estudio sociológico   Leave a comment

(publicado el 12 de abril de 2010)

 

No estaría de más que un día de éstos la Euroliga, cumpliendo escrupulosamente con su importantísima labor social como no podría ser menos tratándose de tan magna institución, realizara un pequeño estudio sociológico. No estaría de más que repartiera encuestadores por todas esas canchas de dios (o de quién sean), más concretamente por las veinticuatro canchas que acogieron en su seno partidos euroligueros en la presente temporada, realizando a sus espectadores un sencillo a par que ilustrativo cuestionario: a ver, caballero, por favor, tenga la bondad de decirme, así sin pensarlo demasiado, los jugadores que recuerde del Regal FC Barcelona, flamante finalista (a cuatro) euroliguero… Y hasta en el último confín del Continente (hoy Carrefour) cualquier aficionado medio que se precie de serlo recitaría de un plumazo, a ver, Navarro, Rubio, Lorbek, Vázquez, Mickeal, Morris, Basile y así hasta el infinito (y más allá). Repítase seguidamente la experiencia con el Olympiacos, y ahí tendríamos de nuevo a nuestro aficionado europeo medio con la retahíla de costumbre, Papaloukas, Childress, Vujcic, Schortsianitis (bueno, en este caso diría más bien Baby Shaq o hasta incluso el Gordo ese, tampoco exijamos tanta precisión), Bourousis, Teodosic, Kleiza… Continúese con el CSKA de Moscú, y de nuevo nuestro sufrido aficionado (medio, no lo olvidemos), acaso ya un poco hasta los mismísimos, se armaría de paciencia una vez más y recitaría cual papagayo Holden, Planinic, Langdon, Siskauskas, Khryapa, Kaun, Vorontsevitch… Y ya para terminar, si no le es mucha molestia, por favor, recíteme usted unos cuantos jugadores, los que recuerde, del cuarto eurofinalista a cuatro, es decir, del Partizán de Belgrado, y es justo entonces cuando a nuestro aficionado (siempre y cuando no viviera en los alrededores de la Pionir, claro está) se le pondría cara de estreñido en pleno trance, ese típico gesto que se te pone cuando quieres acordarte de algo que jamás supiste, y tras interminables segundos de vacilación finalmente exclamaría, ah, sí, Tepic, Tripkovic, Velijkovic, Pekovic, ay, no, espere, si esos ya no están, si este año eran otros, a ver si me acuerdo, sí, está el entrenador, el calvo ese, ¿Vujosevic?, y sus jugadores, pues

Hasta aquí nuestro estudio sociológico (no, no pretendo con esta memez insultar a la sociología, líbreme el cielo; es simplemente por llamarlo de algún modo). Acaso usted, avezado lector, ya se estará imaginando que con toda esta tontería sólo pretendo glosar, una vez más, las virtudes de esa misma institución a la que ya tuve a bien poner por las nubes hará un par de años (dos años exactos, concretamente el 12 de abril de 2008, también es casualidad). Entonces escribí (entre otras cosas) que Partizán volverá el año que viene, con éstos o con otros, y hará de nuevo un estupendo papel. Hoy su factoría ya estará fabricando esos productosque nos encandilarán mañana cuando los veamos en el escaparate. Y así sucesivamente, año tras año, generación tras generación Dicho y hecho. Un año después ya no estaba Pekovic pero sí el resto, y aún nos volvieron a encandilar; pero dos años más tarde, de aquellos cuatro mencionados más arriba ya no quedó ni dios, entraron a la Euroliga como carne de cañón, ya verás tú éstos, si les han desplumado como tantas otras veces, ganarán algún partido en casa y punto pelota, este año el Top16 ni lo huelen, como si lo viera… Y olieron el Top16, y saborearon los playoffs, y del 7 al 9 de mayo se devorarán la Final Four de París. Y confiese usted conmigo, amigo lector, que si hace apenas dos meses nos hubieran preguntado qué equipos llegarían a la cita parisina, tal vez habríamos podido acertar al Barça, al Olympiacos, probablemente también al CSKA, y que muy probablemente habrían aparecido también en nuestras apuestas Panathinaikos, Maccabi, Madrid, Baskonia, Montepaschi y hasta Efes Pilsen si me apuran, cualquiera casi antes que el Partizán. Ello siempre y cuando nos lo hubieran preguntado hace dos meses, porque si nos lo hubieran preguntado, qué sé yo, pongamos en octubre, entonces ya no es que no hubiéramos acertado, entonces es que ya directamente nos habría dado la risa sólo de pensar en la (im)posibilidad de que este equipo serbio, recién vaciado de todas sus estrellas, pudiese siquiera aspirar a algo más que competir dignamente en Europa.

