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(publicado el 5 de noviembre de 2009)

Dicen que lo bueno de estar en el fondo del pozo es que a partir de ahí sólo cabe ir hacia arriba (afirmación ciertamente discutible: aún podrás ir más para abajo si te empeñas en ello, y si dispones de las herramientas adecuadas); pero habremos de convenir en que hay muchas clases de pozos, muchas formas diferentes de buscar la salida, no de todos los pozos se sale de igual manera…

Esta profunda reflexión de andar por casa me la han inspirado los Memphis Grizzlies, nada menos. Estaremos de acuerdo en que los Grizzlies llevan ya en el fondo del pozo mucho más tiempo del que somos capaces de recordar, llevan ahí poco más o menos desde que nacieron en la otra esquina del mapa norteamericano, allá en la fría y lluviosa Vancouver. A veces hicieron como que asomaban la cabeza, hicieron como que jugaban los playoffs, puro espejismo, total para acabar cayendo de nuevo aún con mayor estrépito si cabe. Los Grizzlies hoy, como ayer, como siempre, tienen básicamente dos problemas, a saber, 1) que no ganan un puto partido y 2) que no acude a verlos ni dios, ustedes me disculpen la ordinariez. Y es como si sus jefes se hubieran dicho a sí mismos, ya que durante años hemos demostrado al mundo nuestra probada incapacidad para resolver el problema número 1, intentemos al menos este año resolver el problema número 2. Ya que no ganemos al menos vendamos entradas, no seamos ya una ruina, dejemos de ser el hermano pobre de la ciudad, consigamos que algunos de esos fieles aficionados de la Universidad local se cambien por fin de acera, total si ahora ya no tienen a Calipari (ni a Tyreke Evans, ni a Derrick Rose, ni a…)

Ya, pero… ¿cómo? Pues muy fácil, dado que tenemos una población mayoritariamente negra, traigámosles jugadores con quienes nuestros ciudadanos puedan identificarse, qué sé yo, pongamos Zach Randolph, pongamos incluso (ya puestos) Allen Iverson, icono absoluto para ese amplio segmento de población hasta el punto de que durante años cientos de miles, tal vez millones de ciudadanos norteamericanos se han peinado o vestido como él, algunos hasta han intentado jugar como él; traigámoslos a Memphis, ganar lo que se dice ganar no sé si ganaremos pero al menos en popularidad arrasaremos, todo dios estará como loco por acudir al FeDex Forum…

Y si además pudieran pagar el precio de la entrada, ya ni les cuento. Qué duda cabe, Iverson podrá provocar que se desborde la ilusión y el entusiasmo (así como la desesperación, todo a la misma vez) de toda esa gente que acaso hoy por hoy no tenga precisamente entre sus prioridades la de asistir en directo a un partido de la NBA, dado que aún estarán más preocupados por nimiedades tales como comer caliente cada día, hay que ver cómo son. Solía decir hace muchos años Andrés Montes (siempre Montes) que la NBA es una merienda de negros que pagan los blancos, y aunque hoy esa definición requeriría tal vez muchas matizaciones, tampoco han cambiado tanto las cosas como para que haya dejado de ser (en líneas generales) cierta. Sí, muy probablemente este equipo habrá generado a orillas del Mississippi mucha más identificación que aquel otro que un día construyeron alrededor de un tal Pau Gasol; pero ya otra cosa muy distinta será que esa mayor identificación se refleje en las gradas, bastó con ver su desolador aspecto de hace unos días (Memphis-Toronto) para comprobarlo.

Y en todo caso, para lograr que la gente acuda no estaría de más que adoptaran la sana costumbre de empezar a ganar partidos. Vale, sí, ganaron aquel viernes a los ciclotímicos Raptors (otros que tal bailan), pero ya nos temíamos que aquello no pasaría de ser un mero espejismo, como las sucesivas derrotas posteriores (algunas en plazas sumamente asequibles) no han hecho sino confirmar. Juntar bajo el mismo techo a Iverson, Mayo, Gay y Randolph puede resultar un apasionante experimento en el plano sociológico, pero en el plano baloncestístico sólo puede devenir en caos. Si ya hoy (como ayer, como siempre) Randolph se tira todo lo que toca; si Gay de inmediato se le pone celosón porque eso de tirarse todo cuanto llega siempre había sido patrimonio exclusivo suyo; si Mayo (aún con más criterio que los dos anteriores) tampoco suele ser de los que la pasan… Con todos esos antecedentes, ¿qué no habría de suceder cuando Iverson finalmente apareciera?

