con buen sabor de boca   Leave a comment

(publicado el 2 de marzo de 2010)

Este pasado (y ya lejano) verano, con la habilidad que me caracteriza, procedí a enterrar al Blancos de Rueda Valladolid. Así, como quien no quiere la cosa, me puse a hacer previos ACB como si en verdad supiera de lo que estaba hablando, y no tuve mejor ocurrencia que pronosticar que el equipo vallisoletano me parecía, con mucho, el más flojo de la competición, razón por la cual su supervivencia en la máxima categoría de nuestro baloncesto se me antojaba harto complicada. Mano de santo, vamos, que donde pongo el ojo pongo la bala, que mira que ya me decía mi madre de pequeño que estaba yo mucho más guapo calladito. No fue sólo Pucela, pocas semanas más tarde enterré también a los Memphis Grizzlies, si es que yo cuando me pongo me pongo, evidentemente con el mismo nivel de acierto en todos y cada uno de los casos…

Más allá de mis disparatados pronósticos, acaso sea el vallisoletano el equipo más anónimo de toda la Liga, quizás el que menor exposición mediática genera, el que aparenta tener menos cuota de pantalla, insignificante casi a poco que la comparemos con la de cualquier otro. O tal vez no sea así pero al menos yo lo percibo así, lo que no deja de ser una percepción meramente subjetiva… aunque no sé si basada también en algún dato objetivo: como si su televisión autonómica castellanoleonesa interactuara menos con las restantes, no sé si porque el tirón del equipo sea menor (vuelvo a lo mismo), no sé si por sus líos puntuales en torno a la FORTA, no sé y como no lo sé mejor será que lo deje, no vaya a meter la pata más todavía. Sólo creo saber que a algunos equipos ACB solemos verlos casi todas las semanas, a otros bastante a menudo, a otros de pascuas a ramos pero al Blancos de Rueda Valladolid no lo vemos casi nunca, sólo en contadísimas ocasiones suele aparecer en nuestras vidas: este pasado domingo, por ejemplo.

Tiene el equipo vallisoletano además la sana costumbre de hacer poco ruido. No siempre fue así, que hasta hubo un tiempo ya muy lejano en el que aquello pareció casi el hotel de los líos, no digamos ya cuando fue a derrumbárseles sobre sus cabezas toda la pirámide filatélica: comenzaron entonces su travesía del desierto, tuvieron que escuchar cánticos legendarios como aquel de la Demencia (a por sellos oé, a por sellos eoé), hubieron de agarrarse a patrocinadores menores como a clavos ardiendo pero fue todo inútil. Sin apenas hacer ruido bajaron a LEB, sin hacer ni el menor ruido subieron a la ACB tan sólo un año más tarde, contra todo pronóstico, cuando aún muy pocos esperaban su regreso. Hoy, pocos meses después, ya no venden sellos ni castillos de naipes financieros sino buenos vinos, que dejarán tal vez menos dinero pero mucho mejor sabor de boca.

Acaso como metáfora perfecta del equipo al que patrocinan: cuerpo sencillo, ligero, sin artificios de ninguna clase pero que en cuanto lo pruebas te deja un regusto sumamente agradable en el paladar. El secreto, ya se sabe, materias primas de primera calidad… pero también algo más. Antúnez, en sus comentarios técnicos (¿?) para Telemadrid, decía que en estos niveles, con la igualdad que hay, el tener un par de buenos americanos, comprometidos además con el proyecto, es lo que te permite marcar las diferencias. Y es verdad, pero no creo que sea toda la verdad: qué duda cabe, Battle y Barnes son dos buenos americanos (de USA, aclaración más necesaria que nunca, que dicho así parece como si los argentinos o el dominicano no lo fueran), en términos de calidad y sobre todo en términos de compromiso, todo un lujo en estos tiempos que corren. Su presencia explica mucho, qué duda cabe, pero no lo explica todo. Ni mucho menos.

Viéndoles jugar uno no puede evitar tener la sensación de que el resultado final está muy por encima de los ingredientes, circunstancia que automáticamente te lleva a considerar la buena mano de quien los mezcla. Porfirio Fisac va (o debería ir) de cabeza hacia el premio de Entrenador del Año, y si sus resultados o su juego no fueran ya suficientemente explícitos, aún más explícito resultó verle anteayer en acción, en su salsa: conceptos concretos primorosamente bien explicados, talante dialogante (¿qué os parece, chicos? ¿la defendemos? Yo creo que la defendemos, si estáis de acuerdo yo creo que hay que defenderla… Battle debió entenderlo justo al contrario, será que no se lo tradujeron bien) que no le hace perder un ápice de autoridad, más bien todo lo contrario… Y un exquisito gusto por el baloncesto bien jugado, muy por encima de cualquier otra consideración: me importa el juego, no el resultado; jugando así la derrota me importa un pepino (¿o era un pimiento?). ciertamente, jugar así les ha permitido ganar una ristra impensable de partidos en estas últimas semanas: el domingo, tras dar muchas vueltas, finalmente les acabó saliendo cruz (por la gracia de Lofton), pero son muchas más las veces que acabó y acabará cayéndoles de cara.

Pero ojo, que los ingredientes tampoco son ingredientes cualesquiera, no vayan a pensar. Tipos más o menos anónimos, con más talento que nombre, con más clase que fama, pero que los hay buenos, los hay muy buenos y hasta uno hay sencillamente superior: y es que les vemos tan poco que hasta un pedazo de jugador como Fede Van Lacke acaba pasando casi desapercibido, acaba siendo casi más conocido por sutrabajo en Internet que por su trabajo sobre la cancha, lo que resulta terriblemente injusto: si este tío estuviera en cualquier otro equipo, en cualquiera, no les quepa la menor duda de que le tendríamos en mucha mayor consideración. El domingo se salió como tantas otras veces, se salió hasta el punto de que a Antúnez en un momento dado le dio por preguntar si había sido internacional por Argentina. No, le dijeron, y automáticamente se puso a salivar, se le hicieron los dedos huéspedes, ¡o sea que podría ser seleccionable!(por España, se entiende). Claro, sus compañeros hubieron de recordarle que aquí aún podría tener algo de competencia para el puesto, pongamos un tal Navarro, un tal Rudy, qué sé yo. Aunque no habría estado de más que le hubieran recordado también, ya puestos, que Van Lacke, por muy integrado que esté en nuestro país (que lo está, basta ver su web para comprobarlo), aún sigue siendo argentino, digo yo que a mucha honra, por lo que puestos a escoger preferirá siempre la albiceleste antes que la roja a poco que se le presente la oportunidad (que se le habrá de presentar más pronto que tarde, quién sabe si este mismo verano en Turquía). Señor Antúnez, limítese a disfrutarlo sin necesidad de mirarle el pasaporte, no se me ponga usted colonialista, hágame ese favor.

Y es que pareció como si Antúnez le descubriera por primera vez, quizá porque efectivamente (como tantos otros) le estuviera descubriendo por primera vez. Anonimato, una vez más. Vale que Van Lacke haya hecho casi toda su carrera en LEB, pero que son ya unos meses los que lleva en ACB, tiempo más que suficiente para haber sido emeuvepé, y no ya de una jornada como ésta sino de todo un mes de enero… Vidas paralelas, la de este jugador, la de este técnico, la de este equipo, merecedores todos ellos de infinitamente más atención de la que les estamos prestando. Por la parte que me toca intentaré corregirme (este post es un buen comienzo), aunque sólo sea para poder sentir de nuevo ese regusto tan agradable en el paladar.

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Publicado octubre 27, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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