4 miradas al bracket   Leave a comment

(publicado entre el 15 y el 17 de marzo de 2010)

 

I- Midwest

Habemus bracket, extraña denominación que en este caso nada tiene que ver con ortodoncias sino con el cuadro en el que se distribuyen los 64 equipos que a partir del jueves disputarán el Torneo Final NCAA, la locura de marzo en todo su esplendor. Habemus bracket y habemus Kansas, no ya como número uno de su Región sino como número uno de toda la nación. Empezaron la temporada como favoritos, siguieron siéndolo durante la mayor parte del año y llegan al Torneo en esa misma posición… todo lo cual, evidentemente, llegados a este punto ya casi no sirve para nada. Los Jayhawks son cabezas de serie de la Región del Medio Oeste, pero lo van a tener de todo menos fácil para alcanzar la Final Four, puedo asegurárselo, de hecho a poco que demos un somero repaso podremos comprobar cómo el destino (el Comité de Selección, más bien) ha tenido a bien juntar en esta parte del cuadro a casi todos los jugadores que les he estado poniendo por las nubes durante estos últimos días, Evan Turner, Greg Monroe, Greivis Vásquez, James Anderson, añádase también a Kalin Lucas (que este año aún no he hablado de él porque ya lo hice sobradamente el año pasado), añádase además a Derrick Favors (estrella freshman de Georgia Tech a quien apenas he visto, lo justo para saber que es un poderoso ala-pívot que ocupa a día de hoy puestos altísimos en las previsiones pre-draft), añádase finalmente a los de Kansas, ya saben, Sherron Collins, Cole Aldrich, Xavier Henry… Así en una primera ojeada (y en mi muy modesta opinión), puede que estemos ante la Región más atractiva de las cuatro.

Por partes: una vez hayan pasado el mero trámite de la Primera Ronda, a los Jayhawks les llegará el primermarroncillo, a disputar contra el vencedor del duelo entre Nevada-Las Vegas y Northern Iowa, números 8 y 9 respectivamente. Demos por supuesto que lo pasarán igualmente, y ahí ya les tendremos en Saint Louis para encarar una Semifinal Regional envenenada, supuestamente frente a Maryland o a Michigan State, que no sé qué es peor. Ambas dos, Terrapins y Spartans, habrán debido disputar pocos días antes un maravilloso duelo al sol (al sol de Spokane, Washington, o sea que poco sol), Vásquez contra Lucas, Gary Williams contra Tom Izzo, dos universidades competitivas a más no poder, dos entrenadores que la cosa esa de perder no la tienen por costumbre: de Maryland ya les hablé de pasada el otro día, y de Michigan State poco más puedo decir que no sepan ya: que son casi los mismos que el año pasado alcanzaron la final contra todo pronóstico, que su estrella sigue siendo (aún más) el susodicho Lucas, que de no haber estado éste lesionado durante unos cuantos partidos aún andarían mucho más arriba en el ranking, que Tom Izzo tiene el inmenso don de que sus resultados siempre estén muy por encima de sus expectativas y que en las últimas once temporadas han pisado cinco veces la Final Four (y casi todas ellas cuando nadie daba ni un dólar por ellos), por lo que apostar en su contra sería un terrible error. Mucho ojo con estos Spartans.

Y aún más ojo con lo que viene por la parte de abajo del cuadro: el número dos es Ohio State, es decir Evan Turner, es decir el jugador del año en su conferencia, tal vez el jugador del año de todas las conferencias, y que ahora por si le faltaba algo resulta que ya hasta gana partidos con triples desde medio campo sobre la bocina, la criatura. Pero estos Buckeyes habrán de encontrarse ya en segunda ronda con otra prueba de fuego, el vencedor del Oklahoma State-Georgia Tech, partidazo en ciernes tanto más si pasan los Cowboys ya que nos regalaría un duelo Evan Turner-James Anderson, difícil será encontrar dos jugadores que aún jugando (presuntamente) en el mismo puesto sean más diferentes entre sí, y no por ello menos maravillosos, cada uno a su manera, anotador total Anderson, JUGADOR TOTAL con mayúsculas Turner. Quien sobreviva tendrá muchas posibilidades de encontrarse en Semifinales Regionales con los Hoyas de Georgetown, siempre y cuando John Thompson III y sus muchachos (ese Greg Monroe por encima de todos) hayan dado antes buena cuenta de los siempre peligrosísimos Volunteers de Tennessee (en los cuales, dicho sea de paso, tampoco deberíamos perder de vista a un talentoso ala-pívot, de nombre Wayne Chism).

