nos está bien empleado   Leave a comment

(publicado el 31 de agosto de 2010)

 

Suelo yo decir (demasiadas veces se lo habré dicho a mi hijo, por ejemplo) que el deporte sólo debe servir para intentar ser felices, jamás para lo contrario. Suelo añadir que la alegría (moderada, a ser posible) por un triunfo puede durarnos toda la vida si así lo deseamos, pero que la amargura tras una derrota nunca debería durarnos más allá de cinco minutos. Suelo decirlo y generalmente suelo cumplirlo, aunque habremos de reconocer que hay derrotas y derrotas: hoy, por ejemplo, los cinco minutos se me han quedado un poco cortos, me han hecho falta casi diez para autodisciplinarme, para acabar de expulsar toda la mala leche acumulada y recordar que la vida sigue, que el baloncesto sigue, que el Mundial sigue y no ha hecho sino comenzar, que nos lo estamos pasando en grande con partidos como esos Eslovenia-Croacia y USA-Brasil de ayer, con comentaristas como Messina y Djordjevic (que merecerán capítulo aparte uno de estos días), que aún queda lo mejor… Más o menos creo haberlo conseguido, aunque ahora el venir a escribirlo no sé si tendrá un efecto positivo o más bien al contrario, no sé si me ayudará a acabar de desahogarme o si provocará que se me regenere de nuevo la mala hostia… De una forma o de otra, supongo que si les dejo alguna consideración me acabaré quedando algo más a gusto, así que allá vamos:

– Pensaba yo escribir un día de estos (y aún puede que lo haga) sobre la trascendencia de vivir sin Calde, que a mi juicio va mucho más allá de lo meramente baloncestístico. Visto desde fuera José Manuel Calderón transmite siempre esa sensación de ser una especie de líder natural, un tipo que jamás dirá una palabra más alta que otra pero a quien sus compañeros tienden a escuchar y seguir con auténtico respeto y (casi) veneración, así en los Raptors como en la Selección. Y mira que aquí deberíamos estar ya más que acostumbrados a su ausencia, que lleva sin jugar ni un solo partido oficial (oficial, insisto) con España desde la semifinal olímpica de 2008… pero qué quieren que les diga, hay ausencias a las que uno jamás termina de acostumbrarse.

– Porque con ser terrible el impacto de su ausencia fuera de la cancha, el impacto de dentro no está siendo precisamente menor. Le pedimos a Ricky que haga lo mismo, que pare, temple y mande como si de un veterano de lujo se tratara, y demasiadas veces nos olvidamos de que aún son sólo diecinueve años, de que a su edad la mayoría de sus compañeros sólo estaban empezando a ganar el Mundial Júnior de Lisboa. Me dirán que no es lo mismo, me dirán que Ricky lleva ya cinco temporadas jugando baloncesto de altísima calidad; y así es, no digo yo que no, sólo digo que a este nivel de exigencia la dirección sobre la cancha requiere madurez y equilibrio, especialmente en esos momentos crujientes de cada partido: y a día de hoy desgraciadamente Ricky aún no nos da ni una cosa ni la otra. Ricky lo tiene todo para convertirse en uno de los mejores bases del planeta, qué duda cabe, pero ello probablemente no sucederá antes de ocho o diez años. A día de hoy Ricky alterna momentos sublimes con pardilladas sublimes (ese balón contra su espalda en el saque de fondo lituano…) siendo tanto mayores las segundas que los primeros según se acerca el final del partido y cuanto más igualado esté. Llegaba a este Mundial predestinado al papel de segundo base, deagitador, y le ha caído un chorro de minutos y de responsabilidad muy superior a lo que suele tener en su club, por ejemplo. Él jamás lo reconocerá en público, lógicamente, pero a mí me da la impresión de que se le está viniendo el mundo encima.

– Y por dentro, tres cuartos de lo mismo: vale que Marc está sobremarcado por aquello de ser nuestra única verdadera referencia interior, vale que le están crujiendo las costillas en cada defensa, vale que apenas le llegan balones decentes, vale todo lo que ustedes quieran pero a Marc le estamos pidiendo que haga de Pau y Marc no es Pau, Marc es muy bueno y va a ser mucho mejor, pero no es Pau y no lo será nunca. Y a día de hoy la diferencia entre Marc y Pau no es tanto una cuestión de baloncesto (que también, claro): es sobre todo una cuestión de madurez. Salvo error u omisión ésta es su primera prueba de fuego en la selección sin su hermano al lado, y me temo que le está pesando mucho más de lo que cabía imaginar.

– Dicho todo lo cual, debería caérseme la cara de vergüenza: hemos perdido ante una Francia sin Parker, Beauvois, Noah, Turiaf, Diot, Ajinka, etc etc, y ante una Lituania sin Jasikevicius, Kaukenas, Siskauskas, los Lavrinovic, etc etc… ¿y aquí estoy yo justificándolo todo en base a nuestras ausencias? Lo dicho, debería caérseme la cara de vergüenza.

