Mister Versatility   Leave a comment

(publicado el 8 de marzo de 2010)

 

En estas pasadas semanas les he dado cumplidamente la brasa con algunas de la más aplicadas Universidades de este curso NCAA, Kansas, Syracuse y Kentucky más concretamente. Hoy, en cambio, les voy a dar (aún más) la brasa, no ya con una universidad (que también) sino con un solo jugador, un tipo que no será número uno del draft el próximo junio, pero que no lo será por una única razón, porque no estaré yo allí para escogerle, que si de mi dependiera ni Wall ni San Wall Bendito, se lo aseguro, si de mi dependiera, si yo una franquicia tuviera (hipótesis absurda a más no poder) me tiraría en plancha a por este afamado sujeto, que lleva por nombre Evan Turner y que tiene a bien desplegar sus habilidades en la no menos afamada Universidad de Ohio State.

A ver cómo se lo explico: en las alineaciones de los Buckeyes el susodicho Turner aparece listado como F, y ello es porque es alero, juega teóricamente de alero, siempre ha sido un alero, no les quepa la menor duda… pero tampoco se lo crean, porque en realidad es mentira: Evan Turner, aún siendo alero, ejerce de base, y qué base: él es quien sube el balón el noventa por ciento de las veces, él quien decide la jugada a realizar, él quien distribuye el juego, él suele ser el principio y el fin de cada ataque de Ohio State, el que empieza la jugada y el que la termina, el que saca el córner y el que lo remata de cabeza (ustedes me disculpen el símil futbolístico), el que da la asistencia y el que la recibe, y no me vengan a contar ahora que eso no es posible porque eso ya lo sé yo, evidentemente no es posible pero no son pocas las ocasiones en las que este tío consigue crearnos esa ilusión. Alguien le llamaba el otro día Mister Versatility, un apodo que le va como anillo al dedo: como pasador es impresionante, muy pocos bases habrá en este baloncesto universitario que se le puedan comparar, pero como finalizador es la repera, con un catálogo de habilidades técnicas que le hacen sencillamente imparable en el uno contra uno, razón por la cual casi todos los rivales acostumbran a doblarle (y hasta a triplicarle si fuera menester) las defensas, única forma que encuentran para opacar de algún modo a esta criatura. No es explosivo (ni falta que le hace, cabría añadir), no es un portento físico, no es de los que acostumbran a reventar el aro a cada rato, no, lo suyo es otra cosa, clase por arrobas, toneladas de clase que hacen que en él todo fluya de manera absolutamente natural, sin artificios ni conservantes ni colorantes, sin efectos especiales de ningún tipo. Pero es que además sus talentos tampoco se limitan a la parte, digamos, creativa: aún en un mal día te dará defensa, un montón de rebotes, unas cuantas recuperaciones y hasta unos pocos tapones si fuera menester. Y todo ello envuelto en su impecable compromiso de equipo, su actitud tremendamente positiva y hasta su estremecedora pinta de buen chaval, de no haber roto un plato en su vida, de no haber dado jamás un problema ni irlo a dar tampoco en toda su carrera profesional. Los comentaristas yanquis ya se refieren a él como el jugador del año en el baloncesto universitario, ya lo dan por hecho, como todo dios parece dar también por hecho que será número dos del draft, sólo por detrás de John Wall. Allá ellos. Insisto, yo (aún con todos mis respetos hacia Wall), si de mí dependiera, desde luego que me tiraría en plancha a por este tío…

También alguna vez he escuchado a los comentaristas yanquis referirse a estos Buckeyes como un equipo de un solo jugador, definición muy elogiosa para con Turner pero que a mí me resulta sumamente injusta: Ohio State es sobre todo Turner, pero es también mucho más que Turner: es también (y sobre todo) su mejor escudero, el energético Lighty, como una inyección de reconstituyente su presencia sobre la cancha; es también la potencia y buena mano de Buford, la prodigiosa muñeca de Diebler, y hasta es también, ya puestos, la inmensidad (en términos estrictamente físicos) de Dallas Lauderdale (con ese nombre más que un pívot parece un aeropuerto), tanto cuerpo para tan poca gracia, qué le vamos a hacer, pero que al menos algo aporta, más que nada por el enorme espacio que ocupa. Sí, Turner y cuatro más si así lo quieren, pero que algunos de ellos tampoco son mancos, tanto menos si además están magníficamente dirigidos desde el banquillo por el gran Thad Matta. No, estos Buckeyes no pueden compararse a aquellos otros que rozaron el título de la mano de Mike Conley y de (sobre todo) un Greg Oden aún libre de achaques por aquel entonces, pero tampoco vayan a pensar que andarán muy lejos: con lo que tienen ya les basta y le sobra para haber ganado su conferencia, para haber entrado a menudo en el top ten del ranking, para ir a pillar seguro un número dos o tres de la región que les toque en el próximo Torneo Final. Y a partir de ahí (y por utilizar esa expresión que tanto gusta por aquellos pagos) el cielo es el límite. Pero créanme, yo no apostaría en contra de ellos, yo procuraría no apostar jamás en contra de un equipo que cuente en sus filas con un jugador tan maravilloso como Evan Turner; por lo que pueda pasar.

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Publicado octubre 27, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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