Archivo para octubre 27, 2012

Mister Versatility   Leave a comment

(publicado el 8 de marzo de 2010)

 

En estas pasadas semanas les he dado cumplidamente la brasa con algunas de la más aplicadas Universidades de este curso NCAA, Kansas, Syracuse y Kentucky más concretamente. Hoy, en cambio, les voy a dar (aún más) la brasa, no ya con una universidad (que también) sino con un solo jugador, un tipo que no será número uno del draft el próximo junio, pero que no lo será por una única razón, porque no estaré yo allí para escogerle, que si de mi dependiera ni Wall ni San Wall Bendito, se lo aseguro, si de mi dependiera, si yo una franquicia tuviera (hipótesis absurda a más no poder) me tiraría en plancha a por este afamado sujeto, que lleva por nombre Evan Turner y que tiene a bien desplegar sus habilidades en la no menos afamada Universidad de Ohio State.

A ver cómo se lo explico: en las alineaciones de los Buckeyes el susodicho Turner aparece listado como F, y ello es porque es alero, juega teóricamente de alero, siempre ha sido un alero, no les quepa la menor duda… pero tampoco se lo crean, porque en realidad es mentira: Evan Turner, aún siendo alero, ejerce de base, y qué base: él es quien sube el balón el noventa por ciento de las veces, él quien decide la jugada a realizar, él quien distribuye el juego, él suele ser el principio y el fin de cada ataque de Ohio State, el que empieza la jugada y el que la termina, el que saca el córner y el que lo remata de cabeza (ustedes me disculpen el símil futbolístico), el que da la asistencia y el que la recibe, y no me vengan a contar ahora que eso no es posible porque eso ya lo sé yo, evidentemente no es posible pero no son pocas las ocasiones en las que este tío consigue crearnos esa ilusión. Alguien le llamaba el otro día Mister Versatility, un apodo que le va como anillo al dedo: como pasador es impresionante, muy pocos bases habrá en este baloncesto universitario que se le puedan comparar, pero como finalizador es la repera, con un catálogo de habilidades técnicas que le hacen sencillamente imparable en el uno contra uno, razón por la cual casi todos los rivales acostumbran a doblarle (y hasta a triplicarle si fuera menester) las defensas, única forma que encuentran para opacar de algún modo a esta criatura. No es explosivo (ni falta que le hace, cabría añadir), no es un portento físico, no es de los que acostumbran a reventar el aro a cada rato, no, lo suyo es otra cosa, clase por arrobas, toneladas de clase que hacen que en él todo fluya de manera absolutamente natural, sin artificios ni conservantes ni colorantes, sin efectos especiales de ningún tipo. Pero es que además sus talentos tampoco se limitan a la parte, digamos, creativa: aún en un mal día te dará defensa, un montón de rebotes, unas cuantas recuperaciones y hasta unos pocos tapones si fuera menester. Y todo ello envuelto en su impecable compromiso de equipo, su actitud tremendamente positiva y hasta su estremecedora pinta de buen chaval, de no haber roto un plato en su vida, de no haber dado jamás un problema ni irlo a dar tampoco en toda su carrera profesional. Los comentaristas yanquis ya se refieren a él como el jugador del año en el baloncesto universitario, ya lo dan por hecho, como todo dios parece dar también por hecho que será número dos del draft, sólo por detrás de John Wall. Allá ellos. Insisto, yo (aún con todos mis respetos hacia Wall), si de mí dependiera, desde luego que me tiraría en plancha a por este tío…

También alguna vez he escuchado a los comentaristas yanquis referirse a estos Buckeyes como un equipo de un solo jugador, definición muy elogiosa para con Turner pero que a mí me resulta sumamente injusta: Ohio State es sobre todo Turner, pero es también mucho más que Turner: es también (y sobre todo) su mejor escudero, el energético Lighty, como una inyección de reconstituyente su presencia sobre la cancha; es también la potencia y buena mano de Buford, la prodigiosa muñeca de Diebler, y hasta es también, ya puestos, la inmensidad (en términos estrictamente físicos) de Dallas Lauderdale (con ese nombre más que un pívot parece un aeropuerto), tanto cuerpo para tan poca gracia, qué le vamos a hacer, pero que al menos algo aporta, más que nada por el enorme espacio que ocupa. Sí, Turner y cuatro más si así lo quieren, pero que algunos de ellos tampoco son mancos, tanto menos si además están magníficamente dirigidos desde el banquillo por el gran Thad Matta. No, estos Buckeyes no pueden compararse a aquellos otros que rozaron el título de la mano de Mike Conley y de (sobre todo) un Greg Oden aún libre de achaques por aquel entonces, pero tampoco vayan a pensar que andarán muy lejos: con lo que tienen ya les basta y le sobra para haber ganado su conferencia, para haber entrado a menudo en el top ten del ranking, para ir a pillar seguro un número dos o tres de la región que les toque en el próximo Torneo Final. Y a partir de ahí (y por utilizar esa expresión que tanto gusta por aquellos pagos) el cielo es el límite. Pero créanme, yo no apostaría en contra de ellos, yo procuraría no apostar jamás en contra de un equipo que cuente en sus filas con un jugador tan maravilloso como Evan Turner; por lo que pueda pasar.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

no lo entiendo   Leave a comment

(publicado el 4 de marzo de 2010)

 

Vale, está bien, no me mesaré los cabellos como tantas otras veces, no procederé al tradicional llanto y crujir de dientes, no les aburriré con la habitual retahíla que acostumbro a soltar tras cada cese de entrenador. Sólo diré que no lo entiendo. Es decir, sí entiendo que la Penya iba de mal en peor, que caía en picado y que de tanto morder el polvo, sábado tras sábado, domingo tras domingo, martes tras martes, como que parecía estar empezando a acostumbrarse, a acomodarse. Eso lo entiendo, y hasta podría llegar a entender incluso aquello del revulsivo, socorrido argumento en todas estas circunstancias. Si yo por entender puedo entender casi cualquier cosa, que a veces doy de sí (de mí) más de lo parezco, pero es que hay en esta historia como un pequeño detalle que tiende a escaparse de mis limitadas entendederas, vaya por dios:

