el año de Butler   1 comment

(publicado el 7 de abril de 2010)

… y los sueños sueños son, ya lo dijo Calderón, no el de los Raptors sino el De la Barca. Los finales felices sólo se dan en los cuentos, en la vida real no hay carroza que no acabe recuperando más tarde o más temprano su irremediable condición de calabaza; en la vida real no existen los zapatitos de cristal (afortunadamente para la salud de nuestros pies) y si existieran no durarían, no podrías dejártelos por ahí tirados de cualquier manera, se harían trizas a las primeras de cambio, el vidrio es lo que tiene. Este zapato de cristal llamado Butler aguantó hasta mucho más allá de lo que indican las inexorables leyes de la física, se ve que debía ser de duralex, pero en el fin de los tiempos acabó resquebrajándose como tantos otros. Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible.

No me olvido, ganó Duke, ganó además con todo merecimiento (esa viene a ser otra de las grandes virtudes de nuestro deporte, normalmente siempre acostumbra a ganar el mejor). Ganó Duke para reivindicar una vez más al gran Krzyzewski (al menos esta vez procuremos escribir correctamente su apellido), para reivindicar finalmente a Kyle Singler como verdadera estrella del Torneo (aún por encima del petardazo que pegó en su Final Regional), para reivindicar a Jon Scheyer como algo más que un mero base anotador, para reivindicar incluso a esa especie de armario denominado Brian Zoubek, que aún por encima de su tosquedad se habrá garantizado ya por muchos años un buen sueldo en la mejor de todas las ligas posibles. Sobre todo, ganó Duke para reivindicarse a sí misma, para callarles (callarnos) la boca y la tecla a todos aquellos que dijeron (dijimos) en algún momento de la temporada que estos Blue Devils estaban sobrevalorados, para darnos en las narices por no haber creído en ellos, para recordarnos que, más allá de rankings, impresiones subjetivas y demás zarandajas, el mejor equipo es precisamente aquel que se proclama campeón, por definición. Ganó Duke, nada que objetar.

Ganó Duke pero no perdió Butler, por paradójico que ello pueda parecer. Y no hablo de campeón moral ni devencedores morales, no por dios, campeón sólo es Duke y está muy bien que así sea, el mejor sólo es uno, el segundo nunca dejará de ser el primero de los que pierden aún por muchos apellidos morales que queramos ponerle. No, lo de Butler es algo más y algo menos que todo eso, Butler no precisa de disfraces morales para ocultar cómo se rasga las vestiduras, Butler sencillamente no tiene vestiduras que rasgarse, nada de lo que avergonzarse, sólo un inmenso, legítimo orgullo en su interior. Un orgullo que está muy por encima de resultados y demás nimiedades terrenales, un punto arriba o dos abajo, un puto aro escupiendo caprichosamente aquellos dos últimos intentos desesperados de Gordon Hayward, apenas un milímetro separando el éxito de esa otra cosa que aquellos que no ven más allá de sus narices acostumbran a llamarfracaso, nosotros no, estos Bulldogs no, de ninguna manera. El marcador dirá que perdió Butler pero es mentira, créanme que es mentira, no se dejen engañar por las apariencias, Butler ganó, ganó algo más importante que un partido, algo mucho más importante incluso que un título: Butler ganó un sueño, ganó el derecho a soñar y a que millones de seres humanos que jamás pisaremos su campus nos permitiéramos compartir durante unos días ese mismo sueño. Aunque los sueños, al final, sólo sean sueños al fin y al cabo…

La historia nos contará que en 2010 la Universidad de Duke ganó su cuarto título universitario nueve años después de que ganara el tercero nueve años más tarde de haber ganado el segundo (el próximo les tocaría en 2019, no sé si los Cameron Crazies estarán dispuestos a esperar tanto). Pero la historia, más allá de meros datos fríos e implacables, también nos contará que este 2010 fue además el año de Butler, sobre todoel año de Butler por encima de cualquier otra consideración. El año en el que una pequeña universidad de un estado norteamericano diferente (recuerden, en los cuarenta y nueve restantes es sólo baloncesto, pero esto es Indiana) osó desafiar el orden establecido, saltarse todas las jerarquías y decir aquí estoy yo, somos losDawgs, quién dijo miedo. Créanselo, el campeón es Duke, así lo dice el palmarés, pero ganar, lo que se dice ganar, ganó también para siempre Butler. De hecho había ganado ya antes incluso de que empezara el partido.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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