En resumidas cuentas: de acuerdo con el guión previsto, esta Final Regional deberían disputarla Kansas y Ohio State, y de hecho lo más probable es que así sea, sobre todo por la parte de Kansas; pero vamos, que tampoco debería extrañar a nadie que Maryland, Michigan State o (sobre todo) Georgetown se invitaran a la fiesta, motivos no les habrán de faltar. Repito lo dicho al principio: así en una primera (y seguramente equivocada) impresión, me parece la Región más fuerte de las cuatro: quizá porque he visto más a estos equipos que a muchos otros de las otras tres, o quizá porque tengo más debilidades en esta Región que en las otras tres, o quizá porque efectivamente sea así y no vaya yo tan desencaminado, no lo sé, pero insisto: todo un regalo envenado para el número uno de la nación; en condiciones normales los Jayhawks acabarán sobreviviendo, pero lo van a pasar mal, muy mal por el camino. Mañana más.

 

II- West

Toca la Región del Oeste, pero antes de nada permítanme una aclaración, que yo creo que la hago todos los años pero que nunca está de más recordarlo: los nombres de las regiones se refieren básicamente al lugar donde se juegan su Final y Semifinales Regionales, no tanto a los equipos que las disputan. Esta Región Oeste se llama así porque su fase final se disputará en Salt Lake City, Utah, y ello es así aunque su número uno sea Syracuse, que no está precisamente en el Oeste americano sino en una localidad casualmente llamada Syracuse, sita al norte del Estado de Nueva York, es decir casi en la otra punta del mapa.

Hecha esta aclaración, aclaremos también que al menos los Orange jugarán sus dos primeros partidos casi al ladito de casa, en Buffalo, New York, gracias a lo cual tendrán a su favor a una gran parte del graderío coloreado de naranja… y muy poquitas cosas más. Porque estos Orange, mis Orange, se han complicado terriblemente la vida en estas últimas semanas. Recuerden que cuando les hablé de ellos les conté que se limitaban a una rotación de sólo siete jugadores (siete titulares, como dicen por allá), razón por la cual quizá podrían llegar demasiado cansados a este momento de la temporada; pues dicho y hecho, me temo: recién estrenado el número uno de la nación fueron a perder en Louisville, en el último encuentro de la Regular, y no contentos con ello perdieron también en el Madison ante Georgetown, quedando así eliminados a las primeras de cambio del Torneo de su Conferencia. Y lo peor es que ese día no sólo perdieron el partido, perdieron además algo más grave, perdieron a uno de los siete, no precisamente uno de los mejores pero sí uno de los más importantes, su referencia interior Arinze Onuaku, que se averió la rodilla derecha al aterrizar tras el vano empeño de taponar a Monroe. Siete menos uno son seis, que yo sepa, así que salvo milagro en la recuperación de Onuaku (que no creo, porque aquello tenía muy mala pinta), Boeheim tendrá que conformarse con rotar sólo a media docena de tíos (lo que en un torneo tan exigente puede ser casi un suicidio), o bien rebuscar en el fondo de su armario, a ver si encuentra alguna otra cosa decente a la que poder echar mano. Mala pinta, en cualquier caso.

Syracuse se las verá en segunda ronda (la primera deberían pasarla sin problemas, y aprovecharla incluso para rodar a algún no habitual, más que nada por lo que pueda pasar) con el vencedor del Gonzaga-Florida State, que bastante peligro tendrá sea el que sea, con mención especial para esos Zags de Mark Few liderados por Matt Bouldin, que aquí están un año más puntuales a su cita tras haber arrasado en su liga regular y haber perdido sin embargo su final de conferencia ante St. Mary’s. Si sobreviven, aquello no habrá sido nada en comparación con los que les habrá de esperar en cuanto lleguen a Salt Lake City: en condiciones normales, o bien Butler o bien Vanderbilt. De Butler ya ponderé sobradamente sus abundantes virtudes el otro día al hablar de Gordon Hayward, y de Vanderbilt… (Me van a perdonar que haga un pequeño inciso: la Universidad de Vanderbilt, sita en Nashville, Tennessee, tiene la cancha más peculiar que haya visto yo en mi vida, y miren que llevo vida: no ya por el hecho de que la primera fila de gradas esté por debajo del nivel de la pista -sin más mesa de anotadores que el mismísimo parquet-, que eso aún siendo raro ya lo habíamos visto alguna vez, sino porque los banquillos no se sitúan en un lateral sino en los fondos, cada uno al lado de cada canasta: resulta realmente curioso ver a los entrenadores de pie bajo los tableros, que más que dar instrucciones parecería que fueran a saltar a por un rebote… Fin del inciso). Pero estos Commodores, anécdotas al margen, presentan en sociedad a un equipo muy capaz de liársela a cualquiera, con interesantes criaturillas como el base Jermaine Beal y el pívot australiano A.J. Ogilvy, que prometía más de lo que luego ha sido pero que aún así es muy capaz de hacerte un apaño a poco que te descuides.

Al otro lado del cuadro, en el número dos nada menos, encontramos a un invitado inesperado, Kansas State, universidad de la que muy poco sabíamos antes de que aterrizara por allí Michael Beasley hace ya dos o tres cursos, pero que este año ha hecho un temporadón de la mano (sobre todo) de dos magníficos jugadores exteriores, Jacob Pullen y Denis Clemente. Se habrían hecho sobradamente con la Big12 (Conferencia y Torneo) de no haber estado sus eternos rivales de Kansas por el medio… Y en el número tres otra grata sorpresa, Pittsburgh, esos Tigers que vieron marcharse a su columna vertebral del pasado año, Levance Fields, Sam Young y DeJuan Blair nada menos, pero a los que Jamie Dixon ha hecho renacer de sus cenizas a partir de aquellos que entonces eran meramente secundarios, hoy convenientemente reconvertidos en protagonistas: Jermaine Dixon (ningún parentesco con el técnico, que yo sepa; de hecho su color de piel no puede ser más diferente), Ashton Gibbs y Brad Wanamaker (pronúnciese Guanaméiker, que es de esos apellidos que te llenan la boca). Además por ahí andarán también otros clásicos como Xavier, Brigham Young, Minnesota y hasta los Gators de Florida, que no están precisamente en su mejor año pero que aún así se las han arreglado para aparecer por aquí. Así que sí, mis Orange habrán de ser favoritos para alcanzar la Final Four, pese a todo, pero son demasiados nubarrones grises los que se ciernen sobre su horizonte naranja (terrible metáfora, me temo). Veremos si son capaces de capear el temporal.

 

III- East

Mientras mis Orange estén defendiendo su suerte (espero) en la lejana Salt Lake City, allá en su feudo, en la otra punta del mapa, en ese imponente Carrier Dome en el que no hace mucho se metieron casi 35.000 personas vestidas de naranja para presenciar un Syracuse-Villanova, se disputará esta vez la fase final de la Región del Este. O dicho de otra manera, la ciudad de Syracuse cambiará durante unos días de color, se vestirá toda de azul con su camisita y su canesú para coronar previsiblemente a los Wildcats de Kentucky como equipo de Final Four. Llegan los de Calipari a esta cita con tan sólo dos derrotas en su zurrón, con esebaloncesto aplastante del que ya les hablé en su día, con su superioridad física y a ratos también técnica, con esa engañosa pinta de equipo adulto, engañosa porque en realidad es casi el más joven de todos ellos, nada menos que tres (pedazo de) freshmen en su quinteto titular. Pero no les daré más la brasa con estos Wildcats, que ya les di pelos y señales de los Wall, Cousins, Patterson y demás familia hace algunos días, y procederé a intentar analizar (es un decir) a los rivales que pueden encontrarse en su camino.