A ver, son ustedes un equipo de cantera. No opino, refiero, constato un hecho absolutamente objetivo, un EQUIPO DE CANTERA, con mayúsculas, con todo lo bueno que ello comporta, también con todo lo problemático que en un momento dado pueda llegar a comportar. Los equipos de cantera, por definición, tienen años buenos y otros malos, y hasta de vez en cuando alguno tienen sencillamente extraordinario, ustedes lo disfrutaron muy recientemente, aquella Copa, aquella ULEB Cup, aquel maravilloso baloncesto que hacía casi saltársele las lágrimas a cualquier aficionado fuera del equipo que fuera. Pero los tiempos cambian, qué les voy a contar yo que ustedes no sepan: Rudy ya no está, Ricky ya no está, por no estar ya ni siquiera está Pau Ribas. Claro, ustedes bien podrían haber cambiado el modelo, haber fichado por cuatro perras (que las deudas aprietan, que lo de Ricky se debió ir en tapar agujeros) a unas cuantas medianías, veteranos más o menos del montón que te hagan un apaño y te permitan subsistir sin grandes sobresaltos en medio de la tabla. Pero entonces no serían la Penya, nuestra Penya, la Penya de todos, la que siempre encuentra un hueco en el corazón de cada aficionado al baloncesto por muy lejos de Badalona que esté. Ustedes se tiraron al vacío, una vez más, ya no tendremos erres (Rudy, Ricky, Ribas) pero siempre nos quedarán otras letras, imberbes yogurines como los Tomás, Norel, Eyenga, Franch, Jelinek, más algún otro que sé que se me escapa. Una panda de críos en una Liga de hombres, un riesgo maravilloso, pero riesgo al fin y al cabo: fragilidad, irregularidad, moral quebradiza, las circunstancias propias de todo equipo de chavales que se precie, tanto más si alguno de los talluditos tampoco es un prodigio de regularidad precisamente, tanto más si algún fichaje de relumbrón (léase Tripkovic) nunca supo ser regular, ni en el Partizan siquiera… Una apuesta de riesgo, ciertamente. Pero los riesgos se asumen, porque si no se asumen casi mejor es no tomarlos.

Y yo pensé que ustedes habían asumido el riesgo, que sabían lo que podía pasar, periodos de efervescencia alternándose con otros de hundimiento, los vaivenes típicos, lógicos, de un equipo tan joven. Yo pensé que ustedes lo sabían, tanto más si entregaban su proyecto de cantera a un entrenador también de cantera, el mismo Sito Alonso que pasó largos años pelándose el culo en su banquillo a la vera de otros, el mismo Sito Alonso que cuajó una gran temporada 2009 aunque hoy ya nadie parezca recordarlo… Pues no, no debían saberlo, quizá pensaron que con esto les bastaba para jugar la Copa (acertaron), para aguantar hasta los playoffs, para aspirar a meterse en la Euroliga incluso; probablemente evaluaron el talento y descubrieron que lo tenían por arrobas, cosa evidente, pero acaso por el camino se les olvidara evaluar también otros pequeños detalles, el poso, el saber estar, la madurez. O acaso utilizaron la vara de medir de Rudy o Ricky, acaso crean que todos sus chavales les salen ya maduros por definición, que la experiencia la llevan ya todos de serie desde los dieciséis. Pero cada chaval es un mundo, ustedes mejor que nadie deberían saberlo.

Así que hoy se cargan a Sito, le penalizan de algún modo como presunto culpable de toda esta situación, y fichan a Pepu. Nada que objetar en esto último, por supuesto, ni falta hará que le ponga yo por las nubes a estas alturas, más que nada porque todos y cada uno de nosotros le tenemos ya por las nubes en nuestro imaginario particular, mal que le pese al señor Sáez. Y por si pocas fueran sus virtudes, añádase además que precisamente él sabe mejor que nadie qué es la cantera, cómo se trabaja en un equipo de cantera, ese mismo ideario que mamó en Estudiantes durante tantísimos años. Es la elección perfecta, qué duda cabe, por mucho que hubieran querido buscarlo no habrían encontrado jamás un perfil más adecuado para ese puesto, para ese equipo. Es la elección perfecta, y bien que me alegro por él, por ellos. Pero aún alegrándome, y aún asumiéndolo casi todo, su crisis, su revulsivo y la madre que los parió, aún así sigue estando ahí ese pequeño detalle que no acabo de entender, vaya por dios: el de que tenga que ser Sito Alonso el único que acabe por pagar el pato (aún en el supuesto de que hubiera que pagar necesariamente algún pato, que esa es otra). No lo entiendo… o acaso lo entiendo demasiado bien.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

al estilo Kentucky   Leave a comment

(publicado el 3 de marzo de 2010)

El estilo Kentucky, más allá de güisquises, pollos fritos y demás americanadas varias, vendría a ser en este caso el estilo Calipari: la misma firma, la misma forma que aquellos otros de Memphis (Universidad de) que anduvieron rondando el título nacional durante estos últimos años sin lograr alcanzarlo nunca: el mismo atleticismo, la misma pinta más de equipo NBA que de equipo NCAA, la misma sensación de hombres contra niños, la misma forma de arrollar a sus rivales (cuando pueden, claro) por aplastamiento más que por baloncesto; lo que no significa que no sean buenos (extraordinarios, incluso) jugadores de baloncesto, significa sólo que a menudo dan la sensación de imponerse más por lo físico que por lo técnico; sensación que tal vez pueda ser errónea, tanto más cuando yo a Calipari acostumbro a mirarlo con malos ojos, lo reconozco; pero que era la sensación que me producían aquellos Tigers y hoy también viene siendo la sensación que me dejan estos Wildcats.

