la caja trágica   Leave a comment

(publicado el 5 de mayo de 2010)

 

Decíamos anteayer que el Madrid en breve plazo cambiará la vista por la caja, la alegría por la magia, y no es que pretenda yo pasarme la semana entera hablando del equipo blanco (no vaya esto a acabar pareciéndose al As o al Marca), pero sí creo que un comentario tan estúpido como ése bien merece alguna explicación. Procedamos a ello, pues.

Allá por la última década del pasado siglo, el Real Madrid, sección baloncesto, vivía inmerso en una sorprendente paradoja: era (y es, y seguirá siéndolo para siempre jamás, al parecer) el equipo ACB que mejores audiencias televisivas generaba, con muchísima diferencia sobre el siguiente; pero era también (e igualmente con muchísima diferencia sobre el resto) el equipo ACB que menos público llevaba a su pabellón. Algún lector sumamente joven no acabará de creerse lo que digo, pero puedo asegurarles que hubo partidos decisivísimos, no ya de la liga doméstica, hasta de la europea, que a duras penas lograron reunir a dosmil personas en el viejo Palacio de los Deportes. Era tal el ambiente de desolación que el Madrid se vio obligado a plegar velas, huir del Palacio antes incluso de que éste se quemara, recuperar para la causa su viejo y minúsculo Pabellón de la Ciudad Deportiva, conveniente rehabilitado para que al menos le cupieran cincomil almas (mínimo exigido por la ACB) pero ni por esas, aquello tampoco se llenaba ni regalándolo siquiera (ligera exageración). Parecía que aquello no habría dios que lo arreglara… Craso error, que ya me lo decía un profesor de religión, allá por mi terrible infancia, que Dios escribe derecho con renglones torcidos (que yo pensaba, joder, pues si tan poderoso es, ¿no le resultaría más fácil enderezar los renglones?Afortunadamente nunca caí en el error de expresar dicho pensamiento en voz alta): prodújose el advenimiento de Don Florentino, que tal vez no fuera dios pero sí un ser superior que para el caso viene a ser lo mismo, Florentino es dios y Butragueño su profeta casi cabría decir. Al susodicho la cosa esa de las canastas mayormente se la sudaba, pero la cosa de los dineros le traía a mal traer, conseguir liquidez como fuera para tapar agujeros y poder seguir fichando ronaldos (cristianos o sin cristianar, tanto da), así que para solucionarlo optó por lo que todo promotor inmobiliario acostumbra a hacer en similares circunstancias, es decir, pegar un pelotazo urbanístico de padre y muy señor mío con la complicidad de las administraciones públicas. Demolió la Ciudad Deportiva con todo lo que había dentro (Pabellón incluido), construyó cuatro pedazo de rascacielos que en los días claros se atisban casi desde Burgos y aquí paz y después euros, mire usted. Claro está, entretanto el equipo de baloncesto debió de buscarse otra casa, a la fuerza ahorcan, y, tras alguna parada técnica en sitios tan insospechados como el Centro Comercial Parque Corredor de Torrejón de Ardoz, finalmente asentó sus reales en el coso taurino de Vistalegre.

