a propósito de Claver   Leave a comment

(publicado el 28 de octubre de 2010)

 

A veces, cuando escribo un post poniendo por las nubes a algun joven brillante y prometedor (véase el de ayer mismo, sin ir más lejos), luego al acabar me entran remordimientos de conciencia: ¿se me habrá ido la mano? ¿me habré excedido? ¿habré ensalzado demasiado sus virtudes, habré minimizado en exceso sus defectos? ¿habré contribuido a que, de algún modo, se lo crea (no porque el interesado en cuestión fuera a leérmelo, que ni en el mejor de mis sueños, pero sí por poner mi pequeña gota de agua en la gran catarata de elogios que en esos mismos días andará recibiendo el sujeto en cuestión)? Supongo que a todos a veces se nos va la mano, elevamos a imberbes criaturas hasta el infinito (y más allá) y luego ya se sabe, más dura será la caída.

Vienen estas pedestres reflexiones, no a cuento de un Sergio Rodríguez que aún sigue y seguirá siendo mi debilidad absoluta contra viento y marea (por más que él se empeñe en cumplir a rajatabla mis peores presagios de este pasado verano) sino a cuento de otro de quien tampoco ahorramos adjetivos años ha, Víctor Claver, acaso usted ya lo habría deducido con su sagacidad habitual a partir del título de este post.

En los últimos tiempos hemos escuchado algunas voces autorizadas que insisten en que Víctor Claver tendría que dar un paso al frente. Y en ello seguimos, me temo. A lo mejor ya lo ha dado y no me he dado cuenta, no suelo ser yo muy perspicaz para estas cosas, pero la sensación que yo tengo desde mi sofá es que sigue sin darlo o aún peor, que acaso lo haya dado pero hacia atrás. Veo una vez tras otra a estos Power RangersElectronics, así hace cinco días contra el Madrid como ayer contra el Efes, y veo a jugadores que están bien casi siempre bien como Rafa Martínez, veo a jugadores que podrán estar mejor o peor pero que siempre lo intentan como Savanovic o Lischuk, veo a jugadores que podrán tener un día particularmente desastroso como ayer C00k pero que sabes que siempre estarán ahí para lo que se les pida, veo a todos ellos y de repente me doy cuenta de que no veo a Claver, y ese precisamente es el problema: los demás podrán estar bien o estar mal pero están, Claver no está, o no parece que esté, y evidentemente no me refiero a los instantes que descansa en el banquillo sino a los muchos minutos que deambula sobre la pista. Excepción hecha de los inicios de cada partido, excepción hecha de los minutos finales si éstos son de la basura, el resto del tiempo (y sobre todo esos momentos crujientes que dirían en USA, cuando se encarrillan las victorias o se consuman las derrotas) apenas te acuerdas de que está en cancha, demasiadas veces su presencia se desvanece, casi tiende a la insignificancia.

Se me viene a la mente una historia que me contaron hace años de un profesor universitario, de cómo explicaba a sus alumnos la diferencia entre participación implicación a partir de un plato de huevos fritos con bacon: en unos huevos con bacon la gallina participa, pero el cerdo se implica… Pues algo así es la sensación que yo tengo con Claver, como que participa pero no se implica, y no es que le vaya a pedir yo ahora que dé su vida por la causa a la manera del cerdo, que eso no se lo pido yo a nadie por nada, pero digamos que un poquito más de presencia no estaría de más. O a lo mejor no es sólo culpa suya, a lo mejor son sus compañeros los que deberían encontrarle y no le encuentran, qué sé yo, mis conocimientos no dan para tanto así que sólo hablo de sensaciones. O a lo mejor estoy equivocado, a lo mejor participa (y se implica) mucho más de lo que yo creo, a lo mejor es simplemente que yo no lo sé ver. Si así fuera me encantaría que me lo recriminaran, no por masoquismo ni para flagelarme sino porque eso significaría que el problema soy yo, que Víctor Claver continúa progresando adecuadamente y no está en plena fase de estancamiento (o aún peor, de regresión) como estoy empezando a creer. Ojalá.

Recuerdo que una vez creímos (o yo creí, al menos) que había dado ese paso, fue a comienzos de la temporada pasada (¿o fue de la anterior?), justo antes de que una lesión le partiera medio año. Pero volvió, y volvió aparentemente bien, y el físico portentoso parece seguir ahí, y el talento por supuesto que sigue ahí, y hasta se permitió el lujo de darse un garbeo por la soleada California y otras costas del Pacífico para que le probaran, miraran y compararan, y todo eso está muy bien pero de aquel paso al frente nunca más se supo. Y hoy le miro, le veo con esa eterna cara de buena persona y me pregunto qué fue de aquel Claver, dónde se nos quedó por el camino, si fue sólo un espejismo, si todo esto tendrá todavía solución. Para alguien que un día fue gran promesa nada hay peor que acabar convertido en eterna promesa o lo que vendría a ser lo mismo, en un jugador del montón. Está en él, tiempo y espacio tiene aún para dar ese (presunto) paso que además, y parafraseando a Armstrong (no el baloncestista sino el astronauta), vendría a ser un pequeño paso para Claver pero un gran paso para nuestro baloncesto. Que así sea.

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Publicado octubre 30, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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