peor imposible   Leave a comment

(publicado el 14 de mayo de 2010)

Recordarán que hace una semana dediqué un post a los Cleveland Cavaliers, que pretenciosamente titulé el peor baloncesto del mundo. Nada más publicarlo pensé que tal vez me había pasado, que igual se me había ido la mano con el título, que acaso no fuera para tanto, tanto más cuando apenas unas horas más tarde los Cavs (es decir, LeBron) ganaron con suficiencia el tercer partido en Boston recuperando así de un plumazo la hegemonía de la eliminatoria. En cambio hoy, ocho días después, tres derrotas de Cleveland después, ya no es que no crea que me pasé, ya es que más bien creo que me quedé corto. Es decir, con otros jugadores acaso se pueda jugar peor, no digo yo que no, todo es ponerse; pero con el surtido de talentos individuales de que disponen estos Cavs, cagarla más es casi imposible.

No es por casualidad que a día de hoy los cuatro equipos que aún sobreviven en la fauna de la NBA sean precisamente eso, cuatro EQUIPOS. Lakers, Suns, Celtics y Magic podrán tener más o menos egos desmedidos en sus filas pero tienen también (y sobre todo) un (siquiera mínimo) sentido colectivo del juego, esa cosa que en otros baloncestos se nos antoja de lo más normal pero que en la NBA no deja de ser todo un lujo. Cuatro equipos detrás de los cuales casualmente resulta que hay también cuatro entrenadores, cuatro técnicos de verdad, de los que ejercen como tales, Phil Jackson, Alvin Gentry, Doc Rivers, Stan Van Gundy, te podrán gustar más o menos pero nada tienen que ver con tantos otros que se limitan a poner el careto y a darse garbeos con cara de pasmaos por delante del banquillo. No es por casualidad, como tampoco lo es que dos de los cuatro recientemente eliminados, Spurs y Jazz, Popovich y Sloan, pertenezcan también a esa selecta categoría. Y alguno más de entre los que cayeron antes, pongamos aquellos inolvidables Thunder de Scott Brooks o aquellos otros Bucks de Sloan, y casi pare usted de contar. Plantillas inmensas como ésta de los Cavs o como aquella de los Mavs, o jaulas de grillos como aquella otra de los Hawks, se ponen las botas de finales de octubre a mediados de abril porque en temporada regular va todo de carril, con tener buenas individualidades te basta y te sobra, ganas tres días, pierdes uno, te vas dejando llevar y acabas en playoffs casi sin darte cuenta. Pero luego llegan éstos y, ay amigo, lo que entonces te servía ahora ya no te sirve porque ahora de repente resulta que el rival tiene un plan, ya ves tú, quién les mandará a ellos tener un plan, habrase visto tamaño atrevimiento, a ver por qué no pueden dársela todas las veces al bueno para que se la juegue en individual como está mandado… La NBA es y seguirá siendo el paraiso del uno contra uno, pero cuando llegan los playoffs casualmente ganan los equipos. Ahí está la historia reciente para quien quiera comprobarlo.

Digo yo que algún día en Cleveland acabarán entendiéndolo, aunque sólo sea a base de tropezarse una y otra vez contra la misma piedra. Algún día entenderán que LeBron está muy bien para ganar temporadas regulares, para ganar emeuvepés uno tras otro, pero que en los playoffs con LeBron sólo no basta. Claro, ahora me dirán, pero si no está solo, pero si le han construido un plantillón a su alrededor, Mo Williams, Shaq, Jamison, Anthony Parker, Varejao, Delonte West, el lunático Moon, el eterno Ilgauskas, la de dios. Pues tal vez, pero se ve que se les olvidó ponerle una cabeza pensante a la criatura, miren por donde: lo digo por Mike Brown, claro está, ese que dicen que es el entrenador pero que hasta ahora no nos ha dado muestras de que lo sea; pero lo digo también por Mo Williams, prodigioso talento individual para el puesto de base, que sería perfecto si además supiera jugar de base. Lo suyo es otra cosa, es llegar y levantarse sin ton ni son en cuanto se lo pide el cuerpo, venga o no a cuento, con total y absoluta impunidad; tanto da que allí en medio esté Shaq esperando que le alimenten, tanto da que a su alrededor sólo haya pívots verdes que apenas pueden defenderle porque están rebozados de personales hasta el tuétano (como sucedió en los minutos cruciales del humillante quinto partido), no, balones al grande no, por dios qué vulgaridad, si eso es lo que esperan que haga, mejor me la tiro yo y así les sorprendo. Les sorprendió, vaya si les sorprendió, un pedazo de chollo de este calibre a cualquiera le pillaría por sorpresa. Y si a todo eso añadimos que al otro lado de la cancha jamás vio ni de cerca ni de lejos a Rajon Rondo, pues apaga y vámonos. Apague y váyase, más bien.

