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(publicado el 18 de mayo de 2010)

Aquel tipo era clavadito a Pepe Isbert… [breve inciso: a los lectores más jóvenes tal vez no les diga nada ese nombre, que no se corresponde con jugador de baloncesto alguno (que yo sepa) sino con un legendario actor de los años gloriosos de nuestro cine, a quien tal vez logren identificar si les menciono Bienvenido Míster Marshall (el alcalde) o La Gran Familia (el abuelo); pero si aún así no se sitúan pueden pinchar aquí, oaquí, para una mejor comprensión de lo que viene a continuación. Fin del inciso] Aquel sujeto era talmentePepe Isbert, el veteranísimo Pepe Isbert de sus últimos (a la par que míticos) filmes, lo que no tendría nada de particular si no fuera porque el sujeto en cuestión no lucía en blanco y negro sino en color, no vestía un traje raído sino un terno gris y naranja, no estaba en el balcón del Ayuntamiento de Villar del Río arengando a sus convecinos ni en la Plaza Mayor de Madrid buscando a Chencho sino sobre el reluciente parquet del Multiusos Fontes do Sar de Santiago de Compostela, captando las miradas entre el asombro y la ironía de espectadores y (aún más) telespectadores, así gallegos como madrileños, subyugados todos ellos por los planos cortos que de su persona no paraba de ofrecernos la TVG. Aquel tipo en cuestión vestía de árbitro, le quedaba el uniforme como a Cristo dos pistolas pero lo lucía como si lo fuera, quizá porque lo fuera, quizá (mucho más probable) porque lo hubiera sido alguna vez en un pasado remoto. Aquel tipo, junto con dos paisanos suyos, fue el encargado de dirigir el Obra-Estu de la última jornada de la ACB.

Claro que me dirán que tampoco es tan extraño, al fin y al cabo ahí en la NBA tienen a Bavetta, casi setenta años el hombre y aún apurando sus últimos días como árbitro profesional en activo. Pero eso: en la NBA. En la ACB (acaso en todo el baloncesto europeo, acaso también en otros deportes), que yo sepa te retiran de un plumazo antes de cumplir los cincuenta, así estés hecho unos zorros o hecho una rosa, tanto da. Norma inapelable, inexorable, sin excepción… para que luego la ACB se la salte perdiendo el culo en cuanto necesite sacar árbitros de debajo de las piedras, véase la muestra. Trece árbitros norteamericanos cada uno de su padre y de su madre, supuestamente de NBDL, de NCAA (con más de treinta conferencias y más de trescientas universidades, su plantilla arbitral debe ser inmensa) y hasta algún que otro desheredado de la NBA, al parecer. Mandaron a Valencia a los más fornidos y lustrosos por aquello de que era el partido de La2, al resto los juntaron con un griego y un bosnio y los distribuyeron más o menos como pudieron: tienes nueve partidos, necesitas veintisiete tíos, sólo tienes quince así que apáñatelas como puedas. Hubieron de retocar horarios, hubieron de levantar partidos de alguna programación autonómica, hubieron de hacer encaje de bolillos y al final resultó que los de Valencia pitaron a la mañana siguiente en Sevilla, los de Málaga habían pitado la tarde anterior en Madrid, al menos otras ternas tuvieron desplazamientos más cómodos, Bilbao-San Sebastián, Alicante-Murcia, la única terna que no repitió fue precisamente la de Santiago, será que pilla más lejos o será que alguno no andaba ya para estos trotes, véase el susodicho Pepe Isbert, véase aquel otro al que las lorzas le rebosaban cumplidamente alrededor de su cintura…

Mención especial merece también el trío que pitó en Málaga (es decir, el que debió pitar en Vistalegre la tarde anterior), en el que parecía llevar la voz cantante una especie de armario ropero de tres cuerpos (incomprensible resulta que no acabara estallando ese uniforme) llamado Singletary, apellido que a los baskonistas debía resultarles lejanamente familiar; y que además tenía el hombre un pitar raro, vaya por dios, que a los susodichos baskonistas se les daba una higa (entregados como estaban a la ardua tarea de cubrir mínimamente el expediente) pero que a Aíto y sus gentes les tuvo toda la mañana en un sinvivir, a ver si pudiendo ser quintos al final vamos a acabar siendo séptimos. Y a su lado (al de Singletary, no al de Aíto), en un discreto segundo plano, el griego Koukulekidis, retirado hace apenas unos meses (alguien con ese apellido no debería retirarse nunca) pero ahora repentinamente reintegrado a tan ardua tarea por petición expresa de la ACB (cuentan que también contactaron a su paisano -de infausto recuerdo- Pitsilkas, si bien éste no parece que compareciera finalmente, bien porque declinó amablemente la invitación o bien porque le pareció poco lo que le ofrecían, vaya usted a saber); que viéndolo me preguntaba yo qué pensarían los árbitros griegos, en el supuesto de que se pusieran en huelga, si los partidos que ellos dejaran de pitar los pitaran, qué sé yo, pongamos Miguelo Betancor, Mateo Ramos, Felipe Llamazares, tantos otros. Sí, ya lo sé, no hace falta que me lo diga, quién me mandará a mí preguntarme nada…

Llegados a este punto las partes, convenientemente cogiditas de la mano del señor Lissavetsky, por fin parecen haber entendido que como broma ya está bien. Afortunadamente asistimos este pasado fin de semana a la última jornada más light que se recuerda, todo lo verdaderamente importante estaba ya más que decidido, ni pensar quiero la que podría haberse liado de haber habido tres o cuatro equipos en un puño para evitar el descenso, de haber tenido algún duelo a cara de perro como aquel CAI-Murcia de hace doce meses. No era así, no se generó alarma social, todo transcurrió con relativa normalidad, hasta nos echamos unas risas pero ahora llegan ya los playoffs, mire usted, y eso ya son palabras mayores. Me temblaban las piernas sólo de pensar con qué nueva ocurrencia nos sorprendería la ACB, si volvería a recurir al esquirolaje (deberíamos acuñar el término squiroling, dada la procedencia de casi todos los que ejercieron como tales), si dejaría a los jugadores que se arbitraran solos, si implantaría incluso un decreto de servicios mínimos como si esta fuera una actividad esencial para la buena marcha de la sociedad, cada partido dirigido por un solo árbitro, obligado, eso sí… Relajémonos, finalmente no llegará la sangre al río: ambas partes están de acuerdo en que no están de acuerdo, pero están también de acuerdo en que su falta de acuerdo no debe interferir en el desarrollo de los playoffs. Tiempo tendrán por delante para reunirse, pelearse, reconciliarse y comprender de una vez por todas que están condenadas a entenderse. Y si no se entienden tampoco es problema, ya llegará octubre para desatar de nuevo las hostilidades; pero eso mismo, en octubre, cuando toda la temporada esté aún por delante, cuando los problemas aún estén a tiempo de tener solución. Dejémoslo así.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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