Archivo para octubre 26, 2012

arbitrariedades   Leave a comment

(publicado el 23 de noviembre de 2009)

 

Nos pasamos media vida copiándole nimiedades a la NBA, pero luego somos incapaces de imitarles en aquello que merece realmente la pena. Qué fácil sería hacer como hacen ellos, establecer normas concretas, reglamentos perfectamente definidos en los que quede meridianamente claro lo que es falta y lo que no, si la falta es de una clase o si es de otra, etc. Pero no hombre por dios, qué vulgaridad, tanta concreción déjesela usted a los americanos, tan cuadriculados ellos que no valen para otra cosa, nosotros somos europeos, qué digo europeos, latinos incluso, maestros de la improvisación donde los haya, demos pues rienda suelta a nuestra creatividad, hagamos normas etéreas, evanescentes, que no hayan de ser aplicadas sinointerpretadas a criterio arbitral, criterio arbitral arbitrario por definición, arbitrario como su propio nombre indica…

Los susodichos americanos (de USA) tienen una cosa denominada falta flagrante, elegante manera de denominar el hecho de que un tío le dé un palo desproporcionado a otro, con diferentes grados además en función de que la violencia empleada sea innecesaria y/o excesiva. Tienen además otra cosa que solían llamar falta de camino libre (o algo parecido), para penalizar el palo que se le suelta a quien se escapa solo hacia el aro rival. Y hasta tienen otra norma para evitar que en los últimos minutos de cada cuarto se cometan faltas sistemáticas sobre un jugador sin balón, de cara a que no se conviertan en una sucesión de hachazos al típico pívot mano de piedra para sacar tajada del bonus. Reglas todas ellas (y alguna otra que no sabré, o que se me escapará) perfectamente tipificadas, castigadas con dos tiros y banda las dos primeras, con tiro libre y banda la tercera. ¿Nosotros? Nosotros no nos andamos con tanto rollo, a ver qué falta hace tanto nivel de detalle, nosotros tenemos una sola cosa denominada falta antideportiva que engloba a todas las anteriores y a alguna más si cabe, con eso ya nos basta y nos sobra, decimos que antideportiva será toda aquella falta en la que no haya intención de jugar el balón y aquí paz y después gloria, ya se encargará la casuística de irla enriqueciendo y sentando jurisprudencia, punto y final.

Acaso el avezado lector (en el supuesto de que ayer estuviera en Madrid o en el País Vasco, en el supuesto de que tuviera a bien presenciar el Caja Laboral-Ayuda en Acción, también llamado Baskonia-Fuenla) ya habrá intuido que todo este rollo viene a cuento de la falta antideportiva que ayer le fue señalada a Esteban Batista a escasos veinte segundos para el final: su equipo pierde de uno, él falla el tiro, el rebote cae en manos de English y el uruguayo que de inmediato suelta el zarpazo habitual, sin otra intención que parar el tiempo (por más que el canadiense se revolviera, revuelta innecesaria que ayudó a que De la Maza tomara su decisión); decisión tal vez irreprochable desde el punto de vista estrictamente reglamentario (cómo podría yo decir otra cosa) pero muy discutible desde el punto de vista del sentido común y no digamos ya desde el punto de vista de la costumbre, de lo que estamos hartos de ver partido tras partido, temporada tras temporada desde hace tiempo inmemorial.

Yo creo que ninguno nos hemos caído de un guindo a estas alturas, y menos aún el estamento arbitral. Usted y yo y los demás espectadores, y mi señora aunque no le guste esto, y hasta el que vende los bocatas o las chuches a la puerta del pabellón, sabemos que en todo final ajustado el equipo que vaya perdiendo intentará por todos los medios hacer falta al que vaya ganando si éste tiene la bola y quedan menos de veinticuatro segundos para el final, y todo ello con la sana intención de que no corra el tiempo, claro está. Los árbitros también lo saben, saben que si aplicaran el reglamento a rajatabla tendrían que penalizar todas estas faltas como antideportivas pero por regla general prefieren hacer la vista gorda, si no hay linchamiento pitan falta normal y a otra cosa mariposa, así viene siendo de toda la vida de dios, lo que no quita para que el día menos pensado a De la Maza y sus amigos se les inflame la vena, si hombre, aquí me voy a pasar yo todo el domingo, venga señores vayan acabando que tengo que coger un avión. Presuntas antideportivas de éstas las hay a montones en cada partido igualado, sin ir más lejos ayer mismo, una vez el Baskonia puso de nuevo el balón en juego cayeron unas cuantas más, todas ellas probablemente mucho más antideportivas que la original pero que sin embargo ya no fueron pitadas como tales, se ve que tampoco era cuestión de reincidir.

¿Solución? Insisto, sería tan fácil como aplicar a nuestros baloncestos las normas USA: con la falta flagrante, la de camino libre y la prohibición de hacer faltas a un jugador sin balón en los últimos minutos de cada cuarto, englobaríamos ya buena parte de nuestras antideportividades, prácticamente todas… excepto precisamente ésta, la que se le hace al hombre-balón en los instantes finales, la de la desesperación por parar el reloj, justo la que ya casi nunca pitamos (lo de ayer sólo sería la excepción que confirma la regla); así por fin tendríamos conforme a derecho lo que ya viene siendo una situación de hecho… Pero no, aquí somos así, en esto como en tantas otras cosas, preferimos seguir con nuestras vaguedades, con nuestras arbitrariedades. Porque errores arbitrales los va a haber siempre, allí, aquí y en cualquier parte: pero allí lo tienen mucho más fácil para establecer cuándo se equivocan, aquí en cambio practicamos el más difícil todavía: es tan etérea la norma que a menudo ni siquiera somos capaces de discernir cuándo se trata de un acierto o de un error, o de las dos cosas a la vez o de ninguna de ellas, quién sabe.

