el último tiempo muerto   1 comment

(publicado el 6 de agosto de 2010)

Antes de que supiéramos siquiera quién era Bobby Knight, antes de conocer la lejana existencia de John Wooden, Adolph Rupp, Hank Iba, Lou Carnesseca o Lute Olson, antes de Krzyzewski, Pitino o Boeheim, antes de todos ellos fue Dean Smith. Dean Smith fue el primer entrenador de baloncesto universitario del que oí hablar en mi vida, Dean Smith era el técnico del primer equipo de baloncesto americano (de USA) al que vi jugar en mi vida, aquella Universidad de North Carolina que honró con su presencia un ya lejano Torneo de Navidad del Real Madrid de mi (aún más lejana) infancia. Y aún más de veinte años después, Dean Smith fue también el primero en triunfar en la primera Final Four que nos ofreció el Plus (recién abonado estaba yo casualmente por aquel entonces), aquella inolvidable (por tantos motivos) de 1993. Antes y entonces y ahora, supimos (sabemos) que este juego no sería el mismo sin Dean Smith, supimos que Bob McAdoo, James Worthy, Sam Perkins, Michael Jordan, Brad Daugherty, Kenny Smith, Rasheed Wallace, Jerry Stackhouse, Vince Carter, Antawn Jamison, Larry Brown, George Karl, Roy Williams, tantos otros (infinidad de ellos), no habrían sido los mismos jugadores/entrenadores ni aún menos serían hoy las mismas personas de no haber gozado, acaso en el momento más determinante de sus vidas, de la influencia de Dean Smith. Y hasta supimos que las primeras cuatro esquinas nacieron de la mente privilegiada de Dean Smith, y hasta escuchamos tantas veces aquella frase hecha que no por hecha resultaba menos cierta, el último tiempo muerto siempre es de Dean Smith. Que se lo pregunten (por ejemplo) a Chris Webber, a ver de quién era siempre ese último tiempo muerto…

Probablemente lo habrán leído ya en la última entrada del blog de Miguel Ángel Paniagua (última en todos los sentidos, me temo): Dean Smith se nos está apagando. Su cuerpo aún sigue vivo, cumplirá ochenta años el próximo febrero. Su mente ya no: afectada por una especie de demencia senil aguda (nunca sé dónde acaba la demencia senil y dónde empieza el Alzheimer, ni sé si son dos cosas distintas o dos maneras distintas de llamar a la misma cosa), su mente ya apenas sabe quién es y aún menos recuerda quién fue. Su memoria otrora prodigiosa ya no existe, ya no entiende de jugadas ni jugadores, ya ni reconoce siquiera la existencia de este juego: sólo un inmenso vacío en su interior, un montón de horas huecas transcurriendo sin ningún sentido a su alrededor. A veces, los que no tenemos dioses ni cielos nos vemos en el trance de tener que explicarle a un niño alguna pérdida irreparable, y entonces solemos recurrir a aquello de que cuando alguien fallece sigue aún viviendo en la memoria de todos los que le conocimos. No, por supuesto que éste no es aún el caso de Dean Smith, Dean Smith sigue existiendo pero sus recuerdos ya sólo existen en la memoria de quienes le conocieron, también de algún modo en la memoria colectiva de miles y miles de aficionados de Carolina del Norte, millones de aficionados más en el mundo entero que alguna vez tuvimos la ocasión de disfrutar de un equipo de baloncesto entrenado por Dean Smith. Porque una vez más (pero esta vez por desgracia, esta vez sin haberlo pedido siquiera) se cumple ese viejo axioma, una vez más el último tiempo muerto vuelve a ser de Dean Smith. Ojalá no lo fuera.

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Publicado octubre 29, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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