Fue mudarse el señor Calipari y que una espectacular camada de novatos siguiera de inmediato sus pasos, convencidos como están las criaturas de que con él tal vez no ganarán la NCAA pero saldrán a cambio sobradamente preparados para la NBA, y ello en tan sólo unos meses (y muy probablemente tengan razón, que ahí están los recientes ejemplos de Derrick Rose y Tyreke Evans para demostrarlo). Así que estos Wildcats presentan una interesante peculiaridad, una muy amplia rotación que descansa sobre todo en cuatro patas básicas, tres de las cuales son freshmen, novatos de lujo recién llegados a Lexington para la ocasión. Pero no cometan el error de pensar qué gran equipo de futuro está construyendo Kentucky para los próximos años, no, ni se les ocurra: dos de ellos (al menos) tienen ya puesta fecha de caducidad para esta primavera, cualquier otra posibilidad se me antoja inimaginable a día de hoy.

Hablemos de ellos, pues, y empecemos por John Wall, Juan Muro como si dijéramos. De éste quizá ya hayan oído hablar, y aún mucho más que van a oír a partir de los próximos meses, más o menos a partir de esa noche de finales de junio en la que David Stern pronunciará aquello de con el número 1, los New Jersey Nets(por ejemplo) eligen a… No hay analista ni web especializada que ose otorgarle otro puesto que no sea ese primero, y no viene de ahora, que yo recuerdo que ya vi por primera vez su nombre allá por 2007: ya entonces, cotilleando prospecciones futuras, me di de bruces con él en el presunto primer puesto del presunto draft de 2010, el mismo para el que daban como presunto número dos a un tal Ricky Rubio, no sé si les suena. Digamos que lo de Ricky siguió más bien otros derroteros, pero en lo que se refiere al susodicho Wall las cosas no parecen haber cambiado mucho en estos tres años.

Ciertamente, John Wall es muy bueno. No sé si tan bueno, pero sí muy bueno. John Wall responde al patrón de base con el que sueña cualquier franquicia NBA: muy buen tirador, extraordinario pasador, soberbio en uno-contra-uno, imparable en penetración gracias a su agresividad de cara al aro, a su tremenda explosividad, a esas condiciones atléticas fuera de lo común que harán que muy pronto nos lo vendan como el nuevo base no ya del siglo XXI sino del XXII… Aunque yo para estas cosas suelo ser un tanto especial, qué les voy a contar a estas alturas que ustedes no sepan, y digamos que suelo preferir casi mejor otro estilo de bases, no necesariamente tan anotadores pero sí más directores de juego, no necesariamente tan atléticos pero sí más capaces de envolver e implicar a sus compañeros en un proyecto común… Manías mías, claro. Afortunadamente las franquicias NBA no suelen preocuparse por estas nimiedades, déjese usted de colectividades y lecturas del juego que nosotros lo que buscamos es una estrella; en ese sentido, desde luego, sin lugar a dudas han ido a dar con la persona indicada: Wall va a ser una estrella, de hecho ya lo es a día de hoy, basta ver su actitud desde que entra hasta que sale de la cancha para comprobarlo, la de fuera de la cancha no me consta pero mucho me temo que también ejercerá como tal…

Si Wall explota en la parte de fuera, en la de dentro la revienta DeMarcus Cousins, nada menos. Otro prodigio físico, pero éste además con 210 centímetros de estatura y probablemente unos cuantos más de envergadura. Le listan como F pero en realidad ejerce de C, si bien para la NBA tendrá que reciclarse en F/C (o algo así): muy buen juego de pies, muy agresivo en su juego, instinto reboteador (sobre todo en ataque) fuera de lo común, y sobre todo ese atleticismo, fuerte y ligero a la par, que le permite correr la cancha en cuatro o cinco zancadas (ligera exageración), llegar donde casi nadie llega o quitarse los rivales de encima con apenas un soplo (sigo exagerando). ¿Defectos? Me da la sensación de que su eficacia disminuye según se aleja del aro, me da la sensación de que su mano y sus tiros libres podrían mejorar, y me da la sensación de que tiene un, cómo lo diría, un puntito macarra por encima de la media (y mira que ya viene alta la media); si aún bajo la férrea disciplina universitaria ya le hemos visto algún conato con árbitros, contrarios y hasta públicos rivales, casi mejor prefiero no pensar la que puede liar esta criatura cuando aterrice en la NBA. Cosa que sucederá más pronto que tarde, tampoco les quepa la menor duda de que se apuntará a este draft ni de que saldrá elegido en el Top Ten, y puede que hasta más cerca del top que del ten.

El tercer freshman se llama Eric Bledsoe, un dos que es más casi uno y medio, escolta rapidísimo, de muy buena mano, capaz de anotar de muchas maneras diferentes y que en caso de emergencia también puede desempeñar el papel de base, de hecho suele hacerlo en los contados minutos en los que Wall descansa. Comparte con sus compañeros de generación el atleticismo y la chulería innata, pero en lo tocante a baloncesto aún está un poco por debajo de los otros dos, razón por la cual aún no debería ni plantearse siquiera lo del draft, haría muy bien en quedarse al menos otro año, seguir mejorando y además ser allí el puto amo una vez que sus afamados compañeros ya se hayan ido… Que lo haga o no ya será otro cantar.

Y queda la cuarta pata, que no es freshman sino júnior, se llama Patrick Patterson y es un pedazo de jugador. Alero completísimo, lo mismo cose un huevo que fríe un alfiler que decía Montes (siempre Montes), te rinde igual dentro y fuera, así amparado en su portentoso físico (para variar) por el interior como en su buena mano desde el exterior. Y me da la sensación además, desde la (mucha) distancia, de que aporta además ese puntito de madurez del que sus afamados compañeros carecen, el poso que le da llevar ya tres años allí y haberlas visto además de todos los colores en temporadas precedentes. Quizá para mi gusto el jugador más importante de estos Wildcats, aunque no se le dé tanta bola como a alguno de los anteriores.