Y que quede claro, con esto no estoy diciendo que el Fuenla perdiera por los árbitros, no lo digo ahora ni lo diré nunca, porque no lo pienso así, porque no es mi estilo, porque ni me va ni me viene y porque en cualquier partido normal los errores arbitrales (en su caso) tienden a repartirse equitativamente (véase sin ir más lejos el peculiar campo atrás que ayer le pitaron al propio English, otra señalización que daría casi para escribir un libro): no me quejo de los árbitros sino de la base que los sustenta, de la suprema incoherencia entre el estricto (¿?) reglamento y la cruda realidad: aquí hemos institucionalizado todas esas típicas frases,será así, pero no se pita nunca, o aquella otra de anda que si se pitaran todas éstas como antideportivas, habría más de treinta por partido… Frases que en el baloncesto USA serían sencillamente impensables, pero que aquí ya forman parte inseparable de nuestro vocabulario, así cada vez que acudimos a una cancha o que nos sentamos ante el televisor. Aquí el reglamento va por un lado mientras el baloncesto va por el otro. No estaría mal que pudiéramos armonizarlos de una puñetera vez.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

el mundo al revés   Leave a comment

(publicado el 16 de noviembre de 2009)

 

Si un día me nombraran, qué sé yo, Responsable de Sistemas de Competición de la Euroliga (hipótesis absurda), lo primero que haría sería reducir el número de equipos, de los veinticuatro actuales a dieciséis como mucho. Esa sería mi primera decisión (y la última porque me cesarían al día siguiente, claro), basada en la experiencia de todos estos años y aún más basada en los evidentes desequilibrios que encontramos este año: yo lo siento en el alma, pero equipos como los Ewe Oldenburg, Entente Orleanaise, Asvel, Prokom o Maroussi no deberían formar parte de la máxima competición continental, o al menos de lo que yo entiendo que debería ser la máxima competición continental, es decir, una liga (o similar) en la que se enfrenten única y exclusivamente los mejores equipos de Europa. Que debe estar abierta a todos, por supuesto, faltaría más, pero que jugarla, lo que se dice jugarla, la jueguen sólo los buenos, única y exclusivamente, para todos los demás ya está la ULEB Cup (o similar). Porque claro, luego Bertomeu & company bien que vendrán a quejarse de falta de seguimiento mediático y demás zarandajas, pero algunos (es decir, casi todos) difícilmente podemos evitar esa sensación de que la Euroliga aún no ha empezado, de que asistimos aún a una gigantesca fase previa, de que todos estos meses no son más que un tiempo echado a perder. Teóricamente nos podrán decir lo que quieran, pero a efectos prácticos todos sabemos que la verdaderaEuroliga empieza en realidad con el Top16.

Y en estos mismos pensamientos (pero corregidos y aumentados) abundaba yo anoche mientras veía (grabado) el partido que Andalucía Tv (D+) había ofrecido por la mañana, es decir viendo cómo Obradoiro (perdón, Xacobeo Blu:sens), sin apenas más juego interior que un prejubilado de 42 tacos y un impronunciable brasileño recién rescatado de LEB, apalizaba sin piedad al mismísimo Unicaja, el griego Vasileiadis clavando 21 puntos como 21 estacazos en el corazón de aquella entidad que un día movió cielo y tierra para ficharle para luego no tardar ni un año en deshacerse de él. Pensaba yo (odiosas pero inevitables comparaciones) cómo todos esos equipos que mencionaba en el primer párrafo, más algún otro (esos Zalgiris, Cibona, Partizan, Olimpija, cuyo mero nombre hace que me ponga en pie, pero cuyo presente no siempre se corresponde con su pasado), todos ellos legítimos equipos de Euroliga, tendrían hoy sin embargo serios problemas para sobrevivir en nuestra Liga ACB.

A las pruebas me remito, a ese mismo Unicaja que en Europa lidera su grupo sin despeinarse, pero que tras siete cornadas, digo jornadas, en la Liga doméstica resulta ser el colista más inverosímil que se recuerda. O miremos al Madrid, sumamente sobrado en ambas competiciones, pero que en Europa ha arrollado hasta al mismísimo Panathinaikos mientras en ACB ha visto cómo le ponían en serios apuros no ya el Granca (que eso es de lo más normal) sino equipos como Lagun Aro GBC, Murcia o Meridiano Alicante en su propio feudo de Vistalegre. Y no vale (o no debería valer) recurrir a aquello de que los equipos vuelven cansados de la Euroliga y por eso luego flaquean en ACB, porque ese mismo cansancio también podría producirse en sentido inverso (y bien que hemos recurrido a él otros años para explicar sucesivos fracasos euroligueros), lo cual esta temporada no parece estar sucediendo en absoluto.

Y mira que habremos repetido veces y veces (convirtiéndola en lugar común) aquella manida frase de que la ACB es la mejor liga del mundo después de la NBA… Y curiosamente este año, justo cuando la crisis parecía haber afectado a más equipos, justo cuando unas cuantas emblemáticas instituciones aún continúan sin patrocinador, justo cuando parecía que tendríamos dos ligas a la manera del fútbol, una de dos equipos y la otra de dieciséis… Curiosamente este año, contra todo pronóstico, esa frase (al menos en lo que al nivel meramente deportivo se refiere) acabará pareciéndonos más cierta que nunca. Especialmente en comparación con esa extraña Euroliga de nuestros pecados, porque no me negarán que no deja de ser una soberana paradoja que el nivel medio de una liga nacional de dieciocho equipos sea superior al de una ligacontinental de veinticuatro. Si a la ACB le diera por abrir fronteras, quién sabe, quizá llegaría el día en el que los equipos buscaran una buena clasificación en la Euroliga para así poder acceder a la ACB… Definitivamente, el mundo al revés.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

Unibase   Leave a comment

(publicado el 13 de noviembre de 2009)

 

Aún andan en Málaga mesándose los cabellos por la marcha de Carlos Cabezas sin querer darse cuenta que aquello ya no tiene vuelta a atrás, tal vez Manolito nunca debería haberse ido pero una vez que se ha ido ya no va a volver, al menos por ahora… Y digo yo que quizá les haya llegado el momento de pasar página, de empezar a entender que sus problemas en la dirección del juego no les vienen sólo por la marcha de Cabezas sino también, y sobre todo, por su manifiesta incapacidad para encontrar otro base decente.

O al menos lo que yo entiendo por un base: durante muchos años disfrutaron en Málaga de una pareja absolutamente complementaria y sencillamente inmejorable, Sánchez-Cabezas, así como (tras el fallido experimento Popovic) el pasado año ofreció magníficos réditos el dúo Cabezas-Cook. Hoy el primero ya no está pero el segundo allí sigue, y diría yo que eso es lo que les salva porque a mí el susodicho c00k (tal vez el único jugador del mundo que lleva por dorsal las dos letras centrales de su apellido) me parece un estupendo director de juego: quizá de perfil algo bajo en ocasiones, pero con criterio suficiente para hacer llegar el balón a quien lo merece, para mejorar a sus compañeros y también para jugársela él con cierto tino si se requiere su anotación. Tiene días mejores y otros peores (como casi todo el mundo, por otra parte) pero a mí en líneas generales me parece perfectamente adecuado para un equipo como Unicaja. El problema no es él. El problema reside en que no hay nadie más que él.

