Archivo para octubre 30, 2012

bipartidismo   Leave a comment

(publicado el 10 de enero de 2011)

 

Es lo que tienen estas fechas entrañables de la Navidad, que a veces te encuentras haciendo cosas que no acostumbras a hacer el resto del año. Pongamos por ejemplo el pasado martes 4 de enero, yo desayunando en un hotel, ante mis ojos el canal 24 Horas de TVE escupiendo toda la información deportiva del día o lo que viene siendo lo mismo, la habitual retahíla futbolística, si acaso aderezada con alguna breve reseña de los diferentes rallies Dakar que se disputan en según qué continentes y ya para acabar, por increíble que parezca, también una noticia de baloncesto: Hoy tendrá lugar el sorteo del Top 16 de la Euroliga, en el que por primera vez (¿¿??) Barça y Real Madrid podrían quedar encuadrados en el mismo grupo. Y ya está, y punto, qué falta hará decir más si con eso tienen ya más que suficiente. Que a ver, tampoco les falta razón, tenemos cinco equipos y hay cuatro grupos, luego (si Pitágoras no miente, y a día de hoy no hay constancia de que lo hiciera) dos de ellos habrían de coincidir necesariamente en el mismo grupo, pongamos por ejemplo el Barça y el Madrid, para qué vamos a pensar en cualquier otra posibilidad, a quién le importa que pudiera siquiera existir cualquier otra posibilidad…

Al día siguiente, miércoles 5 de enero, me encontraba yo a la misma hora en el mismo sitio haciendo exactamente lo mismo, otra vez con el susodicho Canal 24 Horas ante mis enrojecidos (por el catarro) ojos. Misma retahíla futbolística, mismas menciones de soslayo a los Dakar o a alguna portentosa hazaña de Nadal y hoy también, para acabar, casualmente otra noticia de baloncesto: Tras el sorteo del Top 16 Barça y Real Madrid ya sólo podrán encontrarse en la Final Four; el sorteo emparejó en el mismo grupo a Unicaja y Caja Laboral. Pues qué bien, ya nos quedamos mucho más tranquilos, total a quién le importa la suerte que haya podido correr cualquiera de nuestros equipos si ya sabemos lo fundamental, sabemos que Barça y Madrid no podrán cruzarse antes de la Final Four (en su caso), todo lo demás es meramente accesorio. Eso sí, en una insospechada concesión a la galería osaron añadir que Unicaja y Caja Laboral estarán en el mismo grupo (¿o sea que también podían coincidir otros, aparte de Madrid y Barça?), corriendo así el serio riesgo de desconcertar a esa inmensa mayoría de la audiencia que ignora que haya otros mundos, Unicaja, Caja Laboral, pero esto qué es, a ver de qué leches me está usted hablando, de la fusión de las cajas de ahorro, pero vamos a ver, no se suponía que estábamos en el bloque de deportes

Llegados a este punto el Gobierno debería tomar cartas en el asunto, perdonen el ripio. Decretar de un plumazo la disolución de toda aquella sociedad (anónima o no, tanto da) deportiva que no se llame Real Madrid C.F. o F.C. Barcelona, acabar así por decreto con cualquier posibilidad de tercera (o cuarta, o quinta…) vía, que no haya otras opciones, que todo dios tenga que tomar partido, se acabaron los tibios, los indecisos, los mediocres, los neutrales, las medias tintas, o eres blanco o eres blaugrana, fuera grises, amarillos, verdes, rojos o celestes, ahora ya nadie podrá decir me da igual el uno que el otro o aún peor, me importan una mierda tanto el uno como el otro, no, ahora ya todo dios tendrá que decantarse por el uno o por el otro más que nada porque ya no habrá ninguno más, sólo Madrid y Barça, por fin, que jueguen entre sí dos o tres veces por semana así en fútbol como en baloncesto, así hasta que revienten (o hasta que reventemos todos los demás). O dicho de otra manera: sería como otorgar carta de naturaleza a lo que ya viene siendo una situación de hecho, al menos en lo que a nuestros medios de comunicación se refiere; a ver si así nos acaba de quedar claro.

Y luego nos quejamos (algunos) de bipartidismo… ¿Cómo no vamos a ser bipartidistas en este país, si en realidad no sabemos ser ninguna otra cosa?

