con toda el alma   Leave a comment

(publicado el 8 de febrero de 2010)

 

Llevaba yo unas pocas semanas sin ver al Cajasol, más o menos desde aquel lejano sábado en que rindió visita al Real Madrid. Televisión Española decidió retransmitir aquel partido, atendiendo (no se les suelen escapar estos pequeños detalles) al retorno de Plaza a la que fue su casa, pero atendiendo también al buen momento por el que al parecer atravesaba el cuadro sevillano. Ciertamente el primer propósito respondió con creces a las expectativas pero no así el segundo, de hecho el Cajasol aprovechó aquella fría tarde para pegarnos un petardazo en toda regla, el partido fue a acabársenos cuando aún no se había terminado el primer cuarto. Pues vaya, pensé yo, pensamos todos, pues no sería para tanto, pues qué se le va a hacer, otro globo pinchado, otro que al final acabará como tantos otros…

O no. Ayer volví a ver al Cajasol, gracias a la cortesía de la Televisión Andaluza (versión por satélite, que a la otra no llego) que tuvo a bien televisárnoslo contra el Estu, mi Estu. Y me senté a verlo con la típica mueca de escepticismo que se me pone desde hace años cada vez que lo veo, mueca que se me borró de la cara a los pocos segundos para no volver a aparecérseme nunca más en lo que quedaba de encuentro. Porque resulta que el Cajasol, ese mismo Cajasol al que un lejano día rebauticé (infeliz ocurrencia) como el equipo sin alma, tiene hoy un pedazo de alma que no le cabe en el cuerpo.

Decían los comentaristas andaluces del evento, Luis Arenas (que lo es) y Javier Lafuente (que no lo es -pero como si lo fuera-, que aún le recuerdo yo yendo conmigo al colegio; por cierto que ya era el Chinche por aquel entonces), que Cajasol es a día de hoy la segunda mejor defensa de España (tras la del Barça, obviamente) y la cuarta mejor de Europa. No osaré yo discutir tan atrevida afirmación, probablemente basada en datos estadísticos (que ni tiempo ni paciencia tengo para buscarlos), pero sí corroboraré que la defensa de Cajasol, más allá de los fríos números, es sencillamente extraordinaria. Joan Plaza, tan elogiado en sus primeros tiempos blancos como denostado en los últimos y cuestionado en los del medio, ha logrado en Sevilla lo que rara vez lograron sus numerosos predecesores: que sus jugadores defiendan como posesos, agobiando, atosigando, estomagando al rival hasta extremos insospechados, raras veces vistos en ACB, casi nunca vistos a orillas del Guadalquivir. Y ello con una panda de jugadores que al fin y al cabo son casi los mismos que antaño, los mismos que se asomaban a las puertas del infierno hace apenas unos meses. Porque Asselin se les perdió por el camino, porque Kirksay les hace un buen apaño pero tampoco lo explica todo, porque Radenovic aún no acaba de ser el que esperábamos en sus tiempos de Arizona y/o Girona, porque Calloway tampoco es para tanto, tanto menos si a menudo le acaba ensombreciendo ese prodigioso imberbe llamado Satoranski, otra buena noticia para nuestro baloncesto por muy checo que sea. No, al final son casi los mismos, es casi la misma columna vertebral (a ver si va a ser precisamente ése el secreto, la continuidad, bien sumamente escaso en nuestro baloncesto y tanto menos en aquellas tierras): esos Miso, Ellis, Triguero, Rey, ese Savanovic. Sobre todo ese Savanovic.

Un jugador fascinante el amigo Dusko Savanovic. Recién aterrizado en el San Pablo, allá por el verano de 2008, le faltó tiempo para proclamar en pleno ataque de optimismo que Cajasol acabaría luchando por los cuatro primeros puestos, palabras éstas que no tardaron en provocar el estupor y la hilaridad del respetable. En cambio hoy, dieciocho meses después, cabría legítimamente suponer que el hombre tampoco iba tan desencaminado: se equivocó de año, eso fue todo. Lo que sonaba ridículo en 2009 parece tener todo el sentido en 2010, a las pruebas me remito, acaso el propio Savanovic sea precisamente la prueba principal: Ayer no fue emeuvepé de la jornada porque por medio se cruzó De Colo, pero no porque no lo mereciera: defendiendo atrás como el que más, clavándolas de todos los colores adelante, viviendo el partido con intensidad desmedida, encarnando más y mejor que nadie ese alma que en otro tiempo tanto echábamos de menos, ya no. Un tipo peculiar Dusko Savanovic, su pelo espeluchao, su cara extraña (eufemismo) que no le hará merecedor de tener club de fans ni puñetera falta que le hace. Sí se hizo merecedor (méritos deportivos, no estéticos) de que Cristina Mena le entrevistara al acabar el partido (la bella y la bestia como si dijéramos, ustedes me perdonen la lamentable analogía), y ello nos permitió descubrir el verdadero secreto de Savanovic más allá de las canchas: más allá de su difícil castellano, más allá de su lengua de trapo se nos fue a aparecer un tipo simpatiquísimo, plenamente integrado en la vida andaluza, hablando incluso con su entrevistadora de las chirigotas del Carnaval de Cádiz como si llevara en aquellas tierras toda la vida. Pedazo de crack.

Plaza, Savanovic, la continuidad, el buen rollo, secretos (a voces) todos ellos que nos explican los orígenes de ese alma que otros años no aparecía ni por asomo y este año parece rebosarles por todos lados. Y mientras Cristina Mena se aplicaba en la entrevista, Arenas y el Chinche se encargaban de proclamar a los cuatro vientos que aquella resultaba ser la novena victoria consecutiva, récord histórico de Cajasol en ACB. No me salían las cuentas, al fin y al cabo no podía hacer más de tres o cuatro semanas de aquella paliza en Vistalegre, así que deduzco que debió tratarse de la novena victoria consecutiva en casa. Tanto da, lo mismo me da que me da lo mismo, sea como fuere Cajasol viene siendo la mejor noticia de esta ACB, noticia en la misma medida que sus vecinos de aún más al sur, pero en un sentido radicalmente contrario. Hoy ya tienen alma, hasta sobredosis de alma tienen, y que les dure. Y que les quiten lo bailao.

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Publicado octubre 27, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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