Citemos una vez más a Jack el Destripador (es decir, vayamos por partes): en el principio fue Gomis. Gomis a quien ya conocían, Gomis que ya llegó en plan temporero el pasado año, Gomis que finalmente se ganó con creces el derecho a quedarse. Pero Gomis (recurramos una vez más a la palabreja dichosa) es un jugón, jugón pequeñito, jugón a la francesa si ustedes quieren, pero jugón al fin y al cabo. Impresionante en penetración, más que aceptable en el tiro (aunque me gusta más penetrando que tirando), intenso a más no poder, muy capaz de realizar arabescos insospechados… pero lo de pasar y dirigir, ay amigo, eso ya es otro cantar. Típico dos-en-un-cuerpo-de-uno, el año pasado les hizo un apaño y probablemente pensaron que éste también se lo haría… hasta que se averió, vaya por dios. Acudieron al mercado deprisa y corriendo y se llevaron lo primero que encontraron, otro (presunto) base, rápido cual personaje de dibujos animados (si hasta se le veía borroso…) y con apodo también de dibujos animados (aunque de otra clase), Pooh Jeter. Y dijeron hale, ya está, problema resuelto, sin reparar en que aquel remedio podía ser mucho peor que la enfermedad. Gomis no será un base pero al menos siempre tuvo criterio a la hora de decidir lo que se jugaba, en cambio Jeter resultaba ser como el perro del hortelano, ése que ni come ni deja comer: ya que no la pasas al menos no te la juegues veinte veces por noche, total para luego meter dos. No digo que no pueda ser medianamente útil para ir de estrella en un equipo de zona baja (como lo fue en Menorca), pero en uno con aspiraciones siempre acabará por ser una rémora.

Así que puerta, y volvamos nuevamente al mercado, a ver qué hay… Anda, mira, si está por ahí Shammond Williams, un tío que ya conoce de sobra la ACB, la solución perfecta, cómo no se nos ocurrió antes, cómo podríamos dejar pasar semejante oportunidad… Pues vale, y no digo yo que en Málaga no se estén frotando las manos ante el supuesto acierto de su fichaje, pero yo no lo veo, qué quieren que les diga. Shammond Williams, ya lo he comentado más de una vez pero no estará de más volver a recordarlo, se crió baloncestísticamente a las órdenes de Dean Smith, todo un lujo, y a la vera de compañeros de no menos lujo como Vince Carter, Antawn Jamison, Ademola Okulaja… y Ed Cota, que también pasó por aquí (y tampoco cuajó) pero que éste sí que era un verdadero base con todas las de la ley; porque Shammond Williams nunca fue nada más que un estupendo dos en aquel magnífico equipo de North Carolina, otra cosa es que luego al (intentar) llegar a la NBA le vieran demasiado endeble para el puesto y le quisieran utilizar de uno, y aún otra cosa muy distinta es que en Europa se lo creyeran y pensaran estar comprando un base cuando en realidad estaban comprando otra cosa.

Así que no cuajó en Barcelona ni tampoco en Valencia (aunque a ratos creyeran que sí; pero yo cada vez que veía a aquel -aún- Pamesa no podía evitar tener la sensación de que eran mucho mejores con Oliver): tiró mucho (a veces demasiado), anotó bastante, dirigió poco (a veces nada) y dejó huella con momentos muy puntuales de suma brillantez y con aquella histórica frase (que luego le copió Brandon Jennings), Ricky Rubio está sobrevalorado… (que si lo piensan puede resultar hasta lógico que Shammond Williams dijera eso, dado en él el baloncesto apenas pasa de ser un deporte individual: jugártela sin ton ni son en cuanto se te presenta la ocasión, anotar mucho, defender lo justo, pensar en los compañeros poco y menos; mirándolo desde su punto de vista es normal que Ricky le parezca sobrevalorado ya que éste nunca hará -afortunadamente- muchas de las cosas que él hace… del mismo modo que Shammond Williams nunca podrá hacer otros cientos de cosas -entender el juego, sin ir más lejos- que el de El Masnou sí hace a las mil maravillas…) Y esto es todo amigos, y en Málaga andarán tan contentos, y no seré yo quien diga que no pueda salirles bien; sólo digo que no creo que sea lo que necesitan.

Y además no creo que sea tan difícil: miren por ejemplo mil kilómetros hacia el norte, en Vitoria/Gasteiz: querían un base, fueron al mercado a por un base y hete aquí que se trajeron un base, Sean Singletary, yo recuerdo haberle visto un par de veces con Virginia (Universidad de) y puedo asegurarles que el susodicho es un base, base anotador pero base al fin y al cabo, ni más ni menos que eso. Luego les podrá salir bien o mal, podrá adaptarse mejor o peor a la vida de aquí, al juego de aquí, a las exigencias de Ivanovic, pero así de entrada no cabe duda de que es exactamente lo que buscaban. En cambio en Málaga han preferido quedarse con lo malo conocido (pónganle a la palabra malo tantas comillas como deseen) en vez de con lobueno por conocer (más comillas), opción legítimamente conservadora pero que, tal como yo lo veo, no pasará de ser un mero parche…

A no ser que lo que busquen sea exactamente eso, a no ser que el perfil que deseen para el papel de segundo base sea precisamente el de un base de mentira, un uno y medio mucho más anotador que director, si es así ya me callo, claro, olé sus huevos, faltaría más… Pero vamos, que para traerse un dos a hacer las veces de uno a lo mejor ya les valía con lo que ya tienen, qué sé yo, Taquan Dean, hasta el mismísimoYirigüé, no digamos ya el Berni, quién sabe si Saúl incluso… O ya puestos, podrían hasta haber repescado (cuando aún estaban a tiempo de hacerlo, claro) al propio Kelati, que no tiene cuerpo de base ni por asomo ni será un base jamás en la vida, pero cuyo sentido colectivo del juego está muy por encima del de todos aquellos mencionados en los párrafos precedentes… Ellos sabrán.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

otro tema menor   Leave a comment

(publicado el 12 de noviembre de 2009)

 

El que avisa no es traidor (es avisador) así que yo les aviso ya de antemano: en este post no encontrarán más que un montón de chorradas (es decir, como siempre, pero esta vez aún más si cabe), por lo que si tienen cualquier otra cosa más importante que hacer (qué sé yo, rascarse, irse a ver el Cuéntame o elMiénteme, tocarse cualquier parte de su cuerpo que les dé gusto, ordenar recibos atrasados, pensar en las musarañas o simplemente mirar al vacío) yo les aconsejo muy sinceramente que no se les ocurra dejarla por leer toda esta sarta de tonterías. Avisados quedan.

Porque la única razón de ser de este post es expresar mi total acuerdo y absoluta solidaridad con una breve nota que el Director de Gigantes, Paco Torres, escribió hace ya unas cuantas semanas en su revista, y en la que aludía al cachondeo (no recuerdo que él empleara esa palabra) en el que se han convertido los dorsales en nuestra Liga ACB. Y cuando digo dorsales no me refiero al número, que ahí me parece perfecto que cada uno (dentro de un orden) lleve el que le dé la gana, faltaría más, sino a lo que figura (o debería figurar) por encima del número, es decir, a lo que es (o debería ser) el (presunto) apellido de cada jugador.

En aquel breve texto Paco Torres mencionaba ya dos casos puntuales, a cual más fascinante: póngase usted a ver un partido del Ayuda en Acción Fuenlabrada, Fuenla para los amigos, y encontrará un jugador que luce sobre su dorsal las siglas C.T. Y punto (o más bien dos puntos, uno por cada letra). ¿C.T.? Mira que se me ocurren casi infinitas posibilidades, Cayo Torres, Chandler Thompson, Cristina Tárrega, Cuentin Tarantino (ya sé que es con cu, o sea con Q, pero permítanme la licencia), cualquiera que se nos pueda ocurrir pero no, los iniciados (llamémonos así) sabemos que dichas siglas pertenecen en realidad a Chris Thomas, base que fue de la Universidad de Notre Dame y del Club Baloncesto Murcia, y que hoy defiende con (más o menos) brillantez y acierto la camiseta naranja calabaza del susodicho Fuenla. Y mira que si se pusiera simplemente Thomas todos le reconoceríamos, todos sabríamos perfectamente a qué atenernos pero él no, él se hace llamar C.T., con dos… iniciales.

O póngase usted a ver un partido del Xacobeo 2010 Blu:sens, Obradoiro o simplemente Obra para los amigos, y encontrará un jugador que en su dorsal dice llamarse REY. Claro, usted de inmediato se dará una palmada en la frente y exclamará, anda, mira, Xavi Rey, cómo no había caído, fíjate, yo que le hacía en Sevilla, yo que le hacía más alto, yo que le hacía más claro de piel, qué raro, no parece el mismo… Evidentemente no es el mismo, evidentemente no se trata de ése ni de ningún otro rey, ni Borbón ni Baltasar siquiera, Rey no es título ni apellido sino trozo de nombre, las tres primeras letras de Reyshawn Terry, nada menos. Que digo yo que la criatura habrá pensado que como nadie iba a saber pronunciarlo pues lo dejo así, que esas tres letras sí que se las sabe todo el mundo… Bienintencionado el chaval, pero quizá no debería infravalorarnos de ese modo, que el nombre nos podrá costar pero el apellido se nos da como hongos, que los más viejos del lugar llevamos toda la vida asociándolo con una chica rubia medio desnuda montada en un caballo blanco, aquella botella gorda envuelta en una redecilla, Terry me va

Dos casos paradigmáticos, pero es que hay más. Miremos por ejemplo al Club Baloncesto Murcia, en cuyas espaldas encontraremos un VLADO y un TOMAS, sin ir más lejos. Vlados tampoco es que haya muchos por estos pagos (y Divac lleva ya mucho tiempo retirado como para que nos vayamos a confundir a estas alturas), pero ¿Tomas? A ver, Pere Tomás sigue en la Penya, Marko Tomas ya no anda por la ACB, Chris Thomas (o sea, C.T.) se fue de allí echando pestes y ahora ya sabemos que está en el Fuenla (y además es con hache)… Nada más lejos de la realidad, puesto que VLADO y TOMAS resultan ser los afamados Scepanovic y Delininkaitis, montenegrino y lituano respectivamente, que uno hasta llega a pensar si no habrá sido todo una simple cuestión de espacio, como los apellidos no les cabían decidieron poner los nombres, que en fútbol no pasa nada si las letras les rebosan por las mangas pero aquí con las camisetas de tirantes pues menudo problema, a ver cómo lo apañamos, o reducimos la tipografía o les llamamos de otra forma, ustedes verán…

Y así podríamos seguir hasta el infinito (y más allá): tíos (legión) que se ponen el nombre o el apodo en lugar del apellido, tíos que añaden las iniciales de sus hijos, tíos que escogen el segundo apellido en vez del primero para así rendir tributo a su madre… (mira que admiro a Lucio Angulo como jugador y -aún más si cabe- como bloguero, pero aquello de que en su camiseta pusiera ESPINOSA -no sé si hoy sigue poniéndolo- siempre me revolvió las tripas). Todo se andará, y el día menos pensado aparecerán Eliyahu o Burstein (por ejemplo) pidiendo figurar en caracteres hebreos, o Lischuk o cualquier otro exigiendo legítimamente que les pongan en cirílico, y no faltará quien pida que en su camiseta ponga CANELO en homenaje a su mejor amigo del hombre, y de ahí a que alguien de acendrada religiosidad se coloque un DIOS TE AMA ya sólo habrá un paso…

Ya que nuestra ACB tiene por costumbre mirarse en el espejo de la NBA para las cosas más nimias y más chorras, no estaría de más que lo hiciera también para esto: son ya más de veinte años de seguir regularmente aquella Liga y en todo este tiempo, miles y miles de jugadores después, tan sólo recuerdo un único caso de alguien que haya llevado en su espalda otra cosa diferente a su apellido (si acaso añadiendo la mera inicial de su nombre, en caso de coincidencia en el mismo equipo): hoy todos podemos hablar coloquialmente, aquí y allí, de Kobe, LeBron o Shaq, pero ellos bien que lucen sobre sus hombros el BRYANT, JAMES u O’NEAL correspondiente. Y acaso no haya habido en toda la historia de este deporte apodo más universal que el de Magic, pero ello no impidió que éste luciera el apellido JOHNSON sobre su 32 durante toda su carrera profesional. La única excepción (que confirma la regla) es actual, y tiene que ver con el pívot carioca Maybyner Rodney Hilario, que movió cielo y tierra y no paró hasta conseguir (apelando a la acendrada tradición brasileña de utilizar apodos en vez de nombres, así desde el Presidente de la Nación al último de la fila) que en su camiseta pusiera NENÉ, simplemente Nené, nada más que eso. Y por increíble que parezca semejante nimedad hizo correr en USA ríos de tinta, sesudos articulistas pusieron el grito en el cielo, a ver con qué derecho, a ver quién se ha creído éste que es, a ver qué méritos ha contraído para que tengamos que llamarle sólo por el apodo, hasta ahí podíamos llegar…

