el peor baloncesto del mundo   Leave a comment

(publicado el 6 de mayo de 2010)

 

La NBA es la mejor liga de baloncesto del mundo, y lo es porque allí están los mejores jugadores de baloncesto del mundo; luego cabría suponer, por esa misma razón, que allí juegan los mejores equipos de baloncesto del mundo, los cuales practican el mejor baloncesto del mundo… A ver, sí, sí, sí y no, digamos tal vez sí a las tres primeras premisas pero la última póngamela usted en cuarentena, hágame el favor. Es decir, en la NBA hay equipos que no sólo tienen un gran plantel de magníficos jugadores sino que además practican un baloncesto extraordinario, mismamente el otro día al hilo de Ginóbili hablábamos de sus Spurs, acaso sean el mejor ejemplo pero hay unos cuantos más, estos mismos Suns a los que se están enfrentando bien podrían ser otro (aunque su estilo sea radicalmente distinto). Ahora bien, no dejan de ser excepciones que de alguna manera confirman la regla, regla que vendría a decir que hay demasiadas franquicias que no juegan al baloncesto, juegan a otra cosa. Sin ir más lejos, podría cebarme con esos Mavericks de Dallas y de Nowitzki (pobre Nowitzki) que tras hacer una excepcional temporada regular fueron a morder el polvo ante (casualmente) los Spurs en Primera Ronda, pero no haré leña del árbol caído sino del que aún está por caer: de los Cleveland Cavaliers, más concretamente.

Los Cleveland Cavaliers lo tienen todo para ser este año campeones de la NBA: tienen en sus filas a aquél que está considerado unánimemente como el mejor jugador sobre la faz de la tierra (aunque me duela escribirlo, porque cada vez le soporto menos), es decir LeBron, y tienen a su alrededor a un puñado delebrones a cuál mejor: la (presunta) dirección de Mo Williams, la muñeca de Anthony Parker, la aún imponente inmensidad de Shaq, el reciente aterrizaje de Jamison más las impagables aportaciones de suplentes de lujo como Varejao, Hickson, raras veces Ilgauskas, Jamario Moon (que suele estar en la Luna, como su propio nombre indica) y ese Delonte West, una jaula de grillos en verano pero que en temporada no acostumbra a descentrarse jamás. Tienen pues de todo… excepto, quizás, un entrenador. Es decir, hay un señor que dice serlo (y a quien se supone que le pagarán muy bien por ello), se llama Mike Brown, solemos verle ahí de traje y corbata al pie del banquillo. Ahora bien, que ejerza como tal está por ver. Si la mejor manera de medir a un director es ver cómo suena su orquesta, ésta de los Cavs más bien parece una banda, cada instrumentista tocando por libre cuando y como le parece; si decimos que los equipos son un fiel reflejo de la personalidad de sus entrenadores, viendo a estos Cavs casi cabría concluir (aunque suene fuerte) que este Mike Brown no tiene personalidad. Más bien sería un hombre de paja (como solía decirse en las series televisivas de antaño), como si los jugadores no estuvieran a sus órdenes sino él a las de sus jugadores, a las órdenes de un solo jugador para ser más exactos.

Cójase un partido de los Cavs, uno cualquiera, de temporada regular o de playoffs, tanto da, y estúdiese detenidamente su ataque, que en teoría tal vez tenga diseñadas cienes y cienes de jugadas a cuál más compleja, pero que en la práctica se reducen básicamente a tres: A) bola para LeBron, que se la tira o se la machaca (la bola en el aro, entiéndase); B) bola para Mo Williams, que se la juega igualmente; y C) todas las demás, que básicamente suelen ser: C1) si está Shaq en cancha, se la damos y que se las apañe; y C2) si no está, pues ya veremos lo que hacemos. Este humilde bloguero no ha hecho comprobación estadística alguna porque no está en su naturaleza, pero así a ojo de buen cubero casi cabría afirmar que el sesenta por ciento de los ataques empiezan y terminan con la jugada A, el treinta por ciento empiezan y terminan con la B y el diez por ciento restante podrían englobarse en las distintas variantes de C. O dicho de otra manera: no sé si el noventa, pero sí un tanto por ciento elevadísimo de los ataques de los Cavs acostumbran a pasar por un solo jugador, dos a lo sumo. Si esto es baloncesto, que baje dios (el dios que cada uno prefiera) y lo vea.

Claro, me podrán decir (y no les faltará razón) que tan malos no serán si han quedado primeros en temporada regular, si son considerados unánimemente como favoritos para ganar el título. Ciertamente, tan malos no serán pero es que yo no digo que sean malos (más bien todo lo contrario) sino que juegan mal. De hecho, si aún jugando tan mal colectivamente han ganado la regular ha sido precisamente por eso, por lo buenos que son tomados de uno en uno. Pero ay amigo, la regular season es una cosa y los playoffs acostumbran a ser otra muy diferente, tanto más en aquella Liga: ya el año pasado se estamparon en Final de Conferencia ante unos Magic que tampoco es que fueran nada del otro mundo, que simplemente se limitaron a hacer bien lo que sabían hacer a las órdenes de un entrenador que será todo lo histriónico y desastrado que usted quiera, pero que no por ello deja de ser un buen entrenador. Y este año andan de momento estampándose ante unos Celtics cuyas tres principales estrellas más su sexto hombre se encuentran ya al borde mismo de la jubilación, pero que con todo y con eso ya estuvieron a punto de liársela a los Cavs en el primer partido y les dieron un pedazo de baño alicatado hasta el techo en el segundo. ¿Por qué? Porque en Boston tienen lo que en Cleveland no acostumbran a ver ni en pintura: una buena dosis de sentido común, un toque de criterio y un señor llamado Glenn Doc Rivers que al Mike Brown éste le da no ya cien sino doscientasmil vueltas como técnico.

Claro está, todo ello no quiere decir que los Cavs no puedan acabar cargándose finalmente a estos achacosos Celtics, y que no sean también capaces de vengarse seguidamente de los Magic, y hasta de arrasar a quien les pueda llegar por el otro lado del cuadro en la (supuesta) Final, todo eso puede pasar, claro, al fin y al cabo ya podrán teniendo a ese hombre biónico en sus filas, mala bestia que no sabe perder ni ganar ni estar ni tratar a compañeros y rivales como iguales en vez de como inferiores, pero que no por más insoportable resulta menos imparable. Y que no está solo, no podrá quejarse, este año Danny Ferry le ha rebozado de estupendos lebrones a su alrededor (aunque luego no haya jugadas para ellos, como le sucede al pobre Jamison). Podrán ser campeones, no digo yo que no (aunque yo no apostaría necesariamente por ello), pero no será por baloncesto, será más bien por otra cosa; podrán colgar del techo de The Q esa pretenciosa escarapela de campeones del mundo, pero eso no evitará que algunos ignorantes, desde la otra punta del mapa, sigamos aún pensando que practican el peor baloncesto del mundo.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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