Claro está que acaso usted, lector de fuera de Madrid, probablemente no sabrá que Vistalegre era el nombre por el que se conocía popularmente a la oficialmente llamada Plaza de Toros de los Carabancheles, recinto al aire libre que allá por los últimos setenta y primeros ochenta del pasado siglo se encontraba en un estado semiruinoso, teniendo ya casi como única utilidad el servir de cobijo a los más afamados mendigos del distrito. Y así continuó hasta que un día los poderes públicos se pusieron a la tarea, la reformaron de arriba a abajo, la cubrieron a modo de platillo volante y le adosaron abajo un parking y al lado un Hipercor que siempre queda mono. Ahora bien, nadie habría pensado jamás en ella como recinto deportivo de no haber sido por aquel aciago día de junio de 2001 (el mismo en el que Gasol fue escogido en el draft, por cierto) en el que fue a incendiarse el viejo Palacio de los Deportes de la calle Goya. El Madrid ya había huido tiempo atrás pero Estudiantes aún seguía allí y ahora de repente se encontraba sin casa donde jugar, lo que dio lugar a barajar toda clase de opciones más o menos demenciales (tampoco podía ser de otra manera), tales como marcharse al extrarradio, habilitarle un pabellón del recinto ferial de IFEMA o la que parecía menos descabellada, habilitarle el coso taurino carabanchelero, aún con callejón y burladeros en aquellos primeros tiempos. Dicho y hecho, el Estu aterrizó en el Japiviú (como raudamente le rebautizó la Demencia) y el no-madridismo del sur de Madrid, poco acostumbrado a espectáculos deportivos de primer nivel, acudió como un solo hombre y una sola mujer al reclamo de aquella campaña de abonos que afirmaba irónicamente queeste año nuestras gradas arderán (de pasión). El éxito sorprendió a la propia empresa, de un plumazo Estudiantes se convirtió en el equipo de baloncesto con más abonados de toda Europa, hito histórico sin precedentes al que sucedió aquel otro de la final liguera de 2004…

Todo ello demasiado bonito para ser verdad, claro. Al Estu le vendieron las presuntas bondades de otro nuevo recinto mucho más moderno, pequeño y acogedor, el antiguo Rockódromo (para conciertos de rock, entiéndase) de la Casa de Campo ahora repentinamente reconvertido en Madrid Arena, y mientras tanto Vistalegre se quitó el traje azul y se vistió de blanco en un abrir y cerrar de ojos. Y entonces, oh prodigio, oh maravilla, el mismo Madrid que antes a duras penas era capaz de meter tresmil tíos/as en cualquier otro lugar, pasó aquí a promediar no menos de sietemil almas. En realidad no había sucedido nada extraordnario, simplemente se había reproducido el anterior fenómeno estudiantil, sólo que ahora protagonizado por el madridismo del sur de la ciudad, igualmente poco acostumbrado a espectáculos deportivos de primer nivel y aún menos a tener cerca de casa al equipo de sus amores. Y todos fueron felices y comieron perdices, el Madrid por fin estaba donde le querían, el madridismo sureño por fin tenía a sus ídolos a un palmo de casa, y si esto fuera un cuento ahora entonaríamos el colorín colorado pero esto es la cruda realidad, mire usted. Aquello del si funciona no lo toques debe estar obsoleto, mejor apliquemos el si funciona jódelo: el Real Madrid cambia Vistalegre por la Caja Mágica.

Pero claro, si usted me lee desde Puentedeume, Arguineguín o Villafranca de los Barros pongamos por caso, tiene perfecto derecho a no saber qué es eso de la Caja Mágica, así que permítame que se lo explique: la Caja Mágica, espectacular proyecto arquitectónico del francés Dominique Perrault, fue diseñada para acoger la competición de tenis de los Juegos Olímpicos de Madrid 2012, y fue posteriormente construida para acoger la competición de tenis de los Juegos Olímpicos de Madrid 2016. Pero como no tendremos Juegos ni en 2012 ni en 2016 ni en 2032 ni en 4064, pues hete aquí que el Excelentísimo Ayuntamiento tiene a su disposición una instalación supermodernísima de la muerte, pero no tiene ni la menor idea de qué hacer con ella. Es decir, supongo, quiero suponer, que sí sabrán qué hacer con las doce, catorce o dieciséis pistas pequeñas, quiero pensar que habrá allí un centro tenístico de alto rendimiento funcionando a pleno rendimiento como su propio nombre indica. Pero qué hacer con la pista central, he ahí el problema: pues ya está, metamos a los del baloncesto no vaya a ser que estén tres años seguidos en el mismo sitio y se acostumbren. Lo intentaron con el Estu y no coló, lo intentaron con el Madrid y coló de inmediato. Ellos sabrán.

