Olestar Güiquen   Leave a comment

(publicado el 17 de febrero de 2010)

Cuentan que durante el partido rookies-sophomores de 2009, Luis Scola (de segundo año por aquel entonces) y Marc Gasol (aún novato por aquel entonces), en un momento dado, probablemente tras luchar denodadamente por algún rebote, se dijeron el uno al otro algo así como menos mal que has venido tú (o que viniste vos, no sé), porque si no esto no hay quien lo aguante… Y no me extraña, la verdad: tíos hechos y derechos, nacidos y criados a este otro lado del charco (o a ese mismo lado del charco, pero unos cuantos miles de kilómetros más abajo), formados en la competitividad y el trabajo en equipo, y a quienes de repente les sueltan en esta feria anual de egos desmedidos, tú la tienes tú te la tiras, ni se te ocurra pasarla porque entonces ya no la vuelves a ver, pues como si sueltas a un pulpo en un garaje o a un caracol en una gasolinera, tres cuartos de lo mismo. Si hasta una vez (cuando eran rookies LeBron y Melo, lo recuerdo bien) los jugadores dieron por acabado el partido cinco minutos antes del final y a partir de ese instante se pusieron a hacer mates y cabriolas para distraer al respetable, tres o cuatro machacando y los demás mirando como si aquello no fuera un partido sino un concurso sólo que con reloj de posesión, como si aquello en vez de baloncesto fuera circo… Si incluso en numerosas ocasiones (este mismo año, sin ir más lejos) los jugadores no lo juegan uniformados sino con la camiseta de su franquicia, que acaban haciéndote los ojos chiribitas de ver en un mismo lado a tíos vestidos de rojo, de azul, de negro, de verde, que no hay mejor metáfora posible para explicar lo que es aquello, no un choque entre dos equipos sino un juego entre dieciocho individuos, cada uno de su padre y de su madre…

A ver si soy capaz de explicarme, que acaso este primer desahogo me haya quedado un poco excesivo: un año tras otro, la cosa ésta del Fin de Semana de las Estrellas me provoca una sensación ambivalente, una extraña bipolaridad entre lo que espero y lo que recibo, entre las expectativas a priori y sus resultados a posteriori. Empieza siendo el All Star Weekend y acaba siendo algo así como el Olestar Güiquen, que sonar suena igual pero que ya como que no es lo mismo, mire usted. No abundaré en la cosa de los yogurines del viernes porque ya bastante rollo he soltado al respecto en el párrafo anterior (si bien con alguna positiva excepción, a la que habré de referirme en próximas entregas), pero es que luego después del viernes llega el sábado (suele pasar), llegan los concursos, ese Desafío de Habilidades que nos deja fríos, ese jueguecito mixto de tirar desde varias posiciones (comprobarán que ni siquiera recuerdo cómo se llama) que nos deja aún más fríos, esos triples y mates que se empeñan en recordarnos a cada momento que cualquier tiempo pasado fue mejor (además de anterior), que es acabarse todo y quedársete como una sensación de haber echado a perder de la manera más tonta otras dos horas de tu vida. Eso sí, siempre nos quedará el domingo, el partido de las estrellas propiamente dicho (Olestar Gueim, como si dijéramos), la gran fiesta de la enebeá, la de dios…

Acaso el mejor Partido de las Estrellas de la historia”. En estos días he tenido que leer titulares semejantes, y no en uno sino en varios sitios. Hombre, como exageración está bien, queda muy socorrida para vender el evento, salvar de alguna manera el fin de semana y quedarnos todos encantados de habernos conocido; que a ver, el partido (llamémoslo así) no estuvo mal, para lo que son estas cosas se entiende, pero que, puestos a comparar y sin necesidad siquiera de viajar a décadas anteriores, yo al menos recuerdo dos francamente mejores que éste, a saber: uno, de cuyo año no puedo acordarme, que tuvo un final realmente espectacular, con el Oeste ganando de paliza hasta que unos cuantos jugones del Este, Iverson y Marbury a la cabeza, se conjuraron para darle la vuelta a aquello en los últimos minutos, y a fe que se la dieron; y el otro, en 2003 (recuerdo el año porque me pilló en Eurodisney, no por otra cosa), aquel de la despedida de Jordan, de sus canastas imposibles (válidas o no) en los últimos segundos, de las dos prórrogas y el injusto emeuvepé final para Garnett. Aquellos fueron mejores, e insisto, remontándome a décadas pasadas hasta podría recordar alguno más. ¿Éste? Éste al menos tuvo igualdad (que no emoción) en los instantes finales lo que no es poco, y tuvo además algo de seriedad (hasta cierto punto), bastante calidad, buenas dosis de espectacularidad y hasta la habitual sobredosis de brincos, acrobacias y patochadas varias por parte del amigo LeBron. ¿El mejor de la historia? Será que ya estas alturas nos conformamos con poco. Pero sí, qué duda cabe, pudo ser peor, incluso pudo ser mucho peor…

