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(publicado el 22 de junio de 2010)

 

Le dieron el balón a falta de seis o siete segundos para el final, y él, como es de esos escasos jugadores que tienen la funesta manía de pensar, se tomó apenas unas décimas para analizar la situación. Y a mí (que en muy raras ocasiones también padezco esa misma manía), a mí que tanto me daba que ganara uno u otro, ahí bien repantingado en mi sofá, en ese mismo instante me salió del alma un ¡¡¡para dentro!!!, que traducido vendría a ser: perdéis de dos, ataca el aro que eso tú lo haces como nadie, asumes riesgos claro está, un tapón, una falta en ataque, pero las probabilidades de éxito siempre serán mucho mayores que si buscáis un tiro de fuera, en condiciones normales sacarás o canasta o falta, una de dos… Sacó las dos. Pensó lo mismo que yo… o sería mucho más correcto (y mucho menos pretencioso por mi parte) decir que yo pensé lo mismo que él, él que se la jugaba, él que estaba a miles de revoluciones por segundo pero que tuvo la clarividencia suficiente para ver exactamente lo que había que hacer en ese momento, él que se fue hacia canasta como sólo él sabe hacerlo, él que la incrustó en el aro sin que le moviera ni un ápice el enganchón de Morris, dos más uno, tanto mejor; él que vio venir a todos sus compañeros como locos a abrazarle y aún así tuvo la sangre fría de interponer sus dos manos a modo de parapeto, como diciéndoles esperad, no me agobiéis, no me mareéis que aún tengo que tirar ese tiro libre, tomó el balón en sus manos, resopló, lanzó y la depositó suavemente en el cesto, y medio segundo después su Baskonia se convirtió en el campeón ACB (casi) más insospechado de la historia…

 

O dicho de otra manera: hay jugadas que definen por sí solas la personalidad de un jugador, hay situaciones que sirven de metáfora para casi toda una carrera. Fernando San Emeterio podrá jugar mejor o peor, podrá tener días buenos y otros malos como casi todo el mundo, pero aún en sus peores días acostumbra a estar siempre donde debe estar, acostumbra a hacer siempre aquello que se espera que haga. No será el mejor en nada pero es suficientemente bueno en todo, no tendrá una cualidad que sobresalga sobre las demás pero sí hará francamente bien un montón de cosas, no ejercerá de especialista pero será siempre el perfecto prototipo de jugador completo, y ello además con un valor añadido incomparable, esa funesta manía de pensar que decíamos al comienzo: destila inteligencia por todos sus poros, sobre la cancha y sospecho que también fuera, basta verle durante los tiempos muertos para comprobarlo. Y es precisamente esa inteligencia, bien escaso donde los haya, un verdadero lujo del que de ninguna manera podemos prescindir: no intento persuadir a Scariolo, primero porque (como ya dije en cierta ocasión) sé que sería inútil, que ni en el mejor de mis sueños se va a tomar la molestia de leer mis tonterías; y segundo porque sé que no hace falta: SanEme está ya en la prelista de veinticuatro, estoy convencido de que mañana (acaso ya hoy cuando usted lea esto) estará también en la de quince (a ver si le voy a gafar ahora). ¿La de doce? Tiempo tendrá por delante para convencerle, tiempo tendrá también Scariolo para acabar de convencerse. Yo en su día ya le metí en mi modesta lista, como supuesto tres junto a Suárez en detrimento (mal que me pese) de Claver y Mumbrú. Mucho me temo que Scariolo hoy por hoy aún no está por la labor, que la selección que aún bulle en su cabeza es más continuista, mucho más conservadora… Démosle tiempo, sólo démosle tiempo.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en ACB, preHistoria, selecciones

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