Archivo para octubre 29, 2012

del 4 al 15   Leave a comment

(publicado el 13 de septiembre de 2010)

 

4. Fernando San Emeterio. Infrautilizado. Nos pasamos media temporada pidiendo a gritos (virtuales) su presencia en Turquía, no para que conociera el país sino para que jugara el Mundial. Apenas lo ha hecho. Vale que la sobreabundancia de doses dosesymedios no le ponía precisamente las cosas fáciles pero ayer en la segunda mitad ante Argentina quedó bien claro, para quien aún no se hubiera dado cuenta (el propio seleccionador, por ejemplo) que bien merecería haber tenido unos cuantos minutos más. Puestos a poner undos a ejercer de falso tres, al menos su perfil parecía bastante más adecuado (por estar bastante más acostumbrado a ello) para interpretar ese papel.

5. Rudy Fernández. Efervescente. Se le podrá reprochar falta de acierto pero no falta de compromiso, en absoluto. En demasiadas ocasiones se vio obligado a hacer de lo que no es (de tres, por ejemplo) y lo hizo de la mejor manera que supo: por ejemplo ofreciendo un aporte suplementario de rebotes para compensar así nuestro déficit endémico en ese capítulo del juego. Sigo pensando que habría podido ser un perfecto sexto hombre, no empezando los partidos pero sí probablemente acabándolos, liderando a la segunda unidad (a la manera de ayer en la segunda mitad, junto a Llull y SanEme) sin que ello hubiera de suponerle necesariamente una disminución de minutos, más bien al contrario. Por ponerle alguna pega, en varias ocasiones la adrenalina como que se le desbordó, como si anduviera inquieto por algo (por su futuro, mismamente) y esa inquietud se le reflejara sobre la cancha, metiéndose en líos (arbitrales, sobre todo) que no le beneficiaban en absoluto. De lo mejor, en cualquier caso.

6. Ricky Rubio. ¿Y qué les cuento yo a estas alturas que ustedes no sepan? Como en este país no tenemos término medio, tras cinco años tratándole de crack ahora andamos preguntándonos si en el fondo no será unbluff. Yo no dramatizaría hasta ese punto, aunque sí es cierto que lo que antes parecía un parón en su evolución ahora más bien parece una involución. Mira que todo fue bien mientras estuvo en la Penya, progresaba adecuadamente como suele decirse, pero aquella indefinición del verano de 2009 (que si el draft, que si los Wolves, que si sí, que si no, que si el Madrid, que si finalmente el Barça, que si yo qué sé) pareció acabar con su frescura de un plumazo. Ricky probablemente no será hoy peor jugador que en la temporada 2008/2009 pero tampoco parece que sea mejor, y eso es lo verdaderamente preocupante. Para colmo de males la lesión de Calderón (que nunca lamentaremos lo suficiente) le cambió el guión, iba a ejercer deagitador y de repente se encontró ejerciendo de (presunto) capitán con mando en plaza durante treintaitantos minutos por noche. Y se le vino el mundo encima, mucho más que en la Final de Pekín 2008 (tras la lesión de Calde) o en Polonia 2009 (liderazgo más o menos compartido con Raül y Cabezas). Como si se estuviera haciendo mayor, como si (una vez finalizada la edad de la inocencia) le pesara ya demasiado esa misma responsabilidad que antes parecía resbalarle. De cara al futuro nos deja sumidos en la inquietud: porque no sabemos cómo le irá este próximo año con el Barça, porque el próximo verano querrá irse a la NBA pero tal vez la NBA no esté allí para recibirle, no por nada sino porque andarán de lock out y no podrán fichar a nadie… Creíamos tener asegurado para muchos años a uno de los mejores bases del mundo mundial, pero a día de hoy ya ni siquiera sabemos lo que tenemos.

7. Juan Carlos Navarro. El mejor. Y eso que tampoco ha sido ni de lejos su mejor torneo pero da igual, cuando las cosas se tuercen (y mira que se han torcido en esta ocasión) nada mejor que recurrir albombasistema. Nuestro principal anotador y a ratos también nuestro principal asistente, lo que habla bien de él y mal de aquellos a quienes en principio correspondía el papel de asistir. Ahora que tantos se apuntan al carro del final de ciclo, no quiero ni pensar qué futuro tendríamos si diéramos ya por cerrado el ciclo del capitán. Esperemos que aún continúe entre nosotros (en la selección, me refiero) al menos un par de años más.

8. Raül López. Meramente simbólico, [y por añadir esa típica frase que no significa nada pero siempre queda bien meterla en cualquier ocasión] como no podía ser de otra manera. Le embarcaron hacia Turquía cuando apenas acababa de quitarse las chanclas y el bañador, y con un mes menos de preparación que sus compañeros le pidieron que diera relevos de calidad a Ricky. Jugó muy poco, hizo lo que pudo, alguna vez aportó algo bueno, la mayoría de las veces pasó completamente desapercibido. Como no podía ser de otra manera.

9. Felipe Reyes. Tampoco ésta ha sido ya su mejor versión. Se ha dejado el alma, ha peleado como siempre, pero rara vez (por no decir nunca) se le ha visto a gusto sobre la cancha. Vale que viene de un año raro, en el que las lesiones le lastraron seriamente y cuando éstas (más o menos) se curaron nunca pareció sentirse a gusto con Messina (ni Messina a gusto con él, tampoco). Y con Scariolo tampoco se le ha visto precisamente feliz. Él progresa, quiere hacer más cosas, adaptarse a eso que llamamos baloncesto moderno, que hoy los cuatros si no tiran triples ya parece como si no fueran cuatros, hay que ver cómo cambian los tiempos. Y él se los tira y a veces hasta los mete, pero sin que parezca en absoluto convencido de hacerlo quizá porque en el fondo se conozca a sí mismo mejor que nadie, quizá porque sepa que él no acaba de ser un cuatro sino un cinco con tamaño (a duras penas) de cuatro. Algunos otros también lo sospechamos, como sospechamos que los beneficios de alejar a Felipe del aro son siempre menores que los perjuicios. En fin, el baloncesto moderno, eso debe ser.

10. Víctor Claver. Ha hecho realidad algo que para cualquiera de nosotros sería un sueño, un viaje a Turquía con todos los gastos pagados y con derecho además a localidad en primera fila para contemplar el Mundial. Usted y yo habríamos sido inmensamente felices si nos hubiera correspondido algo así, en cambio a él no se le veía especialmente satisfecho, quizá porque le engañaron diciéndole que iba para jugar. Vale que en todos los torneos hay tipos que juegan mucho y otros que lo hacen poco, pero esto de Claver es menos que nada, minutos de la basura al margen. Y dado que casi todos los equipos con un verdadero tres en sus filas nos fueron dando sopas con onda (nos fueron dando, punto), digo yo que algún día Scariolo podría haberle dado un poco de bola aunque sólo fuera por probar. Llevarlo a la selección está muy bien, pero llevarlo sólo para decir que lo llevas porque en realidad no confías en él no tiene sentido. Tanto lío con los descartes allá por agosto y al final resultó que a Scariolo le sobraba también alguno de los que fueron. Para este viaje no hacían falta alforjas, para esto lo mismo daba haber llevado a Claver, al Chimpa o a mi primo el del pueblo, que de baloncesto no entenderá pero poco bien que se lo habría pasado ahí el tío en primera fila mirando a las Red Foxes.

11. Fran Vázquez. Desaprovechado. En los primeros días anduvo metido de lleno en el inicial fracaso colectivo de eso que dimos en llamar la segunda unidad (denominación patrocinada por Carrefour, que diría Itu) pero en la segunda mitad del Torneo fue de lo mejorcito. Hizo falta que mejorara su actitud, que se pusiera intenso, que él se dejara ver, que los compañeros le encontraran, que le metieran buenos balones especialmente Ricky y Navarro que saben dónde ponérselos más que nada porque llevan ya un tiempo poniéndoselos, si hubieran coincidido más tiempo en cancha lo mismo hasta le habrían puesto más. Al final sus minutos se nos han hecho muy escasos, lo cual nos lleva a darnos de bruces con otro de los enigmas de Scariolo: ¿por qué demonios Marc y Fran no pueden jugar juntos al menos alguna vez, aunque sea sólo por probar? Scariolo es de etiquetas, qué duda cabe, la primera unidad, la segunda unidad, y el cuatro sólo por el cuatro, y el cinco sólo por el cinco… Pero del mismo modo que antes decíamos que Felipe se veía obligado a ejercer de cuatro cuando en tiempos era más bien un cinco con tamaño (apenas) de cuatro, en el caso de Fran cabría decir que sí, que es un cinco pero que tiene también muchas cosas de cuatro: versátil, capaz de jugar tanto de cara como de espaldas, con buena mano, hasta triples le he visto tirar (y meter) en un pasado remoto. No digo como norma pero de vez en cuando, por probar, por sorprender, una pareja Fran-Marc podría haber resultado puntualmente demoledora. Otra vez será, espero, como espero también que por la mente de Fran no vuelvan a cruzarse nunca más esos extraños motivos personales. Prescindir de Fran es un lujo que no nos podemos permitir, con o sin Pau.

12. Sergio Llull. De menos a más, [repitamos de nuevo la tópica frase] como no podía ser de otra maneradado que venía de una lesión y que empezó la preparación mucho más tarde y a menor ritmo que sus compañeros. A comienzos del Mundial hubo quien (en base a su estado físico) criticó seriamente haberle llevado, en cambio al final lo ha acabado muy decentemente, con mención especial para su inmenso despliegue de ayer ante Argentina. Y muy a su pesar ha protagonizado una sorprendente paradoja: llegó para ejercer de dos, para ejercer sólo de uno en momentos muy puntuales, y sin embargo ha acabado siendo el base preferido de Scariolo, justo aquel con quien se encontraba más a gusto sobre la cancha aunque no sé si más por mérito mérito suyo o por demérito de los demás, prefiero no contestarme a esa pregunta. Sea como fuere habemus Llull para muchísimos años en esta selección, sólo necesitaremos que al menos le acompañe un poco la salud.

13. Marc Gasol. Desconcertante. Aquel Marc imperial de sus tres primeros años en la selección (2006 a 2008) se nos ha ido escurriendo de las manos en 2009 y 2010. Qué casualidad, los dos años que lleva en la NBA. Qué casualidad, los dos años que lleva de seleccionador Scariolo. Lo cual no significa que haya una relación causa-efecto, se trata de hechos objetivos, simplemente. Según ha ido subiendo su rendimiento en los Grizzlies ha ido bajando su rendimiento en la selección, y dado que en ésta su nivel de implicación no es precisamente menor sino más bien al contrario (en eso al menos yo no tengo ninguna duda) cabría legítimamente preguntarse qué demonios pasa. El año pasado culpábamos a la presencia de Pau y este año a la ausencia de Pau, por lo que parece que el que esté o no Pau no debe tener mucho que ver en este caso. Más bien da la sensación que llegue a la selección fuera de punto, o más bien puede ser (y en esto al menos sí tendría coartada) que aquí le llegan muy pocos balones y los que le llegan son bastante malos. Se ha abusado del triple, se ha jugado mucho más por fuera que por dentro y eso teniendo ahí en medio a un tipo como Marc es un auténtico desperdicio. Y luego claro, para dos que le llegan, mordidas además, pídele que las meta. Apostábamos por él (bien es verdad que con exceso de optimismo) como candidato a MVP del Mundial y al final entre unas cosas y otras no ha sido MVP ni de su comunidad de vecinos, como si dijéramos. Imprescindible recuperarlo para próximas citas.

14. Alex Mumbrú. Primero pensé que no debía ir a la selección; luego durante la fase de preparación cambié de opinión, pensé que su concurso podía ser poco menos que imprescindible. Ahora ya no sé qué pensar. Decir que ha pasado desapercibido sería decir mucho: voluntarioso, sí, pero muy poco más que eso. Quizá podamos encontrar alguna explicación en que su estado físico no debía ser precisamente el adecuado, de ahí esos masajes que le daban al comienzo de cada partido (y no por superstición, como pensaban en LaSexta). Fuera por lo que fuese, ésta (en mi modesta opinión) debería haber sido ya su última presencia en la selección, qué le vamos a hacer, es ley de vida, agradeciéndole por supuesto los servicios prestados durante estos años maravillosos.

15. Jorge Garbajosa. Tres cuartos de lo mismo. Habré de reconocer (precisamente yo que no quería llevarle) que en el tiro exterior ha estado sencillamente espectacular, que de no haber sido por sus triples lo mismo no habríamos pasado ni de octavos. Y eso está muy bien, mucho mejor de lo que yo esperaba… pero es que el baloncesto no es sólo meter triples, tanto menos si juegas en la posición de cuatro. Aquel que un día fue el pegamento del equipo hoy ya parece haber perdido casi toda su capacidad de adherencia; aquel a quien Montes (siempre Montes) apodaba el Multiusos parece ya hoy habérsenos quedado para un solo uso, poner algún bloqueíto y luego apostarse más allá del arco hasta que le llegue (si le llega) para enchufarla (o intentarlo) de tres. Y no está mal, pero aún mejor estaría si mantuviera el tono en defensa y si mezclara el juego en ataque, y no digamos ya si de vez en cuando fuera a pelear algún rebote. Tampoco su físico es ya el que era, qué duda cabe. Insisto, no sé si estaré siendo injusto porque en el fondo ha estado muy encima de mis expectativas… pero es que mis expectativas para con él eran bastante bajas, esa es la verdad. En un club (el Madrid o el que sea) aún puede resultar sumamente útil, pero en el quinteto titular de una selección como la nuestra digamos que ya empieza a chirriar. También a él habrá que agradecerle los servicios prestados a esta selección, y más pronto que tarde a ser posible.

Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

variaciones sobre el mismo tema   Leave a comment

(publicado el 9 de septiembre de 2010)

 

– Esto es como aquello que se dicen los abuelos cuando ven a los nietos, ellos van p’arriba y nosotros p’abajo. Los serbios van p’arriba y nosotros p’abajo, qué le vamos a hacer, es ley de vida. Ahora bien: ¿tanp’abajo vamos como para que algún periódico (no sé cuál, lo he visto apenas de pasada camino del trabajo) titule hoy a cinco columnas “final de ciclo“? Claro está, resulta muy tentador recurrir a estas cosas cuando ocurre algo así, ya está, se ha acabado un ciclo, es el fin de una era, hay que emprender desde ya la imprescindible renovación, el cambio generacional es ya inaplazable y demás chorradas semejantes. Pero vamos a ver, tampoco nos volvamos locos, la columna vertebral de esta selección (es decir, la generación de Lisboa 99) tiene apenas treinta años, alguno ni siquiera los ha cumplido todavía. ¿Los vamos a enterrar ya? Porque sé de alguna otra selección con una media de edad bastante superior a la nuestra que aún continúa dando guerra en este Mundial, y lo que te rondaré morena. No creo que sea cuestión de edad, o al menos no creo que sea sólo cuestión de edad.

– Así pues ahorrémonos las paletadas de tierra, no enterremos aún a nadie, dejemos que el transcurso del tiempo vaya situando las cosas en su sitio. Esperemos al menos hasta Londres 2012 (si lo jugamos, claro). Asumámoslo, ahí llegará la desbandada, más de uno, más de dos y puede que hasta más de tres aprovecharán esa presunta cita (independientemente de cuál sea su resultado) para anunciar a su término su retirada de la selección. Ahí ya tendrán treintaidos años, tendrá tal vez algún sentido (aunque cada uno es cada uno, y hay quien se apaga a los treinta y quien aguanta fresco y lozano hasta los treintaiséis, o más incluso). ¿Ahora? A ver, imaginemos por un momento que nos hicieran una encuesta preguntándonos quién nos ha parecido nuestro mejor jugador durante este Campeonato: ¿me equivocaría mucho si dijera que el noventa por ciento probablemente nos decantaríamos por Navarro? Vaya, qué casualidad, precisamente La Bomba, precisamente un jugador de esa generación que alguno anda ya pensando en enterrar. ¿Y si nos preguntaran qué jugador nos ha decepcionado más durante este Mundial? Probablemente saldría el nombre de Ricky, muy probablemente también el de Marc: es decir, precisamente los más jóvenes, aquellos a quienes nadie en su sano juicio se le ocurriría pensar en enterrar porque representan sin lugar a dudas el futuro de esta selección. ¿Y entonces? Pues eso, que no se pueden poner etiquetas tan a la ligera, los titulares grandilocuentes quedan muy bien pero una cosa es eso y otra que respondan en absoluto a la realidad. Hace ahora un año (nada más acabar el Eurobasket) escribía yo que algún día nos tendríamos que despertar, lo tengo más que asumido pero también me niego a pensar que éste sea ya ese día. Prefiero pensar que esto haya sido sólo un mal sueño, prefiero creer que aún podremos seguir soñando al menos un par de años más… (Y en todo caso, les ruego que me disculpen mi ingenuidad).

– De todas formas, qué ironías tiene el destino: nos pasamos ayer todo el partido defendiendo como el puto culo, ustedes disculpen la vulgaridad, y en la única posesión que defendimos siquiera decentemente va elTeodosio éste, con la porquería de Mundial que está haciendo, y nos la clava desde ocho o diez metros en su única acción decente de todo el partido… Ahora bien, no nos engañemos: no perdimos por ese triple, como tampoco perdimos por el espectacular desbarajuste que logramos montar en los tres segundos y medio posteriores. Perdimos porque fuimos peores, punto. De hecho si me paro a pensarlo el resultado me parece totalmente engañoso, o más que el resultado la diferencia: ellos dominaron y nosotros fuimos a remolque, ellos jugaron fluidos y nosotros a tirones, ellos jugaron al baloncesto y nosotros al arrebato, defendiendo como he dicho antes y atacando deslavazados, mucho más encomendados a la iluminación individual que al trabajo colectivo, perdiendo balones como si nos pincharan en las manos, totalmente incapacitados para hacer dos jugadas decentes seguidas; nos parecimos demasiado al equipo ramplón de la Primera Fase, como si lo del día de Grecia hubiera sido un espejismo, acaso la propia Grecia fuera en sí misma un espejismo. Y con todo y con eso incomprensiblemente logramos aguantarle el tipo a Serbia hasta casi el final, de hecho si aquel triple no hubiera entrado quién sabe si ahora mismo no estaríamos hablando de otra cosa.

– Y como el que no se consuela es porque no quiere, repitamos una vez más una obviedad que no por mil veces repetida resulta menos obviedad: sin Pau somos otro equipo, y otro aún peor sin Pau y Calde, tanto más después de haber hecho toda la (presunta) fase de preparación con Calde. Es exactamente la diferencia entre un buen equipo y un gran equipo: con ellos, con Pau sobre todo, no somos menos que nadie, en absoluto; sin ellos, sin Pau sobre todo, no estamos ni de lejos al nivel de Serbia, ni al de esta misma USA ni al de los prepotentes turcos, y hasta me atrevería a decir que ni siquiera estamos al nivel de esta Argentina aún por mucho Manu y Chapu que le falten. Sin Pau y sin Calde somos apenas un equipo de segundo nivel, de esos que acostumbran a pelear por los puestos del quinto al octavo. Estamos exactamente donde nos corresponde.