Pero el arsenal de Calipari no se acaba aquí, no crean, que tienen para dar y tomar: Miller, Dodson, Liggins, Orton… Jugadores de complemento si así lo quieren, pero que aportan más de lo que parece y completan una magnífica rotación. Más que suficiente para llevar casi todo el año en el número dos del ranking y hasta alguna semana en el uno, del que sólo se fueron a caer tras su primera (e inesperada) derrota en South Carolina. La segunda (y última, por el momento) se produjo este pasado sábado en Tennessee, y les ha hecho bajar hasta el número tres, nada menos, pero vamos, que tampoco parece que vaya a ser ya muy grave a estas alturas (siempre y cuando no tengan muchas más, claro) porque quien más quien menos ya se relame imaginando una hipotética final Kansas-Kentucky (mal que nos pese a los de Syracuse), la madre de todas las batallas como si dijéramos, allá a comienzos de abril… lo que de algún modo vendría a significar el triunfo (por la parte de Kentucky, no por la de Kansas) de algo que podríamos definir casi como baloncesto-apisonadora. Que está muy bien, no digo yo que no, pero que a mí, tan raro como soy, como que me gustan más otras cosas.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

con buen sabor de boca   Leave a comment

(publicado el 2 de marzo de 2010)

Este pasado (y ya lejano) verano, con la habilidad que me caracteriza, procedí a enterrar al Blancos de Rueda Valladolid. Así, como quien no quiere la cosa, me puse a hacer previos ACB como si en verdad supiera de lo que estaba hablando, y no tuve mejor ocurrencia que pronosticar que el equipo vallisoletano me parecía, con mucho, el más flojo de la competición, razón por la cual su supervivencia en la máxima categoría de nuestro baloncesto se me antojaba harto complicada. Mano de santo, vamos, que donde pongo el ojo pongo la bala, que mira que ya me decía mi madre de pequeño que estaba yo mucho más guapo calladito. No fue sólo Pucela, pocas semanas más tarde enterré también a los Memphis Grizzlies, si es que yo cuando me pongo me pongo, evidentemente con el mismo nivel de acierto en todos y cada uno de los casos…

Más allá de mis disparatados pronósticos, acaso sea el vallisoletano el equipo más anónimo de toda la Liga, quizás el que menor exposición mediática genera, el que aparenta tener menos cuota de pantalla, insignificante casi a poco que la comparemos con la de cualquier otro. O tal vez no sea así pero al menos yo lo percibo así, lo que no deja de ser una percepción meramente subjetiva… aunque no sé si basada también en algún dato objetivo: como si su televisión autonómica castellanoleonesa interactuara menos con las restantes, no sé si porque el tirón del equipo sea menor (vuelvo a lo mismo), no sé si por sus líos puntuales en torno a la FORTA, no sé y como no lo sé mejor será que lo deje, no vaya a meter la pata más todavía. Sólo creo saber que a algunos equipos ACB solemos verlos casi todas las semanas, a otros bastante a menudo, a otros de pascuas a ramos pero al Blancos de Rueda Valladolid no lo vemos casi nunca, sólo en contadísimas ocasiones suele aparecer en nuestras vidas: este pasado domingo, por ejemplo.

Tiene el equipo vallisoletano además la sana costumbre de hacer poco ruido. No siempre fue así, que hasta hubo un tiempo ya muy lejano en el que aquello pareció casi el hotel de los líos, no digamos ya cuando fue a derrumbárseles sobre sus cabezas toda la pirámide filatélica: comenzaron entonces su travesía del desierto, tuvieron que escuchar cánticos legendarios como aquel de la Demencia (a por sellos oé, a por sellos eoé), hubieron de agarrarse a patrocinadores menores como a clavos ardiendo pero fue todo inútil. Sin apenas hacer ruido bajaron a LEB, sin hacer ni el menor ruido subieron a la ACB tan sólo un año más tarde, contra todo pronóstico, cuando aún muy pocos esperaban su regreso. Hoy, pocos meses después, ya no venden sellos ni castillos de naipes financieros sino buenos vinos, que dejarán tal vez menos dinero pero mucho mejor sabor de boca.

Acaso como metáfora perfecta del equipo al que patrocinan: cuerpo sencillo, ligero, sin artificios de ninguna clase pero que en cuanto lo pruebas te deja un regusto sumamente agradable en el paladar. El secreto, ya se sabe, materias primas de primera calidad… pero también algo más. Antúnez, en sus comentarios técnicos (¿?) para Telemadrid, decía que en estos niveles, con la igualdad que hay, el tener un par de buenos americanos, comprometidos además con el proyecto, es lo que te permite marcar las diferencias. Y es verdad, pero no creo que sea toda la verdad: qué duda cabe, Battle y Barnes son dos buenos americanos (de USA, aclaración más necesaria que nunca, que dicho así parece como si los argentinos o el dominicano no lo fueran), en términos de calidad y sobre todo en términos de compromiso, todo un lujo en estos tiempos que corren. Su presencia explica mucho, qué duda cabe, pero no lo explica todo. Ni mucho menos.

Viéndoles jugar uno no puede evitar tener la sensación de que el resultado final está muy por encima de los ingredientes, circunstancia que automáticamente te lleva a considerar la buena mano de quien los mezcla. Porfirio Fisac va (o debería ir) de cabeza hacia el premio de Entrenador del Año, y si sus resultados o su juego no fueran ya suficientemente explícitos, aún más explícito resultó verle anteayer en acción, en su salsa: conceptos concretos primorosamente bien explicados, talante dialogante (¿qué os parece, chicos? ¿la defendemos? Yo creo que la defendemos, si estáis de acuerdo yo creo que hay que defenderla… Battle debió entenderlo justo al contrario, será que no se lo tradujeron bien) que no le hace perder un ápice de autoridad, más bien todo lo contrario… Y un exquisito gusto por el baloncesto bien jugado, muy por encima de cualquier otra consideración: me importa el juego, no el resultado; jugando así la derrota me importa un pepino (¿o era un pimiento?). ciertamente, jugar así les ha permitido ganar una ristra impensable de partidos en estas últimas semanas: el domingo, tras dar muchas vueltas, finalmente les acabó saliendo cruz (por la gracia de Lofton), pero son muchas más las veces que acabó y acabará cayéndoles de cara.

