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(publicado el 18 de febrero de 2010)

No, no vayan a pensar por el título que pretendo hacer publicidad de ninguna empresa de telefonía (ni aún por muy hermanada que esté con la ACB), líbreme el cielo. En todo caso, sólo pretendo hacer publicidad (llamémoslo así) de un equipo de baloncesto universitario americano (de USA, más concretamente) que coincide además que es el mío, y no precisamente porque haya estudiado allí ni porque haya estado allí ni porque me haya aproximado ni de lejos siquiera, nada de eso, qué más quisiera yo, me temo que a lugares tan lejanos suelo viajar más con la mente que con el cuerpo, más que nada porque sale más barato. No, tengan la bondad de no preguntarme el porqué, no creo que supiera darles ninguna razón pero es así; en lo tocante a NCAA hay un montón de equipos (casi todos) que me caen simplemente bien, hay luego unos cuantos que me caen especialmente bien (qué sé yo, Creighton, Missouri, Temple, sobre todo Temple) pero MI EQUIPO, con mayúsculas, sólo hay uno y ése es precisamente el de los Orange (antes Orangemen) de la Universidad de Syracuse.

Dicho lo cual, no vendría yo ahora a darles la plasta con mis preferencias personales si no fuera porque los susodichos Orange este año están francamente bien, qué digo bien, están que se salen: ahí amarrados a los primeros puestos del ranking (en dura competencia con Villanova, apenas por detrás de las todopoderosas Kansas y Kentucky), con tan solo dos derrotas (ante Pittsburg y Louisville, ésta hace sólo cuatro días) y un buen puñado de victorias (24, concretamente) en su casillero, liderando aún con paso firme esa fortísima Conferencia Big East. Y por supuesto, con su eterno a la par que extraordinario coach Jim Boeheim, con su no menos eterna (pero impecablemente ejecutada) zona 2-3, con sus transiciones vertiginosas, su alto ritmo en ataque… y con una rotación de tan solo siete jugadores, siete como el Windows o como el pueblo de Asturias si lo pusiéramos en singular, siete que así al pronto parecen una rotación manifiestamente escasa pero que el amigo Boeheim se las ha venido apañando magistralmente hasta ahora para que no se note, siete tíos hechos y derechos y con pelos en el pecho (y con tatuajes por doquier, faltaría más) que paso seguidamente a presentarle, y no se me queje, si esto le aburre huya, aún está a tiempo, luego no diga que no se lo advertí:

Empezaré por aquél de quien más van a oír hablar en los próximos años, y que no es otro que Wesley Johnson, nuevo en esta plaza aunque no es freshman sino júnior (es decir, de tercer año) y ello por la sencilla razón de sus dos primeros años de carrera se los pasó en la lejana Iowa State. Se ve que allí sus números no eran nada del otro mundo, se ve que un día se aburrió, que pidió el transfer a Syracuse, que ello le costó pasarse el correspondiente año en blanco (es decir, en rojo, de red shirt) y que la cosa le debió sentar de maravilla porque fue debutar de naranja y explotar, todo en uno. El amigo Wes (permítanme la confianza) resulta ser un alero completísimo, acaso algo irregular pero sobrado de clase y de muñeca, no menos sobrado de condiciones atléticas y que además añade una actitud sumamente positiva en la pista, de hecho es de esos tipos que siempre parecen estar riendo, hasta cuando protesta parece estar riendo. Teóricamente le quedaría aún otro año pero no apuesten por que lo juegue, apuesten más bien a que pillará cacho en el próximo draft, en puestos sumamente altos por supuesto.

Pero como el corazón tiene a veces razones que la razón no entiende, mi corazón (el baloncestístico, no vayan a pensar) está más entregado a otro chico, más menudo, de tez más pálida y que responde al bello nombre de Andy Rautins. Habrá tal vez algún veterano lector a quien ese apellido no acabe de resultarle desconocido, de hecho es fácil que aún recuerde a un canadiense llamado Leo Rautins que jugó por estos (y otros) pagos hará poco más o menos veinte años, justo ese mismo Leo Rautins que es a día de hoy seleccionador de Canadá. Evidentemente ambos no se apellidan igual por mera casualidad sino porque son padre e hijo, concretamente Leo es el padre de Andy (si fuese al revés resultaría sorprendente); y ahí se acaban las semejanzas, porque aquel Leo Rautins era una fuerza interior mientras que este Andy Rautins es un prodigio exterior: muñeca de seda, mortal desde el perímetro, dañino en penetración y/o en transición, eficacísimo defensor, consumado ladrón, etc. Aparenta ser un dos y es muy probable que lo sea, aunque no tiene ningún reparo en ejercer de uno cuando es preciso, que suele serlo a menudo; si llega a la NBA (que debería, aunque no seré yo quien lo asegure porque ya me columpié en cierta ocasión con cierto antecesor suyo, Gerry McNamara) probablemente le pedirán que ejerza de base puro full time y no creo que ello le vaya a suponer ningún trauma; en todo caso no nos precipitemos: le queda de naranja lo que resta de temporada, así que en apenas unos meses tendremos la respuesta.

El juego interior es básicamente cosa de dos tipos que vistos así de lejos (y con la poca definición de la imagen por Internet) parecen clones enteramente, menos mal que hay pequeños detalles que permiten diferenciarlos, tales como sus nombres (el uno Rick Jackson, el otro Arinze Onuaku, nada menos) y sus dorsales (el 00 y el 21 respectivamente). Más anchos que altos (casi), más fornidos que atléticos, atrás intimidan y ocupan muchísimo espacio y adelante hacen su servicio, rebotean como posesos en ambos lados y cumplen más que sobradamente con su papel. Más completo Jackson para mi gusto, también más cuatroque cinco, mueve mejor sus pies y sabe fabricarse sus canastas, por lo que no debería tener problemas para ganarse las lentejas en cualquier liga que se precie, quién sabe si la NBA incluso. Onuaku es algo más limitado en mi opinión, se impone por físico más que por clase pero con esa envergadura muy mal se lo tendría que montar para no poder vivir (donde sea) de esto.

Nos queda el base, que el titular viene siendo un freshman llamado Brandon Triche (aún tierno, pero con bastante buena pinta) pero esto tampoco se lo crean demasiado, es titular nominal, de derecho pero no de hecho, sale de principio pero luego acaba jugando bastante menos que el presunto (sólo presunto) suplente Scoop Jardine, bastante más formado a día de hoy. Y nos queda el relevo para el juego interior, verdadero sexto hombre de este equipo, verdadero chico para todo muy capaz de sustituir a cualquiera sin que por ello se resienta en absoluto el nivel sobre la cancha, más bien al contrario, que se llama Kris Joseph y es también canadiense, por cierto. Y ya está, y no hay más (es decir, habrá más, pero nunca juegan), y parece muy poco pero casi siempre acaba resultando más que suficiente. O no…

O no, porque después de haberlos visto ya unas cuantas veces (muchas más que a cualquier otro equipo, que para eso es mi equipo) me empiezan a entrar las dudas, tanto más tras la derrota del pasado domingo: estos Orange son un equipo ciclotímico, con momentos de baloncesto extraordinario, sublime, que se alternan con pájaras de muy difícil explicación. Les he visto empezar perdiendo de paliza (ante Georgetown o DePaul) para acabar remontando de forma brillantísima, les he visto empezar arrollando (ante Providence o UConn) para acabar pasando serios apuros. Este pasado domingo fue una de esas veces: empezaron comiéndose a Louisville, pero poco a poco fueron enredándose en la tela de araña tejida por el gran Pitino hasta acabar absolutamente desfondados, mirando impotentes cómo esos Cardinals les endosaban un 60-66 en su propio Carrier Dome. Hoy por hoy tampoco es que tenga la menor importancia pero sí puede ser un síntoma, otro más, de que acaso las fuerzas les estén empezando a flaquear. Mala cosa, justo cuando queda exactamente un mes para que empiece el Gran Baile…

Sea como fuere aún siguen haciendo (cuando pueden) un extraordinario baloncesto, aún siguen aspirando legítimamente a todo; hasta aspirando incluso, quién sabe, a repetir aquella gloria que unos tales Carmelo Anthony, Hakim Warrick o Gerry McNamara consiguieran allá por 2003. Que así sea, y que los aficionados de Kansas o Kentucky (si los hubiera por estos pagos, cosa sumamente improbable) me lo perdonen.

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Publicado octubre 27, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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