A no ser que cuando usamos calificativos hiperbólicos nos estemos refiriendo a la cosa organizativa, a toda la parafernalia circundante, que ahí, claro está, nada que objetar (y aún menos desde la distancia): al entreacto con la Keys cantando y la Shakira enjaulada haciendo como que cantaba, o (sobre todo) al mastodóntico escenario, ese estadio de los Cowboys, esos cientodiezmil sujetos pasivos en sus gradas, ese pantallón más del doble de grande que la propia cancha, que el año que viene será en Los Ángeles y uno ya a estas alturas se pregunta qué nueva ocurrencia parirán para la ocasión, si montarán todo el tinglado en los estudios de la Paramount como si de un decorado cualquiera se tratara, si cubrirán Sabediosqué Beach con una carpa gigante y la llenarán de gradas como para meter allí a California entera… (Por cierto, que aquí el que no corre vuela, que ese Stern parece muy listo pero no deja de ser todo un mediocre al lado de nuestro queridísimo José Luis Sáez, que aquí dinero no habrá pero pa tontás se ve que no nos falta, así que ya anda el hombre dándole vueltas a su brillante idea de montar la Final del Mundial 2014 en el Bernabeu, previa cubrición o cubrimiento del susodicho escenario, por supuesto. Que si nos retrotraemos a 2007 -Eurobasket de- descubriremos que tampoco está tan mal pensado, que éste si se lo propone lo llena, no les quepa a ustedes la menor duda, y sin necesidad de vender ni una sola entrada, sólo a base de invitaciones, por famoseo digo yo que no va a ser, por compromisos de la FEB aún menos…)

Al fin y al cabo (vuelvo al tema) tampoco deberíamos ya de sorprendernos a estas alturas. Para nosotros el deporte es competición por encima de cualquier otra cosa, para ellos no, ellos tienen un envidiable (sin ironía) sentido lúdico, ellos van a disfrutar, si encima gana quien ellos quieren que gane pues miel sobre hojuelas, si no tanto da. Ellos se montan este tinglado como una fiesta, nada más y nada menos que eso, y nosotros lo miramos desde la distancia y pensamos que qué bien y que lo disfruten, pero a nosotros como que no nos sale, mire usted. Nosotros intentamos montar el nuestro, de hecho lo montamos durante unos cuantos años hasta que acabó aburriendo a la propia empresa, que se lo llevó a comienzos de temporada a ver si colaba bajo el barniz del showtime, total para acabar dándose cuenta de que no hay tu tía, que los triples y los mates pasen pero que aquí lo que nos mola es la competición pura y dura, dejémonos de olestar choutaim e inventemos casi mejor la Supercopa, que al menos le interesará a alguien… Para ellos esto, el Olestar Güiquen o como demonios queramos pronunciarlo, es su fiesta, su gran fiesta del baloncesto, y está muy bien que así sea y hasta que intenten exportarla a los cinco continentes (y porque no hay más), y que nosotros aquí en las Colonias de Ultramar la recibamos así de encantados un año tras otro, así el próximo como el siguiente por más que siempre nos acabe decepcionando después. Definitivamente, es su fiesta; la nuestra en cambio, semos asín de raros, es la Copa, nuestra Copa que ya está aquí, loado sea el señor, bienvenida sea: que ésa sí que es competitividad a más no poder, que ésa por más que se empeñe no va poder decepcionarnos nunca, jamás, ni aún queriéndolo siquiera.

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Publicado octubre 27, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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