Pero ojo, que los ingredientes tampoco son ingredientes cualesquiera, no vayan a pensar. Tipos más o menos anónimos, con más talento que nombre, con más clase que fama, pero que los hay buenos, los hay muy buenos y hasta uno hay sencillamente superior: y es que les vemos tan poco que hasta un pedazo de jugador como Fede Van Lacke acaba pasando casi desapercibido, acaba siendo casi más conocido por sutrabajo en Internet que por su trabajo sobre la cancha, lo que resulta terriblemente injusto: si este tío estuviera en cualquier otro equipo, en cualquiera, no les quepa la menor duda de que le tendríamos en mucha mayor consideración. El domingo se salió como tantas otras veces, se salió hasta el punto de que a Antúnez en un momento dado le dio por preguntar si había sido internacional por Argentina. No, le dijeron, y automáticamente se puso a salivar, se le hicieron los dedos huéspedes, ¡o sea que podría ser seleccionable!(por España, se entiende). Claro, sus compañeros hubieron de recordarle que aquí aún podría tener algo de competencia para el puesto, pongamos un tal Navarro, un tal Rudy, qué sé yo. Aunque no habría estado de más que le hubieran recordado también, ya puestos, que Van Lacke, por muy integrado que esté en nuestro país (que lo está, basta ver su web para comprobarlo), aún sigue siendo argentino, digo yo que a mucha honra, por lo que puestos a escoger preferirá siempre la albiceleste antes que la roja a poco que se le presente la oportunidad (que se le habrá de presentar más pronto que tarde, quién sabe si este mismo verano en Turquía). Señor Antúnez, limítese a disfrutarlo sin necesidad de mirarle el pasaporte, no se me ponga usted colonialista, hágame ese favor.

Y es que pareció como si Antúnez le descubriera por primera vez, quizá porque efectivamente (como tantos otros) le estuviera descubriendo por primera vez. Anonimato, una vez más. Vale que Van Lacke haya hecho casi toda su carrera en LEB, pero que son ya unos meses los que lleva en ACB, tiempo más que suficiente para haber sido emeuvepé, y no ya de una jornada como ésta sino de todo un mes de enero… Vidas paralelas, la de este jugador, la de este técnico, la de este equipo, merecedores todos ellos de infinitamente más atención de la que les estamos prestando. Por la parte que me toca intentaré corregirme (este post es un buen comienzo), aunque sólo sea para poder sentir de nuevo ese regusto tan agradable en el paladar.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

la Copa de Europa   Leave a comment

(publicado el 26 de febrero de 2010)

 

Se acabó la Champions, ahora empieza por fin la Copa de Europa… Recuerdo haber escuchado tan (aparentemente) absurda frase hará ya unos cuantos años, cuando el fútbol europeo modificó su modelo de competición; quien la pronunció celebraba así que se hubiera acabado la fase de grupos, que llegaran por fin los cuartos de final, partidos de ida y vuelta, duelos a cara de perro, fútbol de verdad. Y diría yo que algo muy parecido nos pasa a nosotros los del baloncesto, me pasa a mí al menos. Qué quieren que les diga, nos hemos tragado dos meses y medio de presunta Euroliga, dos meses y medio a la manera de una eterna e interminable pretemporada, dos meses y medio de sucedáneo, demasiados partidos anodinos, demasiados (aún más) equipos vulgares, dos meses y medio de espantar a las masas, públicos y audiencias huyendo despavoridos/as de esta competición, y hemos tenido que pasar por todo ese viacrucis para que esta otra cosa llamada Top16 nos devuelva por fin el baloncesto auténtico, duelos a vida o muerte, choques a cara o cruz… O lo que es lo mismo, partidos como ese Real Madrid-Montepaschi Siena de ayer mismo, por ejemplo.

Fueron tres cuartos de un Madrid depresivo, acaso aún sumido en la resaca blaugrana, tanto más incapaz de resolver la ecuación toscana. Tres cuartos de estrellarse contra un muro, no uno cualquiera sino uno maravilloso, un pedazo de equipo de los pies a la cabeza como es el italiano, McIntyre, Sato, Hawkins, Stonerook, Eze y allá a su frente un Madrid desesperado, con el agua al cuello, sin saber por dónde demonios hincarle el diente a todo aquel perfecto engranaje verdinegro. Quedaba el último cuarto, quedaba la épica, ésa que creímos perdida hace apenas unos días, ésa que fue a resucitarles ayer de la mano de los de siempre, la vieja guardia como si dijéramos, Bullock no estará para nada pero siempre les quedará Felipe (convenientemente reubicado para la ocasión), siempre les quedará Prigioni (que no es vieja guardia, pero como si lo fuera), siempre les quedará Llull, sobre todo Llull, por encima de todos Llull. Épica no exenta de juego (más bien al contrario, y con mención expresa para ese Tomic del que habrá que hablar mucho más largo y tendido en otra ocasión), baloncesto en las trincheras, unos y otros volando para salvar balones imposibles, restregándose contra el parquet para salvar esta o aquella posesión, y aquellos triples que antes no entraban pero que ahora les entran a chorros, y el tanteo que ya les es favorable pero aún no les es suficiente, y aquella frase de Alzueta que quedará para la historia, este resultado al Madrid le vale pero no le sirve (que bien podría haberla explicado el profe Ronrás, a su lado, si no se hubiera transmutado por un día en Garganta Profunda, que a esas horas ya ni un hilillo de voz le quedaba siquiera), cinco arriba más tres de Llull, menos tres de Domerçant, más otros tres (en el último segundo de una posesión imposible) de Prigioni, menos otros tres otra vez de Domerçant, cinco arriba pero hay que ganar por más de siete (o sea, de ocho), cinco segundos, Messina que lo tiene claro, la bola a Sergio, un bloqueo y hasta dentro, tienes tres abiertos, Louis aquí, Pablo aquí, Travis (¿era Travis?) aquí, Llull que recibe y el bloqueo que no llega, los segundos que pasan, que ya no queda otra, para arriba con el defensor colgado del cuello, de tres, por supuesto que de tres (más uno) y aquello es ya un delirio, un manicomio, Llullullullullullullullullullullullullull, Vistalegre más alegre que nunca… Qué partido.

