insoportable   Leave a comment

(publicado el 9 de agosto de 2010)

 

Hay jugadores que montan un número un día y son un contratiempo; hay otros que lo montan muchos días y son ya una constante preocupación; y están finalmente aquellos que son ya un número en sí mismos, que lo llevan montado de serie durante toda una vida: esos son los insoportables… Más o menos algo así podría haber escrito Bertolt Brecht si hubiera tenido la desgracia de conocer a Linas Kleiza.

Allá por su periplo americano, así en los Tigers de la Universidad de Missouri como (sobre todo) en los Nuggets de Denver, pudimos tener ya la sensación de que la presunta neurona del señor Kleiza no acababa de estar del todo bien ajustada. Apenas un atisbo, una somera impresión, siquiera un indicio de lo que sucedería al llegar a Europa, cambiar el Nuevo por el Viejo Continente y desatarse fue todo uno, un poco como ese típico señorito de ciudad que vuelve al pueblo del que salió de pequeño y ya se cree con derecho a ir mirando por encima del hombro a todo dios: en este año le habré visto no menos de una docena de veces, ni en una sola de ellas le habrán aguantado los cables en su sitio, así con Lituania como con Olympiacos, así en finales o cruces decisivos de Euroliga como en pachangas veraniegas, véase sin ir más lejos la de este pasado sábado: el hombre decidió echar una mano a Scariolo, ahí estaba nuestro seleccionador con sus cuitas, que si Saneme, que si el Chimpa, y en éstas que de repente apareció Kleiza para resolverle sus dudas por la vía del aplastamiento, comprobando de primera mano (de primer pie, más bien) el nivel de resistencia de la columna vertebral de Carlos Suárez (no prosperó, salió indemne). No sin antes haber dejado un codo en el cuello de Felipe (cuántas cuentas pendientes), no sin después soltar algún que otro mandoble acá o allá, no sin lograr indisponerse con más de media grada en el empeño. Si fuera una sola vez lo entendería, véase ayer por ejemplo Lakovic vs. Calde, al fin y al cabo una mala noche la tiene cualquiera; pero en el caso de Kleiza no es ya que llueva sobre mojado, es que nunca jamás ha dejado de llover.

Cuentan que vuelve a América, no esta vez a USA sino a Canadá, es más que probable (dado su evidente nivel de madurez) que se crea poco menos que predestinado a llenar el inmenso vacío dejado por Chris Bosh. No sabe Calde la joya que se lleva… o tal vez sí, tal vez a estas alturas ya se vaya haciendo una idea. Razón de más para escapar cuanto antes de allí.

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Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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