, pero los recién llegados apenas tardarían medio minuto en comprobar que no era cierto, que en realidad estaba ya todo mucho más decidido de lo que anticipaba el marcador. Allí apenas quedaban diez minutos de la basura(aunque a ratos los protagonistas intentaran que no lo pareciera), toda la sustancia se había acabado ya, a todos los que la disfrutamos desde el principio nos había dejado un magnífico sabor de boca. No, probablemente este Toronto-Phoenix no pasará a la historia como tampoco pasará probablemente ese otro Barça-Madrid (aquí los puristas nos dirían que todo Barça-Madrid o Madrid-Barça pasa directamente a la historia por el mero hecho de serlo, independientemente de lo que suceda) cuyo eco nunca pudimos dejar de escuchar al otro lado del salón y del televisor. Dio igual: Daimiel, Carnicero, yo, tal vez alguien más en algún otro lugar, fuimos partícipes de dos horas y pico de transgresión, de modesto (y virtual, e ingenuo) desafío al poder establecido. Nada del otro mundo, tal vez, pero fue moderadamente bello mientras duró.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

sinceridad vs. profesionalidad   Leave a comment

(publicado el 27 de noviembre de 2009)

Canal +, madrugada del martes al miércoles, partido Toronto-Indiana. Hacia la mitad del primer cuarto salta a la cancha Tyler Hansbrough, y raudo y veloz David Carnicero (que le conoce bien, que ya le hizo unos cuantos partidos en su día y que además suele tener la sana costumbre de documentarse antes de los mismos) se pone a desvelarnos las excelencias y no-excelencias de su currículum, ya saben, su número 13 del draft, sus premios Wooden al mejor jugador universitario, sus récords históricos en la ACC, su apodo dePsycho T, su intensidad, su tosquedad de movimientos, su resistencia a todos aquellos pronósticos de que jamás podría hacer carrera en NBA… Dicho todo lo cual, toma la palabra su compañero Nikola Loncar y todo lo que se le ocurre contestar es “no sé, la verdad es que yo nunca le he visto jugar…

Reconozco que hay cosas que jamás dejarán de sorprenderme. Yo, cuando me pongo a ver un partido, generalmente espero y deseo que el analista de turno sepa más que yo, o al menos lo mismo, acerca de aquello de lo que habla. Y no quiero que esto suene pretencioso, que al fin y al cabo yo no soy nadie, que no tengo ni la menor duda de que el señor Loncar sabe infinitamente más que yo de aspectos técnicos y tácticos, no digamos ya de toda clase de intríngulis de aquella Liga. Que conoce sobradamente el baloncesto FIBA porque lo ha jugado profesionalmente durante quince o veinte años, que conoce sobradamente la NBA porque le encanta, eso salta a la vista. Y que tiene todo el derecho a que no le guste ni le interese lo más mínimo la NCAA, faltaría más (él se lo pierde); pero vamos, que echando cuentas el Plus habrá dado como docena y media de partidos del susodicho Hansbrough durante estos últimos cuatro años, que digo yo que si trabajas allí te tendrás que tropezar con ello aunque no quieras, tanto más cuando algunos de esos partidos fueron de Final Four, sin ir más lejos dos este mismo año, sin ir más lejos aún Hansbrough y demás Tar Heels aún siguen siendo vigentes campeones de dicha competición… Claro, si la cosa universitaria le repele tampoco es obligatorio pero qué sé yo, al fin y al cabo se trata de un rookie de lotería, qué menos que verte al menos un vídeo de un par de minutos en el Youtube, que siendo quien eres ni siquiera te lo tendrás que buscar, que se lo pides al de documentación y asunto resuelto… “No sé, la verdad es que yo nunca le he visto jugar”: no tenemos más que agradecerle su sinceridad; ojalá pudiéramos también agradecerle su profesionalidad.

(Nota al margen: escribo originalmente en word, y cada vez que pongo Loncar el corrector ortográfico me lo cambia por Roncar. También es casualidad…)

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en NBA, NCAA, preHistoria

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