las chicas de bronce   Leave a comment

(publicado entre el 4 y el 8 de octubre de 2010)

(I)

Sancho Lyttle: Hay países de esos que sólo nos acordamos de ellos cada cuatro años, en los desfiles inaugurales de cada edición de los Juegos Olímpicos; países como (por ejemplo) San Vicente y las Granadinas, modestas islas del Caribe en las que deben tener por costumbre poner nombres y apellidos engañosos a las criaturas, véase la muestra: Sancho no es varón ni aún menos tiene panza, Lyttle no espequeña ni aún por mucha y griega que le pongan. No, Sancho Lyttle es grande, muy grande, así en términos físicos como anímicos, no digamos ya en términos estrictamente baloncestísticos. Sancho Lyttle bien podría haber escurrido el bulto, no, miren, cuando yo me comprometí a estar aquí jamás pensé que la WNBA fuera a acabar tan tarde, ustedes me disculpen, otra vez será, pero no, apenas cuatro días después de acabar de perder su Final americana se cruzó el charco más un buen pedazo de continente para defender la camiseta de un país cuyo idioma aún apenas conoce, pero por el que demostró bastante más fidelidad que todos esos vendepatrias que suelen llenarse la boca con estos temas, seres iluminados y vociferantes que acostumbran a dudar de la implicación de todo ser humano que no lleve un certificado de españolidad (¿qué será eso, la españolidad?) perennemente colgado del brazo. No, ni ella se quitó de enmedio entonces ni aún menos lo hizo en la lucha por el bronce pese a resultar manifiestamente evidente que no daba más de sí, que ya ni saltar podía, que tenía la espalda hecha puré. Tanto dio, aún así volvió a clavar el 20-10 (veintitantos-diecitantos, más bien), como en todas sus actuaciones anteriores, como si su importancia se midiese únicamente por sus números. Como dijo alguien ella sola no ganó esta medalla, pero esta medalla jamás habría sido posible sin ella.

Cindy Lima: aquella chica barcelonesa que un día no lejano dejó de lado su carrera en las pasarelas, aquella que prefirió su carrera en las canchas continúa hoy progresando adecuadamente, dentro de un orden eso sí. Reconozcámoslo, a veces nos gustaría que aportara más en ataque, que sobre todo tuviera ese toque para dejarla dentro cada vez que recibe debajo del aro… pero se lo perdonamos, porque lo que nos da es infinitamente más que lo que nos quita: presencia, intimidación, rebote y esa inimitable capacidad para pelear por cualquier bola por lejos que le pille, para rebozarse por el parquet siempre que sea menester. Parecía condenada a no jugar más que en los descansos de Lyttle pero lo ha hecho también en los de Montañana, lo que ha dado pie a que veamos unas cuantas veces ese sorprendente dúo de cincos puras, Lyttle-Lima, que tan antinatural parecía pero que tan buen resultado dio en ocasiones, por ejemplo en el despegue del segundo cuarto ante Chequia. Cada vez que José Ignacio Hernández las juntaba yo no podía evitar acordarme de otro seleccionador un tanto más estrecho de miras, que jamás fue capaz de juntar sobre la cancha a Marc y a Fran aún siendo este último mucho más asimilable a la posición de cuatro que cualquiera de estas dos mujeres que nos ocupan. Y sí, ya sé que esto último no viene a cuento, esto es más bien de otro post pero no he podido aguantarme las ganas de escribirlo…

Luci Pascua: Recuerdo que, allá por sus primeras apariciones en la selección, sus compañeras solían decir que ni ella misma se da cuenta de lo buena que puede llegar a ser. Me temo que a día de hoy sigue sin darse cuenta, y lo malo no es eso, lo malo es que a estas alturas puede ser ya demasiado tarde. Unas condiciones físicas envidiables, unas condiciones técnicas nada desdeñables, unas condiciones anímicas (llamémoslo así) manifiestamente mejorables. La llegada de Sancho Lyttle ha terminado de postrarla al puesto número doce de esta selección, papel que ha aceptado con resignación (tampoco tenía otra), apoyando animosamente desde el banco y contribuyendo lo justo en los muy escasos minutos en que fue requerida para ello. Y pare usted de contar.

 

Anna Montañana¿ésa no es una que salía antes en el Disney Channel?, me preguntó mi hijo con cara de guasa nada más escuchar su nombre. Nada de particular por otra parte, sus propias compañeras (de Montañana, no de mi hijo) en Minnesota ya la apodaron Hanna Montana haciendo un prodigioso alarde de creatividad. Ahora bien, mal haríamos en quedarnos con la anécdota y no ver más allá, no ver por ejemplo que Anna Montañana tal vez sea el secreto mejor guardado de esta selección. Un cuerpo no especialmente grácil ni esbelto, que no parecería de deportista si no fuera por su estatura pero que esconde una de las cabezas mejor amuebladas que puedan encontrarse por esas canchas de dios. En años anteriores caímos más de una vez en la tentación de compararla con Garbajosa, pero esa comparación empieza a resultar sumamente injusta: hoy Montañana es mucho más que Garbajosa, o para ser más exactos lo que representa Montañana está muy por encima de lo que representa Garbajosa a día de hoy. Ha tenido momentos espesos en este Mundial, qué duda cabe, pero a la hora de hacer balance es infinitamente más lo que nos dio que lo que nos quitó: mandando, controlando, dirigiéndolo todo desde el poste alto a la manera de esos cuatros que acaban siendo más bases que el propio base. Y añadiendo además, ya puestos, todo aquello que se espera de un cuatro, los rebotes, los tiros cortos, los largos, lo que haga falta. Así que apódenla como quieran, hagan juegos de palabras con su nombre si ello les place, quédense con la anécdota si así lo prefiren, así en USA como en cualquier otro sitio; nosotros preferiremos quedarnos con la categoría.

