la Cenicienta y el Duque   Leave a comment

(publicado el 5 de abril de 2010)

 

Supongo que estaré enfermo. Supongo que usted como toda persona decente pensaría eso de mí, que soy un puto enfermo, si ahora de repente le dijera que me lo pasé en grande con un partido que acabó 50-52, un partido para más inri disputado por dos equipos que ni me van ni me vienen, dos que me traen o deberían traerme sin cuidado. Sí, supongo que seré un enfermo o aún peor, un purista, uno de esos seres asociales que predican el cerocerismo, apóstoles de la táctica sobre la estética aún capaces incluso de encontrar estética en la mismísima táctica. Dios santo, sólo de pensarlo me tiemblan las piernas, tal vez me estaré volviendo loco, acaso el primer paso para solucionarlo sea precisamente éste, tomar conciencia del problema, asumirlo, reconocer públicamente que disfruté como un enano (¿por qué demonios se utilizará esta expresión?) con esa primera Semifinal Nacional, Michigan State-Butler, puro baloncesto interpretado por dos equipos que son precisamente eso, E-QUI-POS, pongámoslo a la manera de Pepu para expresar que son equipos en toda la extensión de la palabra, nada más y nada menos que eso. El juego como lo inventaron, colectivo y solidario en ambos lados de la cancha, cinco contra cinco como en los viejos tiempos, todos contra todos y que gane el mejor. Ganó el mejor, ganó también el más insospechado. Ganó Butler, una vez más.

La definición de cenicienta empieza a quedarse corta con Butler. Ya no basta con decir que se trata de una pequeña universidad de apenas cuatromil y pico estudiantes, ya no basta con repetir que en la vida se habían visto en otra semejante, que no es ya que jamás hubieran entrado en Elite Eight, no digamos ya en Final Four, que es que no ya Butler sino ninguna otra universidad de esa misma conferencia, de esa semidesconocida Horizon League, había osado jamás ni tan siquiera aproximarse a tan altas cortas. No, a estas alturas el asombro no basta, el estupor ya no es suficiente. Y miren que algo ya nos veíamos venir, algo ya les insinué antes de que todo esto empezara, en aquel post en que me dio por ponderar las virtudes de (entre otros) el maravilloso Gordon Hayward (habrán comprobado que no era para menos), que hasta escribí por primera vez aquella frase, el baloncesto como siempre pensamos que debía ser jugado, luego ya tantas veces repetida… Algo ya nos veíamos venir, pero eso, algo, no todo, no tanto desde luego. Sólo el gran Antonio Rodríguez se atrevió desde un principio a situarlos en Final Four, no fueron pocos los que pensaron que exageraba, hoy ya es evidente que no sólo no exageró sino que hasta se quedó corto. Hoy ya no son sólo F4 sino F2, hoy ya representan la mayor sorpresa de toda la historia del Torneo Final universitario, esto no lo digo yo que al fin y al cabo no soy nadie sino el propio Antonio Rodríguez que algo sabe de esto, de hecho no hay nadie en este país que sepa más de esto, a las pruebas me remito. Así que ahí me tienen a estas buenas gentes de Butler restregándose una y otra vez los ojos, poniendo mucho cuidado en pellizcarse no se vayan a despertar, contemplando asombrados cómo esa reluciente carroza aún sigue allí, sin acabar de convertirse otra vez en calabaza. Colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado…

Porque toda cenicienta que se precie tiene también su príncipe, pero hete aquí que esta vez debe tratarse de una cenicienta moderna, menos interesada en la realeza que en la nobleza, que no quiere príncipe sino duque. Duke. Y llegados a este punto procede ya, qué duda cabe, hacer justicia, por fin dejar de lado todas aquellas zarandajas de semanas atrás, que si estos Blue Devils estaban sobrevalorados, que si eran blandos, que si no sé qué, que si qué sé yo. Dejar por fin de lado hasta las bromas relativas a su técnico, a su eterna pinta de enterrador o a las chorrocientas consonantes de su apellido (mero mecanismo de defensa para no tener que consultar una y otra vez cómo se escribe). Darles por fin todo el crédito que se merecen, reconocer de una vez por todas que nadie ha dominado este Torneo como ellos, sacudiéndose los rivales como quien se aparta a las moscas, llegando hasta aquí sin pasar más apuros que los meramente imprescindibles. El sábado, sin ir más lejos.

Podríamos buscar coartadas, decir que los Montañeros no fueron sino una pálida sombra de sí mismos, que salieron como flanes, que así siguieron hasta que ya no hubo vuelta de hoja, que el asunto aún pasó del drama a la tragedia cuando Da’Sean Butler (lástima de Final Butler vs. Butler) se puso al bies la rodilla y se desparramó sobre el parquet, estremecedor ese Huggins literalmente tirado encima de él, abrazado a él, enjugando con él todas aquellas lágrimas de dolor físico, de dolor anímico por la oportunidad perdida, hasta de dolor económico por esa presunta carrera NBA tal vez también echada a perder… Pero no hay coartadas que valgan, por muy ciertas que sean todas ellas: Duke (como bien dijo Bucero) no ha jugado en todo el año como lo está haciendo ahora, Duke ha llegado a este momento de la temporada jugando precisamente su mejor baloncesto de toda la temporada; no podrían haber encontrado un momento mejor. Lo tienen todo de cara, la historia, la tradición, la experiencia, la sabiduría y hasta el calendario: fueron campeones en 1991 y 1992 (Grant Hill, Bobby Hurley, Christian Laettner), volvieron a serlo en 2001 (Shane Battier, Mike Dunleavy, Carlos Boozer) luego de acuerdo con esa secuencia les tocaría de nuevo en 2010. No, a día de hoy no veo a estos Singler, Scheyer o Nolan Smith (más Zoubek, Thomas, los Plumlee y demás familia) al nivel de aquellas otras plantillas, ni de lejos. Pero repito, a día de hoy, vayan ustedes a saber si dentro de unos años no acabaremos valorándolos en su justa medida. Seamos serios, lo tienen todo a su favor, aunque aquellos que de niños (y de no tan niños) nos creíamos los cuentos de hadas aún sigamos empeñados en soñar lo contrario…

Así pues, seamos realistas (aunque no debamos): más allá de Durham (Carolina del Norte), hoy casi todos los aficionados a este baloncesto sobre la faz de la tierra soñaremos con que finalmente la cenicienta se lleve al huerto al príncipe, digo al Duke. Pero los sueños sueños son: mucho me temo que esta noche, pocos minutos antes de las doce (hora del Este de USA), la carroza se nos habrá vuelto a convertir irremediablemente en calabaza, ni aún con toda la cohorte de hadas madrinas agitando varitas (mágicas) a diestro y siniestro para intentar evitarlo. Vale, sí, los cuentos acostumbran a tener finales felices y hasta se comen perdices, todo lo que usted quiera pero esto, mal que nos pese, es el mundo real. ¿O no?

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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