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(publicado el 13 de octubre de 2009)

Hay dos batistas en mi reciente memoria baloncestística. Hay, llamémoslo así, un Batista bueno y otro malo: el (digamos) “””malo””” (entre muchas comillas) es brasileño, se llama Joao Paulo Batista y yo he debido tener muy mala suerte con él, ya que jamás he conseguido verle hacer un partido decente; ni en sus comienzos con la Universidad de Gonzaga, ni en alguna ocasión esporádica con la selección brasileña, ni cuando volví a encontrármelo con el Lietuvos Rytas o el Le Mans… Todo dios (empezando por su seleccionador, el grandísimo Moncho Monsalve) habla maravillas de él que muy probablemente serán ciertas, a ver quién habría de ser yo para negarlo; simplemente no hemos coincidido, eso es todo.

En cambio, el (digamos) bueno es uruguayo, se llama Esteban Batista y alguna vez llegué a pensar si no me estaría pasando con él exactamente todo lo contrario, que sólo le veía en los días buenos y no coincidíamos en los malos. Empezó a aparecer en nuestras vidas (tras fantasmagórico paso por la LEB) cuando deslumbró al mundo en aquel lejano Torneo de las Américas, tanto deslumbró que los Hawks perdieron el culo por llevárselo a Atlanta para luego no darle ni bola como suele pasar. Pero donde empezamos a verle con cierta asiduidad fue en el Maccabi, siempre de suplente, siempre con algún pívot (a menudo peor que él) por delante de él. Aparecía en el segundo cuarto, y/o entre finales del tercero y comienzos del cuarto, y de inmediato te impresionaba con su catálogo de movimientos al poste, con esos pies que apenas tienen parangón en el robotizado baloncesto actual. Y hacía que de inmediato te preguntaras cómo era posible, no ya que no tuviera sitio en NBA (que eso hasta podía ser normal, dado que allí en las posiciones interiores suelen primar el músculo muy por encima del talento) sino que no tuviera plaza de titular indiscutible en cualquier grande de Europa, que no anduviera media ACB cada verano pirrándose por sus huesitos. Tanto más si de Tel Aviv también acababa desapareciendo, si últimamente andaba el hombre ganándose las habichuelas en el Libertad de Sunchales santafesino…

Hoy Esteban Batista es el MVP de la primera jornada de ACB, y a mí me sale algo así como aquel estribillo del Telegrama, ahora convenientemente reconvertido en anuncio bancario: ya lo sabía, ya lo sabíííaaa… De hecho lo supe hace casi cinco meses, allá por mayo cuando el Fuenla anunció su fichaje, que hasta tuve entonces la intención de dedicar un post al respecto, pero que las urgencias de los playoffs (de allá y de acá) y las urgencias de la vida cotidiana finalmente me lo impidieron… y bien que me arrepiento ahora de no haberlo hecho. Lo supe entonces y lo confirmé aún más anteayer por si todavía me quedaba alguna duda: viéndole sellar una y otra vez a los pívots de Unicaja, viendo cómo su juego de pies destrozaba a todo aquel que Aíto le pusiera por delante, viéndole además inflarse a rebotear, y hasta a robar balones, y hasta encargándose de subirlos cuando fuera menester… Siempre podrán consolarse con aquello de que su mejor jugador (aunque insuficiente) fuera precisamente Freeland (otro que va mereciendo que hablemos de él largo y tendido uno de estos días), siempre podrán recurrir a la coartada de tener de baja a su rompehuesosparticular, es decir Archibald, siempre podrán argumentar lo que les parezca pero la lección magistral que dictó el pasado domingo don Esteban Batista sobre el parquet del Martín Carpena, ésa ya no se la va a quitar nadie.

Y no será la última, ni este MVP será el último, ni el penúltimo, ni siquiera el antepenúltimo de los que veremos caer a su nombre esta misma temporada, al tiempo. Y acabará la susodicha temporada y los más grandes de la ACB, más alguno que otro de allende los Pirineos, empezarán de inmediato a pegarse por obtener sus servicios, servicios que además les supondrán aflojar una pasta gansa dado que el contrato de Batista con el Fuenla es por tres años, no parece que de allí vaya a salir gratis, mire usted. Y todo por no haber sabido ver lo que otros sí supieron ver, lo que tantos aficionados al baloncesto sí vimos cada vez que este tío se apareció ante nuestros ojos, lo que en Fuenlabrada vieron tan claro que a por él fueron en cuanto pudieron, tan rápido fueron que le ficharon para esta temporada cuando aún no había acabado la anterior. Enhorabuena (una vez más, y van…), Fuenla. Y los demás (de más arriba), pues ya saben, sigan ahí a verlas venir, ustedes sabrán.

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Publicado octubre 26, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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