descorazonada   Leave a comment

(publicado el 2 de octubre de 2009)

Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible. Al final todo se reduce a una mera cuestión matemática, nada complicado, con saberse las cuatro reglas es más que suficiente, qué digo las cuatro reglas, con saber restar basta y sobra: a poco que restemos, descubriremos que en 2016 habrán pasado 92 años desde que Francia organizó sus últimos Juegos Olímpicos, 56 desde que los organizó Italia, 52 desde que fueron en Japón, 44 desde la última vez que tuvieron lugar en Alemania, 40 desde que fueron en Canadá, países todos ellos que no son precisamente del tercer mundo, que no parece que tengan mucho que envidiarle al nuestro, si acaso al contrario. Y hasta el Reino Unido de la Gran Bretaña necesitó que transcurrieran 64 años para volver a tener unos Juegos en Londres, e incluso Australia, prácticamente sin competencia en su área geográfica, necesitó que pasaran 44 años entre sus Juegos de Melbourne y los de Sydney. Y en cambio nosotros, que tuvimos que esperar nada menos que 96 años para poder tener nuestros primeros Juegos, ¿íbamos a organizar los siguientes tan sólo 24 años después? (Y no me vengan con el ejemplo de Estados Unidos porque ellos juegan en otra liga, ellos pueden repetir juegos tras 12 años y seguir luego intentándolo una y otra vez, ellos están fuera de concurso, a un lado están ellos y al otro el resto del planeta).

Eso por no hablar del ya tan manido (pero no por ello menos cierto) tema de la rotación de continentes: la última vez que repitieron consecutivamente dos sedes del mismo continente fue en el ciclo de 1948 (Londres) a 1952 (Helsinki), que digo yo que a nadie medianamente inteligente escapará el pequeño detalle de que las circunstancias económicas y geopolíticas de entonces (y del transporte y las telecomunicaciones ya ni hablemos), con el mundo entero aún en plena posguerra, tampoco son exactamente las mismas de ahora por mucha crisis que tengamos. Nadie ha repetido continente desde 1952, íbamos a ser nosotros los primeros, pa chulos nosotros, faltaría más. Insisto, lo que no puede ser no puede ser (y además es imposible).

Y sin embargo, me he tirado varios meses viendo en casi todas las farolas y marquesinas de mi ciudad una mano de colores que me informa de que tengo una corazonada, y yo no he podido evitar pensar cada vez que lo veía que yo también tengo (tenía) una corazonada: la corazonada de que los Juegos Olímpicos del 2016 serían en Chicago (vale, sí, me equivoqué por mucho, serán en Río, del mal el menos ya puestos a escoger). Y como yo el noventa por ciento de los madrileños que ya tenemos una edad y hace ya tiempo que nos enteramos de que los reyes son los padres. Pero claro, a los políticos y demás fauna les encanta vender ilusión, y no se dan cuenta (o quizá sí) de que también juegan con las ilusiones de una parte todavía muy importante de la población, niños como el mío que se lo creen y que luego te ponen cara de pena cuando les bajas a la tierra y les explicas que eso no va a pasar, y el porqué no va a pasar; la misma cara de pena que a tantos ilusos se les habrá quedado hace apenas unas horas, al comprobar que finalmente, definitivamente no ha pasado… Sí, a los políticos les encanta vender ilusión… pero una cosa es vender ilusión y otra muy distinta es vender humo, aunque algunos no sean capaces de apreciar la diferencia.

Créanme, nada me gustaría más que unos Juegos Olímpicos en mi ciudad, de eso no les quepa la menor duda. Pero como diría el bolero pasarán más de mil años, muchos más… Quiero pensar que algún lejano día (en la medida en que sigan existiendo) llegará a haber unos Juegos en Madrid, estoy seguro, pero aún estoy más seguro de que yo ya no estaré aquí para verlos, quizá ni mi hijo llegue a tiempo, acaso si llego a tener (dentro de muchos años, espero) un nieto, lo mismo él sí pueda disfrutarlos en su ancianidad. Y ahí queda, querían corazonadas, pues ahí les dejo mi corazonada (o más bien descorazonada, si ustedes me lo permiten) para lo que gusten mandar…

Y mira que hace cuatro años ya escribí una cosa muy parecida a ésta (que premonitoriamente titulé Madrid 20??; hoy me pregunto si acaso no debería haber sustituido también el cero por la interrogación), si bien entonces no la publiqué después de sino antes de; y varios me dieron la razón por adelantado pero alguno también hubo a quien le agüé la fiesta (acaso ahorrándole otro aguamiento de fiesta mucho mayor días más tarde); pero las ilusiones son libres, allá cada cual con las suyas, así que esta vez he preferido publicarlo después de, aunque alguno me acuse razonablemente de predecir el pasado, aunque a estas alturas ya apenas tenga sentido, aunque pueda prometer (y prometa) que casi todo este tocho fue escrito varios días antes (y pensado varios meses antes) de su publicación. Y nada me habría gustado más que tenérmelo que comer con patatas, cargármelo y en su lugar improvisar aquí ahora unas breves (felices) líneas a toda prisa, pero que no, que no hay que darle más vueltas, que lo que no puede ser no puede ser…

Y si éste fuera otro tipo de blog ahora tal vez tocaría pedir explicaciones, preguntarnos por qué el Municipio (dicen) más endeudado de España se ha permitido gastarse sus buenos cientos o tal vez miles de millones de euros en una utopía descabellada, a todas luces irrealizable (como toda utopía que se precie) a la par que absurda, preguntarnos a qué demonios ha venido todo este despilfarro interminable, este implicar a las más altas instancias de la nación para obligarles a representar el papel de perdedores por el mundo, a qué ha venido todo este sindiós si al fin y al cabo ellos sabían tan bien como nosotros que todo lo que hicieran daba igual, que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, no sé si esto último se lo había dicho ya…

Pero esto sigue siendo sólo un blog de baloncesto, así que dejemos estas preguntas a otros y vayamos a lo nuestro aunque sólo sea en este último párrafo: los Juegos de 2016 serán finalmente en Río, y en estos casos es inevitable que nos dé por pensar quién podría ser el elegido para portar el último relevo de la antorcha, para encender el pebetero que acoja la llama olímpica, qué sé yo, acaso alguien que haya disputado más juegos olímpicos (cinco) que ningún otro jugador de baloncesto sobre la faz de la Tierra, alguien que haya metido más puntos que nadie en toda la historia de los Juegos, alguien que ostente además el récord olímpico de puntos en un solo partido, alguien a quien una vez apodaron Mao Santa, alguien admirado en todo el planeta y que siempre cayó bien a todo el mundo así el mundo lo tuviera en su bando o en el contrario… (y no me lo comparen con Pelé, háganme el favor, que por grande que éste fuera –que lo fue- el peso del fútbol en el olimpismo no puede compararse al del baloncesto). Y no, esto ya no es una corazonada, aún menos una propuesta (quién soy yo para proponer nada), esto ya sólo sería la expresión de un deseo… que a estas alturas viene siendo ya lo único que nos queda.

Anuncios

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en preHistoria, varios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: