interés particular   1 comment

(publicado el 16 de septiembre de 2010)

 

Hasta este pasado fin de semana estaba yo sumamente satisfecho de la cobertura que LaSexta y Marca TV habían dispensado al Mundial de baloncesto. Buena realización personalizada en el caso de la primera y magnífica cobertura de todo el Campeonato en el caso de la segunda, con comentaristas de postín además, Messina, Djordjevic, Lavodrama, Corbalán, Nicola, hasta el insigne Trecet felizmente recuperado para la causa, tantos otros. Estaba yo sumamente contento, insisto, y aún seguiría estándolo si durante este pasado fin de semana no hubieran acaecido un par de circunstancias que me hicieron replantearme muy seriamente mi contentez

Una de ellas no hará falta que yo se la cuente porque ya la conocen de sobra: por primera vez desde hace siglos un encuentro de la selección española de baloncesto se retransmitió en riguroso diferido, dos horas y media de diferido poco más o menos. Miren, por más que echo la vista atrás no soy capaz de recordar cuándo fue la última vez que sucedió algo semejante. ¿En el Mundial de Argentina 1990, tal vez? (no puedo asegurarlo, aquel verano andaba yo un tanto disperso, casándome por más señas, lo cual me impidió prestar a dicho evento la atención que merecía). Porque después no, desde luego, después puedo casi asegurar que jamás, ni aún en países lejanos ni aún en horarios intempestivos, se dejó de televisar en directo a nuestra selección; a lo más que se llegó, que yo recuerde, fue a cargarse una vez TVE el primer cuarto de un España-Yugoslavia para dar las insustanciales últimas vueltas de una carrera (ya completamente resuelta) del Mundial de Motos. Pero fue sólo un cuarto, al menos pudimos ver los tres restantes en directo y sin problemas, como siempre antes y después, como siempre así se tratara de una televisión púbica o privada, como siempre hasta el pasado domingo 12 de septiembre de 2010, ese España-Argentina coincidiendo en día y hora con la Fórmula Uno de Monza, vaya por dios, también es casualidad, menudo dilema para LaSexta… ¿Dilema? Ningún dilema, ojalá hubiera habido un dilema. Ya lo sé, con la Fórmula Uno hoy por hoy no podemos competir en términos de audiencia tanto menos tratándose de un partido por el quinto y sexto puesto, está bien, lo asumo, me toca las narices (y otras partes) asumirlo pero lo asumo, no me queda otra. Lo asumo y aún lo asumiría más si LaSexta no hubiera podido hacer otra cosa, si no tuviera otra opción, pero es que da la casualidad de que esta vez sí que había otra opción, se llama Marca TV, ha estado dando todo el Mundial, de hecho en todo el Campeonato no ha habido ni un solo segundo en que estuviera el balón en juego y aquí no se estuviera dando… excepto precisamente éste, excepto en el tramo comprendido entre las catorce y las dieciséis horas del domingo 12 de septiembre; todos, absolutamente todos los partidos del Mundial a partir de octavos de final pudieron verse en directo en nuestro país, así fueran por Marca TV o por LaSexta, así los jugaran Angola, China o Nueva Zelanda, así fueran a la hora que fuera, así se tratara de un duelo por el séptimo puesto entre Eslovenia y Rusia tanto daba, todos se pudieron ver en directo, todos… excepto precisamente éste, precisamente el último partido de nuestra selección, mandagüevos.

¿Por qué? Pues es fácil de imaginar, estos del baloncesto son cuatro gatos, ni en el mejor de sus sueños podrían aspirar a compararse en audiencia con Alonso pero ojo, si nos llevamos el partido a Marca TV lo mismo van y lo ven, y si ven eso no ven esto, cuatro gatos menos de share que tendríamos en la Fórmula Uno, ah no, eso sí que no, de eso nada, hasta ahí podíamos llegar, que se jodan y esperen a verlo en diferido que por un par de horas tampoco les va a pasar nada… Argumento irreprochable si no fuera por el pequeño detalle de que existe un concepto que un día nació por razones meramente políticas pero que luego poco a poco se fue instalando en nuestra vida cotidiana, el concepto de interés general; y hasta se publicaba año tras año (supongo que se seguirá publicando) por imperativo legal un catálogo de eventos deportivos de interés general (o algo así) que incluía siempre la obligatoriedad de televisar en directo y en abierto todos los encuentros oficiales de la selección absoluta masculina de baloncesto; papel mojado, al parecer. El interés general no importa una mierda al lado del interés particular de los operadores de televisión, interés particular que se mide exclusivamente en números, en términos porcentuales de audiencia; que al otro lado de esos números haya personas mayormente se la suda, cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas, mire usted, pero esas cadaunadas no nos caben en la estadística.

Pero les decía que había además otra razón, otro hecho que había borrado de un plumazo mis simpatías por Marca TV, y éste sospecho que no lo conocerán ustedes porque ocurrió a las cuatro y pico de la madrugada del sábado al domingo. Me permitirán que les cuente brevemente (espero) mi vida: yo el sábado tenía cena fuera de casa, luego no podía ver en directo la semifinal Serbia-Turquía. Y para más inri tampoco podía grabarlo, por algún extraño capricho tecnológico aún no puedo grabar de la TDT, sólo puedo grabar aquellos canales que emiten también por Digital + pero ese aún no es el caso de Marca TV. Es decir que si quería ver ese partido sólo me quedaba recurrir a las redifusiones, y hete aquí que había una precisamente de dos a cuatro de la mañana poco más o menos, ideal para cuando volviera a casa. Dicho y hecho: me metí entre pecho y espalda un café bien cargado para compensar los excesos previamente ingeridos (es decir, para no sobarme a las primeras de cambio) y me desmoroné en mi sofá a contemplar el que habría de ser uno de los grandes partidos del Campeonato. Tal cual, treinta y nueve minutos y medio de gran baloncesto, vaivenes en el marcador, idas y venidas, puro espectáculo. Treinta y nueve minutos y medio, que no cuarenta; porque a falta de medio minuto para el final, cuando Turquía ganaba 79-78, Keselj se disponía a lanzar dos tiros libres y Trecet ponderaba la mandarina que acababa de tirarse Turkoglu, justo en ese preciso instante el partido desapareció del televisor para dar paso a la cortinilla de Marca TV. Pero a éstos qué les pasa, no me jodas que van a meter publicidad ahora, pensé yo en un ejercicio de suprema ingenuidad porque la cosa era mucho peor: allí no había publicidad alguna, allí sólo hubo cinco minutos de socorridos vídeos autopromocionales; luego otra vez la cortinilla de Marca TV, ahí estaba yo desesperado ante ella a ver si a su término reaparecía por fin mi partido pero no, allí lo único que apareció fue el salto inicial de la otra semifinal (bastante menos interesante, por cierto), Estados Unidos-Lituania, que ésta sí que había podido verla en directo a su hora. De un plumazo se me habían comido el final del vídeo, el espectacular final del mejor partido del Campeonato, el final de un partido del que ya antes de que se jugara todo dios pensaba que habría de ser el más recordado de este Mundial, a fe que no se equivocaron. Me entró una mala hostia que no me cabía en el cuerpo, me metí en la cama y no encontraba la manera de dormirme del puro cabreo que llevaba encima (y del café que me había tomado, también); por fin a la mañana siguiente (un ratito después, como quien dice) pude ver ese final, lo vi como suelen verse estas cosas en Internet, medio fragmentadas, a salto de mata, en lengua extraña (y no sin antes haberme enterado cumplidamente de todos los detalles, resultado incluido claro está): no me sirvió precisamente de consuelo, más bien todo lo contrario, más bien me aumentó el cabreo al comprobar lo que me había perdido, el espectacular final que me habían robado, lo que yo habría disfrutado si hubiera podido verlo sin conocer previamente el desenlace.

¿Qué les había pasado, qué había llevado a Marca TV a decapitarnos la redifusión del mejor partido del Campeonato? Evidentemente no lo sé, cómo podría yo saberlo, pero me imagino que aquella noche no habría nadie de guardia en Marca TV, que habrían dejado puesto el piloto automático (llamémoslo así), a tal hora entra este vídeo, a tal otra hora sale éste y entra este otro, algo así. Estaría programado que el Turquía-Serbia iba de 2:15 a 4:10, y estaría programado así porque sí, porque no habría nadie con dos dedos de frente y un mínimo de profesionalidad a quien se le pudiera haber ocurrido que si el partido en directo se había alargado la redifusión también necesitaría más tiempo: total qué más da, total si a esas horas no lo va a ver nadie, total para qué nos vamos a molestar. Dicho y hecho: a las cuatro y diez en punto aquello hizo clic, saltó a falta de treinta segundos para el final como podría haber saltado a falta de dos minutos o sobre la mismísima entrada final de Tunçeri sin que llegara a verse si acababa en canasta o no, tanto daba, a ellos se la habría sudado igualmente.

O dicho de otra manera: que en el fondo los telespectadores les importamos una mierda (y hasta cabría añadir un adjetivo acabado en uta delante de la m, que no añadiré porque ya bastante grosero me estoy poniendo). Mereceríamos respeto pero tomados de uno en uno sólo inspiramos desprecio, sólo interesamos en términos de audiencia, de madrugada la audiencia es ínfima luego el interés por el producto que se ofrece también es ínfimo, para qué preocuparse por hacer las cosas bien o mal si apenas va a haber nadie al otro lado a quien le pueda importar. No sé, me gustaría pensar que no fui yo el único al que se le quedó cara de gilipollas a las cuatro y pico de la madrugada del sábado al domingo, me gustaría pensar que hubiera tal vez otros aficionados al baloncesto que volvieran a sus casas a las dos o las tres de la mañana, que pusieran la tele y dijeran anda mira, si está el Serbia-Turquía, voy a ver cómo acaba, me gustaría pensar que fuimos al menos unos cuantos los que un rato después nos pusimos de los nervios, me gustaría pensarlo más que nada por aquello del mal de muchos consuelo de tontos. Porque cuando suceden estas cosas, al final ese consuelo acaba siendo casi lo único que nos queda.

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Publicado octubre 30, 2012 por zaid en medios, preHistoria

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