Y claro, ahora esperarán que yo afile mis fauces y cargue de inmediato contra LeBron, faltaría más. Pues tampoco, que el hecho de que la criatura me caiga como una patada en el hígado (o aún más abajo) no me da derecho a ponerle verde sin ton ni son, tanto menos esta vez que hasta se dignó a quedarse en cancha y felicitar a los Celtics tras la eliminación en lugar de repetir la espantada de hace doce meses en Orlando (es decir, que hizo lo normal, lo que cabría esperar de cualquiera; pero en su caso, dados sus antecedentes, digamos que no estábamos tan seguros). Él solito ganó el tercero, flojeó en el cuarto, se hundió con toda la tripulación en el quinto e intentó arreglarlo a lo bestia (es decir, al más puro estilo LeBron) en el sexto: casi un cuádruple doble, 27 puntos, 19 rebotes, 10 asistencias… y 9 pérdidas. Medio equipo, para lo bueno y para lo malo. Si está bien los Cavs estarán bien, si está mal los Cavs estarán mal, sin vuelta de hoja, sin que quepa imaginar ninguna otra posibilidad. Las comparaciones son odiosas, pero comparemos por un momento la dualidad LeBron/Cavs con la dualidad Kobe/Lakers: Bryant puede tener un mal día, de hecho ha tenido unos cuantos en estos playoffs; y su equipo lo acusa, claro está, cómo no habría de acusarlo, pero ello no habrá de significar que pierda necesariamente el partido, más bien al contrario, de hecho algunos de sus jugadores han ido a mostrar su mejor versión precisamente en ausencia de Kobe. Será porque los Lakers tienen un técnico que es sobre todo un prodigio en aspectos motivacionales, será también porque los Lakers tienen jugadores que además de buenos son inteligentes: sobre todo Pau, pero también Odom, Fisher… (no, Bynum no tanto y Artest ya no digamos, qué le vamos a hacer, no se puede tener todo en esta vida). Ahora bien, esa reacción del equipo cuando falla el líder es absolutamente impensable en Cleveland: si falla LeBron allí no hay dios que acuda a sacarle las castañas del fuego, ni individual ni aún menos colectivamente. Un puto caos.

Total, que ahí están esos Celtics que fueron un espanto durante tres cuartas partes de la Regular, esos mismos Celtics a quienes muchos sagaces pronosticadores daban por perdida su eliminatoria de primera ronda ante Miami, no digamos ya ésta ante Cleveland, y que ahora de repente ahí los tenemos encaramados en la mismísima Final del Este. Garnett, Pierce, Ray Allen, Rasheed Wallace, hasta muy de vez en cuando Finley, tipos ya viviendo su tercera o cuarta juventud, repentinamente guiados a buen puerto por un base hiperactivo y aparentemente anárquico pero que mejora de día en día, de segundo en segundo, y que ya hasta llega a recordarnos ligeramente a Nash en alguna de sus entradas a canasta; y por un entrenador que ya ganó un título en 2008 al calor de un extraño grito de guerra africano, ubuntu, que apelaba precisamente al espíritu de equipo, nadie gana si no ganamos todos, de nada sirve un éxito individual si no viene acompañado por el éxito colectivo. La idea parece sencilla, a poco que en Cleveland miren a su alrededor descubrirán con sorpresa que aquellos que triunfan son precisamente aquellos que la aplican. Quizás algún día acaben por darse cuenta, quizás algún día fichen a un entrenador (incluso), quizás hasta fichen un base que no sólo diga que lo es sino que además lo sea, quizás ese día descubran, como en aquellas pancartas, que otro baloncesto es posible… Quizás para entonces ya no esté allí LeBron para comprobarlo.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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