no lo entiendo   Leave a comment

(publicado el 4 de marzo de 2010)

 

Vale, está bien, no me mesaré los cabellos como tantas otras veces, no procederé al tradicional llanto y crujir de dientes, no les aburriré con la habitual retahíla que acostumbro a soltar tras cada cese de entrenador. Sólo diré que no lo entiendo. Es decir, sí entiendo que la Penya iba de mal en peor, que caía en picado y que de tanto morder el polvo, sábado tras sábado, domingo tras domingo, martes tras martes, como que parecía estar empezando a acostumbrarse, a acomodarse. Eso lo entiendo, y hasta podría llegar a entender incluso aquello del revulsivo, socorrido argumento en todas estas circunstancias. Si yo por entender puedo entender casi cualquier cosa, que a veces doy de sí (de mí) más de lo parezco, pero es que hay en esta historia como un pequeño detalle que tiende a escaparse de mis limitadas entendederas, vaya por dios:

A ver, son ustedes un equipo de cantera. No opino, refiero, constato un hecho absolutamente objetivo, un EQUIPO DE CANTERA, con mayúsculas, con todo lo bueno que ello comporta, también con todo lo problemático que en un momento dado pueda llegar a comportar. Los equipos de cantera, por definición, tienen años buenos y otros malos, y hasta de vez en cuando alguno tienen sencillamente extraordinario, ustedes lo disfrutaron muy recientemente, aquella Copa, aquella ULEB Cup, aquel maravilloso baloncesto que hacía casi saltársele las lágrimas a cualquier aficionado fuera del equipo que fuera. Pero los tiempos cambian, qué les voy a contar yo que ustedes no sepan: Rudy ya no está, Ricky ya no está, por no estar ya ni siquiera está Pau Ribas. Claro, ustedes bien podrían haber cambiado el modelo, haber fichado por cuatro perras (que las deudas aprietan, que lo de Ricky se debió ir en tapar agujeros) a unas cuantas medianías, veteranos más o menos del montón que te hagan un apaño y te permitan subsistir sin grandes sobresaltos en medio de la tabla. Pero entonces no serían la Penya, nuestra Penya, la Penya de todos, la que siempre encuentra un hueco en el corazón de cada aficionado al baloncesto por muy lejos de Badalona que esté. Ustedes se tiraron al vacío, una vez más, ya no tendremos erres (Rudy, Ricky, Ribas) pero siempre nos quedarán otras letras, imberbes yogurines como los Tomás, Norel, Eyenga, Franch, Jelinek, más algún otro que sé que se me escapa. Una panda de críos en una Liga de hombres, un riesgo maravilloso, pero riesgo al fin y al cabo: fragilidad, irregularidad, moral quebradiza, las circunstancias propias de todo equipo de chavales que se precie, tanto más si alguno de los talluditos tampoco es un prodigio de regularidad precisamente, tanto más si algún fichaje de relumbrón (léase Tripkovic) nunca supo ser regular, ni en el Partizan siquiera… Una apuesta de riesgo, ciertamente. Pero los riesgos se asumen, porque si no se asumen casi mejor es no tomarlos.

Y yo pensé que ustedes habían asumido el riesgo, que sabían lo que podía pasar, periodos de efervescencia alternándose con otros de hundimiento, los vaivenes típicos, lógicos, de un equipo tan joven. Yo pensé que ustedes lo sabían, tanto más si entregaban su proyecto de cantera a un entrenador también de cantera, el mismo Sito Alonso que pasó largos años pelándose el culo en su banquillo a la vera de otros, el mismo Sito Alonso que cuajó una gran temporada 2009 aunque hoy ya nadie parezca recordarlo… Pues no, no debían saberlo, quizá pensaron que con esto les bastaba para jugar la Copa (acertaron), para aguantar hasta los playoffs, para aspirar a meterse en la Euroliga incluso; probablemente evaluaron el talento y descubrieron que lo tenían por arrobas, cosa evidente, pero acaso por el camino se les olvidara evaluar también otros pequeños detalles, el poso, el saber estar, la madurez. O acaso utilizaron la vara de medir de Rudy o Ricky, acaso crean que todos sus chavales les salen ya maduros por definición, que la experiencia la llevan ya todos de serie desde los dieciséis. Pero cada chaval es un mundo, ustedes mejor que nadie deberían saberlo.

Así que hoy se cargan a Sito, le penalizan de algún modo como presunto culpable de toda esta situación, y fichan a Pepu. Nada que objetar en esto último, por supuesto, ni falta hará que le ponga yo por las nubes a estas alturas, más que nada porque todos y cada uno de nosotros le tenemos ya por las nubes en nuestro imaginario particular, mal que le pese al señor Sáez. Y por si pocas fueran sus virtudes, añádase además que precisamente él sabe mejor que nadie qué es la cantera, cómo se trabaja en un equipo de cantera, ese mismo ideario que mamó en Estudiantes durante tantísimos años. Es la elección perfecta, qué duda cabe, por mucho que hubieran querido buscarlo no habrían encontrado jamás un perfil más adecuado para ese puesto, para ese equipo. Es la elección perfecta, y bien que me alegro por él, por ellos. Pero aún alegrándome, y aún asumiéndolo casi todo, su crisis, su revulsivo y la madre que los parió, aún así sigue estando ahí ese pequeño detalle que no acabo de entender, vaya por dios: el de que tenga que ser Sito Alonso el único que acabe por pagar el pato (aún en el supuesto de que hubiera que pagar necesariamente algún pato, que esa es otra). No lo entiendo… o acaso lo entiendo demasiado bien.

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Publicado octubre 27, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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