Digo bien intentar, porque si hace dos días les contaba que en la Región del Medio Oeste se me habían juntado casi todos los equipos que tenía más vistos, en ésta Región del Este me sucede exactamente lo contrario. Qué quieren que les diga, uno hace lo que puede, por puro hobby, con el escaso tiempo del que dispone y luego claro, pasan estas cosas, que es que unos te los sabes pero otros no. Pero en fin, por intentarlo que no quede…

Pues eso, que una vez que los Wildcats se carguen al dieciséis de turno, East Tennessee State, habrán de vérselas con el ganador del Texas-Wake Forest. De estos Demon Deacons poco puedo decir, que les vi solamente un partido y me dejaron fríos, y aún más frío me dejó su principal estrella, el reputadísimo Al-Farouk Aminu, si bien puede que eso no fuera culpa suya sino mía, que será que le fui a pillar precisamente en el día tonto, no sé. En cambio los Longhorns de Texas sí que merecerían sobradamente un capítulo aparte, por aquello de su rocambolesca temporada: antes de empezar casi todos los analistas les daban entre los dos o tres mejores equipos de la nación, de hecho hasta alguno hubo que les situó por encima de la mismísima Kansas en su pronósticos; y de entrada respondieron a las expectativas, ganaron sus diecisiete primeros partidos, hasta se situaron en el número uno del ránking pero fue llegar arriba y aparecer su primera derrota, y debe ser que le cogieron el gusto porque desde entonces casi no han hecho más que perder, de hecho llegan al Torneo (de milagro) con un registro de 24-9, lo que nos da un parcial de 7-9 en esta segunda parte de la temporada… Empezaron siendo el coco pero hoy parecen casi un auténtico chollo, y ello aún a pesar de que tienen buenos jugadores, el alero Damion James por encima de todos, pero también merecen una mención los perimetrales (y freshmen) Avery Bradley y J’Covan Brown (también la habría merecido el turco Dogus Balbay, si los ligamentos no le hubieran echado a perder su temporada), así como esa bestia parda que tienen por pívot, Dexter Pitbull, digo Pittman, que con ese apellido y ese estilo de juego el mote sale solo aunque uno no quiera…

Una vez en Semifinales Regionales (démoslo por supuesto), los Wildcats bien podrían encontrarse a Wisconsin, esos Budgers de Bo Ryan que suelen aburrirme cada vez que los veo (razón por la cual suelo verlos demasiado poco), si bien sus resultados suelen ir en proporción inversa a mi aburrimiento. O aún mejor podrían encontrarse a los Owls de Temple, otra de mis universidades preferidas de siempre (aunque les he podido ver mucho menos de lo que habría querido, ya que la ESPN no suele darles mucha bola), y en donde brilla con luz propia (siguiendo la tradición de Pepe Sánchez) otro base argentino, Juan (o Juanma) Fernández, cuyas virtudes ya ponderé sobradamente el pasado verano con ocasión del Mundial Júnior.

Y a partir de aquí les tocará ya mirar a lo que venga por el otro lado del cuadro, con mención especial para ese número dos, los Montañeros de West Virginia: y antes de nada permítanme congraciarme con su entrenador, el otrora histriónico Bob Huggins, hasta hace no muchos años técnico de Cincinnati que parecía estar perennemente de los nervios, logrando así el objetivo de poner igualmente de los nervios a sus jugadores; finalmente le dieron puerta (no sé si antes o después de algún problema de tráfico con alcohol de por medio, creo recordar), en principio fue a parar a Kansas State pero de inmediato recibió la llamada de sualma máter, West Virginia, y para allá que se fue perdiendo el culo, con perdón… Hoy este Huggins (que tiene la sana costumbre de dirigir a su equipo en chándal, por cierto) parece mucho más asentado que antaño: su intensidad será la misma pero su equilibrio parece infinitamente superior, y su equipo bien que se lo agradece; equipo que es más bien equipazo, como demostraron sobradamente el pasado sábado alzándose (por primera vez en su historia) con el Torneo de la Big East: gracias sobre todo a su casi infalible tirador (y tanto más infalible cuanto más cerca esté de la bocina final, como ha demostrado con creces en este Torneo) Da’Sean Butler, un tipo con una pinta de NBA que tira de espaldas; pero no nos dejemos engañar, porque estos Mountaineers vienen a ser sobre todo un equipo coral: el alero Devin Ebanks (sí, es apellido, aunque suene a banca electrónica), pero también los bases Bryant y Mazulla, y Wellington Smith, y hasta ese pívot freshman que aparece de pascuas a ramos pero que tiene una magnífica pinta de futuro, de nacionalidad turca y de apellido Kilicli, nada menos…

West Virginia tendrá que comerse (previsiblemente) a Clemson o Missouri en su camino hacia Semifinales Regionales, y una vez allí habría de encontrarse con otra inesperada sorpresa, esos Lobos (en castellano) de Nuevo México a los que jamás esperé encontrarme tan arriba, y que según he podido investigar (desde mi desconocimiento), al parecer tienen como principal estrella a un tal Darington Hobson, no tengo el placer. Claro que para que estos Lobos lleguen a encontrarse con los Montañeros (curioso encuentro), antes tendrían que haber dado cuenta de Montana (cuidadín, que éstos ya dieron alguna que otra sorpresa en temporadas precedentes), y más tarde de los Golden Eagles de Marquette (Lazar Hayward, Maurice Acker, el venezolano David Cubillán), mucho más acostumbrados a estas lides por lidiar habitualmente en la durísima Big East; pero ojo, que de no ser Marquette podrían ser tal vez los Huskies de Washington, supervivientes de la otrora fortísima y hoy flojísima Conferencia Pac10, muy bien entrenados por Lorenzo Romar y que tienen por estrella a un pequeño base del que ya les hablé maravillas el verano pasado, Isaiah Thomas, sin ningún parentesco conocido con ese otro que están pensando, más allá de la mera ocurrencia de sus padres de llamarle así (pero a éste con intercalada, que el otro era Isiah…)

Después de todo este terrible galimatías al que les he sometido, quédense simplemente con la idea de que, si todo va como debería, Kentucky y West Virginia acabarán disputando la Final de la Región Este en el Carrier Dome de Syracuse. Pero vamos, que no den nada por hecho, que ya saben que en NCAA las cosas nunca son como se espera que sean… (Y no teman, que ya sólo nos queda la Región Sur, mañana acabamos, de verdad, se lo prometo).

 

y IV- South

Qué quieren que les diga, así en principio Duke me resulta el más débil de los cuatro cabezas de serie, con mucha diferencia. Débil en términos baloncestísticos y hasta en términos anímicos: buenos, sí (pero no tanto), pero un poco blanditos también en determinadas ocasiones. Su estrella debería ser el alero Kyle Singler, que está llevando una carrera universitaria, digamos, paradójica, no de menos a más como sería lo lógico sino de más a menos, no evolucionando sino involucionando (o será que yo lo miro con malos ojos): en el primer año fue la repera, en el segundo estuvo bien y en este tercero ha ido perdiendo paulatinamente peso en el equipo, hasta el punto de que ahora el jugador de referencia de estos Blue Devils ya no parece él sino su base, el sénior Jon Scheyer: que tampoco me entusiasma, por cierto; buena mano, bueno en penetración pero como director de juego me deja más bien frío, vaya por dios, de hecho a veces hasta me gusta más su escolta, Nolan Smith. ¿El resto? Por dentro están Lance Thomas y un cénter grandote, voluntarioso y bastante limitado por cierto, Brian Zoubek. Añádase a los hermanos Plumlee emergiendo desde el banquillo y punto pelota, con esto les ha bastado y sobrado para estar donde están; bueno, con esto, y con una Conferencia ACC que tampoco ha sido tan fuerte como otros años, y con el tremendo y maravilloso ambiente que se respira en su Cameron Indoor, una especie de recinto sagrado que por dentro más bien parece de mediados del siglo XX y por fuera casi del XIX, y en el que la gente está tan encima de la pista que las canastas ni siquiera tienen soporte sino que cuelgan del techo, a la antigua usanza. Algo de ese ambiente se llevarán, primero a Jacksonville (cerquita de casa) y más tarde (si llegan) a Houston, pero no sé si les va a ser suficiente.

La primera ronda la pasarán sin despeinarse, sin que se le mueva siquiera una ceja a Krzwzwzyzewski (lo cual tampoco representará ninguna novedad); la segunda (ronda, no ceja) será ya otra historia: o California o Louisville; de los de Berkeley poco les puedo contar, que son el otro superviviente (junto con Washington) de la mediocre (este año) Pac10 y que su mejor jugador se llama Jerome Randle. De los de Louisville les puedo contar bastantes más cosas: que son un equipo sumamente irregular, muy capaz de lo mejor y de lo peor, pero que yo les he ido a pillar casi siempre en el día bueno (sus dos victorias ante Syracuse, por ejemplo), por lo que les hablaré bastante bien de, por ejemplo, su creativo base de origen dominicano Edgar Sosa, otra carrera extraña: en su primer año nos pareció casi la octava maravilla del universo, en su segundo y tercer año fue casi a hundirse en las profundidades del banquillo y en este último curso ha vuelto a emerger, y cómo; está que se sale, pero tampoco me vayan a dejar de lado a la inmensa potencia interior de Samardo Samuels, ni al buen trabajo de tipos como Jerry Smith o Swopshire. Y como siempre corren, son muy dinámicos (a veces demasiado), presionan a menudo y tienen esa fijación por el triple tan propia de los equipos de Pitino… Lo dicho, en un día malo pueden perder con cualquiera, pero en un día bueno son muy capaces de arrasar con todo aquel que se les ponga por delante; aunque se llame Duke.

Se llame Duke o se llame como se llame el que sobreviva, en Semifinales Regionales se encontrará con otro buen marrón, que bien podrían ser los Aggies de Texas A&M o los Boilermakers de Purdue, a quienes también dedicaré unas breves líneas: hace dos años aparecieron en el Torneo con un trío freshman que quitaba el hipo, mostraron esa condición de equipo de futuro que confirmaron con creces el curso pasado, y éste iba a ser, debería haber sido el de su explosión: el base/escolta E’tawn Moore, el alero Robbie Hummel, el (presunto) pívot JaJuan Johnson… Por el primero y el tercero siento especial debilidad, por el segundo (Hummel) no tanta, pero eso no me impide reconocerle con creces su papel fundamental en este equipo. Y he ahí el problema, porque el susodicho Hummel se fue a averiar en el momento menos oportuno, y el bajon que pegaron estos Boilermakers fue de los que hacen época: llegan al Torneo en un estado sumamente depresivo, y lo van a pasar mal ya desde primera ronda, desde que encaren a los Saints de Siena, universidad sumamente modesta, listada en el número 13 nada menos, pero cuyas virtudes ya ponderé sobradamente el pasado verano cuando puse por las nubes a uno de sus principales jugadores, Edwin Ubiles. Podría ser perfectamente la primera sorpresa del Torneo, podría ser ésta precisamente la Región más proclive a ellas…

Y vámonos al otro lado del cuadro, en donde emergen como número dos los Wildcats (será por Wildcats) de Villanova. Les recordarán rompiendo pronósticos, plantándose en Final Four hace apenas un año, y ahora helos aquí de nuevo, casi los mismos de entonces si exceptuamos a Dante Cunningham, que ahí anda el hombre en estos días intentando hacerse un hueco en la rotación de los Blazers, la criatura (mientras su hueco en Villanova intenta taparlo Antonio Peña, con más voluntad que acierto, me temo). Ahí siguen Fisher, Stokes y Redding, ahí sigue (sobre todo) Scottie Reynolds liderando a su equipo sobre la cancha, ahí sigue dirigiéndolo con mano maestra ése a quien apodan el Clooney de los banquillos, Jay Wright… En una supuesta Final Regional Duke-Villanova no sé yo por quién apostaría (bueno, sí lo sé, por estos Wildcats), pero no adelantemos acontecimientos que antes tendrán que llegar, unos y otros, y del presumible camino de Duke ya hemos hablado, pero tampoco Villanova lo habrá de tener precisamente fácil: en segunda ronda les puede caer o bien Richmond o bien St. Mary’s, y de los primeros poco puedo hablar, pero algo sí les contaré de estos Gaels de Santa María, campeones de la modesta West Coast Conference tras cargarse en la Final a Gonzaga, nada menos: que son un equipo mucho más peligroso de lo que parece; que tengan la bondad de no perder de vista a un estupendo base freshman australiano, Matthew Dellavedova, a quien creo recordar que ya vimos (y ya nos gustó) en el pasado Mundial Junior (e ilustre sucesor de otro gran base australiano que también jugó aquí hasta hace muy poco, Patrick Mills); y que aún menos se les ocurra perder de vista a un tremendo pívot sénior, Omar Sanham, carne de draft sin ninguna duda.

Y por si esto fuera poco, en Semifinales Regionales, Villanova (o el que sea) puede toparse perfectamente con Baylor, universidad radicada en Waco (Texas) de la que bien podríamos decir que jamás se ha visto en otra semejante, dado que ha completado la mejor temporada de su historia: presentan un señor equipo, con la extraña particularidad de que allí casi nadie parece tener un nombre corriente: su estrella (y qué estrella) se llama Lacedarius Dunn, que suena casi a malo de película del Oeste de aquellas que llamaban de serie B; a su lado tampoco está mal el base, Tweety Carter (sí, Tweety, como Piolín antes de que lo tradujeran), mientras por dentro dominan Ekpe Udoh (no se fíen de las apariencias, que no es africano sino de Oklahoma, y que anda bastante arriba en las previsiones pre-draft, por cierto) y un interesantísimo Quincy Acy. Muy buenos, como no son mancos tampoco aquellos que (en condiciones normales) habrían de ser sus rivales en Segunda Ronda, los Fighting Irish de Notre Dame: un equipo que de la mano de Mike Brey juega maravillosamente bien al baloncesto, con no uno sino varios pases extra por jugada, con un control a veces hasta exagerado del tempo que suele dar lugar a marcadores desmesuradamente bajos, aunque nos lo compense el gusto que da verles mover el balón. Y con un fornido ala-pívot como principal estrella, Luke Harangody (cuya lesión les amargó la vida durante unos cuantos partidos), y con un lujo de base (de los que pasan el balón, incluso) como Tory Jackson, y con dos tipos cuyo apellido les habrá de resultar sumamente familiar, a saber, el escolta Ben Hansbrough, hermano menor (en edad y en estatura) de Tyler, y el alero Tim Abromaitis, que tal y como yo sospechaba (que no ha de haber muchos con ese apellido en la guía telefónica) es hijo de aquel Jim Abromaitis que jugó en el Madrid a comienzos de los ochenta (si usted no le recuerda no se preocupe, más bien alégrese, es sólo cuestión de edad).

Y hasta aquí hemos llegado. Si se está usted preguntando por qué en ninguna de estas cuatro entregas he mencionado a los vigentes campeones, los Tar Heels de North Carolina, pues es simplemente porque este año no les veremos por aquí, que andan de año sabático (más bien de transición) las criaturas, acaso ya disputando el NIT (o lo que sea) por estas fechas. Se nos cayeron del cartel como se nos cayeron también otros clásicos del Oeste Americano, UCLA y Arizona sobre todos ellos, que ya le advertí que este año la Pac10 ha andado sumida en la mediocridad. Y nada más, excepto recordarle (un año más) que todo esto lo puede ver en directo desde hoy mismo, desde aquí mismo, desde esta misma pantalla y hasta zapeando de un partido a otro si así lo prefiere, y gratis total. legal total y con envidiable calidad de imagen, y todo ello con sólo pinchar en este enlace que aquí mismo le dejo, más fácil ya no se lo puedo poner… Intente disfrutarlo, hágame el favor, ya verá como no se va a arrepentir.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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