muerto vivo   Leave a comment

(publicado el 17 de mayo de 2010)

 

Algunos de nuestros más afamados medios deportivos, haciendo gala como de costumbre del más rancio patrioterismo y/o de su más desbocado triunfalismo, llevan ya unos cuantos días vendiéndonos que la Final del Oeste Lakers-Suns va a ser un coser y cantar para los de Los Ángeles, es decir, para los nuestros(aunque sólo uno de ellos sea realmente nuestro, tanto da). Y no es que quiera yo tirar por tierra esa afamada estrategia periodística consistente en vender victorias seguras por anticipado para que luego más dura sea la caída en caso de derrota (véanse titulares previos al próximo Mundial de Fútbol para entender aún mejor dicho fenómeno), pero es que yo desde mi suprema ignorancia no acabo de entender tan desatado optimismo, mire usted. Bien es verdad que esos Lakers otrora titubeantes ante los Thunder llegan ahora como un tiro tras asestar un imponente 4-0 a los Jazz, lo que no deja de ser una barrida en toda regla por más que los de Utah puedan alegar la coartada de que les faltaba un Okur y medio Kirilenko entre otras cosas de menor fuste. Cierto, casi tan cierto como que los de Arizona llegan exactamente de la misma manera, 4-0 a los mismísimos Spurs de Siglo XXI Duncan, Manumanía Ginóbili y Longorio Parker, justo cuando ni dios daba un duro por ellos…

Claro que esto tampoco es una novedad, de hecho estos Suns llevan todo el año (y antes, incluso) sin que nadie dé un centavo de dólar ni un céntimo de euro por sus huesos. Llevan muertos y enterrados desde hace dos o tres temporadas, desde que perdieron el que parecía su último tren: Nash siguió cumpliendo años, D’Antoni se marchó a Nueva York, Porter intentó (inútilmente) cambiarles su idiosincrasia, Gentry le reemplazó a modo de parche, fin de la historia, fue bello mientras duró, ya saben, repitamos de nuevo todos a coro aquella retahíla que solíamos escuchar a comienzos de siglo en Sacramento, jugar así puede resultar muy divertido pero no sirve para ganar títulos, para ganar el anillo tienes que jugar de otra manera… Pues tal vez, no digo yo que no, sólo digo que este muerto está muy vivo, o que (a la manera clásica, si se prefiere)los muertos que vos matáis gozan de buena salud. Allá por octubre los más afamados pronosticadores les situaban fuera de playoffs, allá por abril quien más quien menos les tenía hincando las rodillas ante Portland, a comienzos de mayo todo dios les crucificaba ante los Spurs, a día de hoy aún siguen vivitos y coleando; está bien, puede que no sean favoritos ante los vigentes campeones, pero yo que usted no les enterraría tan deprisa.

¿Qué está pasando? Está pasando, entre otras cosas, que estos Suns (a la vejez viruelas) parecen haber encontrado finalmente el equilibrio. Los Suns de Mike D’Antoni corrían que se las pelaban, corrían que daba gloria verlos, corrían demasiadas veces como pollos sin cabeza, por delante una fiesta, por detrás el culo al aire, la retaguardia desguarnecida (así queda más fino) con más agujeros que un queso de gruyere. Los Suns de Terry Porter se pararon, decidieron que correr es de cobardes, se cubrieron las espaldas, empezaron a aburrir al personal y lo que es peor, a perder partidos, que esto del ritmo pausado no estaba en su naturaleza y aún menos en la naturaleza de Nash. Finalmente los Suns de Alvin Gentry vuelven a correr que da gloria verlos pero eso sí, con comedimiento, con la cabeza firmemente asentada sobre sus hombros. Una fiesta pero ya no un desmadre, alegría toda la que se quiera pero siempre bajo control; claro está, nunca serán el mejor equipo defensivo de la Liga pero quedan ya muy lejos de ser un coladero. Equilibrio, esa cosa tan difícil…