Publicado octubre 30, 2012 por zaid en Euroliga, medios, preHistoria

eventos navideños   Leave a comment

(publicado el 23 de diciembre de 2010)

 

Es Navidad, tiempo de paz, de felicidad, de alegría y de hermandad, y desde este humilde blog (aún con las limitaciones temporales padecidas en estos días) no podemos ni queremos permanecer ajenos a tan magna celebración del espíritu navideño. Y qué mejor manera de hacerlo que sumarnos a esa noble causa de los partidos benéficos tan habitual en otros deportes durante estas señaladas fechas, el partido contra la droga, el partido contra la pobreza, el partido contra la delincuencia, el partido contra la obesidad, el partido contra los partidos, qué sé yo, presentados todos ellos cual si se tratara de una panda de colegas que se montaran un solteros contra casados, amigos de Iker vs. amigos de Figo, amigos de Cristiano vs. amigos de Ronaldo, amigos de Zinedine vs. amigos de Materazzi, amigos de Rafa vs. amigos de Roger (aunque estos no deben de tener muchos, porque casi siempre juegan solos)… No, el baloncesto no podía de ningún modo permanecer al margen de esta inmensa ola de solidaridad pero eso sí, a nuestra manera, desde la discreción, disfrazándolo de competición oficial para que pase aún más desapercibida si cabe la nobleza de nuestro gesto. Tan desapercibida que acaso usted ni tan siquiera se haya dado cuenta pero no tema, para eso estamos aquí, para dejar constancia expresa de los dos grandes eventos navideños que nuestro deporte tendrá a bien lanzar al mundo en estos días…

Amigos de Kobe vs. Amigos de LeBron: no suelo ser yo especialmente inteligente (cualquiera que haya leído lo anterior habrá podido comprobarlo), es bien sabido que carezco por completo de dotes premonitorias pero aún así habré de confesarles algo: este pasado mes de julio, justo aquella misma noche en que LeBron, con la sencillez que le caracteriza, comunicó al mundo que había decidido llevarse todo su talento (y todo lo que no es talento, cabría añadir) a South Beach (o sea, a Miami), supe ya perfectamente que la NBA programaría el Lakers-Heat para el día de Navidad. No, no es que tenga poderes, es que era de cajón: un Lakers-Heat como aquel otro Lakers-Heat que programó tras el traumático divorcio Kobe-Shaq o como el Lakers-Cavs del pasado año, siempre el chou más atractivo y/o con más morbo reservado puntualmente para la resacosa noche del 25 de diciembre, fun fun fun. Y no llega en mal momento, habremos de reconocer: los Heat ya hasta parecen un equipo, de hecho han conseguido dejarme sin argumentos para escribir más entregas de aquella confusión en Miami III y III, el advenimiento de Riley ya ni siquiera se antoja inminente (y de paso procedo a envainármela convenientemente, dado que pronostiqué con mi sagacidad habitual que Spoelstra de ningún modo se comería el turrón, vamos, que ni de coña…). No así los Lakers, que empezaron con elucubraciones sobre si podrían batir algún récord histórico de victorias y hoy en cambio ya pierden hasta (casi) con el lucero del alba: nada grave en cualquier caso, el año pasado andaban más o menos igual a estas alturas y miren luego cómo acabaron, no importa mucho cómo estén ahora sino cómo estén en mayo/junio, la NBA y yo somos así. Pero en lo tocante a este partido que nos ocupa, bien cabría recurrir al tópico y decir aquello de que estarán las espadas en todo lo alto (qué metáfora tan estúpida, por cierto), tanto mejor así, será el pretexto perfecto para escaparnos (o intentarlo, al menos) de la sobredosis familiar que acumularemos ya a esas horas…

Amigos de Juanqui vs. Amigos de Felipe: hay que ver, qué casualidad, otro año más el Barça-Madrid ha ido a caer precisamente en estas entrañables fechas, quién nos lo iba a decir, los designios del azar son verdaderamente inescrutables… Y como en el caso anterior, tampoco podía llegar en mejor momento: un Madrid raro, tan capaz de perder patéticamente en Bamberg o en Charleruá como de ganar brillantemente en la mismísima Vitoria/Gasteiz, un Madrid que se crece con el castigo y en lo tocante a castigos no lo suele haber mayor que el que acostumbran a infligirle las huestes blaugranas. Huestes blaugranas que andan también sumidas en el desasosiego y la desazón en estos días hasta el punto de que siguen viéndose obligados a incorporar primadonnas a su ya de por sí impresionante elenco artístico, lo que haga falta, si hay que tirar la casa por la ventana pues se tira, faltaría más, será por dinero: hace algunas semanas ficharon a un señor de residencia granadina, nacionalidad australiana y apellido Ingles, hoy fichan al rutilante y luminoso ex macabeo Alan Anderson, mañana quién sabe. Sea como fuere un clásico siempre es un clásico, tanto más este clásico que nos lo ponen el jueves 30 a las siete de la tarde y por TVE1 (sí, créanselo, por TVE1, la Primera como si dijéramos, no se me vayan a confundir, nada de teledeportes ni demás zarandajas, y hasta en alta definición para quien disponga de semejante invento): de obligado cumplimiento aún para todos aquellos que no sean ni del Madrid ni del Barça, aún para aquellos que acostumbran a cantar que están hasta los estos del Barça y del Madrid, a ver si por una vez y sin que sirva de precedente (o sirviendo, aún mejor) podemos presumir de audiencias… Será, éste sí, otro de esos pequeños momentos que nos permiten sobrevivir a la Navidad. Por cierto, feliz navidad.

Publicado octubre 30, 2012 por zaid en ACB, NBA, preHistoria

el profesional   Leave a comment

(publicado el 9 de diciembre de 2010)

Cantaba Serrat que a los piratas para hincarles de rodillas hay que cortarles las piernas. Andre Miller no es pirata ni lo parece siquiera, pero bien que se le podría aplicar esa misma filosofía. Seiscientos treinta y dos partidos consecutivos sin perderse ni uno solo, que dicho así no parecen tantos pero que si los dividimos entre ochenta y dos descubriremos que nos salen casi ocho temporadas completas, ocho años sin caer enfermo, sin averías de gravedad, sin escaquearse, probablemente padeciendo un sinfín de achaques leves que ni una sola vez le hicieron decir, no, miren, yo no estoy para jugar, tengo sobrecarga, necesito un descanso; no, ni hablar, él saltaba a la cancha, cumplía como el que más, descansar ya descansaría entre partido y partido. Podría pensarse que esto de no lesionarse es sólo cuestión de suerte, no diré yo que no pero no me negarán que también es conveniente una cierta actitud: más de una vez en todos estos años Andre Miller ha dejado la cancha renqueante, más de una vez ha tenido que marcharse a los vestuarios en pleno partido con los tobillos hinchados o las rodillas al bies, más de una vez se nos ha informado que muy probablemente sería baja para el partido siguiente (le tengo en mi equipo en una de esas ligas fantasy, sé bien de lo que hablo), todas esas veces ha vuelto a jugar como si tal cosa. Para hincarle de rodillas hay que cortarle las piernas, lo que no pudieron las lesiones lo pudo finalmente el comité de competición de la NBA (no es ese su nombre, pero como si lo fuera), que decidió actuar de oficio para sancionar su arrebato ante el imponente rookie de segundo año (por contradictorio que ello resulte) Blake Griffin sin apreciar atenuante en los meneos que éste le había dado con anterioridad (y que pueden ver aquí si les pica la curiosidad): un partido sin jugar, piernas cortadas, racha rota, volvamos a empezar.

Andre Miller es el ejemplo perfecto de lo que se supone que es un profesional, de hecho era ya unprofesional incluso antes de serlo, cuando aún era universitario en Utah a las órdenes del inmenso (en todos los sentidos) Rick Majerus. Se nos presentó en aquella primavera de 1998 como la perfecta prolongación de su técnico sobre la cancha, llevando a su modesta universidad hasta la mismísima final con actuaciones portentosas y algún que otro triple doble por el camino, cediendo sólo en el último instante ante la imponente Kentucky post-Pitino. Próxima parada la NBA, parada y fonda en Cleveland, Los Ángeles (Clippers), Denver, Philadelphia… En el verano de 2009 aterrizó en Portland, todos pensamos entonces que sería la pieza perfecta, justo lo que les faltaba, sin darnos cuenta de que en Macmillandia las cosas casi nunca son como parece que deberían ser: de entrada al banquillo, el puesto de titular adjudicado de serie al anodino Blake, presunto director para ocultar que el verdadero director no era otro que su chico favorito Brandon Roy. Tardó unos meses McMillan en caerse del guindo (a la fuerza ahorcan), hoy por fin Andre Miller es tan titular y tan imprescindible en Portland como antes lo fue en todos sus destinos anteriores: sin excesos, sin espectacularidades, sin apenas saltar, sin apenas correr (correr es de cobardes, podría contestar a todos aquellos que tanto se han mofado de esta circunstancia durante toda su carrera), sin apenas tirar de fuera, penetrando con elegancia, dejando esos tiritos de dos o tres metros, estando siempre donde debe, moviendo a su equipo como un reloj, dejando que sean otros los que se lleven los focos, los ruidos son cosa de ellos, las nueces las pongo yo. Hoy que tanto se llevan los bases modelo destroyer, aparatosos, fornidos, explosivos, resulta cada vez más anacrónico encontrarnos con un base que sólo tiene clase, clase por arrobas, clase por doquier, nada más (y nada menos) que eso. Clase y saber estar y vergüenza torera, nada de absentismo laboral que a mí al fin y al cabo me pagan (muy bien) por esto, ocho años seguidos currando, dando el cayo un día tras otro sin faltar jamás, sin necesidad de recurrir a la castidad como aquel legendario A.C. Green, sin otra estrategia que no sea la de echarse cada tarde una buena siesta, nuestra siesta, ahí lo tienen, quién nos lo iba a decir. ¿Anacrónico? Bendito anacronismo.

Publicado octubre 30, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

involuciones   Leave a comment

(publicado el 7 de diciembre de 2010)

 

Más allá de mi satisfacción por el partido y el resultado, más allá de cierta sensación agridulce por la forma en que éste se produjo (insisto, está muy bien que repitamos una y otra vez que tenemos el mejor arbitraje de Europa, pero estaría aún mejor que de vez en cuando lo pareciera), el Estu-Barça del pasado domingo me dejó un tanto sumido en el desasosiego al presenciar una vez más (y van…) las evoluciones (involuciones) del base titular del equipo visitante, aquel que estaba llamado a liderar el baloncesto español y europeo y mundial en la segunda década de este siglo, de nombre Ricard, de apodo Ricky, de apellido Rubio. No hace falta irse a buscar estadísticas ni valoraciones, basta con verle deambular sobre la cancha semana tras semana para comprender que no, que este no es mi Ricky, que me lo han cambiado (o que se ha cambiado él solo, no sé). Insignificante en el mejor de los casos, en el peor incluso contraproducente, créanme que hoy cualquier observador externo (es decir, no contaminado por nombres ni famas) diagnosticaría sin dudarlo que este Barça es infinitamente mejor con Sada que con él. Y miren que no meto en el ajo a Lakovic porque a éste no le considero tanto un base como un escolta en un cuerpo de base (tanto más en estos días sin Navarro), y miren que a lo mejor me dejo llevar por lo mucho que también me gusta Sada… pero con todo y con eso jamás pensé que llegaría a situarlo por encima de Ricky, jamás ni en el peor de mis sueños pensé que llegaría a escribir nada semejante.

Y vale que las comparaciones sean odiosas (tanto más entre blancos y blaugranas), vale que a Sergio Rodríguez le hayamos mirado con escepticismo (en el mejor de los casos) desde comienzos de temporada, vale que aún hoy sigamos pensando que alterna brillantes aciertos con (cada vez menos) errores clamorosos, que su defensa sigue siendo sospechosa, que tira hoy peor de lo que tiraba en sus comienzos… pero aún valiendo todo eso échenle un vistazo a los últimos partidos de Madrid y Barça, háganme el favor, y díganme con la mano en el corazón (bueno, o en donde quieran ponerla, tampoco exageremos) si las aportaciones de Sergio no son infinitamente superiores a las de Ricky a día de hoy (recalco, a día de hoy). Es más, aún más odiosa resulta esa fea costumbre que nos entra de vez en cuando de ponernos a jugar a seleccionadores, no es mi intención caer en ella, tanto menos a estas alturas de temporada, pero aún así no puedo evitar pensar que hoy por hoy Ricky no formaría parte de mi (supuesta) selección, aún por blasfemo que ello pueda sonar, aún por increíble que a mí mismo me resulte siquiera pensarlo…

