sin noticias de Shirley   Leave a comment

(publicado el 29 de enero de 2010)

En una breve y divertidísima novela que leí hace ya demasiado tiempo, Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza, el susodicho Gurb, extraterrestre recién llegado a Barcelona para mandar información a su planeta y que alucina con todo lo que ve, en un momento dado afirma: “no entiendo por qué la gente pudiendo vivir en Pedralbes vive en San Cosme” (o algo así, que a estas alturas tampoco recuerdo ya las palabras exactas ni los barrios exactos). No he podido por menos que acordarme de aquella ocurrencia en estos días, después de leer el último (y ya famoso) post que Paul Shirley (ex jugador de Penya, Menorca y Unicaja entre otros, y habitual columnista de El País) ha escrito en su blog de ESPN con el esclarecedor título de “si reconstruimos, volverán a hacerlo“. Y aunque les supongo ya al cabo de la calle, por si acaso permítanme que les recuerde algunas de las perlas que el amigo Shirley ha tenido a bien soltar en dicho post:

No he donado nada a Haití por la misma razón por la que no doy dinero a los vagabundos en la calle. Basándome en experiencias anteriores, no creo que un tipo con un cartel que dice ‘Necesito vuestra ayuda’ vaya a hacer nada constructivo con el dólar que le dé. Tampoco creo que la gente de Haití vaya a hacer demasiado con mi dinero.
La mayor culpa la tiene Haití, como país, por ponerse en una situación en la que muchos de ellos acabaron muertos por un terremoto.
¿No tienen mucha de la responsabilidad del desastre las propias víctimas del desastre? ¿Y si hablamos de gente que repite sus errores? ¿Y si hacen cosas que obviamente van en contra de su propio interés? ¿Qué tal si usáis un condón de vez en cuando?
[Los haitianos] expresan su indignación contra el gobierno. Pero la gente de un país tiene control sobre su gobierno […] Así que, al final, es ‘su’ responsabilidad. Si el gobierno no hace lo suficiente por su gente, es la responsabilidad del pueblo cambiar al gobierno. No al revés.
Lo que funciona es enseñar […] En el caso de un país amenazado por los terremotos, enseñar quizá signifique ayudarles menos, pero hacerlo criticándoles por haber llegado a la situación en la que esta ayuda ha sido necesaria.

O dicho de otra manera, que la culpa es de los haitianos por ser haitianos, que a ver quién les mandaba a ellos ser haitianos pudiendo ser suecos, por ejemplo. O como diría Gurb, que no entiendo por qué la gente vive en Puerto Príncipe pudiendo vivir perfectamente en Beverly Hills. Qué cosas.

Tengo a Paul Shirley por un tipo sumamente inteligente, cualquiera que lea cotidianamente en El País susHistorias de un Tipo Alto podrá corroborarlo. Pero la inteligencia por lo que parece no va necesariamente unida a la sabiduría, ni está reñida necesariamente con la ignorancia. Habla Shirley de Haití como si aquello fuera Wisconsin, como si fuera cualquiera de los países en los que ha jugado, como si Puerto Príncipe fuera Málaga por ejemplo. Que yo entiendo que un humilde granjero de Arkansas pudiera quizá no apreciar la diferencia, pero digo yo que un tipo viajado como Shirley sí debería saber que allá en los confines del Imperio hay otros mundos, hay muchas clases de mundos. Habla Shirley de Haití como si aquel no fuera el país más pobre de América y uno de los más pobres de la Tierra, como si hubiese allí condones a disposición de cualquiera, que lo mismo los hay, no diré yo que no, pero que lo mismo entre un condón y un trozo de pan normalmente les urge más lo segundo, más que nada porque suele ser más comestible. Habla Shirley de Haití (la gente de un país tiene control sobre su gobierno, es ‘su’ responsabilidad) como si aquello se pareciese siquiera mínimamente a una verdadera democracia, o acaso a una presunta democracia como tantas otras, como si aquel país no llevara décadas y hasta siglos enteros de corrupciones y mamoneos varios, como si cuatro familias no fueran las dueñas del país entero mientras la inmensa mayoría de sus habitantes viven en la puta miseria generación tras generación. ¿Sabe acaso Paul Shirley quién fue François Duvalier, quién es Jean Claude Duvalier? No le vendría mal saberlo.

Y dice finalmente Shirley que lo que funciona es enseñar, y es bien cierto, pero no es menos cierto que hay que tener cierto cuidado con las enseñanzas que se les dan, que lo mismo les das una enseñanza y se la comen, que ellos tienen sus propias prioridades y éstas nada tienen que ver con las prioridades del señor Shirley ni de los gobernantes del señor Shirley. Que estas cosas por desgracia funcionan así, ojalá pudiesen funcionar al contrario, primero les enseñamos, luego les ayudamos a crear una verdadera democracia y finalmente ellos ya se preocuparán de buscarse las lentejas, eso sería muy bonito pero es que resulta que tienen hambre, mire usted, la tienen hoy y la tenían ya antes del terremoto, y hace cinco años, y hace diez y hace veinte, sin que jamás nadie se preocupara por ellos, sin que ni dios se acordara de ellos, sin que ni Shirley ni los vecinos de Shirley (los de allí o los de aquí, tanto da) supiera (supiéramos) siquiera de su existencia. Si al menos hubieran tenido una gota de petróleo, si tuvieran al menos una ubicación estratégica, lo mismo alguien alguna vez habría dicho alguna vez ¡anda coño, los haitianos!, sin necesidad de tener que esperar a que viniera un terremoto a matar a más de cienmil seres humanos y dejar en la puta calle al resto. Pero oye, si son haitianos, si no tienen remedio, míralos, ahí perdidos en un remoto confín del Caribe, si querían que nos acordáramos de ellos que hubieran estado en el Golfo Pérsico (por ejemplo), al fin y al cabo ellos se lo han buscado. Dice Shirley que no ha donado nada a Haití, y allá él, es su opción, tan legítima como cualquier otra, me parece perfecto. Lo verdaderamente terrible no es su decisión, sino los argumentos que utiliza para justificar esa decisión.

Cuentan que la ESPN ha puesto de patitas en la calle a Paul Shirley. Yo no lo habría hecho. Yo no lo habría hecho porque pienso, sigo pensando, que cualquiera tiene derecho a expresar sus propias opiniones siempre y cuando no cruce la delgada línea del respeto, línea que no me consta que haya sido cruzada en esta ocasión. Shirley se expresa con respeto, otra cosa ya es el respeto que a cada uno de nosotros nos merezca lo que expresa. Shirley no insulta explícitamente a nadie, y de ahí cabría quizá deducir que no hiere la sensibilidad de nadie, pero hay sensibilidades que para ser heridas no precisan del insulto, ésta podría ser perfectamente una de ellas. Shirley no escribirá más en ESPN y no sé si seguirá haciéndolo en El País, y yo ahora podría soltar uno de esos típicos arrebatos raciales, pero yo desde luego no volveré a leerle, qué sé yo, algo así. No lo diré porque me conozco y sé que muy probablemente sí que volveré a leer a Paul Shirley; pero sé también que ya no podré leerle igual, que ya no lo veré de la misma manera, que cada vez que le lea se me aparecerá de nuevo ante mis ojos aquella vez que se le ocurrió dejar el baloncesto a un lado para convertirse en extraterrestre por un día (o acaso ya lo fuera, acaso siempre lo haya sido), para ponerse a pontificar con el estómago lleno acerca de aquellos que, hoy menos que nunca, literalmente no tienen donde caerse muertos; para atreverse a decirles a los haitianos que en el fondo todo lo que les ocurra les estará muy bien empleado: por haitianos.

En el fondo yo he hecho lo mismo, pontificar acerca de lo que no debería, utilizar un blog de baloncesto para ponerme a hablar de temas que nada tienen que ver con el baloncesto por más que tengan su origen en un jugador de baloncesto. Ustedes disculpen, procuraré que no vuelva a pasar…

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Publicado octubre 27, 2012 por zaid en preHistoria, varios

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