la maldición de LeBron   1 comment

(publicado el 15 de julio de 2010)

Pensábamos que aquello era otro mundo. Habituados como estábamos por aquí a dirigentesdestripaterrones que apenas saben hacer la o con un canuto, promotores inmobiliarios (o similares) tan pobres que no tienen nada más que dinero, que no tienen por costumbre pensar antes de hablar (o más bien que no tienen por costumbre pensar, punto), solíamos mirar con envidia a ese otro lado del charco, a la superprofesionalizada estructura de las franquicias NBA: ese propietario (o grupo de propietarios) manteniéndose en la sombra sin inmiscuirse prácticamente en nada, sin importarle nada más que su cuenta de resultados (no tanto deportivos como económicos), todo el proceso de toma de decisiones puesto en manos de directivos profesionales perfectamente distribuidos entre las diferentes áreas de responsabilidad: podían acertar o equivocarse o como todo dios, pero sin generar ni la décima parte del estruendo que sus (presuntos) colegas acostumbraban a gastarse por estos pagos. Si acaso un tipo como Mark Cuban vendría a ser poco menos que la excepción que confirma la regla, una especie de excrecencia del sistema, una eterna disonancia integrada ya perfectamente en el seno de la Organización. Todo eso (más o menos) pensábamos, así que no estará de más que de vez en cuando alguien nos despierte a voces aunque sólo sea para recordarnos que tampoco somos tan diferentes, que al fin y al cabo patanes los hay en casi todos los sitios. Atendamos pues a las lindezas (que ya conocerán más que sobra) que dejó caer (por escrito, para que no queden dudas) el amo y señor de los Cavaliers de Cleveland, Dan Gilbert, a propósito de la marcha de su ex adorado LeBron James a los Heat de Miami:

Tengo que decir que me siento personalmente humillado por James.
Por un largo tiempo hemos encubierto el tipo de persona que es, pero esta noche ha quedado reflejado el mismo.
Nunca fue capaz de devolver un solo mensaje de teléfono ni de texto desde el final de la temporada sin que el equipo fuese informado de su decisión hasta que salió en directo en el programa de televisión para dar a conocer su decisión.
LeBron James necesita a otro equipo con dos súper estrellas para que pueda ganar un título de campeón. Nosotros ganaremos un campeonato antes que lo hagan los Heat.
Sólo le interesó la promoción personal para culminar con un especial de televisión a nivel nacional para una ‘decisión’, algo que jamás se había visto en la historia de los deportes y probablemente dentro del mundo del espectáculo.
PERSONALMENTE GARANTIZO QUE LOS CLEVELAND CAVALIERS GANARÁN UN CAMPEONATO DE LA NBA ANTES DE QUE EL ASIMISMO PROCLAMADO EX ‘KING’ CONSIGA UNO.
El auto declarado ex ‘King’ se llevará la ‘maldición’ con él al sur. Y hasta que no haga lo ‘correcto’ por Cleveland y Ohio, James (y en la ciudad donde juegue) será, desafortunadamente, poseedora del castigo y el mal karma.

(las negritas, las mayúsculas y la sintaxis son de este señor -o de quien lo tradujo-, no mías…)

A ver: quien tenga la mala costumbre de leerme sabe ya más que de sobra que LeBron James no es santo de mi devoción. No lo es ni en el plano deportivo (lo que no es óbice para que le reconozca sus méritos, faltaría más) ni aún menos en el humano. No me gustan sus formas, ni cuando gana ni cuando pierde ni cuando está en la cancha ni cuando está fuera de ella ni cuando se monta (con la complicidad de la ESPN, claro) un programa de televisión de seis horas para dar a conocer al mundo su decisión, como si fuera el rey del mambo, como si el planeta entero no tuviera otra cosa en qué pensar, tan sólo a la espera de su destino. En esto, sólo en esto, hasta le puedo dar la razón al señor Gilbert, aunque no deja de ser curioso que el susodicho haya ido a conocer la forma de ser de LeBron justo en el preciso instante en que éste anunció su marcha; hay que ver, el hombre le ha aguantado siete años en su equipo, en ese tiempo le habrá visto protagonizar toda clase de chous, desplantes y numeritos varios pero ha sido anunciar su marcha y que al dueño se le abran los ojos, no está mal, más vale tarde que nunca. O dicho de otra manera: si James hubiera anunciado que se quedaba en Cleveland, no me cabe la menor duda de que a Gilbert le seguiría pareciendo a día de hoy una bellísima persona, y de que su especial televisivo le habría resultado hasta corto. Sí, qué duda cabe, el señor James podría haber informado previamente al señor Gilbert de que se iba, una llamada telefónica, un correo electrónico, un mensaje al móvil, yo qué sé, habría sido todo un detalle por su parte, un mínimo toque de ética si así lo quieren pero qué le vamos a hacer, mucho me temo que la ética no es precisamente el fuerte del señor James.

Pero hasta ahí. LeBron James será lo que sea, pero además resulta ser también un profesional, uno como tantos otros, que una vez finalizado su contrato sopesa varias ofertas y finalmente elige ir a donde le parece, donde mejor le van a pagar, donde más opciones de futuro va a tener, donde más a gusto se va a encontrar. Punto pelota. LeBron James nació en Akron, Ohio, y fue elegido en el draft por la franquicia de Cleveland, Ohio, que le ha retribuido religiosamente (y cuantiosamente) sus siete años de servicios. Pero aquella frase de que nadie es profeta en su tierra en muy pocos sitios es más cierta que en la NBA. Si me paro a pensarlo me resulta sumamente difícil encontrar jugadores que jueguen donde nacieron, ni siquiera que jueguen más o menos cerca de donde cursaron el college. LeBron, a su manera, se ha dejado siete años de carrera en su Estado, pero no parece que en ninguna parte se haga constar que esté obligado a permanecer allí de por vida. Se va donde le apetece, simplemente como haría cualquier otro profesional.