Más ocho, al Madrid le sirve, aunque aún habrán de pasar dos semanas y dos duras pruebas para saber si además le vale. A nosotros en cambio el partido nos valió y nos sirvió, nos dejó (a mí al menos) en un estado de plena efervescencia, de ésa que sólo te la dan los espectáculos verdaderamente grandes. Como éste de ayer, o como muy probablemente también esos otros de Barça (en Atenas, nada menos), Baskonia o Unicaja que aún no he visto, que aún no sé ni quiero saber su resultado, que veré de inmediato siempre y cuando se me hayan grabado, siempre y cuando Teledeporte haya tenido a bien respetar por una vez su propia programación. Por fin deporte de verdad, por fin cada semana aún mejor que la anterior, como si la Euroliga hubiese muerto para dar paso no ya a su propio Top16 sino a la Copa de Europa, concepto aún más en desuso en baloncesto que en fútbol, concepto que nos retrotrae a aquellas liguillas finales en los setenta y los ochenta, concepto que en un momento dado hasta fue prostituido para adjudicárselo a la segunda o casi tercera competición continental, aquella lejana Recopa hoy felizmente desaparecida. La Copa de Europa… Suena añejo, obsoleto, arcaico, pero qué quieren que les diga, yo lo siento así, como un nuevo/viejo concepto extrañamente asociado a este momento de cada temporada, justo cuando nuestro baloncesto continental tiene a bien pasar página, sacudirse sus múltiples fantasmas y recuperar de un plumazo todo su antiguo esplendor.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

el cielo abierto   Leave a comment

(publicado el 24 de febrero de 2010)

El pasado jueves, 18 de febrero de 2010, el cielo se abrió para Sergio Rodríguez. No fue un cielo cualquiera, no uno de esos cielos vulgares de Sacramento ni uno de esos grises de Portland, ni siquiera uno de sus maravillosos cielos tinerfeños, no, sino que fue el mismísimo escailáin neoyorquino el que se abrió de repente ante sus ojos; así lo viera desde el Puente de Brooklin o desde la mismísima Quinta Avenida, apenas un pedacito de cielo encajonado entre rascacielos de cincuenta pisos, tanto daba, aquello era el cielo abierto, por fin.

Y mira que nos las prometíamos felices hace ocho meses… ¿prometíamos, dije? No todos; algunos agoreros, yo entre ellos, osamos discrepar de la euforia reinante tras aquella noche de draft que, intercambio mediante, fue a dar con sus huesos en la capital de California. Al fin y al cabo Sergio dejaba un proyecto ganador para ir a parar a uno que ya no es que fuera perdedor, que es que ya ni siquiera sabíamos lo que era; al fin y al cabo Sergio no iba a encontrar menor competencia en su puesto, más bien todo lo contrario, el soso pero eficaz y bien curtido Beno Udrih, más el recién escogido en el draft Tyreke Evans que ya por aquel entonces traía una pinta de estrella que tiraba de espaldas; y sí, nos vendían que el sistema de juego de Westphal sería mucho más apropiado para Sergio, y acaso fuera cierto pero no era menos cierto que yo al susodicho Westphal le tenía puesta la cruz desde mucho tiempo antes, desde sus ya lejanísimas experiencias como entrenador-jefe en Phoenix y Seattle hacia finales del siglo pasado… Es curioso, en los pronósticos buenos me suelo equivocar casi siempre pero en los malos demasiadas veces acierto, por desgracia: de jugar poco en Portland a no jugar nada (las más de las veces) en Sacramento, digamos que para este viaje no le hacían falta alforjas. No era el cielo sino el suelo el que empezaba peligrosamente a abrirse bajo sus pies…

Y de repente, el cielo abierto. A ver, que tampoco exageremos, no lancemos aún las campanas al vuelo, no convirtamos aún la Gran Manzana en el Gran Plátano (ustedes perdonen la giliposhez), todo a su tiempo. Mantengamos los pies en el suelo por muy abierto que esté el cielo, no perdamos la perspectiva, recordemos que la estancia de Sergio en el Madison es a plazo fijo, con fecha de caducidad fijada para mediados de abril poco más o menos (dando por supuesto que no jugarán playoffs, que desde luego que no los van a jugar aunque técnicamente aún les quedaría alguna muy remota posibilidad de jugarlos). Límite 48 días como si dijéramos, entre mes y medio y dos meses de plazo para convencer no ya a los Knicks sino a la NBA en pleno. Muy poco tiempo, pero que puede acabar resultando toda una eternidad a poco que la comparemos con la nada absoluta de los Kings.

Y esta vez por competencia digo yo que no será, por fin: Nate Kriptonito Robinson se fue a Boston para poder vestir de verde haciendo honor a su apodo, allí sólo se quedó Chris Duhon (base de perfil no ya bajo sino ínfimo, tanto que D’Antoni no sabe cómo hacer para quitárselo de en medio) y hasta allí llegó Eddie House (cruzándose en el camino con Robinson), prodigioso triplista sumamente socorrido para revolucionar partidos pero no para llevar un equipo, en absoluto. Añádase un coach que le dará bola, porque parece que le gusta, porque responde a su estilo de juego, porque a estas alturas ya tampoco le queda otra. Y añádase allí a su lado TMac, aquel a quien llevábamos tal vez dos años sin ver, aquel a quien ya veíamos casi como un ex jugador, aquel cuya pregunta ya solíamos formular en pasado, ¿por qué eras tan bueno, McGrady? Sigue siéndolo, quién iba a pensarlo, y hasta parece que podrá seguir siéndolo en la medida en que sus múltiples achaques se lo permitan. Como cielo tampoco está tan mal…

