alforjas   Leave a comment

(publicado el 4 de noviembre de 2009)

 

Para este viaje no hacen falta alforjas, como suele decirse. Te pones a ver a los Kings y vas viendo pasar uno por uno a todos ellos, cracks como el hipercreativo Kevin Martin o como el facha (pero cada vez mejor jugador) Spencer Hawes, secundarios de más o menos lujo como Beno Udrih, Jason Thompson o el mismísimo Chapu, perlas más o menos pulidas como Omri Casspi o Tyreke Evans, reciclados del olvido como Kenny (Abre los Ojos) Thomas, Desmond Mason o hasta Sean May (ni sombra de lo que fue, ni aún menos de lo que pensamos que sería), cincuenta y tres minutos de partido igualado dan para mucho, dan como para ver desfilar a todo un equipo, todo dios excepto uno, buscas y buscas y por fin le encuentras allí al fondo del banquillo, su chándal abrochado hasta las cejas, levantándose en los tiempos muertos para hacer sitio a los que juegan, para animarlos, quizás alguien debería pasarle una toalla para que al menos la pudiera agitar…

Y Evans y Udrih que se van turnando, el primero aún inseguro, aún con más pinta de dos que de uno, aún lejos de lo que apuntó en los Tigers de Memphis, el segundo sobrio, eficaz, acertado a más no poder, acaparando minutos con todo merecimiento, y uno desde la distancia hasta llega a pensar que si un brujo de esos que ahora están tan de moda consiguiera que ambos se lesionaran al unísono, antes Westphal recurriría al alcalde de la localidad (recuerden, aquel maravilloso Pocket Magic llamado Kevin Johnson, a quien ya tuvo hace un montón de años en los Suns) en vez de a Sergio, Sergio está para lo que está, para jugar los minutos de mentira (por no llamarlos de otra forma), por ejemplo aquellos seis de la paliza en San Antonio, los minutos de verdad son para otros, él está para otras cosas, a las pruebas me remito.

Allá por junio fueron muchos los que echaron las campanas al vuelo tras el traspaso Portland-Sacramento pero algunos, tocapelotas y desconfiados por definición, osamos mostrar más o menos en privado nuestras reservas: al fin y al cabo allí seguía Udrih, al fin y al cabo acababan de escoger a Tyreke pocos minutos antes, pero hombre no por favor, qué barbaridad, aquello iba a ser coser y cantar, tenía que serlo, un camino de rosas como si éstas no estuvieran también plagadas de espinas. Y a las órdenes de Westphal, baloncesto festivo y desinhibido por doquier, qué alegría, qué alboroto, fue llegar el primer día de training camp y se nos contó que Westphal habló más con Sergio en ese día que McMillan en tres años, se nos hicieron los dedos huéspedes (¿por qué se dirá esto?), por fin, ya no habrá vuelta atrás… Es lo que tiene echar las campanas al vuelo, que luego en cuanto te descuidas vuelven a bajar más fuerte si cabe, mejor que en el retroceso no te pillen delante.

Y ahora podremos proceder al linchamiento masivo de Paul Westphal como antes linchamos mediáticamente a McMillan (que yo puestos a escoger me quedo cien mil veces con el Blazer rudys sergios aparte- antes que con el King, éste jamás me gustó desde sus ya lejanos tiempos en Phoenix y Seattle), pero antes de hacerlo quizá deberíamos pararnos a pensar (aunque nos cueste) si no empieza a resultar un poco raro que siempre estemos con lo mismo, como si sólo nosotros pudiéramos tener razón y todos los demás, técnicos de toda clase y condición, hubieran de estar necesariamente equivocados. Somos legión los que nos enamoramos de las virtudes de Sergio hace ya más de cinco años, enamoramiento que aún nos dura a día de hoy pero que en ningún caso debería impedirnos ver también sus defectos, esos que a usted o a mí acaso puedan parecernos nimiedades (defiende poco, su tiro no es fiable, pierde demasiadas bolas) pero que a todo entrenador que se precie siempre le pondrán de los nervios, por definición.

Defectos que se curan jugando, he ahí el típico círculo vicioso, como no juegas no te curas, como no te curas no juegas, la pescadilla sigue mordiéndose la cola. En este sentido Sergio ha hecho un negocio redondo este verano, al menos por el momento: ha pasado de jugar poco en un buen equipo a no jugar nada en un mal equipo, ha pasado de ser segundo base en un conjunto con aspiraciones a ser tercer base en uno que sólo aspira a intentar llenar sus gradas cada noche, ha pasado de jugar diez o quince minutos a jugar cero, cero útiles al menos, minutos inútiles alguno aún le caerá de vez en cuando. Lo dicho, para este viaje no hacían falta alforjas.

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Publicado octubre 26, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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