– Así que habrá que jugar estos dos partidos que nos quedan, tontería enorme donde las haya, qué le vamos a hacer. Y créanme, eso tampoco tiene buena pinta: generalmente jode más perder de tres que perder de treinta, tanto más si el que pierde de tres lleva unos pocos años acostumbrado a no perder (casi) jamás mientras el que perdió de treinta acostumbra a verse casi todos los años en esta misma situación. Vamos que los eslovenos estarán en su hábitat natural mientras nosotros estaremos como un pulpo en un garaje pongamos por caso. Me dirán que total a quién le importa, total qué más da ser quinto u octavo. Bueno, pues a mí sí que me importa: me importa porque aún somos los vigentes campeones del mundo, seguiremos siéndolo hasta el domingo y lo menos que se nos puede pedir es que intentemos estar a la altura de nuestro prestigio, así a las duras como a las maduras. Créanme que hubo un tiempo ya muy lejano en el que casi nos dábamos con un canto en los dientes por poder disputar estos puestos, tiempos en los que quedar quintos era casi un éxito y quedar séptimos tampoco estaba tan mal. Ahora ya casi se nos habían olvidado porque llevábamos seis años en las nubes, pero si hay que bajar a la tierra y jugarlos pues se juegan, y con la cabeza bien alta a ser posible. Hemos perdido el tren del Mundial, hemos caído de la lucha por las medallas pero hay algo que no deberíamos perder nunca: la dignidad. Más que nada porque a estas alturas viene siendo ya casi lo único que nos queda.

Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

orgasmo absoluto   Leave a comment

(publicado el 7 de septiembre de 2010)

Aquellos argentinos que estaban en las gradas del Monumental de River esperando que empezara el fútbol no sabrán nunca lo que se perdieron. Lo habrían sufrido, sí, como lo sufrieron (más) los brasileños, pero cuánto más lo habrían disfrutado (afortunadamente en nuestro deporte ambas cosas son perfectamente compatibles, y manifiestamente saludables). Ahora bien, a aquellos que lo contemplábamos desde un prisma (moderadamente) neutral sólo nos faltó levitar. O como bien dijo antes del partido Ramón Trecet (qué grande haber recuperado su voz para la causa), que aquello iba a ser de orgasmo absoluto. Qué razón tuvo. La cosa ya olía a fiesta desde que conocimos el emparejamiento, pero por una vez la realidad desbordó con creces nuestras mejores expectativas. En un momento de intercambio de triples (Leandrinho vs. Pancho) a comienzos del último cuarto, me dio por pensar en voz alta que aquello era tal vez lo más grande que yo había visto desde la inolvidable Final olímpica de 2008. Luego aflojé, claro, intenté autoconvencerme, no sé, estaré exagerando, quizá no sea para tanto, anda que no habré visto yo partidos buenos en estos dos años, en ACB, en NBA, en NCAA, en Euroliga, en el Eurobasket, en donde fuera. Pero fue inútil, no logré autoconvencerme, tanto menos cuando apenas un par de minutos más tarde el ínclito Nanclares expresó en antena esa misma opinión. No, aquel imponente intercambio de golpes resultaba ser demasiado grande, qué grande Prigioni, qué grande Marcelinho, qué grande Pancho, qué grande Leandrinho, qué grande Delfino, qué grandes también (a ratos) Oberto, Splitter, Varejao, qué grandes todos y qué grande (por encima de todos) Scola, qué grande siempre pero aún mucho más esta noche, qué grande un tipo que anda pidiendo a gritos que le proclamen ya por anticipado MVP del Mundial, tanto da que aún quede lo mejor, tanto dará que luego Argentina no lo gane, tanto da que ahí por el medio estén Durant, Navarro, Ilyasova, todos los que ustedes quieran pero es que a día de hoy (pero no sólo hoy, también en todo lo que llevamos de competición) esto de Scola sencillamente no tiene nombre. Qué obra de arte para enmarcar, suya y de todos, qué lástima que (como dijo aquél) no pudieran pasar los dos a cuartos aunque hubiera que sacar a gorrazos a (por ejemplo) Lituania para hacerles hueco. Si usted no lo vio búsquelo, apáñeselas como pueda (aunque tampoco se preocupe demasiado porque seguro que Marca TV lo habrá de repetir no menos de treinta veces, todavía no tienen mucho más que ofrecer) pero por dios, no lo deje pasar, por nada del mundo se le ocurra perdérselo, aunque sepa ya el resultado y conozca todos los detalles siéntese a verlo, póngase cómodo, créame, no se va a arrepentir. De verdad, qué maravilla.

Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

apuntes serbios   Leave a comment

(publicado el 7 de septiembre de 2010)

 

Tras la tempestad del sábado llegó la calma del domingo y el lunes, tres no-partidos y medio (que demasiado había hecho ya Nueva Zelanda). Cabe pensar que hoy martes se animará otra vez la cosa, no tanto en el Lituania-China pero sí seguro en el Argentina-Brasil, pedazo de clásico nos espera. Pero me permitirán que yo vaya mirando ya más allá, a la nueva tempestad que se nos avecina para mañana miércoles: no teman, no les voy a calentar la cabeza con el Turquía-Eslovenia (aunque ganas no me faltan; tiempo sí, desgraciadamente), tampoco esta vez con los nuestros sino con nuestros rivales serbios. Claro, como aquí no tenemos término medio en un solo partido hemos pasado de la nada al todo, de sentirnos el culo del mundo a creernos los reyes del mambo: nos nos creíamos capaces ni de ganar al Líbano y hoy ya andamos diciendo que tiemble USA, somos así. Ni tanto ni tan calvo, mantengamos las cosas en su justa medida: hemos ganado a Grecia, lo cual está muy bien, pero ahora espera Serbia; y Serbia no es Grecia, obviedad geográfica y política, obviedad también baloncestística.



¿Qué tiene Serbia que no tenga Grecia? Básicamente dos cosas, juventud y rotación. Una edad media claramente inferior a la de los helenos, y doce tíos a los que Ivkovic rota en pleno (hasta en partidos sumamente comprometidos como el del sábado ante Croacia) haciendo que se sientan todos ellos igualmente importantes. Luego les podrán salir mejor o peor las cosas pero al menos llegan frescos y lozanos a los minutos finales, no como esos pobres griegos a los que el otro día (por obra y gracia de Kazlauskas) casi se les salía el hígado por la boca. Por bien que la movamos, por mucho que les corramos no parece probable que a los serbios les suceda lo mismo. Habrá que ganar en otras cosas.

No teman, no les voy a marear con una descripción detallada (ni sucinta siquiera) de cada uno de los doce, que entre los que aquí juegan, los que jugaron y los que jugarán más pronto que tarde les conocemos ya casi como si les hubiéramos parido. Si acaso insistir en la rotación, que Ivkovic puede empezar perfectamente con Teodosic, Rasic, Bjeliça, Velickovic y Krstic, continuar luego con Markovic, Tepic, Keselj, Savanovic y Perovic, y (cuando uno ya no imagina que le queden más armas) completar con Paunic y Macvan, aquel fornido mocetón que se nos apareció en el verano de 2007 y que desde entonces apenas ha crecido hacia arriba (para su desgracia) pero sí hacia su interior: ha madurado, ha abierto su juego más allá de la zona: de alguna manera se ha convertido en algo así como el arma secreta de Ivkovic, así el año pasado en Polonia como éste en Turquía.

Alguna otra de estas criaturas también requiere capítulo aparte. Teodosic, por ejemplo. Hace un año le puse más o menos por las nubes, hoy me da la sensación de que se me fue un poco la mano, al menos en base a lo que le estamos viendo en este Torneo (sanción al margen): sí, Serbia ganó a Croacia pero Teodosic no fue mejor que Ukic; el croata casi nunca tendrá el juego colectivo por bandera, pero sacó a relucir su inmensa clase e hizo bien casi todo lo que se le antojó; en cambio el serbio anduvo errático, perdidito en defensa, precipitado en ataque (claro está, no debería llamarle no vaya a ser que se despierte mañana precisamente). Todo lo contrario cabe decir de Krstic (algún narrador de Marca TV lo pronunciaba Krástich, lo que dio pie a que mi hijo, fiel seguidor de los Simpson, le pusiera de inmediato un mote que le pega como anillo al dedo y que no repetiré por respeto a quienes ejercen tan digna profesión): nunca será precisamente un fajador (siempre y cuando no haya sillas por medio) pero ya tampoco parece aquel pívot alérgico a las zonas que conocimos hace tiempo (y que aún seguimos conociendo en cada temporada NBA): juega de espaldas tanto o más que de frente, mostrando un repertorio de movimientos no extraordinario pero sí manifiestamente mejorado. Está haciendo un gran Torneo (es decir, lo poco que lleva él de Torneo, que es bastante más de lo que debería llevar) y la otra tarde sin ir más lejos se merendó a Ante Tomic, así como diciéndole mira chaval, eres muy bueno y vas a ser mejor pero esto no es cosa de niños. Y sin utilizar ninguna silla, insisto.

De entre los demás viejos conocidos y nuevos por conocer, me permitirán que haga al menos una mención a esa particular debilidad mía llamada Dusko Savanovic. Nuevo en esta plaza (a sus años), está haciendo un Torneo simplemente magnífico, aunque Ivkovic por alguna misteriosa razón (para estropearme el argumento, quizás) apenas le dio bola el sábado ante Croacia. Ahora bien, durante toda la fase de grupos se salió en la misma medida en que acostumbraba a salirse en Sevilla y se habrá de seguir saliendo en Valencia: un poco de todo, y todo muy bien hecho. Me pasa con él exactamente lo contrario que con Kosta Perovic, qué le vamos a hacer: sé que su cotización acostumbra a estar por las nubes, sé que rebosa talento a la par que centímetros pero a mí de alguna manera me suele dejar frío, como si siempre me quedara esa sensación de que podría hacer más, de que su rendimiento raras veces acaba estando a la altura de lo que se espera (de lo que yo espero, al menos). Serán manías mías, supongo: a ver si el cambio del taronja al blaugrana (competencia no le va a faltar precisamente) me hace variar de opinión.

Pero no debería yo hablar tanto de nombres, porque la gran virtud de esta Serbia es que acostumbran a ser un equipo. No siempre pudieron decir lo mismo, pero el principal acierto de Ivkovic es haber desterrado aestrellones venidos a menos tipo Stojakovic o Jaric, a egos desmedidos tipo Rakocevic o Milicic para acabar formando un conjunto sin más personalismos que los meramente imprescindibles, un equipo en el que todos parecen jugar por hacer grande el nombre que hay delante de su camiseta (¿dónde habré oído yo esto?). Mejor será que Felipe esté ya recuperado de sus problemas en la espalda (¿por qué tuvo que venir la montaña a Mahoma en vez de ir Mahoma a la montaña, no sé si me explico?), mejor será que Marc ya no esté en la cama con amígdalas (que no es un griego sino unas cosas inflamadas que tiene en su garganta) porque vamos a necesitarlos a ambos, y a todos, y al cientodiez por ciento a ser posible. Ya el año pasado tuvimos ocasión de comprobarlo, Serbia ha vuelto y está aquí para quedarse, no les quepa la menor duda, volverán a ganar títulos más pronto o más tarde. Esperemos (por la cuenta que nos tiene) que sea tarde.

Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

Jekyll & Hyde   1 comment

(publicado el 4 de septiembre de 2010)

 

Yo creo que ya les voy pillando el truco. Nos cuentan que se concentran mes y medio antes para ir preparando el campeonato pero es mentira, concentrarse lo que se dice concentrarse se concentran, no digo yo que no, prepararse lo que se dice prepararse no estoy ya tan seguro; se prepararán otros, los nuestros más bien se van de gira: entre entrenamiento y entrenamiento hoy toca visita a una central lechera, mañana a rodar el anuncio de San Miguel, pasado recepción en el Ayuntamiento de Logroño y así sucesivamente. Sí, juegan y ganan amistosos, se dan baños de masas, reciben el cariño de ese público que tanto les quiere y a quien tanto deben y un buen día se meten en un avión, aterrizan en Turquía y hala, a jugar. Y entonces pasa lo de siempre, lo que ya pasó en Pekín 2008, no digamos ya en Polonia 2009: mientras los demás llegan ya sobradamente preparados, los nuestros convierten la fase de grupos en su verdadera fase de preparación, como si aún siguieran jugando amistosos poco más o menos. Y entonces nos hacemos cruces, nos echamos las manos a la cabeza, les ponemos a parir sin darnos cuenta de que ellos, que físicamente están ya jugando un campeonato, mentalmente aún están en plena pretemporada. La competición propiamente dicha empieza con los cruces, ahí de un plumazo se acaban las blanduras, los autismos, las caras lánguidas, por fin emerge la intensidad y la pasión por este juego bien jugado. El resto de equipos llegan ya estragados, van ya por el sexto partido oficial pero para nosotros es como si fuera el primero: llegamos a Estambul a comernos el mundo, mientras a nuestros contrarios el mundo se les sale ya por las orejas.

De alguna manera somos como el Doctor Jekyll y Míster Hyde (creo recordar que ambos eran con y griega, vaya por dios, precisamente griega), aunque al revés: Jekyll se tomaba la pócima (o lo que fuera) para convertirse en Hyde, nosotros más bien empezamos en plan Hyde hasta que recibimos nuestra dosis de cara o cruz y entonces ya sí, ya atacamos con sentido, ya defendemos como siempre supimos defender, ya hasta planteamos zonas bien hechas (Scariolo también bajo los efectos de esa misma dosis), ya alcanzamos casi todos los rebotes, ya nuestra rotación vuelve a tener todo el sentido, ya recuperamos para la causa a Fran, a Llull, a Raül, a Felipe, ¡¡¡a Ricky!!!, ya vuelve a salirse Navarro, ya estamos todos, por fin estamos todos. Es nuestro momento, para otros lleva siéndolo una semana, para nosotros el Mundial ha empezado hoy, el miércoles que viene recibiremos nuestra próxima dosis, esperemos que sea suficiente. Qué raros somos, en el fondo qué raros somos.

Y son las tantas, pero no quisiera yo acabar (al hilo de lo que decíamos ayer) sin mandar una sincera felicitación a la selección griega: pretendían por todos los medios (deportivos o no, tanto da) no cruzarse con Estados Unidos, y a fe mía que lo han conseguido; ya no se cruzarán con USA en cuartos ni en semifinales ni siquiera en la Final, ya no se encontrarán jamás con USA antes de Londres 2012, eso como pronto. Objetivo cumplido, pues, bien pueden sentirse orgullosos. Y aún menos quisiera yo acabar sin otra sincera felicitación a la FIBA, que así a lo tonto se ha ahorrado el trago de todo un Serbia-Grecia en cuartos de final: no llegará el patrocinio de Ikea, qué le vamos a hacer, no se puede tener todo en esta vida, pero al menos ya no tendrán que preocuparse por anclar las sillas al parquet o por sustituirlas para la ocasión por aquellos viejos banquillos de madera… Aquí paz y después (esperemos) gloria.

Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

el cuento de la lechera   Leave a comment

(publicado el 3 de septiembre de 2010)

Djordjevic alucinaba, claro. Andaba el terrible Nanclares (ex Nanclares Press) con la calculadora arriba y abajo, si Francia gana pasará esto, si Nueva Zelanda gana de tanto pasará aquello, si gana de cuanto pasará esto otro, y ahí estaba a su lado el inmenso Sasha (grandísimo acierto de Marca TV, por cierto, y que debería perpetuarse más allá del Mundial; no sé cuándo, no sé cómo, no sé con qué, pero que se perpetúe, por favor) sin saber dónde meterse, probablemente sin saber para dónde mirar. Le producía vergüenza ajena tanto cálculo nuestro, tanta obsesión por apartarnos (que nos apartaran, más bien) del camino de Estados Unidos, como si estuviéramos que nos salimos, como si no hubiera que jugar otros partidos antes, como si ningún otro equipo nos pudiera ganar. En un momento dado se puso serio, vino a decir algo así como vamos a ver, un Mundial no se juega pensando con quién vas a jugar dentro de tres días o dentro de una semana, un Mundial se juega partido a partido, cada partido es importante, hay que ganar cada partido antes de pensar en el siguiente… (no debieron de ser éstas las palabras exactas, no me da la memoria para tanto, pero ésa era más o menos la idea).

No puedo estar más de acuerdo con él. Y hasta podría haber sido mucho más claro, podría haber dicho por ejemplo vamos a ver, qué demonios hacen ustedes pensando en Estados Unidos si hasta ahora sólo han sido capaces de ganar a Nueva Zelanda, Canadá y el Líbano, preocúpense primero por los que son de su tamaño… No lo dijo, pero no diría yo que no lo pensara. Sí, claro, somos campeones del mundo (hoy hace cuatro años), campeones de Europa, cuasicampeones olímpicos pero eso desgraciadamente sólo es historia, la vida sigue, el baloncesto sigue, los equipos evolucionan, unos a mejor y otros a peor, qué le vamos a hacer. Mañana espera Grecia, y a mí a día de hoy me suda la [añádase el término malsonante que se prefiera] habernos quitado del camino de USA porque ahora mismo sólo me preocupa Grecia, porque no me gusta un pelo tener que jugárnosla con Grecia, porque yo a quien quería ver en octavos era a Rusia, sí, a Rusia, independientemente de con quién nos cruzáramos después (y siempre y cuando hubiera un después). Y no me venga ahora diciendo que a Grecia ya le ganamos en 2006 (tal día como hoy, insisto), en 2007 y en 2009 porque ya le dije antes que eso ya es historia, que rentabilidades pasadas no presuponen rentabilidades futuras como dicen los bancos. Y tampoco me venga ahora diciendo que Rusia habría sido más difícil que Grecia porque Rusia ganó a Grecia, que ni usted ni yo nos hemos caído de un guindo que yo sepa. Vi poco del Rusia-Grecia, apenas las conexiones que fueron intercalando a lo largo del Serbia-Argentina, pero vi lo suficiente como para darme perfecta cuenta de que los griegos se estaban tocando concienzudamente la [añádase nuevamente el término anterior]: no precisamente por no cruzarse con nosotros (pensando que seríamos terceros de grupo) como ingenuamente ha insinuado algún medio en su tradicional arrebato de patrioterismo, sino por estar enfermos de la misma obsesión que nosotros: apartarse del camino de USA, vaya por dios.

 

Pero no me comparen a esta Grecia con esta Rusia, que al menos yo (resultados ficticios al margen) no encuentro comparación posible. Fieles a su tradición los rusos no aparentan tener sangre en las venas sino más bien horchata, no valenciana precisamente. Qué duda cabe, tienen una nueva generación interesante (me encanta Ponkrashov, por cierto) y una vieja generación (Monya, Khryapa…) en proceso de franca involución. Echan de menos a Holden como el comer (más que a Kirilenko incluso) o en su defecto a algún McCarthy de la vida que pudiera inyectarles un poco de espíritu. Vale, sí, tienen un gran entrenador pero ni por esas, Blatt sólo no es suficiente, no al menos en este caso: porque son como témpanos de hielo así en los grupos como en los cruces, porque les habriamos podido meter mano (en términos baloncestísticos, entiéndase) con mucha más facilidad. Vamos, que a día de hoy ni siquiera estaría yo muy seguro de apostar por ellos en su cruce ante los refrescantes Tall Blacks de los abuelos Penney y Cameron y de ese incipiente y emergente chaval con nombre de tienda, Abercrombie… (dicho todo lo cual ya me imagino a los rusos en la Final, claro: pues no soy yo nadie haciendo pronósticos).

