orgasmo absoluto   Leave a comment

(publicado el 7 de septiembre de 2010)

Aquellos argentinos que estaban en las gradas del Monumental de River esperando que empezara el fútbol no sabrán nunca lo que se perdieron. Lo habrían sufrido, sí, como lo sufrieron (más) los brasileños, pero cuánto más lo habrían disfrutado (afortunadamente en nuestro deporte ambas cosas son perfectamente compatibles, y manifiestamente saludables). Ahora bien, a aquellos que lo contemplábamos desde un prisma (moderadamente) neutral sólo nos faltó levitar. O como bien dijo antes del partido Ramón Trecet (qué grande haber recuperado su voz para la causa), que aquello iba a ser de orgasmo absoluto. Qué razón tuvo. La cosa ya olía a fiesta desde que conocimos el emparejamiento, pero por una vez la realidad desbordó con creces nuestras mejores expectativas. En un momento de intercambio de triples (Leandrinho vs. Pancho) a comienzos del último cuarto, me dio por pensar en voz alta que aquello era tal vez lo más grande que yo había visto desde la inolvidable Final olímpica de 2008. Luego aflojé, claro, intenté autoconvencerme, no sé, estaré exagerando, quizá no sea para tanto, anda que no habré visto yo partidos buenos en estos dos años, en ACB, en NBA, en NCAA, en Euroliga, en el Eurobasket, en donde fuera. Pero fue inútil, no logré autoconvencerme, tanto menos cuando apenas un par de minutos más tarde el ínclito Nanclares expresó en antena esa misma opinión. No, aquel imponente intercambio de golpes resultaba ser demasiado grande, qué grande Prigioni, qué grande Marcelinho, qué grande Pancho, qué grande Leandrinho, qué grande Delfino, qué grandes también (a ratos) Oberto, Splitter, Varejao, qué grandes todos y qué grande (por encima de todos) Scola, qué grande siempre pero aún mucho más esta noche, qué grande un tipo que anda pidiendo a gritos que le proclamen ya por anticipado MVP del Mundial, tanto da que aún quede lo mejor, tanto dará que luego Argentina no lo gane, tanto da que ahí por el medio estén Durant, Navarro, Ilyasova, todos los que ustedes quieran pero es que a día de hoy (pero no sólo hoy, también en todo lo que llevamos de competición) esto de Scola sencillamente no tiene nombre. Qué obra de arte para enmarcar, suya y de todos, qué lástima que (como dijo aquél) no pudieran pasar los dos a cuartos aunque hubiera que sacar a gorrazos a (por ejemplo) Lituania para hacerles hueco. Si usted no lo vio búsquelo, apáñeselas como pueda (aunque tampoco se preocupe demasiado porque seguro que Marca TV lo habrá de repetir no menos de treinta veces, todavía no tienen mucho más que ofrecer) pero por dios, no lo deje pasar, por nada del mundo se le ocurra perdérselo, aunque sepa ya el resultado y conozca todos los detalles siéntese a verlo, póngase cómodo, créame, no se va a arrepentir. De verdad, qué maravilla.

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Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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