Ya, pero ¿quiénes son estos tíos? Supongo que serán muchos los culpables de que esta Institución se regenere una y otra vez, año tras año, pero ustedes me van a permitir que desde la distancia (es decir, desde la ignorancia) haga yo hincapié (famoso ciclista) en el único que conozco, el más público de todos ellos, ese señor calvo y (a veces) despechugado que solemos ver año tras año echando el resto en los banquillos, de nombre Dusan Vujosevic por más señas. Escribía hace algunas semanas Miguel Ángel Paniagua (refiriéndose a otro maravilloso entrenador que no se le parece en nada, el técnico de la Universidad de Butler Brad Stevens) que la mejor forma de evaluar a un director de orquesta es escuchar como suena su orquesta. Vujosevic no es un entrenador, digamos, estético: ese look de cabreo permanente, ese estar siempre al borde de un ataque de nervios (pero ojo, al borde, sin que ese borde llegue a traspasarse nunca), ese sudar la camisa tanto o más que sus chicos la camiseta, esa constante presión sobre los árbitros que tan buenos réditos rinde bajo el opresivo ambiente de la Pionir, sí, todo lo que ustedes quieran, pero su orquesta toca con pasión desmedida, suena que es un primor y lo que resulta aún más asombroso, sigue sonando tanto o más primorosamente aunque le cambien los instrumentistas de un año para otro, aunque todos esos Pekovic, Velijkovic, Tepic o Tripkovic (y por no ir más atrás todavía) sean ya historia, aunque los (más o menos) nuevos se llamen Bozic, Maric (y pensar que en Granada parecía un tronco), Vesely, Dekic, Rasic…

¿Que no los conoce? Bueno, tampoco se preocupe demasiado, pero permítame que antes de acabar le cuente una pequeña historia: si hace dieciocho años hubiésemos hecho otro (presunto) estudio sociológico, tampoco nadie en Europa habría sido capaz de recitar de carrerilla aquella otra relación de partisanos recién aterrizada en la Final Four de Estambul, si bien por aquí jugábamos con ventaja y ya empezábamos a hacernos una ligera idea gracias a que el Partizán de aquel año no había sido de Belgrado sino de Fuenlabrada por esas cosas de la guerra; aquella panda de desconocidos, Djordjevic (aún con su buena mata de pelo negro), Danilovic, Rebraca, llegaba además de la mano de un técnico aún más novato que ellos, el otrora gran base Zeljko Obradovic, recién colgadas las botas, recién vestido de traje para la ocasión. Huelga decir que ni dios daba un duro por ellos, huelga aún más decir cómo acabó la historia, si usted lo vivió no lo habrá olvidado, si aún no tenía edad para vivirlo no le resultará difícil imaginarlo (y si esto le pilla cerca de Badalona, seguro que ya se lo habrán contado). Claro, me dirá usted que éstos no son aquellos, y que ayer es ayer y hoy es hoy, que ambas situaciones no pueden compararse, que en aquel entonces la igualdad era mucho mayor (baste decir que aquella Final Four no sólo la jugó la Penya sino también el Estu, algo impensable hoy en día), que aún no había portaaviones como este Olympiacos que más bien parece una selección mundial, todo lo cual será cierto, por supuesto, nada que objetar. Pero es curioso, parece que de un tiempo a esta parte nos estemos acostumbrando a la cosa ésta del David vs. Goliat, y si ver a Butler en la F4 universitaria ya casi nos parecía un milagro, ver al Partizán en la F4 euroliguera más bien nos parece milagro y medio; y aquel deportivo pero éste económico, que todo el presupuesto del Partizán acaso quepa en la ficha de un solo jugador de Olympiacos, que comparar Partizán con Olympiacos vendría a ser como compararme a mí con Botín poco más o menos (ligera exageración). Y sin embargo, créanme, cuando el próximo 7 de mayo a las 9 de noche salten a la cancha serán sólo cinco contra cinco: yo que usted no me lo perdería (independientemente de lo que haya hecho el Barça en el partido anterior), no sólo para salir a flote si algún día se ve envuelto en otro (supuesto) estudio sociológico sino también, y sobre todo, para que dentro de unos años pueda contar cómo un día de mayo de 2010 vio nacer, crecer y consagrarse a otra nueva (enésima) generación partisana.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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