¿Grecia? Apunten: Diamantidis, Spanoulis, Fotsis, Zisis (o sea los de siempre, excepción hecha de Papaloukas claro está) y un imponente juego interior en el que rotan Schortsanitis y Bourousis en el centro y Tsartsaris y Printezis a su alrededor, más algún que otro descubrimiento de nuevo cuño como ese tal Kaimanoglu (o como se llame); y los que me dejo, claro. ¿Que no están jugando bien? Pues claro que no, ni los nuestros tampoco, ya puestos: a ver si ahora nos vamos a ilusionar por lo mal que están ellos antes de preocuparnos por cómo estamos nosotros. Mal de muchos… Eso sí, al menos en el pecado habrán llevado también la penitencia: querían apartarse de USA a cualquier precio, qué duda cabe, pero no creo que entrara precisamente en sus cálculos cruzarse con España, supongo que esperarían más bien encontrarse con Francia. Que no éramos su prioridad es evidente, pero que sospecho que a la vista de los antecedentes este cruce tampoco les hará excesiva gracia… Casi tan poca como nos hace a nosotros.

Y es que en el fondo asistimos a una gran paradoja: probablemente no habrá habido en todo el Mundial dos selecciones más obsesionadas por apartarse del camino yanqui que la española y la griega, y a fe mía que lo han conseguido. De hecho mañana a estas horas una de ellas sabrá ya a ciencia cierta que no se va a cruzar con la norteamericana ni en pintura, vamos que ni en la Final siquiera; podrá estar bien tranquila porque ya no volverá a encontrarse a los norteamericanos hasta los Juegos de Londres 2012, y eso en el mejor de los casos. La otra, la que gane, ciertamente no tendrá que pasar por el odioso trance de vérselas con USA en cuartos pero tendrá que vérselas muy probablemente con Serbia. Que no será lo mismo, no digo yo que no, pero que no tiene por qué ser necesariamente mejor. Tanto cálculo, tanta leche, tanta obsesión por no ver a los americanos (de USA) hasta el 12 de septiembre… y la una caerá mañana y la otra ya veremos si sigue viva más allá del miércoles 8 de septiembre. ¿Cómo era aquella fábula de la pastorcilla (o lo que fuera) que iba al mercado a vender un cántaro de leche, y que por el camino iba ya echando cuentas pensando en todo lo que iba a comprarse con lo que ganara, y que en éstas estaba cuando se le cayó el cántaro, se le hizo añicos, se le desparramó toda la leche…? Pues eso.

Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

nos está bien empleado   Leave a comment

(publicado el 31 de agosto de 2010)

 

Suelo yo decir (demasiadas veces se lo habré dicho a mi hijo, por ejemplo) que el deporte sólo debe servir para intentar ser felices, jamás para lo contrario. Suelo añadir que la alegría (moderada, a ser posible) por un triunfo puede durarnos toda la vida si así lo deseamos, pero que la amargura tras una derrota nunca debería durarnos más allá de cinco minutos. Suelo decirlo y generalmente suelo cumplirlo, aunque habremos de reconocer que hay derrotas y derrotas: hoy, por ejemplo, los cinco minutos se me han quedado un poco cortos, me han hecho falta casi diez para autodisciplinarme, para acabar de expulsar toda la mala leche acumulada y recordar que la vida sigue, que el baloncesto sigue, que el Mundial sigue y no ha hecho sino comenzar, que nos lo estamos pasando en grande con partidos como esos Eslovenia-Croacia y USA-Brasil de ayer, con comentaristas como Messina y Djordjevic (que merecerán capítulo aparte uno de estos días), que aún queda lo mejor… Más o menos creo haberlo conseguido, aunque ahora el venir a escribirlo no sé si tendrá un efecto positivo o más bien al contrario, no sé si me ayudará a acabar de desahogarme o si provocará que se me regenere de nuevo la mala hostia… De una forma o de otra, supongo que si les dejo alguna consideración me acabaré quedando algo más a gusto, así que allá vamos:

– Pensaba yo escribir un día de estos (y aún puede que lo haga) sobre la trascendencia de vivir sin Calde, que a mi juicio va mucho más allá de lo meramente baloncestístico. Visto desde fuera José Manuel Calderón transmite siempre esa sensación de ser una especie de líder natural, un tipo que jamás dirá una palabra más alta que otra pero a quien sus compañeros tienden a escuchar y seguir con auténtico respeto y (casi) veneración, así en los Raptors como en la Selección. Y mira que aquí deberíamos estar ya más que acostumbrados a su ausencia, que lleva sin jugar ni un solo partido oficial (oficial, insisto) con España desde la semifinal olímpica de 2008… pero qué quieren que les diga, hay ausencias a las que uno jamás termina de acostumbrarse.

– Porque con ser terrible el impacto de su ausencia fuera de la cancha, el impacto de dentro no está siendo precisamente menor. Le pedimos a Ricky que haga lo mismo, que pare, temple y mande como si de un veterano de lujo se tratara, y demasiadas veces nos olvidamos de que aún son sólo diecinueve años, de que a su edad la mayoría de sus compañeros sólo estaban empezando a ganar el Mundial Júnior de Lisboa. Me dirán que no es lo mismo, me dirán que Ricky lleva ya cinco temporadas jugando baloncesto de altísima calidad; y así es, no digo yo que no, sólo digo que a este nivel de exigencia la dirección sobre la cancha requiere madurez y equilibrio, especialmente en esos momentos crujientes de cada partido: y a día de hoy desgraciadamente Ricky aún no nos da ni una cosa ni la otra. Ricky lo tiene todo para convertirse en uno de los mejores bases del planeta, qué duda cabe, pero ello probablemente no sucederá antes de ocho o diez años. A día de hoy Ricky alterna momentos sublimes con pardilladas sublimes (ese balón contra su espalda en el saque de fondo lituano…) siendo tanto mayores las segundas que los primeros según se acerca el final del partido y cuanto más igualado esté. Llegaba a este Mundial predestinado al papel de segundo base, deagitador, y le ha caído un chorro de minutos y de responsabilidad muy superior a lo que suele tener en su club, por ejemplo. Él jamás lo reconocerá en público, lógicamente, pero a mí me da la impresión de que se le está viniendo el mundo encima.

– Y por dentro, tres cuartos de lo mismo: vale que Marc está sobremarcado por aquello de ser nuestra única verdadera referencia interior, vale que le están crujiendo las costillas en cada defensa, vale que apenas le llegan balones decentes, vale todo lo que ustedes quieran pero a Marc le estamos pidiendo que haga de Pau y Marc no es Pau, Marc es muy bueno y va a ser mucho mejor, pero no es Pau y no lo será nunca. Y a día de hoy la diferencia entre Marc y Pau no es tanto una cuestión de baloncesto (que también, claro): es sobre todo una cuestión de madurez. Salvo error u omisión ésta es su primera prueba de fuego en la selección sin su hermano al lado, y me temo que le está pesando mucho más de lo que cabía imaginar.

– Dicho todo lo cual, debería caérseme la cara de vergüenza: hemos perdido ante una Francia sin Parker, Beauvois, Noah, Turiaf, Diot, Ajinka, etc etc, y ante una Lituania sin Jasikevicius, Kaukenas, Siskauskas, los Lavrinovic, etc etc… ¿y aquí estoy yo justificándolo todo en base a nuestras ausencias? Lo dicho, debería caérseme la cara de vergüenza.

– Y hablando de Lituania tampoco estará ahora de más recordar que les metimos dos palizas como dos soles durante aquella presunta fase de preparación (que dios confunda), todo lo cual nos dio pie para compadecernos de ellos, hay que ver, con lo que han sido y mírales ahora, pobrecitos, vaya papelón que les espera. Yo ni siquiera pude evitar acordarme de todos aquellos aficionados que les acompañaron a Madrid 2007 (probablemente estos mismos que hoy les acompañan en Esmirna), fíjate, pobre gente, con lo fieles que son, vaya sufrimiento que se les viene encima… ¿Sufrimiento? A día de hoy tres de tres, y ahí andarán mirándonos muy por encima del hombro aunque sólo sea para recordarnos que una fase de preparación es precisamente eso, de preparación, no importan las victorias ni aún menos las derrotas, lo único que verdaderamente importa es la preparación, como su propio nombre indica…

– En la susodicha fase de preparación (que dios…) compramos todos una teoría muy bonita, según la cual una de nuestras principales virtudes era la amplísima rotación de que disponíamos: cinco titular contra cinco titular muchas selecciones nos aguantaban el tirón, pero cuando llegaba la hora del relevo, ay amigo, eso ya era otra historia: nosotros poníamos en liza a una especie de segundo quinteto titular (así lo llamábamos) mientras los otros ponían suplentes, generalmente a años luz de sus titulares; los nuestros mantenían el nivel mientras a nuestros rivales se les empezaba a caer todo su castillo de naipes. Y nosotros que nos lo creímos, y fuimos felices y comimos perdices con aquella teoría hasta que llegó la cruda realidad (o sea, el Mundial propiamente dicho) a poner las cosas en su sitio: hoy la realidad nos dice que nuestro presunto segundo quinteto titular no le aguanta el tirón ni al tato, que aparecer en cancha y desvanecerse nuestras ventajas como un azucarillo es todo uno, que cualquier banda de suplentes propiamente dicha mejora en rendimiento a la nuestra. La rotación iba a ser nuestro punto fuerte y ahora es nuestro punto débil, antes era llegar los cambios y frotarnos las manos, ahora llegan los cambios y nos ponemos a temblar. Qué cosas.

– Y es que si se paran a pensarlo, en los tres partidos (sí, Nueva Zelanda inclusive) hemos repetido la misma dinámica: bien el primer cuarto y el tercero, mal el segundo y el cuarto. Empezamos razonablemente bien, llegan los cambios y bajamos, vuelven los titulares y a duras penas consiguen recuperar el nivel; y tras el descanso, tres cuartos de lo mismo: volvemos a empezar a bien, llega el bajón con los cambios, vuelven finalmente los titulares pero ya también contagiados de ese mismo bajón; contra Francia perdimos tras haberlo tenido casi ganado, contra los Tall Blacks salvamos claramente los muebles (pero porque era Nueva Zelanda, no por otra cosa) y contra Lituania ya lo han visto, toda una lección magistral de cómo arrojar por el sumidero una ventaja de dieciocho puntos a mediados del tercer cuarto. Me lo expliquen. Pero como nadie va a explicármelo, aventuraré yo (más allá de estados anímicos, crisis motivacionales, malos rollos y demás teorías difícilmente comprobables) una hipótesis muy particular, muy mía: ¿no estaremos ante un problema de preparación física? ¿no da la sensación de que empiezan los partidos (y las segundas mitades) frescos y sin embargo llegan al descanso (y no digamos ya al final) absolutamente reventados? No, claro que no será la única causa, pero bien podría ser una de las causas.

– Y sin querer yo sumarme al coro que a estas horas andará pidiendo la cabeza de Scariolo en todo foro que se precie, sí me permitiría hacerle una mínima petición: por favor, rote de otra manera, se lo ruego. Créame, no es estrictamente necesario juntar siempre titulares con titulares y suplentes con suplentes, tampoco parece imprescindible que Marc sólo pueda compartir cancha con Garbajosa y Fran con Felipe, no creo que pase nada por jugar más minutos con un verdadero tres ni parece que haga falta que a Claver se le pele necesariamente el culo en el banquillo (que para esto bien podía haber ido el Chimpa), ni siquiera está escrito que si Ricky anda espeso en los minutos finales no pueda ocupar su lugar Raül López. Que sí, que ya lo sé, que usted es el que entiende mientras que yo sólo soy un mero aficionado, qué le vamos a hacer, son sólo cosas mías, ideas que se me van ocurriendo, tampoco me las tenga en cuenta…

– En resumidas cuentas: que suponiendo que ganemos al Líbano y al Canadá (que es mucho suponer, tal y como están las cosas) seguramente seremos terceros, lo cual en condiciones normales nos llevaría a enfrentarnos contra Grecia o Rusia en octavos (preferiría yo a Rusia, pero me temo que será Grecia); y suponiendo que pasemos (que es más suponer todavía) nos caería impepinablemente USA en cuartos de final, qué les voy a contar yo que ustedes no sepan ya a estas alturas. O dicho de otra manera: que nos está bien empleado. Aquí, que solemos ser más papistas que el papa, nos habíamos pasado todo el verano preocupados porque tal y como estaba configurado el cuadro USA nos caería en semis, impidiéndose así esa histórica final a la que parecíamos estar predestinados. Y tras la derrota contra Francia no faltaron los que se frotaron las manos, mira tú qué bien, ahora en vez de ser primeros de grupo seremos segundos, así que ahora ya no nos cruzaremos con Estados Unidos hasta la final… Pues mira tú qué bien, si no querías caldo pues toma dos tazas, si pensabas que una derrota nos venía bien ahora ya tienes dos, si con la primera creíste quitarte a USA de enmedio ahora con la segunda ya los tienes ahí a la vuelta de la esquina (eso suponiendo que lleguemos a doblar la esquina, claro). Es lo que tiene jugar con fuego, que casi siempre te acabas quemando. Si es que nos encanta construir castillos de naipes para luego mirar detenidamente cómo se nos caen, si es que en el fondo nos está muy bien empleado…

Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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