– Y hablando de Lituania tampoco estará ahora de más recordar que les metimos dos palizas como dos soles durante aquella presunta fase de preparación (que dios confunda), todo lo cual nos dio pie para compadecernos de ellos, hay que ver, con lo que han sido y mírales ahora, pobrecitos, vaya papelón que les espera. Yo ni siquiera pude evitar acordarme de todos aquellos aficionados que les acompañaron a Madrid 2007 (probablemente estos mismos que hoy les acompañan en Esmirna), fíjate, pobre gente, con lo fieles que son, vaya sufrimiento que se les viene encima… ¿Sufrimiento? A día de hoy tres de tres, y ahí andarán mirándonos muy por encima del hombro aunque sólo sea para recordarnos que una fase de preparación es precisamente eso, de preparación, no importan las victorias ni aún menos las derrotas, lo único que verdaderamente importa es la preparación, como su propio nombre indica…

– En la susodicha fase de preparación (que dios…) compramos todos una teoría muy bonita, según la cual una de nuestras principales virtudes era la amplísima rotación de que disponíamos: cinco titular contra cinco titular muchas selecciones nos aguantaban el tirón, pero cuando llegaba la hora del relevo, ay amigo, eso ya era otra historia: nosotros poníamos en liza a una especie de segundo quinteto titular (así lo llamábamos) mientras los otros ponían suplentes, generalmente a años luz de sus titulares; los nuestros mantenían el nivel mientras a nuestros rivales se les empezaba a caer todo su castillo de naipes. Y nosotros que nos lo creímos, y fuimos felices y comimos perdices con aquella teoría hasta que llegó la cruda realidad (o sea, el Mundial propiamente dicho) a poner las cosas en su sitio: hoy la realidad nos dice que nuestro presunto segundo quinteto titular no le aguanta el tirón ni al tato, que aparecer en cancha y desvanecerse nuestras ventajas como un azucarillo es todo uno, que cualquier banda de suplentes propiamente dicha mejora en rendimiento a la nuestra. La rotación iba a ser nuestro punto fuerte y ahora es nuestro punto débil, antes era llegar los cambios y frotarnos las manos, ahora llegan los cambios y nos ponemos a temblar. Qué cosas.

– Y es que si se paran a pensarlo, en los tres partidos (sí, Nueva Zelanda inclusive) hemos repetido la misma dinámica: bien el primer cuarto y el tercero, mal el segundo y el cuarto. Empezamos razonablemente bien, llegan los cambios y bajamos, vuelven los titulares y a duras penas consiguen recuperar el nivel; y tras el descanso, tres cuartos de lo mismo: volvemos a empezar a bien, llega el bajón con los cambios, vuelven finalmente los titulares pero ya también contagiados de ese mismo bajón; contra Francia perdimos tras haberlo tenido casi ganado, contra los Tall Blacks salvamos claramente los muebles (pero porque era Nueva Zelanda, no por otra cosa) y contra Lituania ya lo han visto, toda una lección magistral de cómo arrojar por el sumidero una ventaja de dieciocho puntos a mediados del tercer cuarto. Me lo expliquen. Pero como nadie va a explicármelo, aventuraré yo (más allá de estados anímicos, crisis motivacionales, malos rollos y demás teorías difícilmente comprobables) una hipótesis muy particular, muy mía: ¿no estaremos ante un problema de preparación física? ¿no da la sensación de que empiezan los partidos (y las segundas mitades) frescos y sin embargo llegan al descanso (y no digamos ya al final) absolutamente reventados? No, claro que no será la única causa, pero bien podría ser una de las causas.

– Y sin querer yo sumarme al coro que a estas horas andará pidiendo la cabeza de Scariolo en todo foro que se precie, sí me permitiría hacerle una mínima petición: por favor, rote de otra manera, se lo ruego. Créame, no es estrictamente necesario juntar siempre titulares con titulares y suplentes con suplentes, tampoco parece imprescindible que Marc sólo pueda compartir cancha con Garbajosa y Fran con Felipe, no creo que pase nada por jugar más minutos con un verdadero tres ni parece que haga falta que a Claver se le pele necesariamente el culo en el banquillo (que para esto bien podía haber ido el Chimpa), ni siquiera está escrito que si Ricky anda espeso en los minutos finales no pueda ocupar su lugar Raül López. Que sí, que ya lo sé, que usted es el que entiende mientras que yo sólo soy un mero aficionado, qué le vamos a hacer, son sólo cosas mías, ideas que se me van ocurriendo, tampoco me las tenga en cuenta…

– En resumidas cuentas: que suponiendo que ganemos al Líbano y al Canadá (que es mucho suponer, tal y como están las cosas) seguramente seremos terceros, lo cual en condiciones normales nos llevaría a enfrentarnos contra Grecia o Rusia en octavos (preferiría yo a Rusia, pero me temo que será Grecia); y suponiendo que pasemos (que es más suponer todavía) nos caería impepinablemente USA en cuartos de final, qué les voy a contar yo que ustedes no sepan ya a estas alturas. O dicho de otra manera: que nos está bien empleado. Aquí, que solemos ser más papistas que el papa, nos habíamos pasado todo el verano preocupados porque tal y como estaba configurado el cuadro USA nos caería en semis, impidiéndose así esa histórica final a la que parecíamos estar predestinados. Y tras la derrota contra Francia no faltaron los que se frotaron las manos, mira tú qué bien, ahora en vez de ser primeros de grupo seremos segundos, así que ahora ya no nos cruzaremos con Estados Unidos hasta la final… Pues mira tú qué bien, si no querías caldo pues toma dos tazas, si pensabas que una derrota nos venía bien ahora ya tienes dos, si con la primera creíste quitarte a USA de enmedio ahora con la segunda ya los tienes ahí a la vuelta de la esquina (eso suponiendo que lleguemos a doblar la esquina, claro). Es lo que tiene jugar con fuego, que casi siempre te acabas quemando. Si es que nos encanta construir castillos de naipes para luego mirar detenidamente cómo se nos caen, si es que en el fondo nos está muy bien empleado…

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Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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