el cielo abierto   Leave a comment

(publicado el 24 de febrero de 2010)

El pasado jueves, 18 de febrero de 2010, el cielo se abrió para Sergio Rodríguez. No fue un cielo cualquiera, no uno de esos cielos vulgares de Sacramento ni uno de esos grises de Portland, ni siquiera uno de sus maravillosos cielos tinerfeños, no, sino que fue el mismísimo escailáin neoyorquino el que se abrió de repente ante sus ojos; así lo viera desde el Puente de Brooklin o desde la mismísima Quinta Avenida, apenas un pedacito de cielo encajonado entre rascacielos de cincuenta pisos, tanto daba, aquello era el cielo abierto, por fin.

Y mira que nos las prometíamos felices hace ocho meses… ¿prometíamos, dije? No todos; algunos agoreros, yo entre ellos, osamos discrepar de la euforia reinante tras aquella noche de draft que, intercambio mediante, fue a dar con sus huesos en la capital de California. Al fin y al cabo Sergio dejaba un proyecto ganador para ir a parar a uno que ya no es que fuera perdedor, que es que ya ni siquiera sabíamos lo que era; al fin y al cabo Sergio no iba a encontrar menor competencia en su puesto, más bien todo lo contrario, el soso pero eficaz y bien curtido Beno Udrih, más el recién escogido en el draft Tyreke Evans que ya por aquel entonces traía una pinta de estrella que tiraba de espaldas; y sí, nos vendían que el sistema de juego de Westphal sería mucho más apropiado para Sergio, y acaso fuera cierto pero no era menos cierto que yo al susodicho Westphal le tenía puesta la cruz desde mucho tiempo antes, desde sus ya lejanísimas experiencias como entrenador-jefe en Phoenix y Seattle hacia finales del siglo pasado… Es curioso, en los pronósticos buenos me suelo equivocar casi siempre pero en los malos demasiadas veces acierto, por desgracia: de jugar poco en Portland a no jugar nada (las más de las veces) en Sacramento, digamos que para este viaje no le hacían falta alforjas. No era el cielo sino el suelo el que empezaba peligrosamente a abrirse bajo sus pies…

Y de repente, el cielo abierto. A ver, que tampoco exageremos, no lancemos aún las campanas al vuelo, no convirtamos aún la Gran Manzana en el Gran Plátano (ustedes perdonen la giliposhez), todo a su tiempo. Mantengamos los pies en el suelo por muy abierto que esté el cielo, no perdamos la perspectiva, recordemos que la estancia de Sergio en el Madison es a plazo fijo, con fecha de caducidad fijada para mediados de abril poco más o menos (dando por supuesto que no jugarán playoffs, que desde luego que no los van a jugar aunque técnicamente aún les quedaría alguna muy remota posibilidad de jugarlos). Límite 48 días como si dijéramos, entre mes y medio y dos meses de plazo para convencer no ya a los Knicks sino a la NBA en pleno. Muy poco tiempo, pero que puede acabar resultando toda una eternidad a poco que la comparemos con la nada absoluta de los Kings.

Y esta vez por competencia digo yo que no será, por fin: Nate Kriptonito Robinson se fue a Boston para poder vestir de verde haciendo honor a su apodo, allí sólo se quedó Chris Duhon (base de perfil no ya bajo sino ínfimo, tanto que D’Antoni no sabe cómo hacer para quitárselo de en medio) y hasta allí llegó Eddie House (cruzándose en el camino con Robinson), prodigioso triplista sumamente socorrido para revolucionar partidos pero no para llevar un equipo, en absoluto. Añádase un coach que le dará bola, porque parece que le gusta, porque responde a su estilo de juego, porque a estas alturas ya tampoco le queda otra. Y añádase allí a su lado TMac, aquel a quien llevábamos tal vez dos años sin ver, aquel a quien ya veíamos casi como un ex jugador, aquel cuya pregunta ya solíamos formular en pasado, ¿por qué eras tan bueno, McGrady? Sigue siéndolo, quién iba a pensarlo, y hasta parece que podrá seguir siéndolo en la medida en que sus múltiples achaques se lo permitan. Como cielo tampoco está tan mal…

Le vimos (a Sergio, me refiero) debutar contra los Thunder, le vimos tener un porrón de minutos, le vimos incluso en aquella prórroga jurando en arameo (un arameo bastante parecido al castellano, por cierto) tras fallar aquel tiro libre. Le vimos (casi) con su juego de siempre, con aquel mismo baloncesto que nos enamoró por primera vez hace ya casi seis años, asumiendo riesgos más allá de lo estrictamente necesario, regalando esos pases que más que pases son preasistencias, más a güevo ya no te la puedo poner, luego que la metas o no ya es cosa tuya. No le pudimos ver en su siguiente partido, en Milwaukee, por fin titular, no le vimos pero cuentan los que le vieron que estuvo a tono con su equipo, es decir mal, aunque al menos aprovechó la ocasión para establecer el nuevo récord de robos de balón de la franquicia, que no es que no defienda sino que defiende a su manera, ya ve usted, el Chacho es así, antes muerto que sencillo la criatura…

Sólo es el principio. Más de mes y medio tiene por delante para ganarse el aprecio (y el contrato) de estos extraños Knicks obsesionados por el (hipotético, utópico) advenimiento de LeBron, casi dos meses para ganarse el respeto de la Liga, que si no son los Knicks acaso puedan ser otros los que le quieran, que su sueño (que es casi el nuestro) pueda seguir haciéndose (aún más y mejor) realidad más allá del verano de 2010. El cielo neoyorquino le ha abierto una pequeña rendija, ahora le toca a él abrirlo de par en par.

Anuncios

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: