Archivo para octubre 27, 2012

orangemanía   Leave a comment

(publicado el 18 de febrero de 2010)

No, no vayan a pensar por el título que pretendo hacer publicidad de ninguna empresa de telefonía (ni aún por muy hermanada que esté con la ACB), líbreme el cielo. En todo caso, sólo pretendo hacer publicidad (llamémoslo así) de un equipo de baloncesto universitario americano (de USA, más concretamente) que coincide además que es el mío, y no precisamente porque haya estudiado allí ni porque haya estado allí ni porque me haya aproximado ni de lejos siquiera, nada de eso, qué más quisiera yo, me temo que a lugares tan lejanos suelo viajar más con la mente que con el cuerpo, más que nada porque sale más barato. No, tengan la bondad de no preguntarme el porqué, no creo que supiera darles ninguna razón pero es así; en lo tocante a NCAA hay un montón de equipos (casi todos) que me caen simplemente bien, hay luego unos cuantos que me caen especialmente bien (qué sé yo, Creighton, Missouri, Temple, sobre todo Temple) pero MI EQUIPO, con mayúsculas, sólo hay uno y ése es precisamente el de los Orange (antes Orangemen) de la Universidad de Syracuse.

Dicho lo cual, no vendría yo ahora a darles la plasta con mis preferencias personales si no fuera porque los susodichos Orange este año están francamente bien, qué digo bien, están que se salen: ahí amarrados a los primeros puestos del ranking (en dura competencia con Villanova, apenas por detrás de las todopoderosas Kansas y Kentucky), con tan solo dos derrotas (ante Pittsburg y Louisville, ésta hace sólo cuatro días) y un buen puñado de victorias (24, concretamente) en su casillero, liderando aún con paso firme esa fortísima Conferencia Big East. Y por supuesto, con su eterno a la par que extraordinario coach Jim Boeheim, con su no menos eterna (pero impecablemente ejecutada) zona 2-3, con sus transiciones vertiginosas, su alto ritmo en ataque… y con una rotación de tan solo siete jugadores, siete como el Windows o como el pueblo de Asturias si lo pusiéramos en singular, siete que así al pronto parecen una rotación manifiestamente escasa pero que el amigo Boeheim se las ha venido apañando magistralmente hasta ahora para que no se note, siete tíos hechos y derechos y con pelos en el pecho (y con tatuajes por doquier, faltaría más) que paso seguidamente a presentarle, y no se me queje, si esto le aburre huya, aún está a tiempo, luego no diga que no se lo advertí:

Empezaré por aquél de quien más van a oír hablar en los próximos años, y que no es otro que Wesley Johnson, nuevo en esta plaza aunque no es freshman sino júnior (es decir, de tercer año) y ello por la sencilla razón de sus dos primeros años de carrera se los pasó en la lejana Iowa State. Se ve que allí sus números no eran nada del otro mundo, se ve que un día se aburrió, que pidió el transfer a Syracuse, que ello le costó pasarse el correspondiente año en blanco (es decir, en rojo, de red shirt) y que la cosa le debió sentar de maravilla porque fue debutar de naranja y explotar, todo en uno. El amigo Wes (permítanme la confianza) resulta ser un alero completísimo, acaso algo irregular pero sobrado de clase y de muñeca, no menos sobrado de condiciones atléticas y que además añade una actitud sumamente positiva en la pista, de hecho es de esos tipos que siempre parecen estar riendo, hasta cuando protesta parece estar riendo. Teóricamente le quedaría aún otro año pero no apuesten por que lo juegue, apuesten más bien a que pillará cacho en el próximo draft, en puestos sumamente altos por supuesto.

Pero como el corazón tiene a veces razones que la razón no entiende, mi corazón (el baloncestístico, no vayan a pensar) está más entregado a otro chico, más menudo, de tez más pálida y que responde al bello nombre de Andy Rautins. Habrá tal vez algún veterano lector a quien ese apellido no acabe de resultarle desconocido, de hecho es fácil que aún recuerde a un canadiense llamado Leo Rautins que jugó por estos (y otros) pagos hará poco más o menos veinte años, justo ese mismo Leo Rautins que es a día de hoy seleccionador de Canadá. Evidentemente ambos no se apellidan igual por mera casualidad sino porque son padre e hijo, concretamente Leo es el padre de Andy (si fuese al revés resultaría sorprendente); y ahí se acaban las semejanzas, porque aquel Leo Rautins era una fuerza interior mientras que este Andy Rautins es un prodigio exterior: muñeca de seda, mortal desde el perímetro, dañino en penetración y/o en transición, eficacísimo defensor, consumado ladrón, etc. Aparenta ser un dos y es muy probable que lo sea, aunque no tiene ningún reparo en ejercer de uno cuando es preciso, que suele serlo a menudo; si llega a la NBA (que debería, aunque no seré yo quien lo asegure porque ya me columpié en cierta ocasión con cierto antecesor suyo, Gerry McNamara) probablemente le pedirán que ejerza de base puro full time y no creo que ello le vaya a suponer ningún trauma; en todo caso no nos precipitemos: le queda de naranja lo que resta de temporada, así que en apenas unos meses tendremos la respuesta.

El juego interior es básicamente cosa de dos tipos que vistos así de lejos (y con la poca definición de la imagen por Internet) parecen clones enteramente, menos mal que hay pequeños detalles que permiten diferenciarlos, tales como sus nombres (el uno Rick Jackson, el otro Arinze Onuaku, nada menos) y sus dorsales (el 00 y el 21 respectivamente). Más anchos que altos (casi), más fornidos que atléticos, atrás intimidan y ocupan muchísimo espacio y adelante hacen su servicio, rebotean como posesos en ambos lados y cumplen más que sobradamente con su papel. Más completo Jackson para mi gusto, también más cuatroque cinco, mueve mejor sus pies y sabe fabricarse sus canastas, por lo que no debería tener problemas para ganarse las lentejas en cualquier liga que se precie, quién sabe si la NBA incluso. Onuaku es algo más limitado en mi opinión, se impone por físico más que por clase pero con esa envergadura muy mal se lo tendría que montar para no poder vivir (donde sea) de esto.

Nos queda el base, que el titular viene siendo un freshman llamado Brandon Triche (aún tierno, pero con bastante buena pinta) pero esto tampoco se lo crean demasiado, es titular nominal, de derecho pero no de hecho, sale de principio pero luego acaba jugando bastante menos que el presunto (sólo presunto) suplente Scoop Jardine, bastante más formado a día de hoy. Y nos queda el relevo para el juego interior, verdadero sexto hombre de este equipo, verdadero chico para todo muy capaz de sustituir a cualquiera sin que por ello se resienta en absoluto el nivel sobre la cancha, más bien al contrario, que se llama Kris Joseph y es también canadiense, por cierto. Y ya está, y no hay más (es decir, habrá más, pero nunca juegan), y parece muy poco pero casi siempre acaba resultando más que suficiente. O no…

O no, porque después de haberlos visto ya unas cuantas veces (muchas más que a cualquier otro equipo, que para eso es mi equipo) me empiezan a entrar las dudas, tanto más tras la derrota del pasado domingo: estos Orange son un equipo ciclotímico, con momentos de baloncesto extraordinario, sublime, que se alternan con pájaras de muy difícil explicación. Les he visto empezar perdiendo de paliza (ante Georgetown o DePaul) para acabar remontando de forma brillantísima, les he visto empezar arrollando (ante Providence o UConn) para acabar pasando serios apuros. Este pasado domingo fue una de esas veces: empezaron comiéndose a Louisville, pero poco a poco fueron enredándose en la tela de araña tejida por el gran Pitino hasta acabar absolutamente desfondados, mirando impotentes cómo esos Cardinals les endosaban un 60-66 en su propio Carrier Dome. Hoy por hoy tampoco es que tenga la menor importancia pero sí puede ser un síntoma, otro más, de que acaso las fuerzas les estén empezando a flaquear. Mala cosa, justo cuando queda exactamente un mes para que empiece el Gran Baile…

Sea como fuere aún siguen haciendo (cuando pueden) un extraordinario baloncesto, aún siguen aspirando legítimamente a todo; hasta aspirando incluso, quién sabe, a repetir aquella gloria que unos tales Carmelo Anthony, Hakim Warrick o Gerry McNamara consiguieran allá por 2003. Que así sea, y que los aficionados de Kansas o Kentucky (si los hubiera por estos pagos, cosa sumamente improbable) me lo perdonen.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

Olestar Güiquen   Leave a comment

(publicado el 17 de febrero de 2010)

Cuentan que durante el partido rookies-sophomores de 2009, Luis Scola (de segundo año por aquel entonces) y Marc Gasol (aún novato por aquel entonces), en un momento dado, probablemente tras luchar denodadamente por algún rebote, se dijeron el uno al otro algo así como menos mal que has venido tú (o que viniste vos, no sé), porque si no esto no hay quien lo aguante… Y no me extraña, la verdad: tíos hechos y derechos, nacidos y criados a este otro lado del charco (o a ese mismo lado del charco, pero unos cuantos miles de kilómetros más abajo), formados en la competitividad y el trabajo en equipo, y a quienes de repente les sueltan en esta feria anual de egos desmedidos, tú la tienes tú te la tiras, ni se te ocurra pasarla porque entonces ya no la vuelves a ver, pues como si sueltas a un pulpo en un garaje o a un caracol en una gasolinera, tres cuartos de lo mismo. Si hasta una vez (cuando eran rookies LeBron y Melo, lo recuerdo bien) los jugadores dieron por acabado el partido cinco minutos antes del final y a partir de ese instante se pusieron a hacer mates y cabriolas para distraer al respetable, tres o cuatro machacando y los demás mirando como si aquello no fuera un partido sino un concurso sólo que con reloj de posesión, como si aquello en vez de baloncesto fuera circo… Si incluso en numerosas ocasiones (este mismo año, sin ir más lejos) los jugadores no lo juegan uniformados sino con la camiseta de su franquicia, que acaban haciéndote los ojos chiribitas de ver en un mismo lado a tíos vestidos de rojo, de azul, de negro, de verde, que no hay mejor metáfora posible para explicar lo que es aquello, no un choque entre dos equipos sino un juego entre dieciocho individuos, cada uno de su padre y de su madre…

A ver si soy capaz de explicarme, que acaso este primer desahogo me haya quedado un poco excesivo: un año tras otro, la cosa ésta del Fin de Semana de las Estrellas me provoca una sensación ambivalente, una extraña bipolaridad entre lo que espero y lo que recibo, entre las expectativas a priori y sus resultados a posteriori. Empieza siendo el All Star Weekend y acaba siendo algo así como el Olestar Güiquen, que sonar suena igual pero que ya como que no es lo mismo, mire usted. No abundaré en la cosa de los yogurines del viernes porque ya bastante rollo he soltado al respecto en el párrafo anterior (si bien con alguna positiva excepción, a la que habré de referirme en próximas entregas), pero es que luego después del viernes llega el sábado (suele pasar), llegan los concursos, ese Desafío de Habilidades que nos deja fríos, ese jueguecito mixto de tirar desde varias posiciones (comprobarán que ni siquiera recuerdo cómo se llama) que nos deja aún más fríos, esos triples y mates que se empeñan en recordarnos a cada momento que cualquier tiempo pasado fue mejor (además de anterior), que es acabarse todo y quedársete como una sensación de haber echado a perder de la manera más tonta otras dos horas de tu vida. Eso sí, siempre nos quedará el domingo, el partido de las estrellas propiamente dicho (Olestar Gueim, como si dijéramos), la gran fiesta de la enebeá, la de dios…

Acaso el mejor Partido de las Estrellas de la historia”. En estos días he tenido que leer titulares semejantes, y no en uno sino en varios sitios. Hombre, como exageración está bien, queda muy socorrida para vender el evento, salvar de alguna manera el fin de semana y quedarnos todos encantados de habernos conocido; que a ver, el partido (llamémoslo así) no estuvo mal, para lo que son estas cosas se entiende, pero que, puestos a comparar y sin necesidad siquiera de viajar a décadas anteriores, yo al menos recuerdo dos francamente mejores que éste, a saber: uno, de cuyo año no puedo acordarme, que tuvo un final realmente espectacular, con el Oeste ganando de paliza hasta que unos cuantos jugones del Este, Iverson y Marbury a la cabeza, se conjuraron para darle la vuelta a aquello en los últimos minutos, y a fe que se la dieron; y el otro, en 2003 (recuerdo el año porque me pilló en Eurodisney, no por otra cosa), aquel de la despedida de Jordan, de sus canastas imposibles (válidas o no) en los últimos segundos, de las dos prórrogas y el injusto emeuvepé final para Garnett. Aquellos fueron mejores, e insisto, remontándome a décadas pasadas hasta podría recordar alguno más. ¿Éste? Éste al menos tuvo igualdad (que no emoción) en los instantes finales lo que no es poco, y tuvo además algo de seriedad (hasta cierto punto), bastante calidad, buenas dosis de espectacularidad y hasta la habitual sobredosis de brincos, acrobacias y patochadas varias por parte del amigo LeBron. ¿El mejor de la historia? Será que ya estas alturas nos conformamos con poco. Pero sí, qué duda cabe, pudo ser peor, incluso pudo ser mucho peor…

A no ser que cuando usamos calificativos hiperbólicos nos estemos refiriendo a la cosa organizativa, a toda la parafernalia circundante, que ahí, claro está, nada que objetar (y aún menos desde la distancia): al entreacto con la Keys cantando y la Shakira enjaulada haciendo como que cantaba, o (sobre todo) al mastodóntico escenario, ese estadio de los Cowboys, esos cientodiezmil sujetos pasivos en sus gradas, ese pantallón más del doble de grande que la propia cancha, que el año que viene será en Los Ángeles y uno ya a estas alturas se pregunta qué nueva ocurrencia parirán para la ocasión, si montarán todo el tinglado en los estudios de la Paramount como si de un decorado cualquiera se tratara, si cubrirán Sabediosqué Beach con una carpa gigante y la llenarán de gradas como para meter allí a California entera… (Por cierto, que aquí el que no corre vuela, que ese Stern parece muy listo pero no deja de ser todo un mediocre al lado de nuestro queridísimo José Luis Sáez, que aquí dinero no habrá pero pa tontás se ve que no nos falta, así que ya anda el hombre dándole vueltas a su brillante idea de montar la Final del Mundial 2014 en el Bernabeu, previa cubrición o cubrimiento del susodicho escenario, por supuesto. Que si nos retrotraemos a 2007 -Eurobasket de- descubriremos que tampoco está tan mal pensado, que éste si se lo propone lo llena, no les quepa a ustedes la menor duda, y sin necesidad de vender ni una sola entrada, sólo a base de invitaciones, por famoseo digo yo que no va a ser, por compromisos de la FEB aún menos…)

Al fin y al cabo (vuelvo al tema) tampoco deberíamos ya de sorprendernos a estas alturas. Para nosotros el deporte es competición por encima de cualquier otra cosa, para ellos no, ellos tienen un envidiable (sin ironía) sentido lúdico, ellos van a disfrutar, si encima gana quien ellos quieren que gane pues miel sobre hojuelas, si no tanto da. Ellos se montan este tinglado como una fiesta, nada más y nada menos que eso, y nosotros lo miramos desde la distancia y pensamos que qué bien y que lo disfruten, pero a nosotros como que no nos sale, mire usted. Nosotros intentamos montar el nuestro, de hecho lo montamos durante unos cuantos años hasta que acabó aburriendo a la propia empresa, que se lo llevó a comienzos de temporada a ver si colaba bajo el barniz del showtime, total para acabar dándose cuenta de que no hay tu tía, que los triples y los mates pasen pero que aquí lo que nos mola es la competición pura y dura, dejémonos de olestar choutaim e inventemos casi mejor la Supercopa, que al menos le interesará a alguien… Para ellos esto, el Olestar Güiquen o como demonios queramos pronunciarlo, es su fiesta, su gran fiesta del baloncesto, y está muy bien que así sea y hasta que intenten exportarla a los cinco continentes (y porque no hay más), y que nosotros aquí en las Colonias de Ultramar la recibamos así de encantados un año tras otro, así el próximo como el siguiente por más que siempre nos acabe decepcionando después. Definitivamente, es su fiesta; la nuestra en cambio, semos asín de raros, es la Copa, nuestra Copa que ya está aquí, loado sea el señor, bienvenida sea: que ésa sí que es competitividad a más no poder, que ésa por más que se empeñe no va poder decepcionarnos nunca, jamás, ni aún queriéndolo siquiera.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

reivindicación/explicación   Leave a comment

(publicado el 15 de febrero de 2010)

 

Allá por el pasado verano, M&M, o sea, Maceiras & Messina, parecían tenerlo meridianamente claro: para su nuevo proyecto madridista no se conformarían con cualquier cosa. Jugadores que jueguen bien al baloncesto los hay a espuertas (bueno, tampoco exageremos) pero ellos querían algo más, ellos buscaban jugadores que no sólo supieran jugar sino que además entendieran el juego, nada más y nada menos que eso. No les valdría cualquiera, no ya a la hora de fichar sino incluso a la hora de contar con los que ya estaban. Y de entre aquellos que no les valdrían de inmediato emergió un nombre aún con contrato en vigor, un tal Axel Hervelle convertido en ídolo absoluto de la afición por su entrega desmedida y su querencia a dejarse la piel (a veces literalmente) en cada partido, pero que, vaya por dios, al parecer no daba el nivel exigido en lo que a entendimiento del juego se refiere. El resto es historia: Hervelle se defendió con uñas y dientes, aplicó en los despachos el mismo empeño que acostumbraba a aplicar en la cancha y decidió que de allí no le sacaban ni con agua caliente. Casi seis meses después, litros y más litros de agua caliente mediante, Hervelle acabó por claudicar (a la fuerza ahorcan) y puso rumbo a Bilbao.

Ayer volvió, no a quedarse sino de visita, qué les voy a contar que ustedes no sepan, y muchos hoy dirán que aprovechó dicha visita para reivindicarse, lo cual, siendo verdad, acaso no sea toda la verdad. Porque a mí aquello me pareció no tanto una reivindicación como una explicación, una exhibición a título meramente informativo, mira Ettore, que sepas que también sé hacer esto, y esto, y esto otro, y hasta esto incluso, es sólo que a veces voy de duro por la vida y me cuesta mostrar mi otra cara, mi lado amable, pero tenerlo vaya que si lo tengo, ya te digo… Ayer Hervelle metió dieciséis puntos, lo que no tiene casi nada de particular, y atrapó once rebotes, lo que tiene aún menos de particular en un tipo capaz de pelearlos con su santa madre si ello fuera menester. Pero es que ayer Axel Hervelle dio también ocho asistencias, ocho asistencias como ocho soles que ya serían casi una bestialidad si habláramos de un base así que no digamos ya en un pívot, tanto más con el estricto criterio que suele regir en la ACB, nada que ver (afortunadamente) con la pródiga generosidad que suele mostrar la NBA para estas cosas. Ocho pedazo de asistencias, alguna de ellas de esas que dejan huella, de esas que se te quedan grabadas durante un tiempo en la memoria, que aquello por momentos no pareció tanto un partido como un clínic de pase desde el poste alto impartido curiosamente por quien menos podíamos imaginarlo, un presunto especialista en partir cejas, mayormente propias, acaso alguna vez también ajenas, pero de quien algunos ya sospechábamos que además sabía jugar muy bien al baloncesto. Hoy ya no lo sospechamos, hoy ya lo sabemos, hoy sabemos incluso (hasta Messina lo sabe) que en determinadas circunstancias es capaz también de dar ese paso más, no ya jugar bien sino entender perfectamente el juego. Lástima que haya tenido que irse tan lejos para demostrarlo.

Y acabado el encuentro, un Messina circunspecto y cariacontecido (vaya dos palabros) hubo de metamorfosearse (pues anda que éste), quitarse la bilis que inundaba su cara y rebuscar en lo más profundo de su ser hasta encontrar la mejor de sus sonrisas, saludar efusivamente a Hervelle, dejarle un muy bien jugado que al belga debió saberle a gloria y que al italiano le permitió quedar como un señor aún en la derrota, obviamente tampoco esperábamos otra cosa. Quizá no cambie nada, muy probablemente Hervelle ya sólo vuelva a las oficinas del Madrid a firmar el finiquito, a asumir que su destino habrá de estar aquí o allá pero en todo caso lejos de la casa blanca. Da igual. Ayer él salió de Vistalegre más ancho que pancho y todos los demás aprendimos algo, acaso hasta él mismo también lo aprendiera: que no es bueno dejarse llevar por las apariencias, que a veces las apariencias engañan, así sea uno entrenador, simple aficionado o ser humano en general, tanto da. No servirá de nada, ya lo sé, pero tampoco está de más el saberlo.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

TeleDesPrecio   Leave a comment

(publicado el 12 de febrero de 2010)

 

Un viernes cualquiera te levantas como tantos otros, te tomas el café, te duchas, te vistes pero eso sí, antes de salir para el trabajo te acuerdas (cómo no habrías de acordarte) que tienes que poner a grabar tus dos partidos de Euroliga, justo esos dos que ayer casualmente no echaron en directo, ni en semidirecto siquiera. No tienes tiempo de mirarlo en Internet, mejor lo miras en Digital +, según su guía el Baskonia-Khimki va de 14:30 a 16:25 y el Barça-Panathinaikos de 16:25 a 18:10, un poco tarde para sus costumbres, piensas, pero en fin, será así, tendrán algún compromiso previo, estas cosas ya se sabe… Lo programas, te vas para el trabajo, sales, sin apenas comer te vas al híper a hacer la compra semanal, vuelves, lo recoges todo y por fin, ya a media tarde, te desmoronas frente al televisor, le das al play y en lugar de unos tíos en camiseta de tirantes y pantalón corto se te aparecen un par de barquitos echando carreras por la mar salada, más de tres horas de carreras que digo yo si no acabará mareada esta pobre gente, y luego ya para acabar de arreglarlo un Arsenal-Liverpool que muy en directo no sería, que no creo yo que en Londres anochezca tan temprano ni que tengan por costumbre jugar al fútbol los viernes a la hora del té. Entonces te desesperas, te cagas en todo lo cagable, sueltas unos cuantos exabruptos absolutamente irreproducibles, vuelves a mirar la programación que te vuelve a mostrar esos mismos horarios y finalmente acudes a Internet que, vaya por dios, te cuenta ahora otra cosa completamente distinta (y actualizada ese mismo viernes a las 11:00, que a ver cómo demonios ibas tú a saberlo antes de salir de casa), te anuncia el Barça-PAO por la mañana (a buenas horas) pero sin mencionar siquiera la hora de comienzo (claro, así no corren el riesgo de que la gente la sepa), del Baskonia-Khimki nunca más se supo, del otro redifusiones tampoco hay, quizá el mejor partido de baloncesto que se pueda ver ahora mismo en Europa y de repente ya te lo has perdido, ya no hay más vuelta atrás que buscarte la vida en Internet, pagando probablemente pero para entonces ya sabes el resultado, ya te da igual todo, ya sólo te quedan fuerzas (pocas) para desahogarte aporreando estas teclas, para trasladar tus exabruptos a este blog aunque en el fondo sabes perfectamente que no te los va a leer ni dios, que desde luego no te los va a leer el único dios que querrías que te los leyera, ése cuyo nombre y cargo desconoces pero en quien ahora mismo estás pensando…

Que a ver, que ya lo sé, que no me lo tomen a mal, que está muy bonita la cosa esa de los barquitos veleros, esa Copa América o Copa del América o Copa de la Madre que Parió al América o como demonios se llame, que bien sé yo que es una competición que arrastra a las masas, que la Champions League y hasta el Mundial de Fútbol andarán ya temblando por el bocado que puede darles a sus delicadas audiencias, esas multitudes enfervorizadas y enfervorecidas vibrando con la lucha cuerpo a cuerpo (casco a casco, más bien) entre un barco norteamericano y otro suizo, ¡¡¡suizo!!!, que ya les vale, que dónde hará esta pobre gente los entrenamientos, en el Lago Leman… Pues eso, que muy bien y muy bonito todo, pero que no sé yo si la cosa no les acaba quedando un poquito larga, tres horas de riguroso directo (más las que ya llevaran antes de empezar yo a grabar), que a lo mejor algún ratillo podrían apañarlo dando luego un amplio resumen, la repetición de las ceñidas y las empopadas (¡!) más interesantes de la jornada, qué sé yo. Que sin negar la capital importancia de esta megacompetición a escala planetaria, digo yo que de vez en cuando tampoco vendría mal meter durante un ratillo algún deporte de secano siquiera para variar, mismamente esa cosa de los canastos con la que tantas veces dicen que se vuelcan… Que si esto es así con un par de barcos, casi mejor prefiero no pensar qué pasará cuando empiece esa otra cosa de las nieves (o sea, ya mismo…) Que Neptuno nos coja confesados.

Su mosca muestra en pantalla las siglas tdp, y tú en tu inmensa ingenuidad siempre creíste imaginar que ese logo identificaba a TeleDePorte pero ahora sabes ya que no es así, por fin entiendes que en verdad esTeleDesPrecio, desprecio profundo que es lo único que al parecer les merecemos todos aquellos que tenemos por costumbre sentarnos al otro lado del televisor. Desprecio profundo hacia nosotros y aún peor, hacia sus profesionales, esos Ronrás, Alzueta y tantos otros que se lo curran durante la semana, que hasta se montan complejos tinglados en Facebook y en Tweeter y en donde haga falta para intentar fidelizar al espectador, total para que al final todos sus esfuerzos se vayan a tomar por el sumidero de algún preboste que, no pareciéndole bastante dártelo ya con todo un día de diferido, decide además ponerse a jugar al escondite con su programación. Así que ya lo sabes: la próxima vez, cuando salgas por la mañana para el trabajo, no se te ocurra mirar la guía ni la web que eso al fin y al cabo lo puede hacer cualquiera, no, directamente pon a grabar todo, desde que salgas y hasta que vuelvas, así revienten todos tus aparatos de grabación. Eso sí, siempre sabiendo que en el fondo dará igual, que justo ese día te lo habrán puesto a las cinco de la mañana o que te lo pondrán cinco días después cuando ya ni te acuerdes, todo dará lo mismo, volverá a quedársete la misma cara de gilipollas, puedes estar seguro, pero al menos tu conciencia se habrá quedado un poco más tranquila.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en medios, preHistoria

Mc Ina   Leave a comment

(publicado el 12 de febrero de 2010)

Habré de confesarlo, se me caen las lágrimas cada vez que veo jugar a Terrell McIntyre. Se me caen las lágrimas en sentido no real sino figurado, que tampoco es cuestión a estas alturas de mi vida de ponerme a derramar llantos por cualquier cosa. Pero se me caen, vaya que si se me caen, lagrimones (internos) como naranjas cada vez que veo a este tío en pantalones cortos sobre una cancha de baloncesto, controlándolo todo, metiéndolo todo, asistiendo a todo dios, dominando cada partido como le da la real gana, dirigiéndolo como si allí no hiciera falta nada más, como si estuvieran de más todos los Pianigianis Recalcatis del mundo, fuera entrenadores que ya está aquí McIntyre, todo lo demás sobra.

Desde hace ya unos cuantos años, Siena parece haberse convertido en el último reducto transalpino para la supervivencia del deporte de la canasta. El baloncesto italiano languidece a nivel de clubes, no digamos ya a nivel de selección, pero en la bella ciudad del Palio no parecen haberse enterado, afortunadamente. Una temporada tras otra logran reunir a un buen elenco de buenos jugadores, Sato, Hawkins, Eze, Krystof Lavrinovic, Domercant, ese extraño Stonerook y hasta ese renacido Marconato, buenos jugadores, sí, pero que por sí solos no pasarían de formar simplemente un buen equipo si no anduviera por medio esa máquina (Mc Ina) total llamada McIntyre. Con él ya no son un buen equipo sino uno grande, muy grande, lo suficientemente grande como para andar ahí flirteando una y otra vez con la Final Four.

Pero es que además, viendo a este tío, acaso el mejor base de entre los que hoy pueblan nuestras canchas europeas (dicho sea con el debido respeto hacia los Papaloukas, Diamantidis, Teodosic, Holden, Ricky, Prigioni y demás familia), no puedo por menos que preguntarme qué demonios pinta aún en Europa este sujeto, nacido y criado en USA y ya talludito por cierto, por lo que no parece que hubiera de necesitar mucho periodo de adaptación. Si me paro a pensarlo, así al pronto se me ocurren no menos de una docena de franquicias NBA que a día de hoy mejorarían exponencialmente si contaran en sus filas con un base así, pero claro, ellos están con sus cositas, con sus prejuicios, primando siempre el físico sobre el talento, si tienes menos de seis pies (de alto, me refiero) y no te llamas Iverson ni Nate Robinson ni Boykins, si no sales ya de la universidad con un cartel desmedido como para que les haga pensárselo, pues como que lo llevas crudo, vaya por dios. Ellos se lo pierden, ellos se lo seguirán perdiendo y nosotros que lo veamos, por supuesto.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

bálsamos   Leave a comment

(publicado el 11 de febrero de 2010)

 

Casi podría decirse que, durante el primer tramo de la temporada, los éxitos de Unicaja en la competición continental fueron sirviéndole de bálsamo ante los sucesivos desastres que le acaecían en la competición doméstica. Bálsamo débil, de muy ligeros efectos, pero bálsamo reparador al fin y al cabo. Y sin embargo hoy (es decir, en estos días), justo cuando el equipo malagueño hace como que quiere empezar a remontar muy ligeramente el vuelo en ACB, justo ahora el bálsamo europeo parece habérseles acabado para siempre. Al menos eso pareció la semana pasada, tras aquella derrota ante el Prokom que acabó siendo algo más, mucho más que una simple derrota. Fue más bien una fractura, el definitivo divorcio de una afición que aguantó estoicamente carros y carretas durante meses, precisamente hasta ese aciago día en el que ya no pudo más. Lo escenificó con bronca entonces y lo escenificó aún más ayer, ese Carpena eternamente rebosante ahora de repente convertido en un páramo desolado, asientos azules vacíos por doquier, la animación ausente, la banda (la de música) callada, un silencio casi sepulcral. Aquello más que un partido parecía un funeral, y acaso lo fuera…

Pero en las crisis suele a menudo suceder que, por muy mal que estés, siempre al final acaba apareciendo alguien que está aún peor que tú. Mi abuela, refranera ella, habría dicho que mal de muchos consuelo de tontos, pero tal vez habría dicho también que siempre hay un roto para un descosido (aunque éste solía aplicarlo más bien en otras situaciones, más románticas y menos prosaicas). Ayer al descosido Unicaja se le apareció un pedazo de roto llamado Zalgiris, que si de bálsamos hablábamos difícilmente podrían haber encontrado un bálsamo mejor. Cuentan que los de Kaunas pierden de paliza allá por donde van (y aunque no vayan, aunque se queden en casa pierden lo mismo), cuentan también que recientemente han cumplido con la tradición cargándose al técnico, que vale que Batautas tal vez no fuera el mejor entrenador del mundo pero que tampoco tengo yo muy claro que el presunto interino Maskuliunas (los apellidos lituanos nunca sé cómo escribirlos), nuevo en estas lides, vaya a ser capaz de desfacer semejante entuerto, de desenmarronar este pedazo de marrón. Digo yo que, tras lo de ayer, ya se habrá hecho el hombre una somera idea de lo que le espera…

