arbitrariedades   Leave a comment

(publicado el 23 de noviembre de 2009)

 

Nos pasamos media vida copiándole nimiedades a la NBA, pero luego somos incapaces de imitarles en aquello que merece realmente la pena. Qué fácil sería hacer como hacen ellos, establecer normas concretas, reglamentos perfectamente definidos en los que quede meridianamente claro lo que es falta y lo que no, si la falta es de una clase o si es de otra, etc. Pero no hombre por dios, qué vulgaridad, tanta concreción déjesela usted a los americanos, tan cuadriculados ellos que no valen para otra cosa, nosotros somos europeos, qué digo europeos, latinos incluso, maestros de la improvisación donde los haya, demos pues rienda suelta a nuestra creatividad, hagamos normas etéreas, evanescentes, que no hayan de ser aplicadas sinointerpretadas a criterio arbitral, criterio arbitral arbitrario por definición, arbitrario como su propio nombre indica…

Los susodichos americanos (de USA) tienen una cosa denominada falta flagrante, elegante manera de denominar el hecho de que un tío le dé un palo desproporcionado a otro, con diferentes grados además en función de que la violencia empleada sea innecesaria y/o excesiva. Tienen además otra cosa que solían llamar falta de camino libre (o algo parecido), para penalizar el palo que se le suelta a quien se escapa solo hacia el aro rival. Y hasta tienen otra norma para evitar que en los últimos minutos de cada cuarto se cometan faltas sistemáticas sobre un jugador sin balón, de cara a que no se conviertan en una sucesión de hachazos al típico pívot mano de piedra para sacar tajada del bonus. Reglas todas ellas (y alguna otra que no sabré, o que se me escapará) perfectamente tipificadas, castigadas con dos tiros y banda las dos primeras, con tiro libre y banda la tercera. ¿Nosotros? Nosotros no nos andamos con tanto rollo, a ver qué falta hace tanto nivel de detalle, nosotros tenemos una sola cosa denominada falta antideportiva que engloba a todas las anteriores y a alguna más si cabe, con eso ya nos basta y nos sobra, decimos que antideportiva será toda aquella falta en la que no haya intención de jugar el balón y aquí paz y después gloria, ya se encargará la casuística de irla enriqueciendo y sentando jurisprudencia, punto y final.

Acaso el avezado lector (en el supuesto de que ayer estuviera en Madrid o en el País Vasco, en el supuesto de que tuviera a bien presenciar el Caja Laboral-Ayuda en Acción, también llamado Baskonia-Fuenla) ya habrá intuido que todo este rollo viene a cuento de la falta antideportiva que ayer le fue señalada a Esteban Batista a escasos veinte segundos para el final: su equipo pierde de uno, él falla el tiro, el rebote cae en manos de English y el uruguayo que de inmediato suelta el zarpazo habitual, sin otra intención que parar el tiempo (por más que el canadiense se revolviera, revuelta innecesaria que ayudó a que De la Maza tomara su decisión); decisión tal vez irreprochable desde el punto de vista estrictamente reglamentario (cómo podría yo decir otra cosa) pero muy discutible desde el punto de vista del sentido común y no digamos ya desde el punto de vista de la costumbre, de lo que estamos hartos de ver partido tras partido, temporada tras temporada desde hace tiempo inmemorial.

Yo creo que ninguno nos hemos caído de un guindo a estas alturas, y menos aún el estamento arbitral. Usted y yo y los demás espectadores, y mi señora aunque no le guste esto, y hasta el que vende los bocatas o las chuches a la puerta del pabellón, sabemos que en todo final ajustado el equipo que vaya perdiendo intentará por todos los medios hacer falta al que vaya ganando si éste tiene la bola y quedan menos de veinticuatro segundos para el final, y todo ello con la sana intención de que no corra el tiempo, claro está. Los árbitros también lo saben, saben que si aplicaran el reglamento a rajatabla tendrían que penalizar todas estas faltas como antideportivas pero por regla general prefieren hacer la vista gorda, si no hay linchamiento pitan falta normal y a otra cosa mariposa, así viene siendo de toda la vida de dios, lo que no quita para que el día menos pensado a De la Maza y sus amigos se les inflame la vena, si hombre, aquí me voy a pasar yo todo el domingo, venga señores vayan acabando que tengo que coger un avión. Presuntas antideportivas de éstas las hay a montones en cada partido igualado, sin ir más lejos ayer mismo, una vez el Baskonia puso de nuevo el balón en juego cayeron unas cuantas más, todas ellas probablemente mucho más antideportivas que la original pero que sin embargo ya no fueron pitadas como tales, se ve que tampoco era cuestión de reincidir.

¿Solución? Insisto, sería tan fácil como aplicar a nuestros baloncestos las normas USA: con la falta flagrante, la de camino libre y la prohibición de hacer faltas a un jugador sin balón en los últimos minutos de cada cuarto, englobaríamos ya buena parte de nuestras antideportividades, prácticamente todas… excepto precisamente ésta, la que se le hace al hombre-balón en los instantes finales, la de la desesperación por parar el reloj, justo la que ya casi nunca pitamos (lo de ayer sólo sería la excepción que confirma la regla); así por fin tendríamos conforme a derecho lo que ya viene siendo una situación de hecho… Pero no, aquí somos así, en esto como en tantas otras cosas, preferimos seguir con nuestras vaguedades, con nuestras arbitrariedades. Porque errores arbitrales los va a haber siempre, allí, aquí y en cualquier parte: pero allí lo tienen mucho más fácil para establecer cuándo se equivocan, aquí en cambio practicamos el más difícil todavía: es tan etérea la norma que a menudo ni siquiera somos capaces de discernir cuándo se trata de un acierto o de un error, o de las dos cosas a la vez o de ninguna de ellas, quién sabe.

Y que quede claro, con esto no estoy diciendo que el Fuenla perdiera por los árbitros, no lo digo ahora ni lo diré nunca, porque no lo pienso así, porque no es mi estilo, porque ni me va ni me viene y porque en cualquier partido normal los errores arbitrales (en su caso) tienden a repartirse equitativamente (véase sin ir más lejos el peculiar campo atrás que ayer le pitaron al propio English, otra señalización que daría casi para escribir un libro): no me quejo de los árbitros sino de la base que los sustenta, de la suprema incoherencia entre el estricto (¿?) reglamento y la cruda realidad: aquí hemos institucionalizado todas esas típicas frases,será así, pero no se pita nunca, o aquella otra de anda que si se pitaran todas éstas como antideportivas, habría más de treinta por partido… Frases que en el baloncesto USA serían sencillamente impensables, pero que aquí ya forman parte inseparable de nuestro vocabulario, así cada vez que acudimos a una cancha o que nos sentamos ante el televisor. Aquí el reglamento va por un lado mientras el baloncesto va por el otro. No estaría mal que pudiéramos armonizarlos de una puñetera vez.

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Publicado octubre 26, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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