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Ya me gustaría a mí conocer la respuesta. No sé, de alguna manera empiezo a pensar en los mismos términos que aquel lector (Salade, si mal no recuerdo) que hace unos meses apuntaba lo bien que le habría venido a Ricky salir de casa. Recordemos el azaroso verano de 2009, recordemos que tras todos aquellos dimes y diretes y duelos y quebrantos fuimos muchos los que al final nos congratulamos de su elección, fuimos muchos los que pensamos entonces que aquella podía ser la mejor opción desde un punto de vista estrictamente baloncestístico pero hoy bien sabemos que fue peor el remedio que la enfermedad. Para esto más le valía haberse ido de cabeza a Minnesota, o a Madrid o a Málaga o a Atenas incluso, al menos así no pensaríamos que buena parte de lo que le pasa es por haber permanecido arrimadito al calor del hogar, por no haber sabido separarse a tiempo de la intimidad de su cuarto, de sus colegas, de esas (ya famosas) merendolas en casa de su abuela… Cada jugador es un mundo, es bien cierto que muchos lo pasan fatal cuando dejan el nido a los dieciocho o los diecinueve (algo que en USA es de lo más normal pero que en nuestra cultura resulta cada vez menos frecuente) pero no es menos cierto que lo que no nos mata nos hace más fuertes una vez superado ese primer periodo de adaptación. Acaso esté yo equivocado (al fin y al cabo, quién soy yo para saber nada) pero Ricky me transmite una sensación de sobreprotección, de excesiva dependencia de su entorno. Y de ahí a convertirse en un jugador acomodado hay apenas un paso. El producto Ricky, la marca Ricky a día de hoy sigue funcionando a las mil maravillas, funciona tan bien que parece haberse situado muy por encima del jugador Ricky; y eso puede ser pan para hoy y hambre para mañana, rentabilidad a corto plazo que (si sigue sin verse refrendada por su rendimiento sobre la cancha) a medio o largo plazo puede echarlo todo a perder. Insisto, sólo son conjeturas, ojalá me equivoque…

Sea por lo que fuere, a mí se me parte el alma al recordar aquella doble erre, aquella erre que erreverdinegra que tantas veces nos hizo la boca agua hace apenas dos, tres, cuatro años, y comprobar en lo que se nos ha quedado hoy en día: Rudy reconvertido en mero especialista tirador por culpa de los usos y costumbres de la NBA en general y de McMillan en particular, Rudy transmitiendo ya desde finales de la pasada campaña unas peligrosas señales que parecen situarle casi al borde de la depresión (y no utilizo este término en vano, en absoluto). Y Ricky convertido en un jugador funcionarial (en el peor sentido de la palabra, entiéndase), como si el tránsito a la edad adulta hubiera terminado también con sus ganas de jugar, como si ahora ya sólo lo hiciera por obligación, porque le pagan. El Ricky preadolescente que yo conocí, el Ricky adolescente que tantas veces disfrutamos era un chaval que podía hacerlo mejor o peor pero que siempre, en todas y cada una de las circunstancias, se lo pasaba verdaderamente en grande jugando a esto. Es como si aquel verano de 2009 se le hubiera llevado también la edad de la inocencia, como si el tránsito a la madurez no hubiese sido suave sino demasiado abrupto (mucho más desde luego de lo que él estaba preparado para soportar), como si desde entonces ya apenas fuera él mismo sino que sólo intentara estar a la altura de su personaje, como si ese mismo personaje al final se lo estuviera devorando… Este Ricky sólo volverá a parecerse siquiera someramente a aquel Ricky si logra recuperar las ganas de jugar por el mero placer de jugar, que no digo yo que no las tenga pero que desde luego a día de hoy no parece que las tenga. Por la cuenta que le tiene, también por la cuenta que nos tiene a todos aquellos que un día nos entusiasmamos con su juego, esperemos que no sea ya demasiado tarde.

