el suave   Leave a comment

(publicado el 29 de marzo de 2010)

 

La primera vez que le vi pensé que no parecía yugoslavo (permítanme si son tan amables la utilización de este gentilicio, hoy en desuso, pero que resulta muy socorrido para lo que pretendo explicar). Llevamos toda una vida viendo y recibiendo a jugadores de la antigua Yugoslavia, serbios, croatas, montenegrinos, macedonios y demás familia balcánica, pero que todos ellos, aún por encima de sus evidentes cualidades baloncestísticas, presentan casi siempre un denominador común: ese gesto altivo, ese aire de suficiencia, de superioridad, de ir de sobrados por la vida, ese mirarte siempre por encima del hombro (independientemente de cuál sea su estatura), esa apariencia de estar curtidos en mil batallas así tengan ya treinta años o sólo diecisiete, tanto da, ellos lo aparentan lo mismo. Se ve que la cosa empieza ya desde el mismo momento del parto (no sé si antes incluso), baste con recordar aquel proverbio serbio que tanto le gustaba utilizar a Boza Maljkovic, si quieres dar mimos a un niño, dáselos cuando duerme. Así les crían y así salen luego, tipos duros, de esos que ya marcan el territorio con sólo mirarte. Luego podrán salir mejores o peores jugadores de baloncesto (mejores, generalmente), pero así de entrada es evidente que tienen ya mucho ganado.

Y sin embargo, la primera vez que vi a Ante Tomic pensé que no parecía yugoslavo. Qué duda cabe, lo es, croata para ser más exactos, luego habrá de ser entonces la excepción que confirma la regla: esa impagable cara de buen chaval, de no haber roto jamás un plato en su vida, de no decir nunca una palabra más alta que otra, ese aire casi como de pedir permiso para estar donde está, que claro, nos faltó el tiempo para ponerle la etiqueta, uy éste, mírale, pues no debe ser blandito ni nada, fíjate, si está más tierno que el día de la madre, anda que de dónde habrán sacado éstos a esta criatura, ya ves tú, hay que ver las tonterías que hace el Madrid, ya verás, otro Sinanovic, otro Dasic, otro

Las apariencias engañan. No sé cómo ni dónde ni cuándo ni de qué manera continuará o acabará la carrera de Tomic (por cierto, drafteado por los Jazz en 2008, puesto 44, por ahora no parece que estén muy pendientes de él); sí sé que a día de hoy, apenas un par de meses después de su llegada, ya en nada se parece esa carrera, no digo ya a la de los mentados Sinanovic o Dasic, es que ni siquiera a la de Velijkovic. Lo que son las cosas, ahí anda el ex del Partizan medio caído en desgracia, participando unos días y desapareciendo otros, aún intentando tal vez encontrar el equilibrio entre las oportunidades que le dan y las broncas que le echan, entre lo bueno que le sale y lo malo que le reprochan. Y en éstas que llega Tomic cayendo en gracia desde el principio, adelantando por la izquierda a todo dios, un día diez minutos, al siguiente le dan veinte, al otro treinta y hoy ya no es que le den treinta, hoy es que ya no le sacan del campo ni con agua caliente. Pero vamos a ver, pero si es un tirillas, pero dónde va el Madrid con eso, si va a ser el hazmerreír de Europa, a ver cómo pones a este tío a fajarse con los Schortsianitis y los Bourousis si con esa cara no puede intimidar ni a los de la mopa, por dios, dónde quedó aquello de la mirada del tigre, pero fíjate, si hasta parece que fuera a descuajaringarse, a ver qué puede darte ese alfeñique que no te lo vaya a dar cualquier otro, cualquiera de esos otros con músculos en el cuerpo y con sangre en las venas

¿Qué te va a dar? Mejor digamos qué te está dando, qué te va a seguir dando. Si el baloncesto fuera sólo físico (como cada vez se tiende más a considerar, quizá por contaminación de la peor escuela norteamericana), si no se llamara baloncesto sino lucha libre, entonces, qué duda cabe, Ante Tomic no se comería una rosca. Esto es como aquello otro, el tamaño sí importa, claro que importa, pero importa mucho más lo que haces con él. Y Tomic, que de músculos andará escaso pero de centímetros anda sobrado hasta decir basta, los utiliza que es un primor. Porque Tomic, por encima de cualquier otra consideración, es un jugador de baloncesto en estado puro, una sobredosis de fundamentos en el puesto de pívot como no encontrábamos otra desde… Qué sé yo. Se tiende a compararlo con Pau Gasol, lo habremos escuchado ya como veinte o treinta veces desde que llegó. Y es bien cierto que físicamente recuerda mucho a aquel Pau pre-NBA que destrozó al Madrid una vez tras otra, hará ya como nueve años. Pero hasta ahí; porque ahora ya no nos acordamos, pero aquel Pau era más cuatro que cinco (y hasta con hechuras de tres, si me apuran), aquel Pau atacaba casi siempre la canasta de fuera a adentro, aquel Pau si se lo proponía te podía matar también desde el exterior. Luego sí, llegó a Memphis, le pidieron que ejerciera de cinco y el resto es historia, y hoy es cuatrocinco y lo que le dé la gana dependiendo de lo que sea menester. No así Tomic. Tomic (yo lo veo así, al menos) es un cinco puro, un cinco de libro aunque no tenga cuerpo de cinco, tanto da. Flacucho, delgaducho, alfeñique, lo que ustedes quieran, pero es verle evolucionar de espaldas al aro y caérseme las lágrimas, todo en uno.

Y te pivota una y otra vez, y te la clava en gancho una vez tras otra pero además resulta que tiene tambiénmanita desde tres o cuatro metros, además desde su atalaya te tapona también lo que haga falta, además… No, evidentemente no es un prodigio de intimidación, no es una fuerza en el rebote, no es un tipo duro pero cuidado, no vayamos a confundir dureza física con dureza técnica, y aún menos con dureza mental: nadie habría tenido más motivos que él para inhibirse, para acojonarse incluso la semana pasada en el Palau; nadie más tierno, nadie más inexperto. Y no es ya que no se inhibiera (mínimo exigible), no es ya que ni tan siquiera se achantara, es que hasta se engrandeció el tío, se comió la presión con patatas para luego devolvérsela (corregida y aumentada) al rival, se convirtió en una ecuación que los pívots blaugranas no encontraron la manera de resolver. El recién llegado, el que apenas iba a jugar hasta que aprendiera, el que iba a ser otro Dasic de la vida y ahí le tienen, casi convertido de repente en el jugador más imprescindible de su equipo. Pero vamos a ver, pero no habíamos quedado en que con ese cuerpo, con esa cara… No nos equivoquemos, no colguemos etiquetas gratuitamente, no confundamos blandura con suavidad: Tomic parecerá blando pero de blando no tiene un pelo, basta con verle jugar para comprobarlo; Tomic es (en todo caso) suave, parece casi lo mismo pero no es lo mismo, tiene esa cualidad que acaso sea la más difícil de todas, suavemente te mata con su juego, sin ruido, sin aspavientos, con total y absoluta sencillez. Las apariencias engañan, una vez más.

Anuncios

Publicado octubre 28, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: