baskoniazo   1 comment

(publicado el 16 de junio de 2010)

 

Ahora que estamos en tiempo de Mundial de Fútbol (lo mismo usted ya se habrá enterado) me permitiré recordarle una famosísima historia que tuvo lugar hace sesenta años, allá por el Mundial de Brasil de 1950. Llegaron a la Final Brasil y Uruguay, final que no era tal porque los cuatro mejores se lo jugaban a modo de liguilla todos contra todos. No era la final pero como si lo fuera, porque sólo ellos dos podían ser campeones, porque a Uruguay sólo le valía ganar pero a Brasil (el equipo de casa, el favorito total y absoluto, el infinitamente superior) le bastaba con el empate. Más de doscientasmil personas atiborraron el estadio más grande del mundo para asistir sí o sí a la proclamación de su selección como Campeona del Mundo, y poco después marcó Brasil y todo fue sobre ruedas, y luego empató Uruguay pero nadie le dio la menor importancia, y en el minuto cuarenta de la segunda parte marcó Uruguay el 1-2 y puso el mundo entero del revés. Cuentan aquellos que lo vivieron (ni siquiera yo había nacido por aquel entonces) que en los cinco minutos restantes en aquel inmenso estadio no se escuchó ni el vuelo de una mosca, cuentan que en las horas siguientes hubo suicidios, que las casas de varios internacionales fueron incendiadas cuando no destrozadas en su totalidad… Aquello marcó un antes y un después, de hecho una compañera de trabajo que viajó no hace mucho a Brasil me comentaba que ellos aún te lo recuerdan a cada rato, como una obsesión que se transmitiera de generación en generación, grabada a fuego para siempre en la memoria colectiva de todo un pueblo. Aquel suceso, al menos en nuestra cultura, pasó a la historia con la denominación de maracanazo.

Y desde entonces resulta sumamente socorrido incorporar esa terminación en aumentativo a todas esas sorpresas que en realidad son mucho más, muchísimo más que simples sorpresas; a cada ocasión en la que gana, no el que no se esperaba que pudiera ganar sino el que no iba a ganar, el que no podía ganar en ningún caso ni bajo ningún concepto. ¿Más ejemplos? Hace algunas temporadas se disputó en el Bernabéu una Final de Copa del Rey (de fútbol, obviamente) entre el Real Madrid y el Deportivo de la Coruña, que tenía la particularidad de jugarse exactamente el mismo día en que se cumplían cien años de la fundación del equipo blanco. Aquello iba a ser una enorme fiesta, una conmemoración por todo lo alto, pero resultó que el Depor tenía otros planes… Aquello pasó a la historia con la denominación de centenariazo. Y en baloncesto también tenemos nuestros azos, no vaya usted a pensar, unos cuantos de nosotros llevaremos toda la vida clavado en las entrañas el angolazo de Barcelona 92 y el chinazo de Canadá 94, no me pida usted detalles, hágame el favor, que sólo de recordarlo se me revuelven las entrañas…

Y ahora regresemos gustosos a nuestros días. Probablemente nunca hubo una Final ACB con un prónostico tan claro, o mejor dicho, probablemente nunca hubo una Final ACB en la que el gran favorito (disponiendo además de ventaja de campo) transmitiera tal sensación de infalibilidad, de invencibilidad. No es ya que los pronósticos apuntaran al Barça sino que iba a ganar el Barça, sí o sí, a ver en qué cabeza cabía cualquier otra posibilidad; si hace apenas seis días alguien nos hubiera dicho que iba a ganar Baskonia 0-3 le habríamos tildado de loco, de hecho ni al vitoriano más optimista, siempre y cuando estuviera en sus cabales, se le habría ocurrido jamás apostar por algo así, vamos que ni en el mejor de sus sueños… pero ya lo dijo ayer Ivanovic, a veces la realidad es mejor que el mejor de los sueños (o algo así). Esta extraordinaria final, más allá de detalles puntuales que nos ocuparán (si el tiempo lo permite) en los próximos días, nos deja un par de lecciones inolvidables: 1) Una final resuelta por 3-0 (un muy buen primer partido, un grandísimo segundo partido, un tercer partido que quedará para siempre, si esto fuera USA lo etiquetaríamos de históricoy lo repondríamos año tras año) no tiene por qué ser necesariamente menos emocionante ni menos brillante que una final resuelta por 3-2, a las pruebas me remito; y 2) A veces nos olvidamos (yo el primero) que esto sigue siendo deporte, que por muy favorito que sea el uno, por muy poco favorito que sea el otro aún siguen jugándolo cinco contra cinco, aún cualquier cosa puede pasar aún por muy increíble que nos pueda parecer.

 

Hace ahora cinco años, aquel Baskonia entonces llamado Tau perdió 2-3 una Final que creyó tener ganada, un quinto partido que ganaba de ocho o nueve a falta de menos de un minuto. Aquella Final debió pasar a la historia como herrerazo (y todos nos habríamos entendido perfectamente) pero sólo pasó como la del triple de Herreros, como si el susodicho sólo hubiera metido ese triple durante toda su carrera. Ayer, este Baskonia hoy llamado Caja Laboral ganó 0-3 una Final que creyó tener perdida antes incluso de empezar a jugarla, y lo hizo además sobreponiéndose a un absurdo error arbitral sobre la bocina del minuto cuarenta, lo hizo remontando una desventaja de cinco puntos durante los segundos finales de la prórroga, lo culminó SanEme (SanEmeSelección) clavándola en aquel último instante, metiendo además aquel endemoniado adicional… Fue como si el destino le devolviera a la afición baskonista lo que se cobró hace cinco años, un título imborrable que bien merecería una denominación acorde con su trascendencia, con su impredecibilidad: qué sé yo, podríamos pensar en blaugranazo buesazo pero no sería justo, no acabaría de hacer justicia a un equipo que bien merecerá que se le recuerde por méritos propios en vez de por deméritos ajenos. Esta Final ACB 2010 quedará para siempre en mi memoria como el baskoniazo; aunque usted, por supuesto, bien podrá seguir llamándola como le dé la real gana…

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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