suicidios, resurrecciones   Leave a comment

(publicado el 12 de marzo de 2010)

 

Ayer el Madrid escogió suicidarse. Suicidio asistido, insistido incluso, pero suicidio al fin y al cabo; o eutanasia pasiva (muy pasiva) si así lo prefieren. Ayer el Madrid salió en tromba, se fue de paliza y de inmediato dio por supuesto que aquello ya sólo sería coser y cantar, omitiendo quizás el pequeño detalle de que aún le quedaba un rival enfrente: un rival grande, un rival herido, un rival no menos necesitado que ellos. El Madrid dio todo por hecho, se puso cómodo, se sentó a ver el partido pasar y cuando quiso volver a incorporarse ya no pudo, ya no supo cómo quitárselo de encima. El Madrid se las arregló para cerrar de un portazo esa misma puerta que trabajosamente había logrado abrirse de par en par hace siete días en Estambul, hace catorce en este mismo escenario. Ayer el Madrid reescribió su historia justo al contrario de aquella otra contra el Montepaschi, justo al contrario de tantas otras historias del pasado año; cambió el de menos a más por elde más a menos, por el de menos a nada. Este Madrid, hoy tan académico, otrora tan acostumbrado a la épica, ayer consiguió inventar la épica inversa. El mundo al revés.

Barça-Madrid habemus, tanto más tras el (esperado, pero no por ello menos meritorio) mero trámite blaugrana. Barça-Madrid para variar, acabaremos viendo trece o catorce esta temporada, al tiempo. Es evidente que al madridismo no le hace ni puñetera gracia, pero sospecho que el barcelonismo tampoco andará especialmente encantado con la idea. Que donde hay confianza da asco, dicen, y que en este caso de nada vale aquello de lo malo conocido lo bueno por conocer. Barça-Madrid en playoff al mejor de cinco, que fastidiará a unos y a otros pero que los ajenos hasta podríamos encontrarle el punto: piénsenlo, de repente la Euroliga tomará carta de naturaleza, pasará a formar parte de las vidas de millones de sujetos blancos y blaugranas entregados habitualmente al monocultivo futbolístico, gentes que ni recordaban siquiera la existencia de esta competición, seres humanos que jamás se habrían sentado a ver al equipo de sus amores contra el Maccabi o el Partizán (de hecho ni siquiera habrían conocido su existencia), pero que ahora se tragarán toda esta ristra de partidos contra el eterno rival como si les fuera la vida en ello, como si entendieran de qué va todo ello. Durante dos semanas, tres a lo sumo, la Euroliga existirá, dejará de ser una mera entelequia para iniciados, aparecerá incluso en portadas e informativos de otros canales, hasta podría llegar a darse el caso de que TVE le otorgara por fin un trato preferente, por soñar que no quede… Flor de un día, qué le vamos a hacer, pero mejor eso que nada.

Ayer, mientras veíamos al Madrid suicidarse, poco a poco el televisor nos iba escupiendo datos de lo que sucedía en otras canchas (Teledeporte, en la duda entre informar o mantener la intriga del telespectador, eligió lo primero; entiendo que legítimamente, aunque a mí me jodiera ligeramente). Supimos que el Khimki había ganado con claridad al Olympiacos y nos preguntamos si el Baskonia, por la cuenta que le tenía, habría hecho lo propio con la Cibona con esa misma claridad; pocos instantes más tarde tuvimos la resupuesta, la respuesta era , la misma claridad o más incluso, pero ahí en el rótulo sobreimpresionado aparecía un pequeño detalle que llamaba un poco la atención, ese played 45:00, extraña manera de decir que había habido prórroga, se ve que la Euroliga es original hasta para eso. ¿Prórroga? Pero entonces, esa diferencia tan amplia… Intriga que aún fue a más cuando pocos minutos más tarde Ronrás nos comentó que el equipo baskonista había remontado, que había ido perdiendo hasta muy poco antes del final. Claro, yo que soy muy mío de repente empecé a darle vueltas a la cabeza, a ver cómo demonios podía ser aquello, cómo se remonta un partido que vas perdiendo cuando sabes perfectamente (todos al cabo de la calle de lo de Khimki, claro está) que ganar por uno o dos tampoco te valdrá de nada, cómo te apañas para remontar pero sin pasarte, cómo te las arreglas para asegurarte de que haya prórroga, cómo consigues resucitar pero poco, estabas muerto y de repente resucitas pero a media resurrección te paras, te quedas en estado catátonico durante un rato y luego ya sí, luego ya revives con todas las de la ley… Hace medio siglo las cosas eran más fáciles, Ferrándiz te hacía el apaño con su famosa autocanasta y adiós muy buenas, pero hoy como que está un poco prohibido, como que queda un poco mal… ¿Cómo se lo habría hecho el Baskonia? ¿Habría chirriado, o les habría quedado de lo más natural? ¿Y cómo se lo habrían tomado los árbitros, en el supuesto de que hubiera algo que tomarse? ¿Y qué cara se le habría quedado al amigo Peras? Y allá lejos, en Rusia, ¿qué andaría pensando Scariolo de todo esto? Demasiadas preguntas como para no buscar respuestas. Había que ver el partido, definitivamente, que supiéramos ya el resultado tanto daba, de alguna manera habría que desentrañar todo aquello…

Hoy ya he visto el partido. Hoy ya he visto al Baskonia coqueteando con el suicidio, perdiendo de 14, ¡¡¡de 14!!! a falta de tres minutos pero que no estaba muerto, estaba de parranda… Dos minutos para remontar y el tercero para intercambiar canastas, para pensar, el Khimki sigue ganando de más de diez, en unos segundos no nos da tiempo pero en cinco minutos quién sabe, vamos uno abajo, de algún modo hay que inventarse unos tiros libres, meter uno y fallar el otro pero va Marcelinho y lo hace al revés, manda huevos, falla el que iba a meter, tiene que meter el que había pensado fallar, más difícil todavía, lo mete pero aún queda que la Cibona no la meta, se la dan a Jamont Gordon, falla, prórroga, el Buesa es una fiesta, todo dios lo celebra, todo dios sabe que a esas alturas ya no había que ganar sino que empatar para ganar después, todo dios excepto un Diego Martínez que allá en su locutorio de Sant Cugat parece empeñado en no querer enterarse de nada…

Luego algún medio hablaría de partido surrealista, y es que ya se sabe, estas cosas son así, las resurrecciones es lo que tienen, tampoco pretenderemos a estas alturas que una resurrección sea un hecho natural. Hasta un suicidio como el del Madrid puede parecer natural a poco que se den las condiciones adecuadas, pero una resurrección lo tiene mucho más difícil: las resurrecciones son sobrenaturales, por definición.

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Publicado octubre 28, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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