el cuento de la lechera   Leave a comment

(publicado el 3 de septiembre de 2010)

Djordjevic alucinaba, claro. Andaba el terrible Nanclares (ex Nanclares Press) con la calculadora arriba y abajo, si Francia gana pasará esto, si Nueva Zelanda gana de tanto pasará aquello, si gana de cuanto pasará esto otro, y ahí estaba a su lado el inmenso Sasha (grandísimo acierto de Marca TV, por cierto, y que debería perpetuarse más allá del Mundial; no sé cuándo, no sé cómo, no sé con qué, pero que se perpetúe, por favor) sin saber dónde meterse, probablemente sin saber para dónde mirar. Le producía vergüenza ajena tanto cálculo nuestro, tanta obsesión por apartarnos (que nos apartaran, más bien) del camino de Estados Unidos, como si estuviéramos que nos salimos, como si no hubiera que jugar otros partidos antes, como si ningún otro equipo nos pudiera ganar. En un momento dado se puso serio, vino a decir algo así como vamos a ver, un Mundial no se juega pensando con quién vas a jugar dentro de tres días o dentro de una semana, un Mundial se juega partido a partido, cada partido es importante, hay que ganar cada partido antes de pensar en el siguiente… (no debieron de ser éstas las palabras exactas, no me da la memoria para tanto, pero ésa era más o menos la idea).

No puedo estar más de acuerdo con él. Y hasta podría haber sido mucho más claro, podría haber dicho por ejemplo vamos a ver, qué demonios hacen ustedes pensando en Estados Unidos si hasta ahora sólo han sido capaces de ganar a Nueva Zelanda, Canadá y el Líbano, preocúpense primero por los que son de su tamaño… No lo dijo, pero no diría yo que no lo pensara. Sí, claro, somos campeones del mundo (hoy hace cuatro años), campeones de Europa, cuasicampeones olímpicos pero eso desgraciadamente sólo es historia, la vida sigue, el baloncesto sigue, los equipos evolucionan, unos a mejor y otros a peor, qué le vamos a hacer. Mañana espera Grecia, y a mí a día de hoy me suda la [añádase el término malsonante que se prefiera] habernos quitado del camino de USA porque ahora mismo sólo me preocupa Grecia, porque no me gusta un pelo tener que jugárnosla con Grecia, porque yo a quien quería ver en octavos era a Rusia, sí, a Rusia, independientemente de con quién nos cruzáramos después (y siempre y cuando hubiera un después). Y no me venga ahora diciendo que a Grecia ya le ganamos en 2006 (tal día como hoy, insisto), en 2007 y en 2009 porque ya le dije antes que eso ya es historia, que rentabilidades pasadas no presuponen rentabilidades futuras como dicen los bancos. Y tampoco me venga ahora diciendo que Rusia habría sido más difícil que Grecia porque Rusia ganó a Grecia, que ni usted ni yo nos hemos caído de un guindo que yo sepa. Vi poco del Rusia-Grecia, apenas las conexiones que fueron intercalando a lo largo del Serbia-Argentina, pero vi lo suficiente como para darme perfecta cuenta de que los griegos se estaban tocando concienzudamente la [añádase nuevamente el término anterior]: no precisamente por no cruzarse con nosotros (pensando que seríamos terceros de grupo) como ingenuamente ha insinuado algún medio en su tradicional arrebato de patrioterismo, sino por estar enfermos de la misma obsesión que nosotros: apartarse del camino de USA, vaya por dios.

 

Pero no me comparen a esta Grecia con esta Rusia, que al menos yo (resultados ficticios al margen) no encuentro comparación posible. Fieles a su tradición los rusos no aparentan tener sangre en las venas sino más bien horchata, no valenciana precisamente. Qué duda cabe, tienen una nueva generación interesante (me encanta Ponkrashov, por cierto) y una vieja generación (Monya, Khryapa…) en proceso de franca involución. Echan de menos a Holden como el comer (más que a Kirilenko incluso) o en su defecto a algún McCarthy de la vida que pudiera inyectarles un poco de espíritu. Vale, sí, tienen un gran entrenador pero ni por esas, Blatt sólo no es suficiente, no al menos en este caso: porque son como témpanos de hielo así en los grupos como en los cruces, porque les habriamos podido meter mano (en términos baloncestísticos, entiéndase) con mucha más facilidad. Vamos, que a día de hoy ni siquiera estaría yo muy seguro de apostar por ellos en su cruce ante los refrescantes Tall Blacks de los abuelos Penney y Cameron y de ese incipiente y emergente chaval con nombre de tienda, Abercrombie… (dicho todo lo cual ya me imagino a los rusos en la Final, claro: pues no soy yo nadie haciendo pronósticos).

¿Grecia? Apunten: Diamantidis, Spanoulis, Fotsis, Zisis (o sea los de siempre, excepción hecha de Papaloukas claro está) y un imponente juego interior en el que rotan Schortsanitis y Bourousis en el centro y Tsartsaris y Printezis a su alrededor, más algún que otro descubrimiento de nuevo cuño como ese tal Kaimanoglu (o como se llame); y los que me dejo, claro. ¿Que no están jugando bien? Pues claro que no, ni los nuestros tampoco, ya puestos: a ver si ahora nos vamos a ilusionar por lo mal que están ellos antes de preocuparnos por cómo estamos nosotros. Mal de muchos… Eso sí, al menos en el pecado habrán llevado también la penitencia: querían apartarse de USA a cualquier precio, qué duda cabe, pero no creo que entrara precisamente en sus cálculos cruzarse con España, supongo que esperarían más bien encontrarse con Francia. Que no éramos su prioridad es evidente, pero que sospecho que a la vista de los antecedentes este cruce tampoco les hará excesiva gracia… Casi tan poca como nos hace a nosotros.

Y es que en el fondo asistimos a una gran paradoja: probablemente no habrá habido en todo el Mundial dos selecciones más obsesionadas por apartarse del camino yanqui que la española y la griega, y a fe mía que lo han conseguido. De hecho mañana a estas horas una de ellas sabrá ya a ciencia cierta que no se va a cruzar con la norteamericana ni en pintura, vamos que ni en la Final siquiera; podrá estar bien tranquila porque ya no volverá a encontrarse a los norteamericanos hasta los Juegos de Londres 2012, y eso en el mejor de los casos. La otra, la que gane, ciertamente no tendrá que pasar por el odioso trance de vérselas con USA en cuartos pero tendrá que vérselas muy probablemente con Serbia. Que no será lo mismo, no digo yo que no, pero que no tiene por qué ser necesariamente mejor. Tanto cálculo, tanta leche, tanta obsesión por no ver a los americanos (de USA) hasta el 12 de septiembre… y la una caerá mañana y la otra ya veremos si sigue viva más allá del miércoles 8 de septiembre. ¿Cómo era aquella fábula de la pastorcilla (o lo que fuera) que iba al mercado a vender un cántaro de leche, y que por el camino iba ya echando cuentas pensando en todo lo que iba a comprarse con lo que ganara, y que en éstas estaba cuando se le cayó el cántaro, se le hizo añicos, se le desparramó toda la leche…? Pues eso.

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Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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