Turpin   Leave a comment

(publicado el 9 de julio de 2010)

Hay jugadores americanos (de USA) que vienen y van sin apenas dejar huella, tipos que pasan desapercibidos por nuestra Liga como por tantas otras, que meses o años después ya ni les recuerdas, que un día te preguntan te acuerdas de Fulanito, que jugó en el tal, y tienes que irte al gúguel o antes a la añorada Basketpedya para confirmar que sí, que efectivamente, anda pues es verdad, ese sujeto existió, anduvo por aquí, no sé cómo demonios habré podido olvidarlo… En cambio hay otros que aunque apenas pasen por estos pagos durante un año, si acaso unos pocos meses, bien capaces son de dejarte huella para toda una vida. Mel Turpin paseó su inmensa humanidad por Zaragoza a finales de los ochenta, en plena edad de oro de este juego en nuestro país, tanto más en aquella ciudad. Llegó con el inusitado cartel de estrella que le daba su altísima (número 6) elección del draft pero con la cruz a cuestas de un sobrepeso evidente, el mismo que siempre le había complicado la existencia en NBA, el mismo del que intentaba redimirse a este otro lado del charco. No lo logró, y la prensa de la época (hasta este mismo diario que nos acoge, lo recuerdo perfectamente) se hizo eco en más de una ocasión de su desmesurada pasión por las hamburguesas. No, en aquel gran CAI (el de los hermanos Arcega, el de Paco Zapata, el de aquel Leon Wood que había sido campeón olímpico en 1984 y hoy es un reputado árbitro NBA) tampoco hubo manera de que adelgazara pero tanto dio, nos dejó una huella humana imborrable, un gran baloncesto interior y unos magníficos números que al menos le valieron para volver por la puerta grande (o eso pensábamos) a USA, para intentarlo de nuevo en los Bullets, para estrellarse otra vez contra la cruda realidad de sus excesos. Luego le perdimos la pista, si acaso en alguna que otra ocasión aún se nos apareció en nuestra memoria al recordar aquellos años, lo suficiente como para imaginárnoslo poniéndose hasta el culo en sabrá dios qué burguer perdido de Kentucky o de cualquier otro sitio…

No sé si es que últimamente se nos muere más gente, o si es que últimamente soy yo más consciente de la gente que se nos muere. Mel Turpin tenía 49 años, que a muchos nos parecen pocos pero a él debieron parecerle más que suficientes. Descanse en paz, amigo.

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Publicado octubre 29, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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