Le vimos (a Sergio, me refiero) debutar contra los Thunder, le vimos tener un porrón de minutos, le vimos incluso en aquella prórroga jurando en arameo (un arameo bastante parecido al castellano, por cierto) tras fallar aquel tiro libre. Le vimos (casi) con su juego de siempre, con aquel mismo baloncesto que nos enamoró por primera vez hace ya casi seis años, asumiendo riesgos más allá de lo estrictamente necesario, regalando esos pases que más que pases son preasistencias, más a güevo ya no te la puedo poner, luego que la metas o no ya es cosa tuya. No le pudimos ver en su siguiente partido, en Milwaukee, por fin titular, no le vimos pero cuentan los que le vieron que estuvo a tono con su equipo, es decir mal, aunque al menos aprovechó la ocasión para establecer el nuevo récord de robos de balón de la franquicia, que no es que no defienda sino que defiende a su manera, ya ve usted, el Chacho es así, antes muerto que sencillo la criatura…

Sólo es el principio. Más de mes y medio tiene por delante para ganarse el aprecio (y el contrato) de estos extraños Knicks obsesionados por el (hipotético, utópico) advenimiento de LeBron, casi dos meses para ganarse el respeto de la Liga, que si no son los Knicks acaso puedan ser otros los que le quieran, que su sueño (que es casi el nuestro) pueda seguir haciéndose (aún más y mejor) realidad más allá del verano de 2010. El cielo neoyorquino le ha abierto una pequeña rendija, ahora le toca a él abrirlo de par en par.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

resacón   Leave a comment

(publicado el 22 de febrero de 2010)

 

Cuatro días enteros, de jueves a domingo dándole a la Copa sin parar; tras semejante exceso, claro está, resulta inevitable un buen resacón. Así pues procedamos, en este lunes de resaca, a dar rienda suelta a un buen número, no de conclusiones (que uno no da para tanto) sino de ocurrencias que poco a poco me van surgiendo…

– Hubo un tiempo no demasiado lejano en que la Copa pareció más bien el bazar de las sorpresas, de hecho en esa impredecibilidad solía residir buena parte de su encanto. ¿Tiempos pasados que ya nunca más han de volver? Pues no, supondremos que algún día volverán como las oscuras golondrinas, pero hoy por hoy la otrora impredecible Copa se nos ha tornado en el torneo más previsible que podamos imaginar: ni una sola sorpresa, pero es que ni una, oiga… Aunque no faltará quien diga que acaso sí lo fue la semifinal Madrid-Baskonia, por aquello de que el tercer clasificado en la ACB ganó al segundo: pues tampoco, al menos desde mi punto de vista: sorpresa pudo ser cómo ganó, pero no quién ganó.

– La Copa nunca defrauda, escribía yo hace días al hilo de la decepción (no por habitual menos decepcionante) que una vez más me había dejado el dichoso Olestar Güiquen de la Enebeá. La Copa nunca defrauda, lo suscribo hoy con todas las letras… Pero no es menos cierto que hay Copas y Copas, acaso unas más inolvidables que otras, y no creo yo que ésta recién terminada vaya a ser de las que no dejen una huella más imperecedera, vaya por dios. Mira que nos las prometíamos muy felices tras la espectacular jornada del jueves (especialmente tras aquel inaugural Valencia-Estu), quién podía imaginar entonces que ésa había sido toda la igualdad que íbamos a tener. Baloncesto del bueno todo el que usted quiera, pero emoción, lo que se dice emoción, pues más bien con cuentagotas, mire usted.

– Y escribía yo también, allá a comienzos de temporada, que la crisis pasaba factura a todo dios (a unos más que a otros) excepto a dos, los consabidos Madrid y Barça y sus dineros futboleros, razón por la cual iríamos muy probablemente hacia un bipartidismo a imagen y semejanza del modelo futbolístico imperante, ya saben, dos ligas, una para ellos dos y otra para todos los demás… Hoy, meses más tarde, habré de reconocer que me equivoqué (una vez más): de bipartidismo nada, vamos más bien hacia un modelo de partido único, acaso lo tengamos instaurado ya.

– Dicho de otra manera: esta semana hemos escuchado demasiadas veces aquella frase de que el Barça está un escalón por encima de todos los demás. Pues no. Si fuera un escalón no sería tan difícil saltárselo, digamos más bien que la diferencia hoy por hoy no es tanto un escalón como una escalera entera, todo un pedazo de escalinata con todo un montón de peldaños de esos que no hay dios que se los salte. Ha abrumado en la Copa, tiene toda la pinta de que volverá a abrumar en la Liga (salvo que haga pof, salvo que reviente físicamente algún día, única esperanza que les habrá de quedar a sus rivales), hasta puede darse el lujo de mirar por fin con ojos golositos a esa anhelada Euroliga…

– Buenos jugadores los puede tener cualquiera siempre y cuando tenga dinero, que al fin y al cabo sólo es cuestión de ficharlos. Claro está que además conviene tener buen gusto, que buenos jugadores los hay a patadas, sí, pero buenos jugadores que no lo sean necesariamente por sí mismos sino por su probada capacidad para integrarse en un grupo, de esos como que ya van quedando menos. Frecuentemente nos encontramos enormes constelaciones de estrellas pero que muy raras veces logran convertirse en algo tan simple como un equipo, algo tan sencillo pero tan grande a la vez. Esta es una de esas veces. Mucho mejor que yo lo dijo Manel Comas: si tienes talento y además tienes trabajo, compromiso, ay amigo, entonces eres invencible. Algo así.

– A este Barça no le cabe un Barton que sería un sueño para casi cualquier equipo. Este Barça tiene arrumbado en el último rincón de su banquillo a Trías, emeuvepé de esta misma Copa hace apenas tres años y hoy perfecto conocedor de su papel: bien pudo marcharse este pasado verano, pero prefirió poner su barcelonismo por encima de su carrera profesional. Este Barça se puede permitir hasta el lujo de mantener como actor no ya secundario sino terciario incluso a un Jaka Lakovic de repente reconvertido en mero especialista para dinamitar el chou a base de triples en un momento dado, pero que en materia de compromiso no logra competir con Ricky, Sada, Grimau, el mismísimo Navarro, no digamos ya Basile. Este Barça es una máquina incomparable en defensa, pero aún así consigue que también dé gloria verlo en ataque.