(II)

Laia Palau: ¿Por qué siempre me transmite como una cierta sensación de sufrimiento, como si lo estuviera pasando mal sobre la cancha, como si se responsabilizara en exceso, como si no pudiera soportar sus propios errores, qué sé yo? Suele decirse que la cara es el espejo del alma pero no es menos cierto que las apariencias engañan: no puede ser que sufra tanto, cualquiera que haya leído alguna vez una entrevista suya(es decir, a ella) sabe que esta chica es más bien un espíritu libre, que esos ojos tristes y ese rictus de angustia no significan que por dentro no lo esté disfrutando tanto como cualquier otra, acaso más que ninguna otra. Por fin ejerció de uno (tras tantas ediciones haciéndolo de dos) y su dirección sobria, eficaz, sin excesos le hizo muchísimo bien a este equipo, casi tanto como su saber estar en defensa; ¿es comprensible que la base titular sea al mismo tiempo la máxima taponadora del equipo? Pues así sucedió no una ni dos sino unas cuantas veces, algo que sólo se explica en base a su intensidad, a si infinita capacidad de concentración. Intensidad, concentración, acaso sean estas cualidades y no otras las únicas que trasluce verdaderamente su cara. Lo demás serán sólo imaginaciones mías.

Elisa Aguilar: El implacable paso del tiempo ha acabado por desplazarla de un plumazo del primer puesto al tercero en la rotación de bases, algo que ella ha asumido con la actitud que cabía esperar: apoyando desde el banquillo, ayudando en lo que se le pedía, sacando adelante con su habitual dignidad los minutos en que se requirió su presencia en cancha; y poco más. Los años no pasan en balde, ella a estas alturas debe saber ya de sobra que esto se acaba, que una etapa se cierra, vendrán otras más pronto que tarde pero probablemente ya no le pillarán vestida de rojo selección. Fue bello mientras duró, Elisa; gracias por tantos recuerdos.

 

Marta Fernándezla hija pródiga, como si dijéramos; un verano se bajó del barco para probar las mieles de la Liga americana (sí, esa misma de la que ahora su hermano no encuentra la manera de escapar), y cuando en los veranos siguientes quiso volver al barco resultó que le habían retirado la pasarela, vaya por dios. Seguro que fue por deméritos deportivos, por favor, qué duda cabe, aunque algunos de nosotros (seres huraños y resentidos, por supuesto) creímos ver en ello alguna clase de castigo, como si desde la Federación la estuvieran pasando factura por esa ausencia anterior (hay que ver, qué malpensados somos, con esta actitud jamás llegaremos a nada). Sea como fuere las aguas volvieron finalmente a su cauce en este 2010, Marta volvió al lugar que le correspondía, recuperó el puesto de dos (casi) titular y nos mostró de nuevo que es la mejor penetradora que haya conocido nuestro baloncesto y tantos otros baloncestos: tan bien le sale que uno no puede evitar imaginársela de cría jugando interminables unos contra unos con Rudy allá en el patio de su casa, quién sabe si allí empezaría a forjarse la jugadora que hoy es. Lástima que en otras suertes (ofensivas, fundamentalmente) se haya mostrado bastante más desdibujada, lástima que acabe siendo una jugadora (casi) unidireccional, por más que esa única dirección la domine a las mil maravillas. Pero no nos quejemos de nada, con ella no, simplemente disfrutemos del hecho de que esté de nuevo entre nosotros, esperemos que esta vez sea ya para quedarse.

Nuria Martínez: nuestra Chica Kinder Bueno sigue acaparando más planos de los realizadores que ninguna otra, tanto más este año que no estaba Tamara Abalde (hasta mi mujer un día comentó que ésta es muy animosa, siempre se la ve apoyando a las demás… Pero no, en realidad no era que animara más sino que, mientras estaba en el banquillo, tras cada canasta sólo la enfocaban a ella). Ahora bien, su importancia en este equipo nada tiene que ver con criterios estéticos sino baloncestísticos al cien por cien. Créanme por si no se han dado cuenta, esta chica es una verdadera joya: lo es en ataque, dirigiendo transiciones, cambiando ritmos, volteando partidos como en aquel memorable segundo cuarto ante Chequia; y lo es en defensa, en la ortodoxa y hasta en la menos ortodoxa, la rabadilla encallecida debe tener ya esta criatura de tantos culazos como se pega, de tantas faltas en ataque como provoca, de tantas cargas como toma (dicho así al modo yanqui queda más fino). Otra que se nos cayó del cartel hace un verano, otra cuya vuelta es lo mejor que le podía haber pasado a esta selección, otra cuya ausencia no nos la podemos permitir de ningún modo (salvo por causas de fuerza mayor, claro), nunca jamás en la vida. Y ustedes, señores de Kinder, no sé a qué esperan para poner otra vez en circulación la campaña (pagándole lo que corresponda, faltaría más), otra oportunidad como ésta no la van a tener…

