espíritu libre   Leave a comment

(publicado el 14 de septiembre de 2009)

 

Marc Gasol tiene una rara cualidad en estos tiempos que corren, y que el año pasado le ocasionó un par de disgustos serios en los Grizzlies (y más que le ocasionará el año próximo, con la que le están preparando en Memphis). Marc Gasol tiene la extraña costumbre de decir siempre lo que piensa, y eso, que debería ser siempre una virtud, a veces por circunstancias de la vida se te convierte en un defecto, por la sencilla razón de que a la larga no te trae más que problemas. Marc Gasol, aún en caliente tras el desdichado final de partido, tuvo el sábado la ocurrencia de decir sencillamente lo que pensaba, y sin apenas darse cuenta desencadenó un movimiento sísmico de grado diez en la escala de Richter en el seno de la selección y de la Federación Española de Baloncesto. Marc Gasol soltó su carga de profundidad y de un plumazo dejó tambaleándose el principio de autoridad, la disciplina de equipo y hasta la (supuesta) química del grupo. Marc Gasol, con sus palabras, puso en un serio compromiso a unos cuantos de sus compañeros, con mención especial precisamente para su hermano mayor, que apenas unos minutos más tarde tuvo que salir a la palestra para poner una capa de barniz en aquellas palabras, a su manera intentando matizar lo inmatizable. Marc Gasol tuvo que ponerse colorado (más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo, dicen) un par de horas más tarde ante la prensa, diciendo digo donde antes había dicho diego, en un vano intento de salvar los muebles aunque a esas horas ya apenas quedaran muebles que salvar. Pero Marc Gasol dijo lo que dijo, y tal vez no debió decirlo, y desde luego que no debió decirlo en el foro en que lo dijo (sin antes habérselo dicho a los interesados), y aún menos debió decirlo de la manera en que lo dijo… aunque la inmensa mayoría de los que le escuchamos estuviéramos plenamente de acuerdo con él.

Marc Gasol, Gasolito como le llamaban los comentaristas hispanos de Los Ángeles en aquel Lakers-Grizzlies, es una rara avis en nuestro panorama deportivo. Otros se habrían encontrado con la alcachofa en los morros nada más acabar el encuentro y habrían respondido a las preguntas de Mel Otero con aquello tan socorrido de que el básquet es así, son cosas del básquet; él no, él no rehuye los charcos, si tiene que pisarlos los pisa aunque se ponga perdido, aunque el barro le salpique hasta las cejas; si le pillas en caliente no tendrá ningún problema en dejar aflorar su calentura. Luego en frío se arrepentirá, y hasta pensará joder, con lo guapo que estaba yo callado, quién me mandaría abrir la boca; pero al menos él se habrá quedado a gusto, habrá echado fuera todo lo que lleva dentro mientras tantos otros se tirarán rumiándolo toda la vida en su interior. Marc Gasol, más allá de sus extraordinarios movimientos al poste bajo y de su no menos extraordinaria visión de juego, no va a tener una carrera fácil: muchos intentarán cambiarlo, domesticarlo, llevarlo como a tantos otros por la senda de lo políticamente correcto. Pero Marc Gasol, a día de hoy, aún es un espíritu libre. Y esperemos, por la buena salud de aquellos que le escuchamos y (sobre todo) por la suya propia, que aún le permitan seguir siéndolo por mucho tiempo.

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Publicado octubre 26, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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