Mc Ina   Leave a comment

(publicado el 12 de febrero de 2010)

Habré de confesarlo, se me caen las lágrimas cada vez que veo jugar a Terrell McIntyre. Se me caen las lágrimas en sentido no real sino figurado, que tampoco es cuestión a estas alturas de mi vida de ponerme a derramar llantos por cualquier cosa. Pero se me caen, vaya que si se me caen, lagrimones (internos) como naranjas cada vez que veo a este tío en pantalones cortos sobre una cancha de baloncesto, controlándolo todo, metiéndolo todo, asistiendo a todo dios, dominando cada partido como le da la real gana, dirigiéndolo como si allí no hiciera falta nada más, como si estuvieran de más todos los Pianigianis Recalcatis del mundo, fuera entrenadores que ya está aquí McIntyre, todo lo demás sobra.

Desde hace ya unos cuantos años, Siena parece haberse convertido en el último reducto transalpino para la supervivencia del deporte de la canasta. El baloncesto italiano languidece a nivel de clubes, no digamos ya a nivel de selección, pero en la bella ciudad del Palio no parecen haberse enterado, afortunadamente. Una temporada tras otra logran reunir a un buen elenco de buenos jugadores, Sato, Hawkins, Eze, Krystof Lavrinovic, Domercant, ese extraño Stonerook y hasta ese renacido Marconato, buenos jugadores, sí, pero que por sí solos no pasarían de formar simplemente un buen equipo si no anduviera por medio esa máquina (Mc Ina) total llamada McIntyre. Con él ya no son un buen equipo sino uno grande, muy grande, lo suficientemente grande como para andar ahí flirteando una y otra vez con la Final Four.

Pero es que además, viendo a este tío, acaso el mejor base de entre los que hoy pueblan nuestras canchas europeas (dicho sea con el debido respeto hacia los Papaloukas, Diamantidis, Teodosic, Holden, Ricky, Prigioni y demás familia), no puedo por menos que preguntarme qué demonios pinta aún en Europa este sujeto, nacido y criado en USA y ya talludito por cierto, por lo que no parece que hubiera de necesitar mucho periodo de adaptación. Si me paro a pensarlo, así al pronto se me ocurren no menos de una docena de franquicias NBA que a día de hoy mejorarían exponencialmente si contaran en sus filas con un base así, pero claro, ellos están con sus cositas, con sus prejuicios, primando siempre el físico sobre el talento, si tienes menos de seis pies (de alto, me refiero) y no te llamas Iverson ni Nate Robinson ni Boykins, si no sales ya de la universidad con un cartel desmedido como para que les haga pensárselo, pues como que lo llevas crudo, vaya por dios. Ellos se lo pierden, ellos se lo seguirán perdiendo y nosotros que lo veamos, por supuesto.

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Publicado octubre 27, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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