Pero Raül (que aquí siempre se puso RAÜL) fue LOPEZ en Utah, Rudy (que aquí siempre se puso RUDY) es FERNANDEZ en Portland, Ricky (que aquí siempre se ha puesto simplemente eso, RICKY) tendrá un día que aguantarse con que le pongan RUBIO en Minnesota o en dondequiera que juegue… Allí, así en NBA como en NCAA (y sospecho que igualmente en NFL, NHL, MLB o cualquier otra sopa de letras que se precie), estas cosas las llevan absolutamente a rajatabla, en cambio aquí más bien parecen el coño de la bernarda, con perdón. No soy partidario de reglamentar casi nada, pero si se te viene una corriente de agua quizá te convenga canalizarla siquiera mínimamente, no vaya a ser que se te desborde más todavía… Puestos a pensar en apodos, en nuestro baloncesto sólo recuerdo un caso (también aludió a él Paco Torres) de apodo que se convirtiera legítimamente en nombre oficial, opacando (vaya verbo) a cualquier otra denominación, y ése fue EPI, que se retiró hace ya muchos años por cierto. A partir de ahí los demás (su hijo inclusive), por favor, tengan la bondad de colocar sobre sus hombros exclusivamente su apellido, y no duden que la ACB, el baloncesto y el sentido común les estarán eternamente agradecidos.

Lo que no significará que luego todos nosotros no podamos llamarles como queramos, faltaría más, pero siempre partiendo de que ellos se hagan llamar exclusivamente como se llamen, aunque sólo sea por una simple cuestión de formalidad… Pero insisto, si a usted todo esto al fin y al cabo no deja de resultarle una solemne tontería, permítame que le diga que en el pecado lleva usted la penitencia; no me venga quejándose ahora, recuerde que yo al principio ya se lo advertí…

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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(publicado el 11 de noviembre de 2009)

 

Hubo un tiempo, seguro que lo recuerdan, en el que Allen Iverson llegó a ser el mejor jugador de la NBA, lo que equivaldría a decir que llegó a ser el mejor jugador de baloncesto sobre la faz de la Tierra. Aquelpequeñajo que a duras penas llegaba al metro ochenta (aunque tantas veces se empeñaran en vendernos que medía más), demasiado frágil y enclenque para ser un dos, demasiado chupón para ejercer de uno, aquel improbable uno y medio se nos convirtió un día en el más inesperado MVP que haya conocido aquella Liga, si me apuran puede que hasta mereciera serlo alguna que otra vez más.

Hubo un tiempo, seguro que lo recuerdan, en el que Allen Iverson llegó a convertirse en un símbolo. Su look (digamos) agresivo, su piel entera tapizada de tatuajes, su cabeza sembrada de trenzas (aunque en esto no fue el primero, de hecho él siguió el modelo propuesto por Latrell Sprewell, otro que tal), sus orígenes extremadamente humildes, su pasado conflictivo, su estilo de vida al límite, su manera no ya de jugar sino de entender el juego, tantos otros factores le convirtieron en el auténtico icono de toda una generación, de una inmensa minoría, de una clase social, la clase de los desclasados, no por contradictoria menos existente.

Hubo un tiempo, seguro que lo recuerdan, en el que Allen Iverson llegó a generar aversión (fácil juego de palabras con la pronunciación de su apellido) en otro segmento de población, justo el opuesto a aquel que mencionábamos en el párrafo anterior. En la misma medida en que se convirtió en un ídolo para amplios sectores de la minoría negra, al otro extremo los más ultraconservadores de la ya de por sí mayoritariamente reaccionaria sociedad norteamericana le vieron no ya como objeto de rechazo sino incluso como potencial amenaza, por increíble que ello nos pueda parecer. Hoy ya casi nadie se acuerda (y seguro que en USA no considerarán políticamente correcto recordarlo), pero yo nunca he podido olvidar aquella gira de los Sixers por el Oeste, en uno de los primeros años de Iverson en la Liga. Yo nunca he podido olvidar cómo en dos partidos sucesivos, en dos ciudades tradicionalmente conservadoras del Medio Oeste, algunos presuntos aficionados arrojaron a la cancha ratas muertas en pleno juego. Y aunque nadie osó jamás establecer una relación causa-efecto entre tan execrables actos y la presencia de Iverson, digamos que para cualquiera que sepa cómo suelen ser a veces las cosas en USA la ecuación tampoco resultaba tan difícil, probablemente bastaba con sumar dos más dos…

Sí, hubo un tiempo no demasiado lejano en el que Iverson fue un extraordinario jugador de baloncesto y fue, además, mucho más que un extraordinario jugador de baloncesto. Un sujeto inclasificable así dentro como fuera de las pistas, un tipo capaz de desesperar a todos y cada uno de sus entrenadores, esos mismos a los que jamás se les pasó siquiera por la cabeza la posibilidad de prescindir de él. Cómo olvidar la desesperación de un técnico tan estructurado (hasta la náusea, a veces) como Larry Brown: se le llevaban los demonios con su egocentrismo, con su manera autista de jugar, con su inentrenabilidad, con sus escaqueos constantes de tantos y tantos entrenamientos… para acabar finalmente rindiéndose a la evidencia, a esa misma evidencia que les llevó a una final NBA, aquel equipo-de-un-solo-jugador acariciando con la yema de los dedos el anillo, ése que sólo la santísima trinidad Shaq-Kobe-Phil impidió que se pusieran…

