Manute   2 comments

(publicado el 21 de junio de 2010)

No se me da nada bien escribir obituarios, por alguna extraña (o no tan extraña) razón me cuestan más que cualquier otra cosa que escribo. Pero en estos últimos tiempos la vida (o más bien su contraria) no para de darme motivos para hacerlo: ya escribí sobre Wooden, ya debí escribir sobre Belosteny, ya me dispongo a escribir (aunque me duela) sobre Manute Bol (eso en lo tocante a baloncesto, más que nada porque éste aún sigue siendo un blog de baloncesto; que en otros órdenes de la vida -menos mundanos, más literarios- tampoco me habrían de faltar motivos…)

De entrada nos lo vendieron cual si de una atracción de feria se tratara, la mujer barbudael hombre elefante, historias así. Corrían los años ochenta, apenas habían llegado jugadores europeos, aún no había llegado más africano que Olajuwon (pero formado en USA, en la Universidad de Houston, no lo olvidemos) y de repente los Washington Bullets (hoy Wizards) se sacaban de la manga a este tío, lo nunca visto, un juncosudanés de 231 centímetros, acaso el ser humano más delgado y desproporcionado que hayamos conocido jamás. Evidentemente no sabía jugar al baloncesto, evidentemente parecía que iba a quebrarse a cada paso que daba, evidentemente todo aquello no parecía tener la menor importancia. El impacto publicitario precedió al deportivo (por más que él no lo entendiera, por más que él jamás comprendiera a qué venía tanto bombo si ni siquiera era el más alto de su familia, si su abuelo sin ir más lejos medía 2,38), pero su impacto deportivo fue ya mayor en aquel primer año del que muchos alcanzábamos a imaginar: en ataque era una rémora (cuentan que en cierta ocasión, no recuerdo qué entrenador diseñó una jugada para los últimos segundos con él en cancha: explicó detenidamente el papel de los otros cuatro jugadores y finalmente Manute se aventuró a preguntar, ¿y yo, coach?, a lo que éste respondió ¿tú? Tú mantente tan lejos del balón como te sea posible) pero en defensa bastaba con colocarle allí en medio de la zona a modo de árbol, bastaba con que desplegara sus interminables a la par que escuálidas extremidades superiores a modo de ramas para que a los intrépidos que osaban aventurarse hacia la canasta se les apagara inevitablemente la luz. Se infló a poner tapones (aún hoy ostenta unos cuantos récords al respecto, y ello a pesar de que casi nunca fue titular, de que su papel se circunscribió casi siempre a unos pocos minutos), se infló a desviar tiros, se infló a cambiar trayectorias. Pero daba igual, por bien que hiciera lo único que sabía hacer apenas alcanzábamos a verlo como poco más que una rareza exótica, tanto más cuando poco después los Bullets se las apañaron para que compartiera equipo con aquel extraordinario (y nunca suficientemente valorado) base de 1,59 llamado Tyrone Bogues. Y las fotos de ambos juntos (Muggsy apenas le llegaba por el ombligo) dieron la vuelta al mundo, y una vez más la anécdota trascendió a la categoría…

Pero es bien sabido que la NBA da muchas vueltas, y en una de ellas su camino fue a cruzarse (Warriors mediante) con el entrenador más atípico y heterodoxo que imaginarse pueda, A Don Nelson, tan aficionado a buscarse la vida sin pívots, tan partidario de que nadie haga jamás lo que se espera de él, le faltó el tiempo para inventarse un nuevo papel para Bol: el de triplista. En defensa me darás lo de siempre pero en ataque, ya que dentro de la zona no me sirves, probemos a ver qué pasa si te dejamos fuera. Pasó que Manute jamás fue un tirador consumado (otra cosa habría sido un milagro) pero al menos les hizo un apaño, pasó que sus inmensas manos dejaron un buen puñado de triples para la historia, pasó que todo ello contribuyó aún más a elevar su nivel de exotismo. Y entretanto la Liga del talento iba derivando peligrosamente hacia el músculo, y él que nunca tuvo ni una cosa ni la otra fue encontrándose cada vez más fuera de lugar. Sus achaques y sus delicadas articulaciones hicieron el resto, muy poco a poco fue desapareciendo de la Liga con mucho menos ruido del que había hecho al llegar. Un día de repente ya no estaba, sin que supiéramos siquiera cómo ni cuándo se había ido.

Y desde entonces las noticias nos fueron llegando con cuentagotas, y cada noticia que nos llegaba era siempre peor que la anterior. Un día nos contaron que estaba enfermo, sin precisar mucho más; otro día nos contaron que él (que de haber querido lo habría tenido más fácil que nadie para chupar del bote, para apuntarse al carro del poder establecido) eligió comprometerse, ponerse del lado rebelde en los conflictos que asolaban (y asolan, y asolarán) a su país, lo que le valió para que toda su familia sufriera persecuciones, para tener que acabar huyendo de allí con lo puesto; otro mal día nos informaron de un terrible accidente de tráfico (¿o fue un atropello?). Noticias que nos contaban, que procesábamos brevemente, que invariablemente nos llevaban a pensar qué injusta había sido siempre la vida con este tío, como si toda su existencia tuviera que ser tan atípica como su carrera, como si le estuvieran reservadas todas las desdichas. Lo procesábamos brevemente y luego lo olvidábamos, claro, así hasta la siguiente, así hasta que la siguiente ya fue la última: tenía 47 años, aún media vida por vivir (¿por sufrir?); quién sabe, acaso disfrutara de la media vida que vivió, acaso no le tratara tan mal como siempre nos pareció a todos aquellos que la vimos desde fuera. Ojalá.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

2 Respuestas a “Manute

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  1. Impresionante Manute, un gigante del basket. Y mañana nueva temporada, que nos espera? hago intro en mi blog. http://wp.me/2QiOy

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