Publicado octubre 30, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

al estilo Kentucky (2.0)   Leave a comment

(publicado el 29 de noviembre de 2010)

 

No tengo remedio. Hoy no parece haber otro tema en todo el mundo mundial que no sea el partido del siglo y del milenio y de la era y de la eternidad entera, ese que llaman clásico y que habrá de dirimirse a patada limpia (al balón, esperemos) esta noche en el Camp Nou… y sin embargo aquí llego yo a romper la tendencia, a tocar convenientemente los cataplines o lo que viene siendo casi lo mismo, a hablar de baloncesto universitario, esa cosa extraña que sólo vemos dos (hablar de cuatro gatos me parecería excesivo) y de la que quizá luego nos dé por acordarnos en marzo cuando se forme el lío. Pero qué quieren, la temporada empezó hace casi tres semanas y yo ya estoy enganchado (en la medida de mis posibilidades) a ese vicio llamado ESPN360 del que ya les hablé el curso pasado, así que me permitirán (espero) que de forma muy esporádica y sin orden ni concierto les vaya contando historias de equipos, jugadores y demás parafernalia de aquella Liga, que soy consciente de que provocarán la huida despavorida de más de uno y más de dos pero que aún así, quién sabe, lo mismo habrá también alguien que se lo lea aunque sólo sea por aquello de que el saber no ocupa lugar…

Y empecemos por estos Wildcats que resultan siempre sumamente socorridos para romper el hielo. Quizá recuerden que ya el año pasado les hablaba yo del estilo Kentucky, que en este caso nada tendría que ver con pollos fritos sino con las formas y maneras de su entrenador, el ínclito John Calipari que ahora inicia su segundo curso en aquel prestigioso campus de Lexington. Tiene siempre Calipari, así antes en Memphis como ahora en Kentucky, el don de llevarse al huerto a los mejores freshmen de la nación, todos los cuales acuden raudos y veloces a su llamada en la creencia de que nadie les preparará mejor para las duras exigencias que les esperan en el baloncesto profesional. Creencia tal vez fundada, claro, ahí están los recientes casos de Derrick Rose, Tyreke Evans o John Wall para atestiguarlo. En esa avalancha de talento joven reside siempre su principal virtud… y acaso también su principal defecto, la carencia de madurez y aún peor, la carencia total y absoluta de compromiso: los freshmen de Calipari no entienden el periodo universitario como una etapa fundamental en sus carreras sino como un mal menor, una especie de mili, el tributo de un año (nunca más de un año) que tienen necesariamente que pagar antes de apuntarse al draft. Otros jugadores universitarios juegan por hacer más grande a su College, estos Wildcats juegan por y para sí mismos, cada uno a lo suyo no nos vayamos a contagiar. ¿Será por eso (y por el aspecto físico también, sobre todo) por lo que los equipos de Calipari siempre parecen más de NBA que de NCAA?

Pues eso, que este año más de lo mismo. Se fueron sus tres freshmen maravilla del pasado año, Wall, Bledsoe y Cousins; en su lugar llegaron los tres freshmen maravilla de este año, Knight, Lamb y Jones. Por partes: Brandon Knight (su nombre me recuerda sobremanera a un base que jugó hace años en Pittsburgh,Brandin Knight, que a su vez era hermano de otro base de grato recuerdo NBA, Brevin Knight; pero no me consta que este Brandon tenga ningún parentesco con ambos) vendría a ser una especie de fotocopia compulsada de John Wall: (casi) la misma explosividad, la misma potencia física, la misma habilidad en penetración, la misma capacidad de pase aunque eso sí, también me transmite la sensación de estar un poco menos hecho, un pelín menos maduro que su antecesor (cosa lógica por otra parte dado que acaba de llegar, que acaba de empezar la temporada; además tampoco se fíen mucho de mí porque a estos Wildcats les he visto apenas dos veces, un par de partidos en el impagable Maui Invitational de Hawaii, torneo que por sí solo requeriría capítulo aparte). Por la misma razón, Doron Lamb (corderillo, como si dijéramos) vendría a ser algo así como el Bledsoe de este año, escolta que sale desde el banquillo, que puede hacer de base, que da gusto verle correr la cancha y que (sobre todo) tira que es un primor. Y por esa misma regla de tres Terrence Jones vendría a ser el sucesor de DeMarcus Cousins, aunque aquí cabe apreciar algunas sutiles diferencias: aquel Cousins era más pívot, este Jones es más alero; aquel Cousins era una jaula de grillos (y aún hoy lo sigue siendo en Sacramento), este Jones parece más centrado; aquel Cousins se buscaba pendencias con técnicos, compañeros, rivales, públicos y hasta con la humanidad entera, este Jones toda su intensidad (que no es poca) se la deja en la pista: en el primer partido que le vi me encantó, en el segundo me dejó un poco (sólo un poco) más frío, será cosa de no perderle de vista de aquí en adelante.

Tres freshmen maravilla que bien podrían haber sido cuatro, que a Kentucky le falta (y probablemente le faltará ya para toda la temporada) la joya de la corona, el afamado pívot turco Enes Kanter, que resulta que el chaval ya hizo sus pinitos en el primer equipo del Fenerbahçe y la NCAA no acaba de creerse que los hiciera por amor al arte, hay que ver cómo son. Total, que inelegible (Kentucky lo tiene recurrido pero la cosa tiene muy mala pinta, para qué nos vamos a engañar) y que por ahí se les queda un buen agujero a estos Wildcats, intentan taparlo con el dominicano Eloy Vargas y con un larguirucho y paliducho mocetón llamado Harrellson que viene a ser casi como si juego yo, aunque muy de vez en cuando pone algún tapón que yo no lo pondría ni en el mejor de mis sueños, seamos justos. En Maui se las apañaron para ganar con relativa comodidad a Oklahoma en cuartos y Washington en semis pero parece ser (ése ya no pude verlo) que en la Final se atragantaron con los inesperados Huskies de Connecticut, Kemba Walker y cuatro más como si dijéramos (ya les contaré otro día), que llegaban lanzados tras haberse cargado nada menos que a Michigan State. Y es que se echa a faltar también en Kentucky el poso de veteranía que el año pasado les daba Patrick Patterson, un papel que este año correspondería tal vez a secundarios como Darius Miller o DeAndre Liggins pero claro está, no es lo mismo, así que entre unas cosas y otras estas criaturas andan hoy más o menos por el puesto 8 ó el 9 de la nación en casi todos los rankings; que no está mal, cuántos lo quisieran, pero que tampoco es el 2 ó el 3 con el que empezaron (y siguieron) el pasado año. Entonces acabaron frustrados a las puertas de la Final Four, quién sabe si este año con menos mimbres no podrían acabar haciendo un mejor cesto; cuestión de compromiso una vez más, bien escaso por lo general en los equipos de Calipari pero que tampoco descarten que el día menos pensado no pueda acabar apareciendo. Estaremos atentos, por si acaso.

Publicado octubre 30, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

qué será   Leave a comment

(publicado el 22 de noviembre de 2010)

 

¿Será éste acaso el único juego sobre la faz de la tierra en el que las decisiones arbibrales que te perjudican te acaban beneficiando, mientras que las que te benefician te acaban perjudicando? ¿Habría ganado el sábado el Baskonia de no haber mediado aquellas (llamémoslas así) circunstancias adversas? ¿Habría perdido el Barça de no haberse creado el ambiente que se creó, propiciado por unas señalizaciones arbitrales que (supuestamente) le beneficiaban? ¿O tal vez el partido habría acabado igual, aunque no de la misma manera? ¿O será más bien que estas circunstancias son las que ponen a prueba el carácter de un equipo, que de eso en Vitoria (carácter Baskonia) van sobrados mientras que en Barcelona parecen ir (tanto más sin Navarro) un poco más escasos de lo que creíamos? ¿O será simplemente la magia de jugar en casa (tanto más en esa casa), que si este arbitraje les llega a tocar en el Palau lo mismo con todo ese carácteracaban perdiendo de treinta? ¿Será también que, a fuerza de repetir una y otra vez aquello de que tenemos el mejor arbitraje de Europa, al final nos lo hemos acabado de creer? ¿O será que a nuestros árbitros, como a la mujer aquella del césar, ya no les basta con ser (presuntamente) los mejores de Europa sino que además han de parecerlo? ¿O será acaso que estoy dando todos estos rodeos y circunloquios para así no hablar de lo que verdaderamente me apetecería hablar, es decir, para no poner otra vez por las nubes (y van…) a don Fernando San Emeterio, que a este paso voy a acabar pareciendo yo su padre o su cuñado incluso? ¿Será ésta ya una pesadilla blaugrana recurrente para siempre jamás, algo así como el síndrome de SanEme casi podríamos llamarlo? ¿Qué será, será?