Ahora bien: ¿de qué se extrañan? ¿Nos hemos tirado dos años enteros hablando del verano de 2010, y ahora nos vamos a echar las manos a la cabeza porque LeBron (entre otros) cambia de equipo en el verano de 2010? Dan Gilbert, sí así lo quiere, puede sentirse fastidiado, apenado, enojado, cabreado, todos los adoque ustedes quieran por la marcha de James. Ahora bien, ¿personalmente humillado por James? Aún asumiendo (una vez más) que sus formas no fueron precisamente las más adecuadas ¿acaso no sabía ya que esto podía pasar, es más, que era muy probable que pasara? Había quinielas que apuntaban a los Knicks, a los Nets, a los Bulls, a estos Heat y algún otro que me dejo; y sí, también las había que apuntaban que podía quedarse en Cleveland pero como una posibilidad más, en absoluto una probabilidad. Pasó lo que tenía que pasar: Miami es una ciudad mucho más atractiva (en todos los sentidos) que Cleveland, los Heat pagan bien, allí está Pat Riley que sabe jugar sus cartas como nadie, allí está Wade y va a estar Bosh para formar un nuevo Big Three… En términos económicos quizá su oferta no difiriera demasiado de las demás, pero en términos deportivos y en términos lúdico-recreativos, como que no hay color. Blanco y en botella…

Y entonces yo te maldigo… Ya, ya sé que no lo ha dicho así, pero como si lo hubiera. Creer en maldiciones a estas alturas de nuestra vida vendría a ser como creer en los poderes adivinatorios de un pulpo, poco más o menos. Aunque las maldiciones en cierto modo son como las meigas, existir lo que se dice existir no existen, pero haberlas haylas. Como aquella tantas veces contada del entrenador del Benfica cesado en 1962 tras ganar dos Copas de Europa, sin mí ustedes jamás volverán a ganar la Copa de Europa; y hasta la fecha, han pasado casi cincuenta años, el equipo lisboeta ha jugado como cinco finales, lógicamente no ha ganado ninguna… (y ustedes me perdonen que recurra de nuevo al fútbol, pero es que resulta muy socorrido como recurso literario). En baloncesto solemos también llamar maldiciones a (por ejemplo) el hecho de que los Clippers lleven en crisis desde hace treinta años, o a que los equipos profesionales de Cleveland (precisamente) lleven casi cincuenta sin ganar título alguno, pero como no me consta que nadie les hayamaldecido (¿es correcto ese tiempo verbal?) yo más bien prefiero pensar en perennes desastres de planificación o de gestión. Eso sí, soltar presuntas maldiciones es muy fácil, a las pruebas me remito, pero no es menos cierto que no maldice quien quiere sino quien puede. El entrenador del Benfica, sobrado él, al menos podía pensar a ver dónde van a encontrar otro como yo. Pero ¿el propietario de los Cavs? ¿De quépoderes dispone esta criatura para impedir que James y compañía ganen el anillo en Miami? Porque si tantos poderes tiene, un suponer, más le valdría haberlos utilizado para que lo ganara en su propio equipo en lugar de echar ahora espuma por la boca para mandarle a Florida el castigo y el mal karma, que a saber qué demonios será eso. Yo no sé usted, amigo lector, pero me temo que yo ya voy estando un poco mayorcito como para aguantar todas estas tonterías (las mías propias inclusive).

Claro que de todo lo dicho por el amigo Gilbert, yo sobre todo me quedo con aquello de que LeBron James necesita a otro equipo con dos súper estrellas para que pueda ganar un título de campeón. Qué duda cabe, ahí el dueño de los Cavs ha dado en el clavo, LeBron es un mediocre incapaz de ganar un título por sí solo, necesita de otros a su alrededor, por dios qué vulgaridad, otro jugador normal y corriente como Jordan que se lo tuvo que montar con Pippen (y Kukoc, y Rodman…), como Duncan con Parker y Ginóbili, como aquel primer Wade con Shaq, como Pierce con Allen y Garnett, como Kobe con Pau, como tantos otros, vaya panda de inútiles todos ellos que ni siquiera saben ganar solos. Bien mirado ahora lo comprendo, viendo cómo entiende el propietario de los Cavs el concepto equipo, por fin descubro por qué demonios estos Cavs llevaban ya unos cuantos años jugando como el culo: LeBron y sus lebroncillos, seres perfectamente adecuados para hacerle los coros y participar en sus patochadas, presuntamente dirigidos todos ellos por un hombre de paja que más bien parecía estar puesto allí por el Ayuntamiento de Cleveland, demasiado arriba llegaron, lo raro no es que no ganaran más sino que ganaran tanto, aún con todo su LeBron y suslebroneces. Paradojas de la vida, ahora que ya no tendrán a LeBron por fin van a tener a un entrenador, es decir a un entrenador de verdad, es decir Byron Scott. Tanto da. Yo no sé si los Heat ganarán antes o después el título con su flamante Trío Calavera, pero lo que sí sé es que habrán de pasar años y años y más años para que estos Cavs instalados en la depresión y el victimismo logren no ya ganar el título, sino simplemente hacer un papel mínimamente decente en la Liga. Y esto no es una maldición, qué más quisiera yo, es sólo una opinión.

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Publicado octubre 29, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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