Y mira que nos preguntamos una y otra vez (siempre Montes) por qué todos los jugones sonríen igual… Pero no, Iverson no sonreía igual, Iverson apenas sonreía y si alguna vez lo hacía su sonrisa no podía ser más triste, apenas una pequeña grieta por la que afloraba un interior tal vez mucho más atormentado de lo que podíamos imaginar; le vimos sonreír menos veces de las que le vimos llorar, empezar a hacer pucheros para acabar derramándose a lágrima viva con ocasión de alguna eliminación de playoffs, alguna otra posibilidad de anillo que se le escapaba quizás ya para siempre, su berrinche apenas dejando traslucir al crío que aún llevaba dentro, que tal vez siempre llevaría…

Cantaban hace ya demasiados años los Módulos que todo tiene su fin, y no hay mayor síntoma de madurez que saber apreciar ese fin cuando llega. Hoy Iverson recuerda patéticamente a aquellas primadonnas, divas incapaces de entender que su tiempo pasó, que su voz ya no es la misma, que su presencia física ya chirría sobre los escenarios; o quizás recuerde más apropiadamente a aquellos típicos galanes de cine que a los cincuenta aún buscaban los mismos papeles que hacían a los veinte o a los treinta, negándose a ver la realidad sin reciclarse ni saber cómo dar un mínimo giro a su carrera. Hoy Iverson tiene ya treinta y cuatrotacos, que no tendrían por qué ser demasiados si no se tratara de un tipo que apenas se cuidó, que jamás entrenó más allá de lo meramente imprescindible. Hoy Iverson debería empezar a entender que ya no habrá marcha atrás, que no puedes parar el tiempo, que si la vida sigue y tú te quedas quieto será al final la propia vida la que se te llevará por delante.

Iverson debería entender que a sus treinta y cuatro años aún podría ser un extraordinario sexto hombre, aún podría jugar sus treinta minutos por partido, tal vez más, tal vez tanto como el que más, tal vez más que el que más; Iverson debería entender algo que en USA generalmente no se entiende pero que aquí en Europa entendemos perfectamente, que los verdaderos titulares no son tanto los que empiezan como los que acaban los partidos, justo aquellos que a la hora de la verdad están sobre la cancha para jugarse precisamente los minutos de verdad. Así lo entendieron hace unos meses en Detroit, así lo entendieron hace unas semanas en Memphis. Así no lo entenderá jamás el propio Iverson, él es la estrella, el eje a cuyo alrededor habrá de girar todo el equipo sea éste cual sea y juegue en él quien juegue, en qué cabeza cabe siquiera otra posibilidad. Y en todo este proceso Iverson se está convirtiendo poco a poco en un ex jugador, un ex jugador aún en activopor absurdo y contradictorio que ello pueda parecer. Otro Marbury de la vida, como si dijéramos.

Decía hace muchos años el inolvidable Miguel Gila que en España no existe el divorcio (no existía entonces)pero se usa el ahí te quedas. Exactamente eso, un ahitequedas en toda regla es lo que Iverson parece haberles hecho a estos Grizzlies, algo que muchos siempre pensamos que tarde o temprano tendría que pasar pero que ni siquiera los más pesimistas llegamos a imaginar que ocurriría tan pronto. Ahí os quedáis que yo me piro, que me escapo como cuando era un crío, que ya he cumplido los treinta y cuatro pero me vuelvo a los diecisiete, acaso siempre estuve en ellos… Volver a los diecisiete después de vivir un siglo, cantaba (también hace ya demasiados años) Rosa León…

Volver a los diecisiete, más o menos cuando su madre (lo más parecido a la mamá de la Pantoja que haya podido existir en el firmamento baloncestístico) se presentó una buena mañana en el despacho de John Thompson, por favor apiádese de mi hijo, mueva usted cielo y tierra para que ingrese aquí en Georgetown, sáquemelo usted de las calles, ésa podría ser su salvación, la única manera de que no me le peguen un tiro cualquier día… Dicho y hecho, y el bueno de Thompson hasta postergó durante un tiempo su prevista retirada simplemente por darse el gusto de entrenar a aquel prodigio, quizá lo más talentoso que jamás hubiera tenido entre manos (y mira que habría donde escoger), y algunos difícilmente olvidaremos aquella primera vez que vimos a aquel número 3 aún con la camiseta plateada de los Hoyas, haciendo cosas endiabladas a velocidades aún más endiabladas si cabe, tanto talento en tan poco cuerpo jamás se vio… Aún era (casi) un niño entonces. Hoy, tantos años después, difícilmente podrá ya ser otra cosa.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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(publicado el 5 de noviembre de 2009)

Dicen que lo bueno de estar en el fondo del pozo es que a partir de ahí sólo cabe ir hacia arriba (afirmación ciertamente discutible: aún podrás ir más para abajo si te empeñas en ello, y si dispones de las herramientas adecuadas); pero habremos de convenir en que hay muchas clases de pozos, muchas formas diferentes de buscar la salida, no de todos los pozos se sale de igual manera…

Esta profunda reflexión de andar por casa me la han inspirado los Memphis Grizzlies, nada menos. Estaremos de acuerdo en que los Grizzlies llevan ya en el fondo del pozo mucho más tiempo del que somos capaces de recordar, llevan ahí poco más o menos desde que nacieron en la otra esquina del mapa norteamericano, allá en la fría y lluviosa Vancouver. A veces hicieron como que asomaban la cabeza, hicieron como que jugaban los playoffs, puro espejismo, total para acabar cayendo de nuevo aún con mayor estrépito si cabe. Los Grizzlies hoy, como ayer, como siempre, tienen básicamente dos problemas, a saber, 1) que no ganan un puto partido y 2) que no acude a verlos ni dios, ustedes me disculpen la ordinariez. Y es como si sus jefes se hubieran dicho a sí mismos, ya que durante años hemos demostrado al mundo nuestra probada incapacidad para resolver el problema número 1, intentemos al menos este año resolver el problema número 2. Ya que no ganemos al menos vendamos entradas, no seamos ya una ruina, dejemos de ser el hermano pobre de la ciudad, consigamos que algunos de esos fieles aficionados de la Universidad local se cambien por fin de acera, total si ahora ya no tienen a Calipari (ni a Tyreke Evans, ni a Derrick Rose, ni a…)

Ya, pero… ¿cómo? Pues muy fácil, dado que tenemos una población mayoritariamente negra, traigámosles jugadores con quienes nuestros ciudadanos puedan identificarse, qué sé yo, pongamos Zach Randolph, pongamos incluso (ya puestos) Allen Iverson, icono absoluto para ese amplio segmento de población hasta el punto de que durante años cientos de miles, tal vez millones de ciudadanos norteamericanos se han peinado o vestido como él, algunos hasta han intentado jugar como él; traigámoslos a Memphis, ganar lo que se dice ganar no sé si ganaremos pero al menos en popularidad arrasaremos, todo dios estará como loco por acudir al FeDex Forum…