Ayer Unicaja y Zalgiris dijeron que jugaban al baloncesto pero jugaron a los despropósitos, el tópico diría querivalizaron en desaciertos, por momentos pareció que no competían a ver quién metía más puntos sino a ver quién cometía más pérdidas. Ayer Unicaja y Zalgiris jugaron un partido impropio de todo un Top16 de la Euroliga, un partido impropio de la Euroliga misma, un partido indigno del nombre y de la historia que atesoran ambas verdes instituciones, y todo ello ante la atenta mirada de un atónito Sabonis, dueño, amo y señor del visitante pero también con vínculos afectivos (vecinales, incluso paternales) con el local, y que tal vez andaría pensando en qué demonios se parecía este desbarajuste al deporte aquél que él practicaba como los propios ángeles hace no demasiados años. Dicen que en el país de los ciegos el tuerto es el rey, obviamente el tuerto fue Unicaja, tampoco podría haber sido de ninguna otra manera. Ayer Zalgiris llegó para ejercer de bálsamo reparador, y al final (al final al que llegué, que no fue el del partido porque mi hijo insistió en que quería ver El Hormiguero y tampoco estaba la cosa como para negárselo) la banda acabó sonando, la (poca) gente acabó incluso animando, que estas cosas, ya se sabe, son así. Pan para hoy y hambre para mañana, sospecho: que cuando llegue el Cheska o haya que ir a Polonia, mucho me temo que ahí ya no habrá bálsamo que lo resista. Ojalá me equivoque.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

que hablen   Leave a comment

(publicado el 9 de febrero de 2010)

Decía el sábado Arsenio Cañada que esta semana (refiriéndose a la pasada, obviamente) se ha hablado mucho de baloncesto, y eso siempre es bueno para el baloncesto… He ahí precisamente una de las grandes virtudes de Arsenio, ese talante siempre positifo, nunca negatifo como habría dicho (al revés) aquel desabrido Van Gaal, hoy diríamos casi mejor que Arsenio viene siendo un optimista antropológico (sea ello lo que fuere), de hecho yo de mayor quiero ser como él (como él de joven, quiero decir). Quiero ser como él pero no me sale, vaya por dios, no logro ser positivo por más que lo intento, será que el gen del optimismo no me lo pusieron y a estas alturas parece ya un poco tarde para implantármelo, qué le vamos a hacer.

O acaso todo se reduzca a una mera cuestión geográfica. Si la no-canasta de marras, más el posterior y eterno (a la par que inútil) debate a tres bandas, no hubieran sucedido en la Sala Pionir sino en la Mano de Elías, sobre la bocina de un (hipotéticamente igualado) Maccabi-Real Madrid, entonces tal vez tendría yo otra sensación. Pero no la tengo, como tampoco tengo yo la sensación de que el retorno de Ricky a Badalona haya hecho correr los ríos de tinta que en su día hicieron correr los sucesivos retornos de Alberto Herreros o Felipe Reyes al feudo estudiantil, todo vestiditos de blanco. Seguramente éstos tampoco tuvieron la misma repercusión en Barcelona y es perfectamente lógico que así fuera, así que no puedo yo por menos que congratularme de que en la esquina noreste del mapa sí que se haya hablado largo y tendido de nuestro deporte en estos días, aunque algunos apenas nos hayamos enterado un poco más abajo. Y eso que los carruseles estuvieron esta vez en su papel, que hasta conectaron en los minutos previos para retransmitir en directo el abucheo a Ricky cuando se anunciara su nombre por megafonía, que acaso nos refiramos a este tipo de cosas cuando decimos lo de hablar de baloncesto… aunque en realidad importe una mierda el baloncesto, aunque lo único que en verdad importe sea lo otro, la bronca, el lío que tantas veces parece rodear al baloncesto.

Si de hablar de baloncesto se trata, las próximas semanas van a ser sumamente prolíficas (¿existirá realmente esta palabra o me la habré inventado?) en acontecimientos de toda índole, así que oportunidades diría yo que no nos van a faltar: empezando por la cosa del Top16 euroliguero (que en apenas un par de días nos regalará auténticos partidazos, Barça-Panathinaikos, Montepaschi-Madrid, Baskonia-Khimki, la de dios), siguiendo por el All Star Weekend (que demasiadas veces acaba a la larga resultando un coñazo, pero que al menos genera suficientes expectativas en las horas previas como para andar de boca en boca) y acabando por la cosa más grande que suele pasarle a nuestro deporte año tras año, es decir, la Copa del Rey. Baloncesto en estado puro como para dar y tomar, pero otra cosa ya será que nos interese hablar de eso, que eso venda, que no echemos en falta un buen escándalo más o menos extradeportivo a nuestro alrededor para poder llevárnoslo a la boca, qué cosas. O como habría dicho algún famoso (de los de antaño, que los de hoy son un poquito más prosaicos), que hablen de nosotros, aunque sea bien. Pues eso.

Publicado octubre 27, 2012 por zaid en ACB, Euroliga, preHistoria

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