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(publicado el 9 de septiembre de 2010)

 

– Esto es como aquello que se dicen los abuelos cuando ven a los nietos, ellos van p’arriba y nosotros p’abajo. Los serbios van p’arriba y nosotros p’abajo, qué le vamos a hacer, es ley de vida. Ahora bien: ¿tanp’abajo vamos como para que algún periódico (no sé cuál, lo he visto apenas de pasada camino del trabajo) titule hoy a cinco columnas “final de ciclo“? Claro está, resulta muy tentador recurrir a estas cosas cuando ocurre algo así, ya está, se ha acabado un ciclo, es el fin de una era, hay que emprender desde ya la imprescindible renovación, el cambio generacional es ya inaplazable y demás chorradas semejantes. Pero vamos a ver, tampoco nos volvamos locos, la columna vertebral de esta selección (es decir, la generación de Lisboa 99) tiene apenas treinta años, alguno ni siquiera los ha cumplido todavía. ¿Los vamos a enterrar ya? Porque sé de alguna otra selección con una media de edad bastante superior a la nuestra que aún continúa dando guerra en este Mundial, y lo que te rondaré morena. No creo que sea cuestión de edad, o al menos no creo que sea sólo cuestión de edad.

– Así pues ahorrémonos las paletadas de tierra, no enterremos aún a nadie, dejemos que el transcurso del tiempo vaya situando las cosas en su sitio. Esperemos al menos hasta Londres 2012 (si lo jugamos, claro). Asumámoslo, ahí llegará la desbandada, más de uno, más de dos y puede que hasta más de tres aprovecharán esa presunta cita (independientemente de cuál sea su resultado) para anunciar a su término su retirada de la selección. Ahí ya tendrán treintaidos años, tendrá tal vez algún sentido (aunque cada uno es cada uno, y hay quien se apaga a los treinta y quien aguanta fresco y lozano hasta los treintaiséis, o más incluso). ¿Ahora? A ver, imaginemos por un momento que nos hicieran una encuesta preguntándonos quién nos ha parecido nuestro mejor jugador durante este Campeonato: ¿me equivocaría mucho si dijera que el noventa por ciento probablemente nos decantaríamos por Navarro? Vaya, qué casualidad, precisamente La Bomba, precisamente un jugador de esa generación que alguno anda ya pensando en enterrar. ¿Y si nos preguntaran qué jugador nos ha decepcionado más durante este Mundial? Probablemente saldría el nombre de Ricky, muy probablemente también el de Marc: es decir, precisamente los más jóvenes, aquellos a quienes nadie en su sano juicio se le ocurriría pensar en enterrar porque representan sin lugar a dudas el futuro de esta selección. ¿Y entonces? Pues eso, que no se pueden poner etiquetas tan a la ligera, los titulares grandilocuentes quedan muy bien pero una cosa es eso y otra que respondan en absoluto a la realidad. Hace ahora un año (nada más acabar el Eurobasket) escribía yo que algún día nos tendríamos que despertar, lo tengo más que asumido pero también me niego a pensar que éste sea ya ese día. Prefiero pensar que esto haya sido sólo un mal sueño, prefiero creer que aún podremos seguir soñando al menos un par de años más… (Y en todo caso, les ruego que me disculpen mi ingenuidad).

– De todas formas, qué ironías tiene el destino: nos pasamos ayer todo el partido defendiendo como el puto culo, ustedes disculpen la vulgaridad, y en la única posesión que defendimos siquiera decentemente va elTeodosio éste, con la porquería de Mundial que está haciendo, y nos la clava desde ocho o diez metros en su única acción decente de todo el partido… Ahora bien, no nos engañemos: no perdimos por ese triple, como tampoco perdimos por el espectacular desbarajuste que logramos montar en los tres segundos y medio posteriores. Perdimos porque fuimos peores, punto. De hecho si me paro a pensarlo el resultado me parece totalmente engañoso, o más que el resultado la diferencia: ellos dominaron y nosotros fuimos a remolque, ellos jugaron fluidos y nosotros a tirones, ellos jugaron al baloncesto y nosotros al arrebato, defendiendo como he dicho antes y atacando deslavazados, mucho más encomendados a la iluminación individual que al trabajo colectivo, perdiendo balones como si nos pincharan en las manos, totalmente incapacitados para hacer dos jugadas decentes seguidas; nos parecimos demasiado al equipo ramplón de la Primera Fase, como si lo del día de Grecia hubiera sido un espejismo, acaso la propia Grecia fuera en sí misma un espejismo. Y con todo y con eso incomprensiblemente logramos aguantarle el tipo a Serbia hasta casi el final, de hecho si aquel triple no hubiera entrado quién sabe si ahora mismo no estaríamos hablando de otra cosa.

– Y como el que no se consuela es porque no quiere, repitamos una vez más una obviedad que no por mil veces repetida resulta menos obviedad: sin Pau somos otro equipo, y otro aún peor sin Pau y Calde, tanto más después de haber hecho toda la (presunta) fase de preparación con Calde. Es exactamente la diferencia entre un buen equipo y un gran equipo: con ellos, con Pau sobre todo, no somos menos que nadie, en absoluto; sin ellos, sin Pau sobre todo, no estamos ni de lejos al nivel de Serbia, ni al de esta misma USA ni al de los prepotentes turcos, y hasta me atrevería a decir que ni siquiera estamos al nivel de esta Argentina aún por mucho Manu y Chapu que le falten. Sin Pau y sin Calde somos apenas un equipo de segundo nivel, de esos que acostumbran a pelear por los puestos del quinto al octavo. Estamos exactamente donde nos corresponde.

– Así que habrá que jugar estos dos partidos que nos quedan, tontería enorme donde las haya, qué le vamos a hacer. Y créanme, eso tampoco tiene buena pinta: generalmente jode más perder de tres que perder de treinta, tanto más si el que pierde de tres lleva unos pocos años acostumbrado a no perder (casi) jamás mientras el que perdió de treinta acostumbra a verse casi todos los años en esta misma situación. Vamos que los eslovenos estarán en su hábitat natural mientras nosotros estaremos como un pulpo en un garaje pongamos por caso. Me dirán que total a quién le importa, total qué más da ser quinto u octavo. Bueno, pues a mí sí que me importa: me importa porque aún somos los vigentes campeones del mundo, seguiremos siéndolo hasta el domingo y lo menos que se nos puede pedir es que intentemos estar a la altura de nuestro prestigio, así a las duras como a las maduras. Créanme que hubo un tiempo ya muy lejano en el que casi nos dábamos con un canto en los dientes por poder disputar estos puestos, tiempos en los que quedar quintos era casi un éxito y quedar séptimos tampoco estaba tan mal. Ahora ya casi se nos habían olvidado porque llevábamos seis años en las nubes, pero si hay que bajar a la tierra y jugarlos pues se juegan, y con la cabeza bien alta a ser posible. Hemos perdido el tren del Mundial, hemos caído de la lucha por las medallas pero hay algo que no deberíamos perder nunca: la dignidad. Más que nada porque a estas alturas viene siendo ya casi lo único que nos queda.

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Publicado octubre 29, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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