Y si además pudieran pagar el precio de la entrada, ya ni les cuento. Qué duda cabe, Iverson podrá provocar que se desborde la ilusión y el entusiasmo (así como la desesperación, todo a la misma vez) de toda esa gente que acaso hoy por hoy no tenga precisamente entre sus prioridades la de asistir en directo a un partido de la NBA, dado que aún estarán más preocupados por nimiedades tales como comer caliente cada día, hay que ver cómo son. Solía decir hace muchos años Andrés Montes (siempre Montes) que la NBA es una merienda de negros que pagan los blancos, y aunque hoy esa definición requeriría tal vez muchas matizaciones, tampoco han cambiado tanto las cosas como para que haya dejado de ser (en líneas generales) cierta. Sí, muy probablemente este equipo habrá generado a orillas del Mississippi mucha más identificación que aquel otro que un día construyeron alrededor de un tal Pau Gasol; pero ya otra cosa muy distinta será que esa mayor identificación se refleje en las gradas, bastó con ver su desolador aspecto de hace unos días (Memphis-Toronto) para comprobarlo.

Y en todo caso, para lograr que la gente acuda no estaría de más que adoptaran la sana costumbre de empezar a ganar partidos. Vale, sí, ganaron aquel viernes a los ciclotímicos Raptors (otros que tal bailan), pero ya nos temíamos que aquello no pasaría de ser un mero espejismo, como las sucesivas derrotas posteriores (algunas en plazas sumamente asequibles) no han hecho sino confirmar. Juntar bajo el mismo techo a Iverson, Mayo, Gay y Randolph puede resultar un apasionante experimento en el plano sociológico, pero en el plano baloncestístico sólo puede devenir en caos. Si ya hoy (como ayer, como siempre) Randolph se tira todo lo que toca; si Gay de inmediato se le pone celosón porque eso de tirarse todo cuanto llega siempre había sido patrimonio exclusivo suyo; si Mayo (aún con más criterio que los dos anteriores) tampoco suele ser de los que la pasan… Con todos esos antecedentes, ¿qué no habría de suceder cuando Iverson finalmente apareciera?

Pues exactamente lo que sucedió aquella primera noche en Sacramento, que Hollins osó sacarle desde el banquillo (y mira que hace días todos parecían tenerlo claro, y mira que siendo su primera vez parecía hasta más lógico si cabe), AI empezó deambulando perdido por la pista pero hete aquí que allá por el tercer o el último cuarto por fin encontró el punto, metió tres o cuatro y con eso ya se sintió con derecho a montar el pollo en plan divo, pero cómo es posible, pero cómo se atreven, tenerme a mí de suplente, a mí, ¡¡¡A MÍ!!!, es que acaso no saben quién soy yo, yo no he venido a esta mierda de equipo para salir desde el banquillo, que no vuelva a pasar, que yo me conozco, que por las buenas soy muy bueno pero a las malas no respondo, pregunten en Detroit si aún les queda alguna duda... (la cita no es del todo textual, ustedes me disculparán la licencia poética). Todos sabíamos que algo así tendría que pasar tarde o temprano, pero yo creo que ni los más agoreros habíamos imaginado que sucediera tan pronto. Llegados a este punto, resulta evidente que de algún sitio tendrán que sacar todos esos minutos que el señor Iverson demanda, y el principal candidato parapringar parece a todas luces Mike Conley; un Conley que será mejor o peor, que vale que no ha respondido ni de lejos a las expectativas generadas en su día, pero que con todo y con eso aún sigue siendo el único que tiene por costumbre darle la bola al compañero mejor situado, por dios, qué asco, pasar el balón, habrase visto tamaña vulgaridad…

Y esto sólo es el principio. Aún quedará por ver como va asimilando las sucesivas derrotas un Iverson (titular o suplente, tanto da) que nada más llegar a Memphis afirmó sin cortarse un pelo que el objetivo para esta temporada sería ganar el anillo (¿dónde creerá éste que está?). Y aún más está por ver cuánto tardará en liarla ese Zach especialista en descomponer ambientes, en crear malos rollos allá por donde pasa, Blazers, Knicks, Clippers (aunque en honor a la verdad no estará de más reconocer que algunos de éstos ya estaban bastante descompuestos de serie). Aquello más que un vestuario parece casi una bomba de relojería, y de hecho tal vez sea ése el único motivo para el optimismo: de tanto como parece que puede pasar, cualquier cosa que pase nos parecerá poco en comparación a lo que pensamos que podría haber pasado; será difícil que la realidad pueda estar a la altura de nuestra calenturienta imaginación.

Y en medio de todo, Marc Gasol. Teniendo los Grizzlies a uno de los cénters con más proyección de toda la Liga, para celebrarlo no se les ocurrió otra cosa que gastar su número 2 del draft en elegir a otro; que oye, si el susodicho hubiese sido un Shaq de la vida, un Duncan, hasta un Oden, qué sé yo, pues nada que reprochar, olé sus huevos, juntas a los dos y luego ya comerciarás en el mercado como te plazca; pero es que el susodicho resultó ser Thabeet, voluntarioso tanzano tan aplicado en la parte de atrás como limitado en la de delante, tras cuya elección algún alto (de cargo, no de estatura) representante de la franquicia no se cortó en decir que el objetivo sería juntarles a los dos en cancha, que Marc jugara muchos minutos comocuatro, precisamente Marc que debe ser de los cincos menos parecidos a un cuatro que ha producido nuestro baloncesto en los últimos años… Como lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, y como las cosas que no caen por la ley de la gravedad al final acaban también cayendo por su propio peso (que decía aquel), el resultado de todo ello es que hoy la labor de Thabeet se limita básicamente a llevar las maletas de sus compañeros, todo un número 2 del draft pelándose el culo en el banquillo ya veremos por cuánto tiempo, que a veces hasta el armario iraní Haddadi salta a cancha antes que él…

Las cosas como son, por ahora a Marc le va mejor de lo que pensamos que le iría: está que se sale, aprovecha al máximo lo poco que le llega, la amenaza Thabeet parece momentáneamente desactivada… No siempre va a ser así: el tanzano tendrá que jugar tarde o temprano, Iverson aumentará los espacios pero reducirá los tiempos, a menos Conley menos balones, etc. Sabido es que Marc no se muerde la lengua, muestras más que sobradas nos ha dado ya de ello: en cuanto se le tuerzan las cosas nos lo hará saber, así a sus jefes como al resto del mundo mundial. Y si tanta sinceridad les resulta incómoda pues ya saben, traspásenlo, habrá no menos de veinte franquicias en la Liga que darían cualquier cosa por poder disponer de un pívot así; ¿se imaginan (es sólo un ejemplo) a Marc Gasol en los actuales Raptors, tradicionalmente más tiernos que el día de la madre en su juego interior?