– Y este Barça 2010 tiene su emeuvepé como todo equipo campeón que se precie, un emeuvepé llamado Fran Vázquez a quien reconforta sobremanera ver por fin centrado, triunfador, plenamente conocedor de su papel. Y ahora yo, prodigio de ingenuidad donde los haya, debería escribir aquello de que aunque Pau no vaya al Mundial el relevo no puede estar en mejores manos etc etc. No lo escribiré (aunque ya lo haya escrito), que uno es ingenuo pero no tanto. Fran Vázquez sigue siendo un rostro impenetrable, su cerebro un misterio sin resolver, sus motivos personales un enigma; su relación con la selección es ya un amor imposible y (muy probablemente) irreversible: cuanto antes lo entendamos todos, mucho mejor para todos.

– Al otro lado del cuento encontraremos a un Madrid retornado a la Villa y Corte con las orejas muy gachas, que es bien sabido que para esta clase de instituciones todo lo que no sea ser primero ya es fracasar: de inmediato surgirá el llanto y crujir de dientes, no faltarán quienes digan que Messina pende de un hilo, los habrá incluso que hasta se planteen la propia supervivencia de la sección… Todo es siempre hiperbólico alrededor del Madrid, pero en este caso no parece que haya lugar: el equipo blanco (circunstancialmente vestido de negro para la ocasión) desplegó el sábado un baloncesto extraordinario, le metió al Baskonia de casi treinta y le dejó clavado en los cincuenta en el que tal vez fuera uno de los mejores partidos que haya jugado el Madrid en estos últimos años, acaso el mejor de este año (junto con el de Atenas y muy pocos más). Vale, sí, luego el domingo las cosas fueron un poco diferentes (absolutamente opuestas, más bien), rásguense las vestiduras si así lo desean pero sean también capaces de mirar un poco más allá, y descubrirán que aún les quedan motivos para la ilusión.

– Dicho lo cual, tampoco deberíamos dejar de lado algunas zonas de sombra: por contraposición con la orquesta perfectamente acoplada que es el Barça, diríamos que en el Madrid algunos instrumentos comienzan a desafinar y otros directamente hacen mutis por el foro. El Madrid tuvo casi siempre a Llull, Jaric y Lavrinovic (aún a pesar de esos despistes suyos en cada ayuda de cada penetración rival), muy de vez en cuando a Prigioni, en contados momentos también a Garbajosa y no diré que pare usted de contar, pero casi: Felipe anda un tanto desubicado, Hansen más bien perdido, Velijkovic desaparecido en combate, Vidal ya no está ni se le espera, Tomic aún está como si no estuviera y Bullock ya nunca sabes si es que está lesionado o si es que a Messina no le convence, o si son las dos cosas juntas o ninguna de la dos, no sé; suficiente para apalizar a una Penya que se desvanece como un azucarillo y hasta a un Baskonia en crisis de identidad; manifiestamente insuficiente para poder siquiera mirar de frente a todo un Barça revestido de excelencia.

– ¿Crisis de identidad, dije? ¿o crisis económica, más bien? Reconozco que hay algo en este Baskonia que me preocupa, y que no viene de esta Copa sino de varias semanas atrás. En otro tiempo, y fieles a su eterna filosofía (eso que hemos dado en llamar querejetización), no habrían dejado pasar ni una hora tras la lesión de Splitter sin sacarse de la manga a algún americano recién descartado por los Clippers (por ejemplo) o encontrado en sabe dios qué liga de desarrollo para traérselo con contrato de un mes o de dos, lo que fuera menester. En este tiempo, en cambio, han llegado a tener lesionados al mismo tiempo a Splitter y a Barac y ahí se las tuvieron que apañar con Eliyahu y/o Teletovic, tipos que no son cincos ni lo parecen siquiera. Cuántas veces no se habrán presentado en la Copa con algún fichaje de campanillas, incluso aunque no les hiciera ninguna falta; este año no, este año tan solo con lo puesto y eso sí, con una afición que ha debido dejar horadada la autovía de tanto recorrerla durante tres días en ambas direcciones. Calor y color en las gradas pero muy poco en la cancha, al menos para lo que nos venían teniendo acostumbrados. Seguiremos observando…

– No puedo evitar pensar todos los años algo que no deja de ser una tontería, pero que aún así no quiero dejar de mencionar: creo que este sistema de competición penaliza claramente al cuartofinalista de viernes, y por la misma razón beneficia al cuartofinalista de jueves. Un equipo que ha jugado tres partidos en tres días nunca puede llegar en el mismo estado a una Final que otro que ha tenido un día de descanso entre el primero y el segundo, y que además tiene tres horas más para descansar entre el segundo y el tercero. No es algo que tenga solución, no pretendo que se cambie, sólo lo hago constar, si bien creo sinceramente que este año tampoco habrían podido ser las cosas muy diferentes: aunque hubiesen llegado en el orden inverso habrían acabado igual, el Barça habría ganado igual, el Madrid habría perdido igual… aunque quizá no de la misma manera.

– En otro tiempo, Televisión Española tal vez se habría planteado llevarse la Final de ayer a su Primera Cadena por aquello de engordar sus audiencias; en este tiempo ya no, que TVE1 va ya sin publicidad y a ver cómo colocas en los tiempos muertos lo de la 0,0 y no digamos ya lo de la Bezoya, con lo que rima eso… Así que en La2, como siempre, y date con un canto en los dientes por lo que pueda pasar, que ya tiene delito que tus dos partidos estrella, el del sábado y el del domingo, los tengas ya completamente resueltos antes de acabar el segundo cuarto, si es que así no hay manera, te sale una Final Madrid-Barça y se te echa a perder casi antes de empezar, íbamos a romper audímetros y al final acabamos cuatro gatos, ni los familiares de los jugadores debieron quedar siquiera… Lo dicho, una Copa nunca defrauda pero hay Copas y Copas; y a ésta, aún habiendo estado bien servida de baloncesto, un puntito más de emoción no le habría venido nada mal.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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