Claro que el lector de Puentedeume, Arguineguín etc etc (en el improbable supuesto de que aún no haya huido despavorido) se preguntará legítimamente qué problema hay, por qué la Caja Mágica va a ser necesariamente peor que el Japiviú. Veamos: Vistalegre está en el extremo Sur pero la Caja Mágica está aún mucho más allá, al Sur del Sur como si dijéramos. Vistalegre está justo en medio de un inmenso barrio de más de medio millón de habitantes mientras que la Caja Mágica está exactamente en medio de la nada, rodeada de autovías de circunvalación y autopistas radiales más algún que otro núcleo chabolista en las inmediaciones. A Vistalegre se puede llegar perfectamente andando, a la Caja Mágica probablemente también, y ello habrá de suponer además un subidón de adrenalina adicional al partido, muy especialmente indicado para todos aquellos que gusten de emociones fuertes. A Vistalegre se puede llegar perfectamente en transporte público, a la Caja Mágica probablemente también (parece ser que han puesto una boca de metro relativamente cerca, ya otra cosa será atravesar de noche el descampado del metro al pabellón, o viceversa) pero la cosa no debe ser tan fácil, un buen amigo aficionado al tenis me contaba que para el Open de Madrid pusieron el año pasado un servicio especial de autobuses desde la plaza de Legazpi, que como recurso de emergencia puede estar bien para un evento de esas características, con flujo de espectadores yendo y viniendo durante todo el día, pero que para un partido de baloncesto, docemil tíos/as entrando y saliendo todos a la vez, puede ser más bien un caos. ¿Aún más? La eficacia de Vistalegre como recinto adecuado para el baloncesto está ya sobradamente demostrada, la eficacia de la Caja Mágica está aún por ver, parece ser que se estrenará el próximo 22 de agosto con ese España-USA preparatorio para el Mundial (partido que no dejará de ser un mero amistoso, por más que algunos medios se empeñen en vendérnoslo como si fuera la Guerra de de los Mundos). Y por si todo esto fuera poco, en Vistalegre tienes sede inamobible para todo el año, hasta el calendario taurino parecía adaptarse a las necesidades baloncesteras, mientras que en la Caja Mágica en cuanto toque el Open de Madrid ya te puedes ir mudando: suele ser en mayo (del 7 al 16 de mayo será este año, ya mismo como quien dice), es decir que la mudanza les habrá de coincidir con los momentos más decisivos de la temporada, última jornada de la Regular o primeras de playoffs. Todo ventajas, ciertamente.

También tendrá cosas buenas, supongo: la Caja Mágica entusiasmará a la ACB ya que se corresponde plenamente con su eslogan, tiempo de magia (todo será que para el año que viene lo cambien). Y probablemente gustará también a aquellos que acostumbran a llevar el coche a todas partes, más que nada porque ahora ya no tendrán que callejear por las estrecheces carabancheleras (ya otra cosa será que los accesos desde las emes al nuevo pabellón sean también mágicos, no vaya a ser peor el remedio que la enfermedad, no vayan a ejercer de cuello de botella con varios miles de coches entrando y saliendo todos a la vez…). Pero será más bien trágica para aquellos que denominaríamos aficionados de a pie, los que acostumbran a moverse en bus o en metro, no digamos ya los que acostumbran a llegar andando al pabellón. Más de uno y más de dos (mil) se bajará del barco, y no diré yo que el Madrid vaya a volver a su promedio de hace quince años, no lo diré porque hoy las circunstancias son distintas, hoy la sección tiene un grupo consolidado de seguidores que antes no tenía (o no lo parecía), fieles aficionados muy capaces de seguir a su equipo hasta la quinta puñeta aunque ello les supusiera tener que vadear el Manzanares en el empeño. No, definitivamente no caerán a los dosmil de media de aquellos oscuros noventa, pero que se les quite igualmente de la cabeza repetir los siete u ochomil que venían haciendo en Vistalegre aún en las citas más anodinas del calendario. Y qué quieren que les diga, a mí como no-madridista me debería dar igual, pero como aficionado al baloncesto me parece que nuestro deporte no está precisamente tan boyante como para andar desparramando fidelidades a chorros por el camino. Al tiempo.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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