Nada parece haber cambiado en los Grizzlies desde los grises tiempos de Pau, ni siquiera desde los negros tiempos de Vancouver. Una franquicia presidida por la incoherencia, envuelta en la apatía de sus (presuntos) seguidores (qué fue antes, el huevo o la gallina), reñida con el éxito, incompatible con la felicidad. Una franquicia maldita, la única (junto con Bobcats, claro) que aún no sabe lo que es ganar no ya una eliminatoria sino ni tan siquiera un partido de playoffs (y lo que te rondaré morena). Nada parece haber cambiado, aún menos parece que nada vaya a cambiar. Estos Grizzlies harán más ruido, pero difícilmente producirán más nueces. Dicen que del caos nace el orden, pero son ya demasiados años de caos sin que allí haya nacido orden alguno. Aquellos que aún piensen que una vez en el fondo del pozo ya sólo cabe ir hacia arriba, recuerden por favor las sabias palabras de Murphy (no de Troy sino del otro): cualquier situación, por muy mal que esté, siempre es susceptible de empeorar.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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(publicado el 4 de noviembre de 2009)

 

Para este viaje no hacen falta alforjas, como suele decirse. Te pones a ver a los Kings y vas viendo pasar uno por uno a todos ellos, cracks como el hipercreativo Kevin Martin o como el facha (pero cada vez mejor jugador) Spencer Hawes, secundarios de más o menos lujo como Beno Udrih, Jason Thompson o el mismísimo Chapu, perlas más o menos pulidas como Omri Casspi o Tyreke Evans, reciclados del olvido como Kenny (Abre los Ojos) Thomas, Desmond Mason o hasta Sean May (ni sombra de lo que fue, ni aún menos de lo que pensamos que sería), cincuenta y tres minutos de partido igualado dan para mucho, dan como para ver desfilar a todo un equipo, todo dios excepto uno, buscas y buscas y por fin le encuentras allí al fondo del banquillo, su chándal abrochado hasta las cejas, levantándose en los tiempos muertos para hacer sitio a los que juegan, para animarlos, quizás alguien debería pasarle una toalla para que al menos la pudiera agitar…

Y Evans y Udrih que se van turnando, el primero aún inseguro, aún con más pinta de dos que de uno, aún lejos de lo que apuntó en los Tigers de Memphis, el segundo sobrio, eficaz, acertado a más no poder, acaparando minutos con todo merecimiento, y uno desde la distancia hasta llega a pensar que si un brujo de esos que ahora están tan de moda consiguiera que ambos se lesionaran al unísono, antes Westphal recurriría al alcalde de la localidad (recuerden, aquel maravilloso Pocket Magic llamado Kevin Johnson, a quien ya tuvo hace un montón de años en los Suns) en vez de a Sergio, Sergio está para lo que está, para jugar los minutos de mentira (por no llamarlos de otra forma), por ejemplo aquellos seis de la paliza en San Antonio, los minutos de verdad son para otros, él está para otras cosas, a las pruebas me remito.

Allá por junio fueron muchos los que echaron las campanas al vuelo tras el traspaso Portland-Sacramento pero algunos, tocapelotas y desconfiados por definición, osamos mostrar más o menos en privado nuestras reservas: al fin y al cabo allí seguía Udrih, al fin y al cabo acababan de escoger a Tyreke pocos minutos antes, pero hombre no por favor, qué barbaridad, aquello iba a ser coser y cantar, tenía que serlo, un camino de rosas como si éstas no estuvieran también plagadas de espinas. Y a las órdenes de Westphal, baloncesto festivo y desinhibido por doquier, qué alegría, qué alboroto, fue llegar el primer día de training camp y se nos contó que Westphal habló más con Sergio en ese día que McMillan en tres años, se nos hicieron los dedos huéspedes (¿por qué se dirá esto?), por fin, ya no habrá vuelta atrás… Es lo que tiene echar las campanas al vuelo, que luego en cuanto te descuidas vuelven a bajar más fuerte si cabe, mejor que en el retroceso no te pillen delante.

Y ahora podremos proceder al linchamiento masivo de Paul Westphal como antes linchamos mediáticamente a McMillan (que yo puestos a escoger me quedo cien mil veces con el Blazer rudys sergios aparte- antes que con el King, éste jamás me gustó desde sus ya lejanos tiempos en Phoenix y Seattle), pero antes de hacerlo quizá deberíamos pararnos a pensar (aunque nos cueste) si no empieza a resultar un poco raro que siempre estemos con lo mismo, como si sólo nosotros pudiéramos tener razón y todos los demás, técnicos de toda clase y condición, hubieran de estar necesariamente equivocados. Somos legión los que nos enamoramos de las virtudes de Sergio hace ya más de cinco años, enamoramiento que aún nos dura a día de hoy pero que en ningún caso debería impedirnos ver también sus defectos, esos que a usted o a mí acaso puedan parecernos nimiedades (defiende poco, su tiro no es fiable, pierde demasiadas bolas) pero que a todo entrenador que se precie siempre le pondrán de los nervios, por definición.

Defectos que se curan jugando, he ahí el típico círculo vicioso, como no juegas no te curas, como no te curas no juegas, la pescadilla sigue mordiéndose la cola. En este sentido Sergio ha hecho un negocio redondo este verano, al menos por el momento: ha pasado de jugar poco en un buen equipo a no jugar nada en un mal equipo, ha pasado de ser segundo base en un conjunto con aspiraciones a ser tercer base en uno que sólo aspira a intentar llenar sus gradas cada noche, ha pasado de jugar diez o quince minutos a jugar cero, cero útiles al menos, minutos inútiles alguno aún le caerá de vez en cuando. Lo dicho, para este viaje no hacían falta alforjas.

Publicado octubre 26, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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