Looking Las Vegas   Leave a comment

(publicado el 26 de julio de 2010)

 

La otra noche el Plus tuvo a bien obsequiarnos (es un decir) con un partido de la Liga de Verano de Las Vegas, LVLV para los amigos, aquél que enfrentó (es otro decir) a los Wizards y a los Clippers. Es bien sabido que estas Ligas de Verano no las juegan equipos sino conjuntos de individuos, mayormente integrados por rookies de variado pelaje, yogurines en edad de merecer, temporeros de tres al cuarto, trotamundos varios y meritorios de cualquier clase y condición. Pero con todo y con eso aún dan para sacar un puñado de conclusiones, precipitadas como casi todas las mías, tanto más tratándose de sólo un partido que en realidad no es tal partido sino un mero escaparate. En cualquier caso allá van, y luego no me diga que no le avisé:

1- El duelo de bases no puede ser más curioso: de un lado John Wall, el flamante número 1 del draft; del otro Eric Bledsoe, su brazo derecho durante todo este año en el juego exterior de Kentucky. O dicho de otra manera: dos que se conocen como si se hubieran parido, poco más o menos. Y que además tampoco pueden disimularlo, de hecho se roban mutuamente el balón unas cuantas veces, como en tantas otras ocasiones se lo habrán robado durante los entrenamientos de los Wildcats. Wall parece haberse sacudido ya el polvo de su estreno en días pasados ante los Warriors, el acartonamiento de aquel debut ya deja hoy paso al Wall de siempre, Juanito Muro en estado puro: sobrado como él solo, distribuyendo y penetrando a placer y haciendo gala de una cualidad sumamente peculiar, su incomparable capacidad de absorción, ese quedarse en el aire para dejar la bandeja, llevarse el meneo y aún así aguantar flotando el tiempo suficiente para dejarla dentro (y a la vez sacar la falta, claro), consecuencia todo ello de su exhuberancia física a prueba de bombas, claro está. Wall sobresale, pero Bledsoe también aprueba con nota: le aguanta el duelo, acaso acapara más balón que el necesario pero aún así nos deja una buena impresión. Todo lo cual no evitará que les esperen futuros muy distintos, Wall de capitán-general con mando en plaza (se ponga como se ponga el Comandante Zero), Bledsoe arañando minutos aquí y allá, siempre a la sombra de un dinosauriollamado Baron Davis. Pero que le quiten lo bailao.

2- El duelo de cénters tampoco está nada mal: de un lado JaValee McGee, del otro DeAndre Jordan, vidas paralelas como si dijéramos; ambos llegaron a la Liga antes de tiempo, ambos fueron supliendo sus carencias (o intentándolo, al menos) como buenamente pudieron, ambos intentaron hacerse un huequecillo en base a las lesiones o los descansos de sus titulares, ambos parecen estar en esa encrucijada entre el ya está para explotar y ese otro cartel de eterna promesa que te colocan en cuanto te descuidas. McGee está como más hecho y viene además de una magnífica actuación en el anterior bolo veraniego ante los Warriors, razón por la cual le favorecen todos los pronósticos: craso error. Los Wizards se impondrán sobradamente, pero no precisamente gracias a su juego interior sino a la magnífica sociedad exterior que forman el susodicho Wall y el ex USC Nick Young. Porque McGee pega el petardazo, de un plumazo nos hace olvidar todo lo bueno que mostró contra los Warriors, como confirmando (por si acaso nos quedaba alguna duda) que sacar conclusiones a partir de un solo partido no sirve para nada. Jordan (mira que me cuesta citar este apellido en vano) sale algo mejor en la foto, pero aún así tampoco consigue escapar de la sensación de inconsistencia que parece perseguir a estos dos jugadores. Lo va a tener crudo en Clippers, tanto más si (como parece) por fin emerge el desado Blake Griffin. En cambio su colega McGee, allá por Washington (equipo donut a día de hoy, orondo y rollizo por fuera pero con un inmenso agujero en el centro) podría tener minutos para dar y tomar. Que sea para bien.

3- Pero con todo y con eso, el mejor de los (ampliamente derrotados) Clippers no resulta ser Bledsoe ni Jordan ni ningún otro que nos pille demasiado lejos, sino más bien uno que últimamente acostumbra a vivir aquí al ladito de casa: Nik Caner-Medley, desempeñándose con su intensa desinhibición (o con su desinhibida intensidad, no sé) de siempre, con la desenvoltura de quien ya a estas alturas tampoco tiene nada que perder, si les gusto a estos Clippers (o a cualquier otro) pues miel sobre hojuelas, si no tanto da, en Europa se me rifan, oportunidades no me habrán de faltar, así en el Estu como en cualquier otro sitio. Partidazo, así reboteando y ayudando en ambos lados como ensartando alguno de esos triples imposibles suyos con el defensor casi colgándole del cuello. Ellos sabrán, si no le quieren tanto mejor, eso que aquí saldremos ganando: pero vamos, que cuántos no habrá manifiestamente peores que él, y aún así disputando sus buenos minutos de rotación en aquella Liga. Allá ellos.

4- También en los Clippers, pero emergiendo desde el banquillo, otra cara conocida, incrustada encima de un cuerpo aún más conocido. Esta vez en su espalda no reza Sofo, al fin y al cabo esto también es la NBA aunque no lo parezca, allí te ponen el apellido aunque casi se te rebose por los costados, hete aquí a Schortsanitis en carne (mucha carne) mortal, el mismísimo Sofoklis Schortsanitis que un día fue Baby Shaq y que hoy ya nada tiene de baby y aún mucho menos de Shaq, me temo. Celebran los comentaristas su maduración física e incluso mental, lejos ya aquellos tiempos de los doscientos kilos en que se devoraba hasta al personal de las clínicas de adelgazamiento, pero aquellos que le vemos con cierta frecuencia, así en Olympiacos como en su selección, sabemos que su maduración baloncestística no ha acabado de correr la misma suerte. Sofo no es hoy mejor que cuando se restregaba contra Marc en aquella inolvidable Final de 2006, casi ni es hoy mejor que cuando a comienzos de siglo parecía predestinado a comerse el mundo. Comer, lo que se dice comer, se ha comido muchas cosas pero el mundo aún sigue indemne, esperando (cada vez menos, la verdad) a ver si algún día explota. Acá en Europa aún te puede hacer un buen apaño, allá en USA, con los físicos que acostumbran a gastarse por aquellas zonas, pues como que lo habría de pasar muy mal. Y por si quedara alguna duda él se empeñó en resolvérnosla en este partidito que nos ocupa, con su actuación casi lindando con lo patético: ahora unos pasos, ahora un balón que se le escapa, ahora un pase fallido, ahora me le ponen un tapón, ahora me le hacen un mate, ahora otros pasos, ahora un… Le aguantaron muy poquito tiempo en cancha pero con eso debieron tener ya más que suficiente. Una pena porque el hombre está como loco por cambiar la Paz y la Amistad por el Staples, hasta para llevar el agua se ofrecería si pudiera, y tal vez fuera eso, acaso ese exceso de autopresión le acabara pasando factura: vale que no sea tan bueno como él se cree, ni de lejos, pero tampoco es tan malo como pareció en Las Vegas. Algún día nos acordaremos de lo que pudo haber sido y no fue.

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Publicado octubre 29, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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