(y III)

Amaya Valdemoro: ¿Qué les cuento yo de Amaya Valdemoro que ustedes no sepan? Podría contarles que a sus inmensos treinta y cuatro tacos parece estar en el mejor momento de su vida deportiva, y miren que hay momentos para escoger. Podría contarles que sólo aquel segundo cuarto ante Chequia sería ya como para hacerle un monumento, no digamos ya aquellos últimos instantes de remontada imposible ante Francia, aquel tiempo muerto a falta de diez segundos, aquel y si no me encontráis pues a tomar por culo, como queriendo decir y si no me encontráis jugárosla vosotras pero no hizo falta, la encontraron, vaya si la encontraron. Podría contarles que es sencillamente demencial que no haya cabido en el quinteto ideal del Torneo, podría hasta decirles que aún no acabamos de darnos cuenta del pedazo de lujo que tenemos, que una fusión así de aptitud y actitud, de talento y carácter no es ya que no se dé todos los días sino que se da sólo muy de tarde en tarde, podría hasta concluir que esta chica es una de las cosas más grandes que le han pasado a nuestro baloncesto (sin distinción de sexos) a lo largo de su historia. Y podría estar yo así, qué sé yo, media vida, pero en el fondo sé perfectamente que todo esto y mucho más lo saben ustedes ya de sobra. Aunque aún así no está de más recordarlo.

Anna CruzLast but not least (o algo así), la última en llegar (salvo error u omisión por mi parte) pero no por ello menos importante, en absoluto. Es clave poder tener siempre a alguien así, alguien que de repente se te aparezca desde el banquillo con su chorro de energía, que te dinamite el partido desde la defensa, que te lodinamice desde el ataque, que tan pronto te robe ese balón impensable como te clave luego ese tiro tan atípico como inesperado. Antes del campeonato apenas la conocíamos (es decir, yo apenas la conocía, tampoco voy a hablar por nadie más), hoy sabemos que está aquí para quedarse. Que sea por mucho tiempo.

 

Laura Nicholls: Llegaron juntas las tres hace dos o tres veranos, Tamara, Laura y Alba, Abalde, Nicholls y Torrens, las tres de la manita prestas a continuar en la absoluta su catarata de éxitos en categorías inferiores. Y en ello siguen, ciertamente: Tamara Abalde se nos ha caído momentáneamente del cartel, de Alba Torrens tocará hablar (bien) en el párrafo siguiente y Laura Nicholls… La hemos visto menos de lo que hubiéramos querido, ejerciendo de espíritu de esta selección desde (casi siempre) el banquillo, asumiendo que la llegada de Lyttle la habrá restado probablemente más minutos que a nadie, dándolo todo ello por muy bien empleado. Sabe que su sacrificio ha merecido la pena, sabe que vendrán años y más años para pelear hasta reventar por cada rebote, sabe perfectamente que el tiempo corre de su parte.

Alba Torrens: EL FUTURO. Sí, así, con mayúsculas, el futuro, junto a las dos anteriores y junto a todas las que vendrán, todas aquellas que verano tras verano se hinchan a ganar medallas en las competiciones de formación. El futuro son todas ellas pero Alba lo es por encima de todas ellas, al menos a día de hoy. Porque el futuro de Alba ya es presente, porque ya sabe lo que es ser titular, porque viéndola jugar casi se nos saltan las lágrimas, porque su incomparable talento no tiene precedentes (que yo haya conocido, al menos) en nuestro baloncesto femenino. Claro está, nadie es perfecto, ya lo dijo Jack Lemmon (¿o fue el otro?) en Con faldas y a lo loco, Alba Torrens tiene aún margen de mejora (sólo faltaría), tendrá que pulir (por ejemplo) su proceso de toma de decisiones, hacer lo que debe cuando debe, no precipitarse ni tampoco esperar demasiado, ser capaz de leer el juego cual si de una base se tratara aún desde su teórica posición de tres. Nada grave, en cualquier caso: en la WNBA ya andarán pensando en ponerle la alfombra, aquí ya andamos pensando en lo afortunados que hemos sido al haberle encontrado el reemplazo a Amaya aún antes de que ésta se vaya, valga el ripio. Valdemoro es insustituible, qué duda cabe, pero lo mejor no es eso, lo mejor es que ya está entre nosotros la única que la puede sustituir.

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Publicado octubre 30, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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