Publicado octubre 30, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

lloviendo piedras   Leave a comment

(publicado el 18 de noviembre de 2010)

 

¿Es usted presidente, propietario, directivo, entrenador, etc, etc, de un equipo en crisis? ¿Tiene aún su casillero de victorias a cero a estas alturas de la temporada? ¿Su equipo no le gana ni al de la guardería de enfrente, ni al del asilo de ancianos que hay más allá? Pues relájese porque por fin está en sus manos la solución a todos sus problemas, la forma de acabar de un plumazo con todas sus preocupaciones: ponga un Real Madrid en su vida, el bálsamo reparador que todo lo cura, el remedio de todos sus males, y que además podrá utilizarlo sin contraindicación alguna en Acebé, en Euroliga, en Supercopa, en la feria de su pueblo si fuera menester, y todo ello por mucho menos de lo que usted piensa. No lo dude más, contrátelo por el increíble precio que aparece en pantalla, llame ahora y de regalo recibirá además un DVD con las mejores broncas sarcásticas de Messina y un estupendo lote de protectores faciales para que sus espectadores de las primeras filas no corran riesgos innecesarios ante el sinnúmero de pases fallidos propiciados por el susodicho equipo rival. Recuerde ese nombre, Real Madrid sección de baloncesto, rechace imitaciones, no deje pasar esta magnífica oportunidad…

Así lo hizo el Espirú Charleruá éste, un puñado de selectos deshechos de tienta (Gomis, Mallet, Justin Hamilton, hasta al inefable Santiago podríamos incluirlo en ese lote) más otro buen puñado de meritorios santimbanquis, componiendo todos ellos juntos un buen equipo, simplemente un buen equipo, tan efervescente en lo físico como limitado en lo baloncestístico. Probablemente jamás (ni en sus mejores sueños) el campeón belga imaginó llegar tan alto, en la misma medida en que jamás (ni en sus peores pesadillas) el Madrid imaginó caer tan bajo. Ahora que eso sí, en el pecado llevaron la penitencia estas buenas gentes de la ciudad del Rey Carlos (Charle-roi): los aros llenos de abolladuras, los tableros plagados de desconchones ante el inmisericorde castigo al que ayer les sometió la batería de tiradores blancos, como si de repente hubieran confundido este juego con una de aquellas legendarias maquinitas de pinball con las que jugábamos antaño (aquellos que sean demasiado jóvenes como para saber de qué estoy hablando pueden preguntarle a sus progenitores, lo que contribuirá a estrechar los siempre frágiles lazos paterno-filiales), como si el verdadero objetivo fuera golpear los soportes, cuantas más veces mejor, poniendo siempre un especial cuidado en que la bola no se cuele para abajo. Objetivo cumplido pues, aunque dicen que quien rompe paga y no sería de extrañar que el día menos pensado los del Spiroudome éste le pasen a las huestes florentinas la factura en concepto de reparación de sus maltrechas instalaciones. No sé si la Euroliga tendrá algo legislado a este respecto…

(Acotación al margen: si los partidos de baloncesto se vieran mejor cuanto más alto, los pabellones instalarían localidades colgando del techo. Pero no parece que sea el caso, y los humildes mortales generalmente nos resignamos a verlos desde los laterales -o si no hay más remedio, desde los fondos- como hemos hecho toda la vida de dios, así en persona como en televisión. No así la televisión belga, que ha debido comprarse una monísima cámara cenital de última generación y se ve que se ha propuesto amortizar cuanto antes el gasto, quizá sin entender que un plano cenital está muy bien como recurso puntual o para mostrarnos un determinado detalle táctico, pero que tragarte medio partido desde ahí arriba produce a la larga una sensación a la que los telespectadores belgas -seres superiores, sin duda- tal vez estarán acostumbrados, no digo yo que no, pero que a los mediocres españoles nos dejó como un mareo que a punto estuvo de provocarnos incontables efectos secundarios -no entremos en detalles-. Claro que algún madridista dirá que al fin y al cabo, para lo que había que ver, pues casi mejor así…)

Publicado octubre 30, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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