Pues exactamente lo que sucedió aquella primera noche en Sacramento, que Hollins osó sacarle desde el banquillo (y mira que hace días todos parecían tenerlo claro, y mira que siendo su primera vez parecía hasta más lógico si cabe), AI empezó deambulando perdido por la pista pero hete aquí que allá por el tercer o el último cuarto por fin encontró el punto, metió tres o cuatro y con eso ya se sintió con derecho a montar el pollo en plan divo, pero cómo es posible, pero cómo se atreven, tenerme a mí de suplente, a mí, ¡¡¡A MÍ!!!, es que acaso no saben quién soy yo, yo no he venido a esta mierda de equipo para salir desde el banquillo, que no vuelva a pasar, que yo me conozco, que por las buenas soy muy bueno pero a las malas no respondo, pregunten en Detroit si aún les queda alguna duda... (la cita no es del todo textual, ustedes me disculparán la licencia poética). Todos sabíamos que algo así tendría que pasar tarde o temprano, pero yo creo que ni los más agoreros habíamos imaginado que sucediera tan pronto. Llegados a este punto, resulta evidente que de algún sitio tendrán que sacar todos esos minutos que el señor Iverson demanda, y el principal candidato parapringar parece a todas luces Mike Conley; un Conley que será mejor o peor, que vale que no ha respondido ni de lejos a las expectativas generadas en su día, pero que con todo y con eso aún sigue siendo el único que tiene por costumbre darle la bola al compañero mejor situado, por dios, qué asco, pasar el balón, habrase visto tamaña vulgaridad…

Y esto sólo es el principio. Aún quedará por ver como va asimilando las sucesivas derrotas un Iverson (titular o suplente, tanto da) que nada más llegar a Memphis afirmó sin cortarse un pelo que el objetivo para esta temporada sería ganar el anillo (¿dónde creerá éste que está?). Y aún más está por ver cuánto tardará en liarla ese Zach especialista en descomponer ambientes, en crear malos rollos allá por donde pasa, Blazers, Knicks, Clippers (aunque en honor a la verdad no estará de más reconocer que algunos de éstos ya estaban bastante descompuestos de serie). Aquello más que un vestuario parece casi una bomba de relojería, y de hecho tal vez sea ése el único motivo para el optimismo: de tanto como parece que puede pasar, cualquier cosa que pase nos parecerá poco en comparación a lo que pensamos que podría haber pasado; será difícil que la realidad pueda estar a la altura de nuestra calenturienta imaginación.

Y en medio de todo, Marc Gasol. Teniendo los Grizzlies a uno de los cénters con más proyección de toda la Liga, para celebrarlo no se les ocurrió otra cosa que gastar su número 2 del draft en elegir a otro; que oye, si el susodicho hubiese sido un Shaq de la vida, un Duncan, hasta un Oden, qué sé yo, pues nada que reprochar, olé sus huevos, juntas a los dos y luego ya comerciarás en el mercado como te plazca; pero es que el susodicho resultó ser Thabeet, voluntarioso tanzano tan aplicado en la parte de atrás como limitado en la de delante, tras cuya elección algún alto (de cargo, no de estatura) representante de la franquicia no se cortó en decir que el objetivo sería juntarles a los dos en cancha, que Marc jugara muchos minutos comocuatro, precisamente Marc que debe ser de los cincos menos parecidos a un cuatro que ha producido nuestro baloncesto en los últimos años… Como lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, y como las cosas que no caen por la ley de la gravedad al final acaban también cayendo por su propio peso (que decía aquel), el resultado de todo ello es que hoy la labor de Thabeet se limita básicamente a llevar las maletas de sus compañeros, todo un número 2 del draft pelándose el culo en el banquillo ya veremos por cuánto tiempo, que a veces hasta el armario iraní Haddadi salta a cancha antes que él…

Las cosas como son, por ahora a Marc le va mejor de lo que pensamos que le iría: está que se sale, aprovecha al máximo lo poco que le llega, la amenaza Thabeet parece momentáneamente desactivada… No siempre va a ser así: el tanzano tendrá que jugar tarde o temprano, Iverson aumentará los espacios pero reducirá los tiempos, a menos Conley menos balones, etc. Sabido es que Marc no se muerde la lengua, muestras más que sobradas nos ha dado ya de ello: en cuanto se le tuerzan las cosas nos lo hará saber, así a sus jefes como al resto del mundo mundial. Y si tanta sinceridad les resulta incómoda pues ya saben, traspásenlo, habrá no menos de veinte franquicias en la Liga que darían cualquier cosa por poder disponer de un pívot así; ¿se imaginan (es sólo un ejemplo) a Marc Gasol en los actuales Raptors, tradicionalmente más tiernos que el día de la madre en su juego interior?

Nada parece haber cambiado en los Grizzlies desde los grises tiempos de Pau, ni siquiera desde los negros tiempos de Vancouver. Una franquicia presidida por la incoherencia, envuelta en la apatía de sus (presuntos) seguidores (qué fue antes, el huevo o la gallina), reñida con el éxito, incompatible con la felicidad. Una franquicia maldita, la única (junto con Bobcats, claro) que aún no sabe lo que es ganar no ya una eliminatoria sino ni tan siquiera un partido de playoffs (y lo que te rondaré morena). Nada parece haber cambiado, aún menos parece que nada vaya a cambiar. Estos Grizzlies harán más ruido, pero difícilmente producirán más nueces. Dicen que del caos nace el orden, pero son ya demasiados años de caos sin que allí haya nacido orden alguno. Aquellos que aún piensen que una vez en el fondo del pozo ya sólo cabe ir hacia arriba, recuerden por favor las sabias palabras de Murphy (no de Troy sino del otro): cualquier situación, por muy mal que esté, siempre es susceptible de empeorar.

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Publicado octubre 26, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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