la Copa de Europa   Leave a comment

(publicado el 26 de febrero de 2010)

 

Se acabó la Champions, ahora empieza por fin la Copa de Europa… Recuerdo haber escuchado tan (aparentemente) absurda frase hará ya unos cuantos años, cuando el fútbol europeo modificó su modelo de competición; quien la pronunció celebraba así que se hubiera acabado la fase de grupos, que llegaran por fin los cuartos de final, partidos de ida y vuelta, duelos a cara de perro, fútbol de verdad. Y diría yo que algo muy parecido nos pasa a nosotros los del baloncesto, me pasa a mí al menos. Qué quieren que les diga, nos hemos tragado dos meses y medio de presunta Euroliga, dos meses y medio a la manera de una eterna e interminable pretemporada, dos meses y medio de sucedáneo, demasiados partidos anodinos, demasiados (aún más) equipos vulgares, dos meses y medio de espantar a las masas, públicos y audiencias huyendo despavoridos/as de esta competición, y hemos tenido que pasar por todo ese viacrucis para que esta otra cosa llamada Top16 nos devuelva por fin el baloncesto auténtico, duelos a vida o muerte, choques a cara o cruz… O lo que es lo mismo, partidos como ese Real Madrid-Montepaschi Siena de ayer mismo, por ejemplo.

Fueron tres cuartos de un Madrid depresivo, acaso aún sumido en la resaca blaugrana, tanto más incapaz de resolver la ecuación toscana. Tres cuartos de estrellarse contra un muro, no uno cualquiera sino uno maravilloso, un pedazo de equipo de los pies a la cabeza como es el italiano, McIntyre, Sato, Hawkins, Stonerook, Eze y allá a su frente un Madrid desesperado, con el agua al cuello, sin saber por dónde demonios hincarle el diente a todo aquel perfecto engranaje verdinegro. Quedaba el último cuarto, quedaba la épica, ésa que creímos perdida hace apenas unos días, ésa que fue a resucitarles ayer de la mano de los de siempre, la vieja guardia como si dijéramos, Bullock no estará para nada pero siempre les quedará Felipe (convenientemente reubicado para la ocasión), siempre les quedará Prigioni (que no es vieja guardia, pero como si lo fuera), siempre les quedará Llull, sobre todo Llull, por encima de todos Llull. Épica no exenta de juego (más bien al contrario, y con mención expresa para ese Tomic del que habrá que hablar mucho más largo y tendido en otra ocasión), baloncesto en las trincheras, unos y otros volando para salvar balones imposibles, restregándose contra el parquet para salvar esta o aquella posesión, y aquellos triples que antes no entraban pero que ahora les entran a chorros, y el tanteo que ya les es favorable pero aún no les es suficiente, y aquella frase de Alzueta que quedará para la historia, este resultado al Madrid le vale pero no le sirve (que bien podría haberla explicado el profe Ronrás, a su lado, si no se hubiera transmutado por un día en Garganta Profunda, que a esas horas ya ni un hilillo de voz le quedaba siquiera), cinco arriba más tres de Llull, menos tres de Domerçant, más otros tres (en el último segundo de una posesión imposible) de Prigioni, menos otros tres otra vez de Domerçant, cinco arriba pero hay que ganar por más de siete (o sea, de ocho), cinco segundos, Messina que lo tiene claro, la bola a Sergio, un bloqueo y hasta dentro, tienes tres abiertos, Louis aquí, Pablo aquí, Travis (¿era Travis?) aquí, Llull que recibe y el bloqueo que no llega, los segundos que pasan, que ya no queda otra, para arriba con el defensor colgado del cuello, de tres, por supuesto que de tres (más uno) y aquello es ya un delirio, un manicomio, Llullullullullullullullullullullullullull, Vistalegre más alegre que nunca… Qué partido.

Más ocho, al Madrid le sirve, aunque aún habrán de pasar dos semanas y dos duras pruebas para saber si además le vale. A nosotros en cambio el partido nos valió y nos sirvió, nos dejó (a mí al menos) en un estado de plena efervescencia, de ésa que sólo te la dan los espectáculos verdaderamente grandes. Como éste de ayer, o como muy probablemente también esos otros de Barça (en Atenas, nada menos), Baskonia o Unicaja que aún no he visto, que aún no sé ni quiero saber su resultado, que veré de inmediato siempre y cuando se me hayan grabado, siempre y cuando Teledeporte haya tenido a bien respetar por una vez su propia programación. Por fin deporte de verdad, por fin cada semana aún mejor que la anterior, como si la Euroliga hubiese muerto para dar paso no ya a su propio Top16 sino a la Copa de Europa, concepto aún más en desuso en baloncesto que en fútbol, concepto que nos retrotrae a aquellas liguillas finales en los setenta y los ochenta, concepto que en un momento dado hasta fue prostituido para adjudicárselo a la segunda o casi tercera competición continental, aquella lejana Recopa hoy felizmente desaparecida. La Copa de Europa… Suena añejo, obsoleto, arcaico, pero qué quieren que les diga, yo lo siento así, como un nuevo/viejo concepto extrañamente asociado a este momento de cada temporada, justo cuando nuestro baloncesto continental tiene a bien pasar página, sacudirse sus múltiples fantasmas y recuperar de un plumazo todo su antiguo esplendor.

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Publicado octubre 27, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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