Y algo más, el exilir de la eterna juventud, ése que parece haberse tomado un Steve Nash que cuantos más años cumple más joven parece, cuanto más veterano es más fresco resulta su juego. Ya parece que no esté de moda, ya cuando te hablan de bases sólo salen a la palestra los nuevos, Deron, Paul, Rose, Rondo, próximamente Wall, todo lo que usted quiera pero ver jugar a Nash y ponérsenos el vello de punta es todo uno al contemplar una vez tras otra ese impecable mecanismo de eficacia, elegancia y plasticidad, ese perfecto equilibrio (otra vez esa palabra) entre el base que hace infinitamente mejores a sus compañeros y el base capaz de resolver por sí solo, de ametrallarte y penetrarte con esa sencillez que sólo poseen las cosas extremadamente difíciles, de liártela una vez y otra y todas las veces hasta acabar destrozándote la vida. Sí, alguien le ha debido proporcionar el elixir de la eterna juventud, qué duda cabe, y él además le ha debido dar un traguito a su compañero Jason Richardson, sujeto que fue por libre (sus mates, sus triples fuera de sistema, sus tonterias) durante casi toda su carrera pero que hoy, casualmente a la vera de Nash, resulta de repente un impagable jugador de equipo. Y no un traguito sino un frasco entero le ha debido proporcionar a otro compañero suyo cuya mera mención me obligaría a ponerme de pie, si bien no lo haré por la evidente dificultad que supone teclear en posición erecta: Grant Hill se está cobrando en Phoenix la factura de los cinco años en blanco que se pasó en Orlando, aquel tobillo casi cayéndosele a trozos. Bien merecido tendrá todo lo que se cobre.

Llegan buenas noticias también por dentro: llevaba tiempo haciéndoles el papel de titular uno de los invisibles gemelos Collins, que atrás el hombre hace su trabajo pero adelante es como si me pongo yo, pero hete aquí que ya está listo para reaparecer uno de los bien visibles gemelos López (salidos igualmente de Stanford como los Collins, pero justo hasta ahí llegan las semejanzas), concretamente Robin, que no acostumbra a ser tan bueno como su hermano Brook pero bien que les hace un apaño. Y a su lado, cómo no, la imponente presencia de un Amaré Stoudemire que nunca será un prodigio de inteligencia pero nunca dejará de ser (al menos por ahora) un prodigio fisico. Claro que lo de la inteligencia tampoco habrá de ser un problema, dirá Nash tú no pienses y limítate a meterlas que pensar ya pienso yo por los dos. Y por alguno más, por ejemplo por el ex pívot y hoy afamado triplista Channing Frye, otro a quien Nash se las pone como se las ponían a Fernando VII (¿o era a Felipe II?), se las pone como ningún otro base se las ha puesto ni se las pondrá jamás en toda su vida. Sale del banquillo como del banquillo emerge también el esloveno Goran Dragic, ex baskonista que (hasta donde yo alcanzo a recordar) jamás llegó a lucir la camiseta del Baskonia, que hizo demeritorio en Murcia y que por el camino nos dejó alguna que otra inolvidable actuación desde detrás de su máscara en el Eurobasket de 2007. Dragic progresa adecuadamente, y qué bonito sería poder decir lo mismo de su colega brasileño Barbosa, Leandrinho para los amigos: se le está empezando a poner cara de eso que llaman eterna promesa, lo cual no quita para que aún te la pueda clavar desde más allá del arco cuando menos te lo esperes (es decir, cuando Nash le encuentre abierto). Añadan para la cosa de la intendencia a Jared Dudley por fuera y Louis Amundson por dentro, y a poco que echen cuentas les saldrá una rotación de hasta once jugadores: D’Antoni en playoffs acostumbraba a rotar a ocho como máximo y así pasaba luego, que las criaturas llegaban reventadas a los minutos finales de cada partido, no digamos ya a los partidos finales de cada serie. Con Gentry podrá haber momentos menos brillantes pero el oxígeno en los instantes cruciales está plenamente garantizado.

Dicho todo lo cual, resulta evidente que a partir de esta noche unos y otros se pondrán denodadamente a la tarea de dejarme en ridículo: que los Lakers apalizarán a los Suns, que éstos no verán a los angelinos ni en pintura y que yo me tiraré un buen par de semanas arrepintiéndome de haber escrito este tocho. Así pues, antes de acabar (y para curarme en salud, más que nada) una aclaración: yo no estoy diciendo que los Suns vayan a ganar a los Lakers, ni mucho menos, yo sólo estoy diciendo que no estoy tan seguro como todo el mundo parece estar de que los Lakers vayan a ganar a los Suns. Dicho queda.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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